TDAH y Homeopatía

Trastorno por Déficit de Atención y/o Hiperactividad, TDAH. Este constructo que hemos creado a mí me genera muchas más incertidumbres que certezas y, sobre todo, muchas más preguntas que respuestas. Así que, en el contexto del Día Internacional del TDAH, celebrado ayer, este post, os lo digo desde ya, quiere invitaros a pensar sobre qué modelo de salud y de educación queremos y sobre qué cimientos vamos a construirlo. Y que cada cual valore.

La idea básica.

El TDAH es una enfermedad, un trastorno mental que tiene como origen una alteración en el proceso madurativo de algunas regiones cerebrales y su tratamiento farmacológico puede curarlo.

Este es el paradigma básico en el que, supuestamente, se mueve la neuropediatría. Y digo supuestamente porque no es el criterio de todos los profesionales que investigan sobre el TDAH ni de todos los médicos que tienen que atender en sus consultas estos casos.

En estos tiempos que vivimos es muy frecuente ver cómo ciertos colectivos hacen suya la ciencia, de su propiedad, para decir e intentar convencernos de que solo es científico lo que ellos opinan porque ellos mismos se autoproclaman como el colectivo científico. Y si no piensas como ellos, aunque tus estudios y tu trabajo así lo justifiquen, pues es que no eres un científico y dejas de pertenecer a su colectivo.

En EE.UU. cerca del 10% de sus niños y adolescentes están medicados en base a un diagnóstico de TDAH. O sea, al menos uno de cada diez niños norteamericanos sufre un trastorno madurativo de su cerebro que necesita un psicofármaco para curarse.

Ampliando horizontes.

Hace tiempo asistía a una clase sobre los trastornos del comportamiento en la infancia en la que el tema era el TDAH. Era una clase impartida por un experto neuropediatra, precisamente, en esos temas del comportamiento de los niños y adolescentes. La clase tuvo lugar dentro del Máster de Puericultura que imparte la Sociedad Española de Puericultura, a la que pertenezco.

Lo que este doctor dijo fue que, en su criterio (y en el de otros muchos expertos), el TDAH no es una enfermedad mental ni un trastorno del neurodesarrollo sino una forma de ser. Eso sí, una forma de ser que hace muy difícil al niño adaptarse al sistema educativo tal y como se le presenta.

Ante esta realidad, la de un sistema educativo sin capacidad de acoger todas las variaciones de la normalidad que encierra la naturaleza humana, había que escoger entre dejar desadaptado a ese niño durante toda su educación o ayudarlo, en su criterio también, con psicofármacos. Según él, los “efectos secundarios” de la desadaptación al sistema serían mucho mayores que los de medicar al niño.

Hay otro aspecto muy interesante a tener en cuenta y tiene que ver con el diagnóstico del TDAH. Si van a decirme que mi hijo tiene un trastorno del desarrollo neurológico y que necesita medicarse con psicofármacos, seguro que existe alguna prueba médica incontestable que lo diagnostique. Pues no.

No existe ninguna prueba médica, ni tan siquiera ningún test, que diagnostique el TDAH. Su diagnóstico está basado exclusivamente en criterios consensuados de comportamiento. De hecho, un estudio publicado por la OCU, al que luego haré mención, señala que el 52% de los padres a cuyos hijos les diagnosticaron el trastorno pidieron una segunda opinión y en esa segunda opinión de otro experto sólo en el 9% se confirmó el diagnóstico de TDAH.

Un estudio con algunas conclusiones muy relevantes.

El artículo publicado sobre un informe de la OCU en la revista digital INFOCOP ON LINE, dependiente del Consejo General de la Psicología en España, al que hago mención se titula La OCU advierte de los riesgos del abuso de los psicofármacos en el tratamiento del TDAH. Voy a señalar las conclusiones más destacadas a las que llega dicho informe:

  • Existe hoy en día una conciencia social “muy viva y extendida” respecto a este trastorno que conlleva a que, frecuentemente, padres con niños muy movidos e impulsivos y con dificultades para concentrarse, sospechen que sus hijos puedan tener TDAH.
  • La OCU invita a la reflexión ante la posibilidad planteada en algunos estudios de que “no en todas las ocasiones se sigan con rigor los criterios para diagnosticarlo de las guías médicas de referencia”, pudiendo comenzar un tratamiento “sin que en su evaluación se cumplan todos los criterios que marca el consenso científico actual”.
  • Según las Guías de Práctica Clínica para el TDAH del Instituto Nacional de Salud y Excelencia Clínica (NICE) de Reino Unido, entre sus recomendaciones basadas en la evidencia científica, se aconseja la intervención psicosocial frente a la farmacológica, como tratamiento de primera línea en niños y adolescentes. No obstante, los datos que se desprenden de la encuesta muestran que sólo en el 32% de los casos se han implementado otros métodos terapéuticos diferentes: el 24% un tratamiento psicológico, el 25% psicopedagógico y en el 19% se ha seguido un entrenamiento para padres.
  • Tanto en el diagnóstico como en el tratamiento, la escuela del niño juega un papel relevante, empero, a tenor de los padres “no siempre es el más lúcido”: el 39% se manifiesta muy insatisfecho con la ayuda prestada en la fase del diagnóstico y un tercio muy descontento con la coordinación entre el centro y los profesionales de la salud. Por ende, un 53% reprueba la poca colaboración una vez establecido el diagnóstico de TDAH, y el 16% ha llegado a cambiar a su hijo de colegio con la intención de que esta fuese mejor. Una contrariedad añadida a las muchas incertidumbres expresadas por los padres es la ausencia de adaptaciones y medidas especiales en el aula.
  • Aunque no existe la certidumbre de que el tratamiento farmacológico sea eficaz a largo plazo y mejore los parámetros de funcionamiento social, escolar y familiar pasados los tres años desde el inicio de su consumo, más del 50% de los pacientes excede ese plazo.
  • La conclusión final: malos diagnósticos, mucha medicación y escaso abordaje psicoeducativo.

Una pregunta: ¿Cuánta responsabilidad puede tener un sistema educativo rígido y despersonalizado en la construcción de una entidad como el TDAH?

Yo no voy a contestar a esa pregunta, voy a dejar que sean algunas reflexiones de Julio Fontán, fundador del Colegio Fontán en Bogotá (Colombia), uno de los colegios más innovadores del mundo y creador del Sistema de Educación Relacional que lleva su nombre, las que ilustren este asunto:

  • El modelo actual busca poner a los niños al servicio del sistema. ¿Qué decisiones puede tomar ahora un estudiante sobre su educación? ¡Casi ninguna!”.
  • El sistema (actual) nació en la Revolución Industrial para tener chicos obedientes, manipulables y productivos”.
  • La discusión no es si tenemos malos o buenos resultados en los informes, sino si ponemos los niños al servicio del sistema o el sistema al servicio de los niños”.
  • Hoy decimos que lo importante son las matemáticas o las ciencias. Pero ¿y los niños?, ¿qué hacemos por ellos?”.
  • Tenemos que ver al estudiante como una persona. Hoy, al iniciar cada curso, se le dice lo que debe aprender. ¿Alguien le pregunta: tú quién eres?, ¿cuál es tu sueño?, ¿qué te gustaría lograr?, ¿cómo podemos ayudarte?”.
  • El primer paso es que el niño encuentre sentido a lo que hace: que busque por qué aprenderá, para qué, cómo, con qué herramientas; que pregunte mucho y encuentre respuestas. Si no, no tendrá valor para él y no le pondrá energía” (ni atención, añado yo).

Si decimos que cada vez hay más diagnósticos de TDAH, que cada vez los niños son más difíciles, que cada vez hay menos valores y menos respeto, si los datos académicos cada vez son más decepcionantes… ¿no somos nosotros, los adultos, los que tendríamos que cuestionarnos qué estamos haciendo mal? ¿Por qué los docentes, padres, sanitarios trasladamos el problema sobre quienes en realidad lo están sufriendo?

Más preguntas y reflexiones.

  • Nuestro sistema educativo, ¿está más pensado para crear eslabones de un sistema o para desarrollar personas capaces de ser felices y mejorar este mundo?
  • ¿Por qué cada vez es más difícil ser niño? ¿Por qué tienen agendas de actividades que se parecen cada vez más a las de los adultos?
  • Es evidente que a cualquier niño con problemas de adaptación social, escolar, con problemas serios de comportamiento hay que intentar ayudarle para que pueda crecer lo más sano y feliz que sea posible. En este empeño, ¿por qué hemos hecho que sean lospsicofármacos la primera opción de abordaje?
  • ¿Es plausible pensar que un niño o adolescente pase gran parte de su periodo de maduración cerebral y de construcción de su personalidad bajo el influjo de fármacos que cambian químicamente su percepción de la realidad, sin que esto vaya a tener serias consecuencias en su vida?
  • Si todos entendemos que cada persona, cada niño, es un mundo con sus particularidades, sus puntos fuertes y los débiles, sus deseos y aversiones, ¿por qué exigimos lo mismo a todos los niños?
  • ¿Por qué algunos niños tienen que esforzarse hasta romperse o drogarse (me refiero a los psicofármacos) para encajar en un sistema educativo que no les ve? Es el fuerte el que tiene que adaptarse al débil, es el rápido el que debe esperar al lento. Y, si es posible, sin hacerle sentir un tarado.
  • ¿Cómo es posible que esos problemas de aprendizaje y adaptación que tantos niños tienen en el sistema educativo convencional desaparezcan cuando se educan en medios más libres y respetuosos con las particularidades y potencialidades de cada individuo?
  • Si los adultos, padres, educadores, médicos y sanitarios en general, cada vez somos más infelices, vivimos más acelerados y estresados y consumimos cada vez más ansiolíticos y antidepresivos, ¿cómo no relacionar esta realidad con la creciente escalada de diagnósticos de TDAH? Insisto, ¿por qué convertimos a las víctimas en los culpables y los medicamos como principal respuesta?
  • Grandes músicos, artistas, empresarios, emprendedores, deportistas de élite hubieran sido diagnosticados de TDAH de haber estado escolarizados en estos momentos y ahí están, siendo admirados por todos gracias a lo que han conseguido hacer en sus vidas. ¿No será que todos tenemos un potencial y que solo hace falta no ahogarlo en la rigidez de un sistema?

Mis conclusiones.

Lo primero que quiero decir es que doy por supuesto que todos los que nos ocupamos de la salud y el bienestar de nuestros niños queremos lo mejor para ellos; los padres (¡los primeros!), los educadores y pedagogos, los médicos, los psicólogos y todos los sanitarios.

También sé que nada de esto es sencillo, ni para los propios niños y adolescentes ni para los adultos que intentamos cuidar de ellos. Por eso hago muchas preguntas y pocas afirmaciones porque, aunque tengo una opinión que intento esté basada en los datos más sólidos y en la sensibilidad más fina, siempre estoy abierto a cambiar de forma de pensar y de ver las cosas si la evidencia me invita a ello.

Yo veo en mi consulta padres que me preguntan sobre cómo ayudar a su hijo diagnosticado de TDAH sin recurrir a los psicofármacos. Y yo intento conocer con la mayor profundidad que me es posible cómo es ese niño y cómo son sus circunstancias vitales. A partir de aquí intento aportar mi pequeño grano de arena trasladándoles todos los consejos y consignas que pienso que podrían ayudar a mejorar la vida de ese niño y planteándoles un abordaje homeopático individualizado.

Sabemos que los medicamentos homeopáticos actúan ayudando a mejorar nuestra capacidad de adaptación a las situaciones de la vida. Estimulan nuestras defensas frente a las infecciones o las relajan cuando sufrimos problemas alérgicos o autoinmunes, y también pueden activar nuestro sistema nervioso cuando estamos agotados pero sin excitarnos o relajarlo cuando estamos ansiosos pero sin aletargarnos. Y esto es algo que necesitan sin duda estos niños; mejorar su capacidad de adaptación a un medio que así se lo exige.

Cuando el sistema educativo no es capaz de adaptarse a las potencialidades de un niño y éste corre el riesgo de fracasar y sufrir, hemos de ayudarle a mejorar su resiliencia y creo que esto es una labor más de educación y acompañamiento a los padres, educadores y al propio niño por parte de expertos que de psicofármacos.

Yo tengo la profunda convicción de que el problema no está, en la mayoría de los casos, en el niño, sino en la incapacidad de esta sociedad, de este modelo educativo y de los adultos que tenemos la obligación de garantizar una infancia plena y feliz a nuestros niños de crear un entorno vital en el que cada niño y adolescente pueda desarrollar sus potencialidades desde la libertad y el respeto a su individualidad. Y, sobre todo, nunca hacerles creer que son enfermos o que están dañados.

A lo peor estoy equivocado y lo que los humanos necesitamos es seguir tomando cada vez más fármacos para hacer tolerable esta vida porque no hay otra y es todo lo que somos capaces de hacer.

Pero no, la verdad es que esto yo no me lo creo. Todos podemos cambiar.

#HomeopatiaSuma

Sobre el Autor

Dr. Guillermo Basauri
Dr. Guillermo Basauri

Soy Guillermo Basauri, médico formado en Homeopatía y Osteopatía. Ejerzo la medicina desde el año 92, actualmente en Getxo (Bizkaia), y siempre me han interesado las terapéuticas que estimularan los propios recursos del organismo, que son extraordinarios, para llevarlo de nuevo a la salud.

Además, dirijo un espacio sobre salud y Homeopatía todos los domingos por la mañana en Radio Popular de Bilbao-Herri Irratia y soy profesor del CEDH. Y ambas cosas me apasionan.

Y, eso sí, en mi tiempo libre lo que más me gusta es ir con mi mujer a la montaña. Me ayuda a no olvidar que vivimos en un planeta de una belleza que emociona.

4 Comentarios

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  • Magistral, querido Guillermo, este lúcido y supernecesario análisis de la situación, de la que el mismo TDH debería asumirse como denuncia urgente, como un S.O.S de la propia especie y un stop al modo de vida deshumanizado y cutrísimo al que sin plantearse sus patológicas secuelas, se ha dado en llamar «estado de bienestar», para enmascarar eufemísticamente su auténtica calaña: estado de mucho consumir y de muy poco Ser. Con la pretensión absurda de que cada vez haya más drogas ‘mágicas’ que remedien el desaguisado constante de un sistema en derrape exponencial.
    Los niños no nacen con TDH. Ni dan síntomas de nada extraño hasta que se les abandona en manos del sistema, de las prisas y del estrés de sus padres, que necesitan trabajar, los dos a la vez, y a tiempo completo, para poder pagar hipotecas, mediante las que engordan el mismo sistema que les destroza, tanto sus vidas como las de sus hijos, obligados a llevarles a la guardería desde los tres meses y a dejarlos en manos de un sistema atroz para el resto de sus vidas. El niño en ese plan la única experiencia que conoce es la de un robot programado por sus padres, cuidadores, médicos, maestros y políticos. Nadie le «ve» por dentro, nadie le escucha de verdad, nadie le siente en el corazón ni en el alma. Nadie le ama. Pero, eso sí, todos «le quieren», como se quieren los objetos de uso y consumo. Sobre todo si obedece y se adapta al disparate sin presentar resistencia ¿Cómo no se va a rebelar su energía más sutil y sana, ante semejante barbaridad ya hasta normalizada como «pedagogía»?
    He sido y sigo siendo madre de ocho seres humanos que me han ido enseñando e iluminando el camino desde hace cincuenta años, la edad de mi hija mayor ( licenciada en Física Atómica en la Unversidad de Münster y a continuación becada durante dos años por el Instituto Max Plank de Heidelberg, tras haber huído con una Erasmus, en tercero de carrera de la Universidad de València donde era considerada un TDH semoviente, agravado por ser mujer, para más inri. Algo que en casa ni en la escuela ni en el instituto notamos jamás(¡?)
    Creo que basta con estos datos para dejar claro cómo y desde qué planos comparto tus reflexiones sobre el TDH y su (in)mundo.
    Muchas gracias, una vez más, Guillermo, y benditos sean los médicos como tú, como vosotros.

    Un fuerte abrazo

  • ¡Estupendo enfoque Guillermo para un asunto que no es fácil! Y muy bien explicado.

    Sólo insistir, como apuntas, que incluso en el mundo científico ortodoxo hay opiniones controvertidas al respecto.

    Un ejemplo reciente es el libro de Marino Pérez, «Volviendo a la normalidad», especialista en Psicología Clínica y catedrático de Psicopatología y Técnicas de Intervención en la Universidad de Oviedo, donde dice simple y llanamente que el TDAH «No existe. El TDAH es un diagnóstico que carece de entidad clínica, y la medicación, lejos de ser propiamente un tratamiento es, en realidad, un dopaje» (https://www.abc.es/familia-padres-hijos/20141020/abci-trastorno-deficit-atencion-201410171200.html)

    un fuerte abrazo!

    • Gracias por tu aportación querido amigo.
      Espero que pronto podamos vivir en un mundo más humanizado y respetuoso de la singularidad de cada ser que lo habita.
      Un fortísimo abrazo.

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