Staphisagria: Sus usos en homeopatía

Hoy vamos a hablar de Staphisagria, otro medicamento homeopático bien interesante y prescrito con bastante frecuencia.

Y lo haremos, como siempre, desde su origen, su composición, sus características principales y los síntomas o afecciones para los que está indicado.

Origen – La planta

Delphinium Staphisagria, el nombre completo de la planta, pertenece a la familia de las Ranunculáceas, en la que también se incluyen otras utilizadas en homeopatía como Pulsatilla, Acónitum, Helleborus, etc.

  • En castellano se conoce como albarraz (del árabe, “simiente de la cabeza”), estafisagria, hierba piojera, matapiojos, pituitaria… 
  • En gallego: paparráz, fabarráz, herba dos piollos…
  • En catalán: matapoll, paparra, caparrás…
  • En vasco: zorri-belharr (hierba de piojos).

También se le conoce como  “espuela o espolón de caballero”, sugerente denominación, como después veremos.

La planta puede crecer hasta un metro. Es empinada y recia, con el tallo derecho y grandes hojas palmeadas, divididas en gajos profundos. Tiene cinco grandes sépalos en cuyo centro se abren entre cuatro y seis pétalos con espolones. El espolón floral es tan corto que se reduce a una bolsita.

Se da en todas las regiones del hemisferio norte.

Staphisagria – Composición

La planta contiene gran cantidad de aceites y algún alcaloide como la delfinina, parecida a la aconitina, y la delfisina.

La delfisina provoca inflamación cutánea con prurito, entumecimiento, urgencia para orinar y hacer de vientre. En dosis mas fuertes, arritmias, insuficiencia respiratoria, náuseas y diarrea.

Simbología

El sobrenombre de espuela de caballero tiene que ver con el pétalo alargado que parece un espolón y el nombre delphinium son los pequeños brotes que parecen un delfín.

En cuanto a la mitología, algunas historias relacionan a Staphisagria con Áyax el guerrero que, muerto Aquiles, perdió el escudo de este en una disputa de ingenio con Odiseo. Tal fue su furia que enloqueció y mató un rebaño de ovejas confundiéndolas con hombres. Cuando despertó de su locura y viendo que había deshonrado su espada con sangre de animales se quitó la vida. De su sangre brotó la flor Delphinium (otras versiones dicen que fue el jacinto).

Aspectos emocionales y mentales del medicamento Staphisagria

Vamos a resumirlos en unos pocos puntos y así nos hacemos una idea de qué problemas sufre Staphisagria a estos niveles.

  • Dignidad y honor

La principal sensación de Staphisagria (recordemos, “espolón de caballero”)  es la de dignidad y honor, como una persona noble. Nunca debe rebajarse a sí mismo al nivel de los demás en según qué situaciones.

Si alguien le ofende debe mantener el autocontrol y no mostrarse violento o abusivo. En mi experiencia, la expresión de que “no vale la pena” (pelearse, contestar un insulto, etc.) es muy típica de estas personas, aunque también puede tener estallidos ocasionales de furia y rabia.

Otro rasgo que he visto en pacientes que pueden requerir este medicamento, es que enseguida subrayan su rechazo a la violencia, su pacifismo y sus variadas prácticas de control mental o de disciplinas orientales de relajación.

Y es que Staphisagria tiene que mantener su reputación y su autocontrol, su respeto, su dignidad.

Podría ser una situación, por ejemplo, de alguien que es tratado injustamente por una persona de la que depende o alguien con un pasado honorable pero que ahora es pobre o dependiente y otro le humilla. Y es como si no pudiera mostrar su rabia porque eso le rebajaría.

  • Indignación

El individuo Staphisagria puede parecer reservado, calmado o controlado, pero bajo ello existe un orgullo herido, una frustración, una humillación, una decepción amorosa.

Y la esencia de todos estos problemas es la indignación, ya sea suprimida o exteriorizada, expresión de pesadas y dolorosas emociones del humillado o degradado Staphisagria.

El clásico, es un hablar, Staphisagria, suele ser una persona complaciente, suave, evita peleas, no quiere problemas, como si fuera demasiado digno para pelear. Si se siente insultado en una discusión parece que no reacciona pero se queda sin habla, con indignación o, siendo demasiado digno para pelear, domina su ira, y vuelve a casa enfermo, temblando y agotado. Esto le provocará cansancio mental, fatiga, insomnio, dolores gastrointestinales, neuralgias, etc.

  • Supresión emocional

Lo que caracteriza a Staphisagria, pues, es la supresión de las emociones, también las de tipo romántico.

Como es tan consciente de cómo aparece ante los demás y lo que dicen de él, suprime el resentimiento invocando la humildad para contrarrestar la humillación y así procura congraciarse con su ofensor (lo cual, probablemente no hará sino aumentar el daño y el abuso).

Incluso cuando tiene razón, no luchará, se traga la indignación, pero la clave es que no hay amargura, es una supresión pasiva, sigue tan dulce como antes, con su sentido de impotencia.

  • Induración

En paralelo, desarrolla una especie de endurecimiento a nivel mental. La herida emocional nunca cura del todo y la sensibilidad innata del paciente aumenta aún más. Así, se siente más vulnerable y suprime más sus emociones.

Esta induración también se ve en lo físico: las heridas no curan fácilmente (no supuran, ni se hacen “amargas”), sino que se endurecen, tumores duros sobre todo en órganos sexuales (ovarios, útero, testículos), orzuelos, etc.

Staphisagria y las heridas

En lo físico, los sentimientos heridos se ven en los “tejidos lacerados”, en las “heridas incisas quirúrgicas” como hernia, cesárea, retención orina postoperatoria, neuralgias postquirúrgicas, etc.

Tal como hay indignación frente a ultrajes psíquicos, también los tejidos son renuentes a curar, como indignada repuesta a la humillación de ser lacerados.

Staphisagria y los mosquitos

Las personas que requieren este medicamento suelen ser víctimas de los “fastidiosos” mosquitos (“hierba de los piojos”), quizás como metáfora de que aunque aumente su indignación, permanece como una desvalida víctima.

Atención, pues, a este medicamento para tratar las picaduras de mosquitos (incluso prevenirlas) junto a Ledum, Apis, etc. Cuantas más características de Staphisagria tenga la persona, más eficaz será esta prescripción contra los mosquitos.

Otros Síntomas de Staphisagria

  • Frecuente historia de abuso sexual.
  • Peor después de siesta. Insomnio por la noche, somnolencia todo el día.
  • Friolero.
  • Deseo de dulces, leche y tabaco.
  • Hipersensisibilidad al contacto (genitales, verrugas, hemorroides, erupciones).
  • Temblor por cólera (suprimida) y por excitación nerviosa.
  • Olor ofensivo de las secreciones (sudor, heces, etc.).
  • Tragar constante, junto con emociones suprimidas.
  • Lagrimeo por bostezar.
  • Sensación de pelota en la frente, y de vacío en el occipital.
  • Prurito en distinta partes de cuerpo que cambia de lugar al rascarse.

Indicaciones clínicas de Staphisagria

Estas son algunas de las afecciones en que Staphisagria podría estar indicado:

  • Cistitis por relaciones sexuales. Cistitis por las primeras relaciones sexuales (“de los recién casados”).
  • Prostatismo, prostatitis crónicas.
  • Prurito que acompaña diversas afecciones como eccema, herpes, etc.
  • Heridas quirúrgicas por incisiones o dolores postoperatorios.
  • Verrugas pruriginosas sobre todo en genitales, condilomas.
  • Orzuelos recidivantes, chalaziones.

Gandhi, su hijo y Staphisagria

Gandhi
Dibujo de Gandhi

El Dr. R. Sankaran, en su libro “The Spirit of Homeopathy”, hace un interesante estudio sobre Gandhi, su hijo mayor y el medicamento Staphisagria, que puede servirnos para ejemplificar un poco mejor algunas características de las que hemos hablado.

Gandhi nació en un país gobernado por los británicos que despreciaban a los nativos (de piel oscura) de la India. Sin embargo, Gandhi mostró tal nobleza, tal dignidad, que se ganó el respeto no solo de los suyos (Mahatma, gran alma) sino de quienes lo oprimían e insultaban. Y lo logró gracias a su autocontrol y el control sobre la violencia.

Podríamos decir que Gandhi, gran defensor y promotor de la homeopatía, por cierto, podría haber necesitado Staphisagria en algunos momentos de su vida aunque su reacción estaba justificada por las circunstancias y parecería del todo saludable y conveniente, al menos en relación a su lucha social y política.

Harilal, su hijo mayor, nació, seguramente, con ese estado Staphisagria (honor, indignación y sensibilidad a la injusticia) heredado de su padre. Tenía que vivir con la reputación de ser el hijo mayor de Gandhi. Un padre, por cierto, ausente durante toda su infancia.

Al principio, Harilal se unió a la lucha por la libertad en Sudáfrica y, como su padre, fue encarcelado varias veces. Sin embargo, las condiciones de vida de Sudáfrica, y las que imponía el propio Gandhi, no encajaban con la vida acomodada que había tenido en India. Pidió a su padre poder estudiar en Londres (como él mismo había hecho) pero Gandhi se negó.

En realidad, Gandhi fue muy severo y duro con él, quizá con buenas intenciones, aunque hay expresiones hacia su hijo muy difíciles de digerir como que prefería verle muerto antes que bebiendo alcohol o cuando le acusó de haber violado a su propia hija. Según sus propias palabras, su hijo le dio más problemas que los propios de la lucha por la independencia de la India.

Harilal no vio, o no pudo ver, esas supuestas buenas intenciones de su padre y lo que hizo fue romper con él, se hizo musulmán (aunque después se reconvirtió a otra secta hinduista), devino alcohólico, frecuentó prostitutas y asistió a los funerales de su padre irreconocible, casi en un estado de delirio. Al final, seis meses después del asesinato de Gandhi murió, solo y abandonado, de una afección hepática provocada por el alcohol y ya muy enfermo también de tuberculosis, seguramente sífilis y depresión.

Los dos habrían tenido los mismos síntomas homeopáticos y respuestas emocionales, esa hipersensibilidad a la injusticia y ese honor herido, entre otros aspectos. Pero una de esas respuestas estaría justificada (la de Gandhi) y la otra, no. Es como si Harilal hubiese reaccionado a su padre, Gandhi, como Gandhi lo había hecho con los ingleses. Como si tuviese que crearse una situación que justificase su estado.

Mi modesta opinión difiere un tanto de la de mi admirado Sankaran. Gandhi es ya un mito para la humanidad, seguramente bien merecido y, como mito que es, se suelen pasar por alto muchos aspectos controvertidos de su vida. Uno de ellos, la relación con sus hijos, que no fue en absoluto modélica.

Puestos a especular, seguro que Gandhi también hubiese necesitado sus buenas dosis de Staphisagria. Harilal se nos presenta más como una víctima, aún más necesitada de Staphisagria y, sobre todo, de amor, en una palabra. Ese amor que Gandhi no supo o no pudo ofrecerle o sí le ofreció pero, por lo que fuera, no llegó a Harilal.

Eso y confiar, después, más allá de cualquier medicamento o terapia, en que la vida, la providencia, les hubiese permitido una relación entre ellos más sana, armónica y cálida.

Los vínculos y relaciones entre padres, madres e hijos no es fácil. Ni tan siquiera para los mitos.

Bibliografía

  1. Sankaran R., The Spirit of Homeopathy, Homeopathic Medical Publishers, Munbai, 1991.
  2. Sankaran R. The soul of the remedies, Homeopathic Medical Publishers, Munbai, 1997.
  3. Coulter Catherine R., Portraits of Homeopathic Medicines, Vol 2, North Atlantic Books, Berkeley, 1988.
  4. Vithoulkas G., Talks on classical homeopathy, part II, Jain Publisher, New Delhi, 1993.

Sobre el Autor

Dr. Gonzalo Fernández-Quiroga
Dr. Gonzalo Fernández-Quiroga

Tal como decía Holden, “Si de verdad les interesa lo que voy a contarles, lo primero que querrán saber es dónde nací, cómo fue todo ese rollo de mi infancia…”

Bueno, pues nací en un pequeño pueblo de montaña donde por la noche se contaban historias. Las mujeres que venían a casa con sus candiles, se sentaban, hilaban y contaban. Todas aquellas largas noches nevadas de invierno escuchando historias. Historias de todo tipo, de miedo, de muerte, de espíritus, de risa, amor, de desamor. Historias.

Después estudié y me licencié en Medicina por  la Universidad de Barcelona (UB). Hice el postgrado en Homeopatía por la UB-Academia Médico Homeopática de Barcelona (AMHB). He sido Director del Máster de Medicina Homeopática de la UB (2011-2016) y de la propia AMHB. Me encanta la docencia y ahora sigo de profesor de homeopatía en la AMHB y el CEDH. También cursé el Máster en Terapia Breve Estratégica, en su primera promoción, con el equipo de G. Nardone en el Institut Gestalt de Barcelona (2000-2002) que ha influido mucho en mi formación.

He incorporado, pues, la Homeopatía y la Terapia Breve a mi consulta médica para así abordar las historias de los pacientes en todas sus dimensiones: física, emocional, comunicacional y también, de algún modo, espiritual.

Porque, más de allá de todo, sigo escuchando historias. Historias extrañas, dramáticas, desesperanzadas, vitales. Intento curarlas o aliviarlas con la ciencia y el arte médicos. Cambiar esas narrativas, esos patrones, físicos y emocionales, que nos aprisionan. Y para ello, primero, busco comprender la historia verdadera. La historia verdadera de cada uno de nosotros.

Me apasiona la literatura, la poesía, el cine, la comunicación... La naturaleza. La belleza de todas las cosas. El humor. La vida, en una palabra.

Como médico, y como científico, aún creo en la antigua magia que tienen las palabras.

Ordet.

8 Comentarios

Comentar
  • Mi médico homeópata me receto staphisagria y por lo que he leído se aproxima notablemente a los rasgos de mi personalidad. Gracias por compartir conocimiento! Beatriz

    • Hola Beatriz,
      aprovecho tu comentario para decir que estos cuadros que exponemos, sacados de las experimentaciones y la experiencia clínica de las materias médicas, son solo aproximativos y, a veces, puede «faltar» algo, sobre todo en los aspectos emocionales, u otro determinado aspecto no encajar del todo con tal o cual paciente.
      Pero es que las personas somos dinámicas y la vida sigue transcurriendo con innumerables cambios. Lo que importa, entonces. es la esencia, el núcleo del cuadro. Y para ello., la experiencia del médico homeópata es importante.
      Eso, y el resto de síntomas., claro.
      Un cordial saludo y gracias por seguirnos

  • Hola, Gonzalo! Qué pedazo de post, qué interesante.
    Está demostrado que la Homeopatía es la medicina más completa a la hora de tratar al ser humano y que seguramente la Staphisagria habría sido un gran remedio para la familia Gandhi y para tantas otras, siempre que tengan conciencia suficientemente despierta como para asumir que necesitan remediar problemas de salud que nunca cursan «matemáticamente» solo en el plano fisiológico y que , de un modo o de otro, acaban afectando al paciente y a su entorno. La enfermedad siempre es triple, como mínimo: afecta a los tres cuerpos inseparables, físico, emocional y mental, en orden distinto y aleatorio en cada caso, claro, somos únicos en la reacción, percepción y gestión de cada experiencia patológica. ¡Qué te voy a contar que tú no sepas!

    El caso de Gandhi es de manual. Cuando hace años leí su autobiografía -en la que confiesa claramente y con dolor profundo su fracaso como padre, sin ahorrar autocrítica durísima- pude comprender el proceso vital de un «alma grande» encerrada en un cuerpo limitado.
    Al menos él fue honestísimo y humilde para reconocer en público sus miserias privadas, sus limitaciones, sus errores como padre y educador, y escribirlas para que la verdad sea la maestra inocultable de la miseria humana.
    Ojalá todos los «santos» y «perfectos» guías glamurosos de la humanidad hubiesen tenido y tengan siempre la misma transparencia que Mohandas Gandhi, al que todos llamaron Mahatma, menos sus hijos. Tiene toda la lógica. Sólo la familia y la relación íntima, conoce el envés, el revés, el fondo más ignoto hasta para nosotros mismos, de nuestras conductas, y por supuesto, nuestr@s hij@s ,especialmente, son el resultado de lo que les damos o/y quitamos, tantas veces pensando en darles lo mejor y hundiéndoles la vida al obligarles a ser como queremos que sean y sin aceptarles como son: nuestros maestros en el camino. El resto del mundo solo alcanza a ver el haz, el derecho, la apariencia exterior de nuestras opciones existenciales. ¿Quién conoce los genes, la energía, el karma elegido o impuesto? Lo cierto es que cuanto más descubrimos menos «sabemos».

    Gandhi no ocultaba nada, era transparente y no se cortaba a la hora de reconocer sus errores, limitaciones y defectos. Un alma grande no puede hacer lo contrario sin desalmarse, sin destruirse. No hay grandeza alguna en la hipocresía ni en la doble vida. Creo que la grandeza de Gandhi e incluso el éxito de su proyecto noviolento para echar al imperio inglés de la India, sin más herramienta que la noviolencia, no hubiese existido sin la transparencia de su trayectoria humana y su autocrítica constante.
    Nunca sabremos qué efectos hubiese tenido en él la Staphisagria. Lo cierto es que gracias a seres como él la conciencia humana puede mover montañas, despertar a millones de seres humanos dormidos para lograr sus derechos y libertades sin causar efectos secundarios peligrosos, abriendo camino en medio de la inmundicia sin ocultarla, reconociéndola, no desde el cinismo sino desde la humildad, y hasta los imperios más obstinados pueden dejar sus armas y sus manejos ante pueblos «contagiados» por el virus de la compasión y el bien común revelado en lo sencillo, tangible y necesario.

    Hay un relato en la historia de Gandhi que explica muy bien la cura homeopática de la conciencia:
    Una familia hindú llegó desesperada hasta él, que estaba haciendo ayuno en medio de un encontronazo violento entre musulmanes e hindúes, en el que había muerto uno de los hijos de dicha familia. El padre llegó a hasta el Mahatma a pedir justicia y castigo para los musulmanes. Tras escucharle y compadecerle, Gandhi, le dijo: «Solo se curará el dolor y el odio que te oprimen y todo lo destruyen si buscas un niño musulmán que haya perdido a sus padres, le adoptas como hijo y le educas en su religión» . Seguramente para llegar a esa conclusión, Gandhi ya había aprendido mucho de su propia experiencia.
    Eso es un verdadero tratamiento homeopático, que indudablemente cura para siempre. Como usar el arsénico, la hiedra, o el veneno de serpiente superdiluídos en la luz para sanar lo peor de nosotros mismos.
    Muchísmimas gracias, Gonzalo, por estos maravillosos posts, que no dan puntada sin hilo.
    Un fuerte abrazo, maestro!

    • Muchas gracias, Sol, por tus comentarios que amplían y complementan tan bien el post.
      Y cierto que, como digo al final, el tema padres hijos es complicado para todos.
      Un fuerte abrazo!

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