¿Quién fue el Dr. Samuel Hahnemann, fundador de la homeopatía?

En muchos de nuestros posts hemos hecho referencia al Dr. Samuel Hahnemann pero quizás nos faltaban unas notas biográficas generales para comprender mejor la terapéutica y su fundador.

Qué mejor que hacerlo en estas fechas cuando, como cada año, se celebran diferentes actos en todo el mundo conmemorando el día de su nacimiento, el Día Internacional de la Homeopatía.

Y bien digo, fundador. Ni “inventor”, ni “descubridor”. Porque la homeopatía no la inventó nadie, ni la descubrió nadie. Sus bases están ya descritas desde el nacimiento mismo de la medicina hipocrática. Solo fueron sistematizadas y experimentadas, lo cual no es poco, por Samuel Hahnemann, médico doctorado, por cierto, con los requisitos de cualquier otro doctor en medicina de su época.

Con este par de precisiones creo que ya aclaramos algunas primeras confusiones al respecto.

Nacimiento e infancia

Samuel Christian Friedrich Hahnemann nació el 10 de abril de 1775 en Meissen, Sajonia, Alemania. Hijo del pintor de porcelanas Christian Gottfried y de su segunda esposa Johanna Christiane Spiess, formaban una familia modesta económicamente puesto que el negocio de la porcelana, otrora próspero, daba poco más que para vivir.

El padre era trabajador, recto y severo. “Actuar y vivir sin pretensiones” fue su precepto más destacado. Ya desde pequeño le planteaba a Samuel problemas que debía resolver en el día lo cual, seguramente, estimuló su independencia y su razonamiento. La idea del padre era que fuese autosuficiente lo más pronto posible.

Casa natal en Meissen. Fuente: http://www.homeoint.org/photo/hahnema5.htm

Enseguida destacó en los estudios. Parece ser que por problemas económicos fue retirado de la escuela para iniciarse en el oficio de comerciante en Leipzig pero, al poco tiempo, Hahnemann vuelve a casa, a escondidas, con la protección de la madre, y posteriormente, el padre le deja seguir estudiando.

Gracias a un mecenas, el Archiduque de Sajonia, que quedó impresionado por el talento del joven Samuel, entró en el colegio Príncipes de St. Afra. Con el profesor Müller, de gran valía pedagógica y mente abierta, Samuel descubre las lenguas vivas y las ciencias. Destacó rápidamente por sus aptitudes para las lenguas: a los 12 años ya ayudaba con las clases de griego a los alumnos más jóvenes.

Ese talento para las lenguas le serviría durante toda su vida para sus trabajos como traductor científico. Dominaba perfectamente el alemán, el inglés, el francés, el griego y el latín. Toda esta dedicación al estudio le parecerá, más tarde, insana para una buena educación de los jóvenes:

“…el esfuerzo mental y el estudio son ocupaciones antinaturales para los jóvenes cuyo desarrollo físico aún no es completo, especialmente para aquellos que están dotados de especial sensibilidad. Esto casi me costó la vida entre los 15 y los 20 años”

Medicina, 1775-1779

No sabemos bien qué le impulsó a estudiar Medicina, aunque ya había acabado sus estudios superiores con una disertación sobre “la maravillosa constitución de la mano humana”, pero en 1775 inicia Medicina en Leipzig. En aquel tiempo los cursos eran muy teóricos y eso no era del todo del agrado de Hahnemann.

Como no podía relacionarse con pacientes tal como deseaba, en 1777 va a Viena invitado por el médico privado de la emperatriz, Joseph Von Quarin. Allí, el enfoque es muy clínico. Se habla de la Escuela Moderna de Viena para referirse a ese grupo de médicos muy activos, con enfoque muy clínico, “a la cabecera del enfermo”. Se aprende anatomía, por ejemplo, mediante autopsias.

Para pagarse los estudios da clases particulares de francés e inglés y traduce obras científicas. A pesar de todo ello sus ingresos son muy modestos. Quarin le recomienda ante el Gobernador de Transilvania, Samuel Brukenthal, ya que este necesita un secretario con conocimientos de medicina. Así se traslada a Hermannstadt, capital de Transilvania. Durante ese tiempo Hahnemann pasa la mayor parte de su tiempo imbuido en los libros de la gran biblioteca y atendiendo como médico a la población local de manera gratuita, las más de las veces.

También estudió la malaria, que él mismo contrajo, y las enfermedades de los mineros a las que se refiere en muchos de sus escritos. En esta época entró, además, en la Orden de los Masones, igual que muchos estudiantes de aquel entonces, con sus ideas de ilustración y librepensadoras.

En 1779 parte a Erlangen donde obtiene el grado de doctor en Medicina por su tesis “Consideraciones sobre la etiología y tratamiento las afecciones espasmódicas”.

Vida inestable, 1781- 1793

Johanna Leopoldine Henriette Küchler  Fuente: http://www.homeoint.org/photo/hahnema6.htm

En 1781, en Dessau, se casa con la hija de un farmacéutico, Johanna Leopoldine Henriette Küchler, de 17 años. Para entonces, el matrimonio se traslada a Gommern donde Hahnemann ocupa la vacante de médico.

Allí publica su primer trabajo importante, “Instrucciones para curar afecciones antiguas y úlceras putrefactas”, donde ataca sin ambages la medicina imperante. Hay que decir que, en ese tiempo, la medicina estaba basada en los vomitivos purgantes, lavativas “viscerales”, opio, abuso de mercuriales, sangrías y sanguijuelas, etc. Por decirlo en pocas palabras, se habla de que “las sangrías habían matado más seres humanos que todas las guerras napoleónicas.”

Publica “El amigo de la salud” donde se refiere a medidas de salud pública que pasa a ser un elemento esencial de su trabajo y pensamiento médicos. Pide la construcción de hospitales y la desinfección de piezas e instrumentos, planes para la construcción de nuevos barrios, para acabar con los “barrios viejos, sus callejones sofocantes, y sus antiguas casas, donde anida la pobreza, cuna de la suciedad, el hambre y la depresión…

Habla también de la contaminación del aire, del agua y de los alimentos, de la dieta, la limpieza e higiene personal, el ejercicio y el aire fresco. Todas ellas ideas un tanto insólitas en su época y que seguirá teniendo en cuenta en toda su obra.

En 1789 vuelve a Leipzig, establece una consulta medica y sigue con sus traducciones. Vive en un suburbio, en Stötteritz, en una habitación con su mujer y sus cinco hijos. Escribe de noche, a la luz de las velas, y con grandes dificultades.

Pero es en 1790, cuando abandona de forma definitiva esa medicina que procuraba más perjuicios que beneficios para dedicarse a las traducciones científicas. En este sentido mencionaba yo mismo, en otro post, que puede considerarse a Hahnemann un verdadero escéptico en cuanto que la duda y la experimentación son los motores fundamentales de su pensamiento.

En este mismo año, traduciendo la famosa obra de Cullen “Tratado de la materia medica”, cuando no está de acuerdo con una de las afirmaciones del autor, esto es, que la quinina curaba la malaria por sus propiedades tónicas para el estómago, decide experimentar en sí mismo la corteza de la Cinchona:

“Tomé para experimentar dos veces por día, cuatro dracmas de pura China. Mis pies, extremidades de los dedos, etc. tornáronse primeramente fríos; me sentí somnoliento y lánguido, mientras mi corazón palpitaba; temblaba sin que estuviese en época de frío; postración en todo el cuerpo, en todos mis miembros; pulsaciones en mi cabeza; enrojecimiento de mis mejillas; sed, y finalmente todos esos síntomas ordinariamente característicos de la fiebre intermitente aparecieron unos después de otros. Estos paroxismos presentaban la duración de 3 a 4 horas cada vez y reaparecían si yo repetía la dosis de la misma manera. Dejé de tomar China y la salud volvió”.

En 1792 es nombrado director de un manicomio en Gotha. En esta época los dementes eran tratados peor que criminales, en cárceles lóbregas, miserables, encadenados, donde se les golpeaba, torturaba y exhibía los domingos en público para diversión. Hahnemann decide acabar con esa infamia. Y describe métodos absolutamente humanos y modernos para tratar a esos enfermos. Otra muestra más de adelanto a su tiempo.

Leamos lo que dice en su obra capital, “Órganon”, sobre ello:

“…A la manía furiosa se opone la calma intrépida y fría, la resolución firme; a las lamentaciones lúgubres, quejumbrosas, una demostración muda de conmiseración con la apariencia y ademanes; a la locuacidad insensata, silencio no desprovisto en absoluto de atención; a la conducta repugnante y abominable y a la conversación del mismo carácter, ninguna atención. Únicamente debemos procurar impedir destrucción y daño de los objetos que rodean al paciente sin reprenderle jamás por sus actos, arreglando de tal manera todo, que se evite la necesidad de castigos o torturas corporales”.

Y en la nota al mismo parágrafo, habla de estos enfermos como dignos de compasión e inocentes y califica de modo muy duro, implacable, a los médicos que les causan daño y al sistema que permite esos abusos.

Años errantes, 1793-1805

Hahnemann sigue su vida itinerante, especialmente durante este tiempo en el que no estuvo más de uno o dos años en un mismo lugar, cambiando de localidad más de 17 veces, hasta que en 1805 se asienta en Torgau. Entre estas localidades cabe citar Dessau, Pyrmont, Molschleben, Hamburgo, Altona, etc. Es difícil entender los motivos de esta vida nómada y errante, aspectos estos, igual que algunos otros de su biografía, que aún esperan ser desvelados.

Entre 1793 y 1799 escribe su “Léxico farmacéutico” en varios tomos, obra importante en su tiempo en este campo.

Entre tanto, en 1796, trabaja en el “Ensayo sobre un nuevo principio para descubrir las virtudes curativas de sustancias medicinales, seguido de algunas consideraciones sobre los principios admitidos hasta nuestros días”. Se publica en “El periódico de farmacología práctica y cirugía” una de las primeras y más importantes “revistas científicas” de la época, editada por el reputado médico W. Hufeland.

En esta obra aparece por primera vez el “similia similibus” utilizado por los médicos antiguos desde tiempos de Hipócrates. Porque el curar por similitud ya surge con la propia medicina hipocrática. Hahnemann recoge toda esa tradición, la experimenta y la sistematiza. El “curentur”, o sea, que lo similar se cure con lo similar (expresado en subjuntivo), será utilizado por Hahnemann más tarde, hacia 1810. En realidad, Hahnemann no usó nunca el “curantur” (indicativo). La diferencia es sutil pero interesante.

En mi opinión, sin embargo, lo más importante de este libro, no es tanto lo de la similitud, que también lo es, sino la idea de que antes de prescribir una sustancia como terapéutica hay que conocer los efectos de esa sustancia en el hombre sano. Un pensamiento totalmente moderno. Solo por este hecho, el de ser uno de los primeros científicos que promovieron la experimentación en medicina en el hombre sano, el nombre de Hahnemann merecería pasar a la historia en lugar prominente. Pero esta no fue la idea de un iluminado (como casi ninguna en su vida) sino que estaba adscrita a esa corriente de la Escuela moderna de Viena antes mencionada. Y hay que citar, entonces, a Albrecht Von Haller, William Alexander, Auenbrugger, el propio Hufeland o, sobre todo, Antoine Stoerck, pioneros de la experimentación en el hombre sano como Hahnemann.

Leamos algunas de sus reflexiones a este respecto:

“Puesto que debe haber un medio seguro y cierto de curar, tanto como hay un dios, el más sabio y mejor de los seres, abandonaré el campo ingrato de las explicaciones ontológicas, ya no escucharé las opiniones arbitrarias, por mucho arte que hayan puesto en convertirlas en sistemas, ya no me inclinaré ante la autoridad de nombres célebres, sino que buscaré cerca de mi, donde debe estar este medio con el cual nadie ha soñado” […]

 “Me dije ¿cómo llegarás a conocer para qué enfermedades han sido creados los medicamentos? […] “Pensé, debes observar la manera cómo los medicamentos actúan sobre el cuerpo del hombre sano cuando se encuentra en estado de salud”.

Leipzig, 1805 – 1821

En 1805, Hahnemann publica “Fragmenta de viribus medicamentorum positivis in sano corpore observatis”, que es la primera Materia Médica homeopática donde se plasman los síntomas producidos en el hombre sano de 27 sustancias. Una vez más, la experimentación por delante.

En 1810 se publica el “Órganon de la medicina racional” en 271 parágrafos, la obra fundamental de la homeopatía que tendría 6 ediciones corregidas por el propio Hahnemann, lo que nos sigue dando la idea de su espíritu riguroso y experimentador. Es la experimentación, el resultado, lo que le hace cambiar y corregir de forma incesante, una y otra vez.

En 1812 es aceptado como profesor en la Facultad de Medicina de Leipzig gracias a su “Disertación histórica y médica sobre el eleborismo”.

Köthen, 1821-1835

Casa y jardín en Köthen. Fuente: http://www.homeoint.org/photo/hahnema5.htm

En 1821, bajo la protección del duque Ferdinand von Anhalt-Köthen, se establece en Köthen. Allí fe nombrado médico de cabecera del duque y se le dio el título de consejero de la corte. Su fama ya era importante y llegaban pacientes de todas las localidades.

La casa tenía un pequeño jardín con un huerto y un pabellón muy sencillo donde Hahnemann escribe sus trabajos. Ante el comentario de un visitante de lo pequeño que era el jardín Hahnemann comentó: “en realidad es pequeño, pero si mira hacia arriba podrá ver lo alto que es”.

En 1828-1830 publica “Las enfermedades crónicas” en 5 volúmenes, siendo este último el año en que muere su esposa Henriette.

En 1831-1842 se funda y funciona un hospital homeopático en Leipzig que no tiene continuidad en el tiempo sobre todo por las disensiones entre los propios homeópatas, algo nada infrecuente en aquella época y que, desgraciadamente, recorre toda la historia homeopática incluso en nuestros días.

Años en París y fallecimiento, 1835-1843

Melanie d’ Hervilly. Fuente: http://www.homeoint.org/photo/hahnema6.htm

En 1835, la vida da un giro total para Hahnemann. Es el año en que conoce a Melanie d’ Hervilly, a la que cura de una afección tuberculosa y se casa con ella con una diferencia de edad de casi 50 años.

En ese mismo año, la pareja se traslada a París donde es recibido con todos los honores por la sociedad de homeópatas franceses. También las autoridades le permiten establecerse y dispensar él mismo sus medicamentos.  Es ahí, en París, desde donde la homeopatía se extiende por todo el mundo gracias, sobre todo, a sus éxitos en enfermedades epidémicas como el cólera, escarlatina, fiebre amarilla, etc. en las que sus resultados, comprobados en los anales de la época, son muy superiores a los de la medicina de entonces.

Ante el intento de prohibir el ejercicio de la homeopatía por una parte del establishment médico parisino, el ministro del Interior, Guizot, contestó así a esa petición:

“Hahnemann es un sabio de gran mérito. La ciencia debe ser para todos. Si la homeopatía es una quimera o un sistema sin valor propio, caerá por sí misma. Si ella es, por el contrario, un progreso, se desarrollará a pesar de nuestras medidas prohibitivas, y la Academia ha de recordar antes que todo, que tiene la misión de hacer progresar la ciencia y de estimular los descubrimientos…”.

En 1843 fallece el Dr. Samuel Hahnemann y es enterrado en el cementerio de Montmartre. Posteriormente, sus restos fueron trasladados al cementerio Père Lachaise gracias a una suscripción internacional.

Fuente: Dr Samuel HAHNEMANN – PHOTOTHÈQUE HOMÉOPATHIQUE présentée par Homéopathe International (homeoint.org)

Un médico

Esta es, pues, una pequeña biografía para entender mejor al fundador de la homeopatía, Samuel Hahnemann. Queda para el futuro aclarar algunos puntos cruciales aún, como por ejemplo la práctica de sus últimos años en París donde, según algunos autores como Rima Handley, parece esta contradecirse con algunos de los aspectos teóricos enunciados en el propio Órganon, o el trabajo de análisis de sus casos clínicos que se está llevando a cabo, como el que está haciendo de manera brillante nuestra colega la Dra. Ute Fischbach.

Ahora transcribo, un poco a modo de resumen, cuál es la idea que Hahnemann tenía de lo que debería ser un médico:

“Buscad un hombre simple, un hombre sensato, que sea consciente en sus estudios y en sus enseñanzas, que sepa responder con claridad y precisión a las preguntas de su competencia, que no se pronuncie jamás sin propósito y sin ser interrogado, un hombre en fin al que no le sea extraño nada que tenga que ver esencialmente con la humanidad.

Pero escoged preferentemente un médico que jamás sea brusco, que nunca se irrite, más que a la vista de la injusticia; que no desprecie a nadie, más que a los aduladores; que tenga pocos amigos, pero los que tenga que sean hombres de corazón; que deje a los que sufren la libertad de quejarse; que nunca emita una opinión antes de haber reflexionado seriamente; que prescriba pocos medicamentos, lo más frecuente uno solo y simple; que esté modestamente alejado del ruido de la multitud; que no se burle del mérito de sus colegas y que no se haga el propio elogio; en fin, un amigo del orden y  la calma, un hombre de amor y de caridad”.

P.D: una palabra más: antes de escogerle, observad bien cómo se comporta con los enfermos pobres y si, en la soledad de su consulta, se ocupa de trabajos serios”.

Semblanza personal

En mi opinión, de Hahnemann hay que admirar muchas cosas, entre ellas su carácter firme y determinado para llevar a cabo, con tantas dificultades, sus ideas. Su coherencia insobornable como demostró al abandonar, con 40 años y cinco hijos, la medicina de su época que le daba sustento para dedicarse a traducir. Admirable también es su empeño en el progreso de la ciencia y la medicina, apartándola de todo elemento que no pudiera probarse y experimentarse. Es importante insistir en ello cuando, en la actualidad, en algunos sectores se cuestionan las “evidencias” de la homeopatía, siendo Hahnemann uno de los médicos que más abogó en la historia (creo que queda demostrado en estas notas) por una medicina científica.

Pero, por encima de todo, hay que destacar su humanismo, su empatía, su vida dedicada a los pacientes, su espiritualidad que siempre supo deslindar del campo de la ciencia; lo cual no quita, como persona que fue, sus raptos de ira, de autoritarismo, de dogmatismo y de intransigencia, parcialmente disculpables ante lo hercúleo de su empeño.

Y, seguramente, son todos esos elementos juntos, los de su carácter, tal como dice el respetado historiador Harris Coulter, los que marcaron el nacimiento de la homeopatía y, seguramente, la marcan aún hoy día. Pero lo que en Hahnemann sería más o menos disculpable no lo es en absoluto para los homeópatas que le han seguido. Y estos, en general, parecen no haber aprendido mucho de la historia. Flaco favor le hacen a Samuel, y a la homeopatía, con sus dosis alopáticas de egocentrismo e intransigencia. Flaco favor y falta de perspectiva. Quizá una visita al pequeño jardín de Köthen, “pero alto si miras hacia arriba”, sería recomendable.

En todo caso, ahí quedan las ideas de Hahnemann, plasmadas en la homeopatía, tan interesantes y necesarias para la medicina actual, más allá de puntuales controversias que, tantas veces, nos hacen perder la idea de conjunto.

Y para acabar, deseándoos un feliz día homeopático en estos tiempos tan inciertos, os dejo con el final de un escrito personal de hace años sobre Hahnemann:

“La frase de M. Candegabe “desmitificar a Hahnemann es honrarlo” me parece proverbial. Comprenderlo mejor como persona que sufre, se encoleriza, se alegra; una persona con sus altos y sus bajos, sus luces y sus sombras, su soledad… en fin, todo lo que hace que reconozcamos a otro ser humano en tan humano y cercano como nosotros mismos y podamos identificarnos con él.

 Y ahí me quedará siempre Samuel, como las imágenes de una película viva, recibiendo graciosamente a sus pacientes en zapatillas, con su bata y su kepis, o impotente y sincero reconociendo que no puede curar ni a su familia, o desgarrado ante la tragedia de sus hijos, o en sus viajes interminables hacia aquí y hacia allá buscando y buscando sin saber bien qué, o humillado e incomprendido en la ilusión de su vida, o paseando al atardecer en su “en realidad pequeño, pero alto jardín, si miras hacia arriba,” de Köthen, o en su ansia de progreso para sus semejantes…

Siempre Samuel detrás de las cortinas de un cuartucho miserable que lo separaba del otro no menos miserable donde toda la familia dormía, cuando la ciudad, el mundo también dormía, fumando una larga pipa que mitigaba su fatiga y su dolor, imaginando, tal vez soñando, y escribiendo febrilmente como poseído por no se sabe qué maldito demonio que no puedes evitar y que te impulsa a seguir y seguir sin descanso, sin que nada más te importe hasta que todo esté en su sitio, hasta que todo se haya cumplido”

“Los tesoros más inestimables son una conciencia irreprochable y una buena salud; el amor de dios y el estudio de sí mismo dan lo uno; la homeopatía lo otro”

(Samuel Hahnemann, 1843)

Bibliografía (por orden de relevancia en este post)

  1. Hans Ritter, Samuel Hahnemann, Santiago de Chile, Hochstetter, 1990.
  2. Corine Mure, Los orígenes de la homeopatía, Editions Boiron, Lyon, 2010
  3. Harris L. Coulter, Divided Legacy, vol II, p. 305-430, Washington, Wehawken Book Co, 1977
  4. Carles Amengual, Vida de S. Hahnemann, Apuntes AMHB
  5. Samuel Hahnemann, Órganon de la medicina, Albatros, Buenos Aires, 1989
  6. Gonzalo Fernández, Los hijos de Samuel. Cómo llegar a ser un homeópata ejemplar, Revista homeopática de la AMHB, Barcelona 2001, 43: 2-9
  7. Peter Morrell, A Brief Biography of Samuel Hahnemann, http://www.homeoint.org/morrell/articles/biohahnemann.htm
  8. Colette Lesens, La odisea del doctor Hahnemann, Barcelona, Laertes, 2010
  9. Thomas L. Bradford, The Life and Letters of Dr Samuel Hahnemann, http://www.homeoint.org/books4/bradford/index.htm
  10. Roger Larnaudie, La vida sobrehumana de Samuel Hahnemann, Buenos Aires, La Pleyade.
  11. E. García Treviño, Hahnemann, su vida y su obra, versión cast. de la obra de José Emygdio Rodriges Galhardo, Monterrey, 1943
  12. Rima Handley, In Search of the Later Hahnemann, Beaconsfield Publishers, 1997
  13. Ute Fischbach, Análisis de los diarios clínicos de Samuel Hahnemann, Barcelona, Acuonautas, 2014

Sobre el Autor

Dr. Gonzalo Fernández-Quiroga
Dr. Gonzalo Fernández-Quiroga

Tal como decía Holden, “Si de verdad les interesa lo que voy a contarles, lo primero que querrán saber es dónde nací, cómo fue todo ese rollo de mi infancia…”

Bueno, pues nací en un pequeño pueblo de montaña donde por la noche se contaban historias. Las mujeres que venían a casa con sus candiles, se sentaban, hilaban y contaban. Todas aquellas largas noches nevadas de invierno escuchando historias. Historias de todo tipo, de miedo, de muerte, de espíritus, de risa, amor, de desamor. Historias.

Después estudié y me licencié en Medicina por  la Universidad de Barcelona (UB). Hice el postgrado en Homeopatía por la UB-Academia Médico Homeopática de Barcelona (AMHB). He sido Director del Máster de Medicina Homeopática de la UB (2011-2016) y de la propia AMHB. Me encanta la docencia y ahora sigo de profesor de homeopatía en la AMHB y el CEDH. También cursé el Máster en Terapia Breve Estratégica, en su primera promoción, con el equipo de G. Nardone en el Institut Gestalt de Barcelona (2000-2002) que ha influido mucho en mi formación.

He incorporado, pues, la Homeopatía y la Terapia Breve a mi consulta médica para así abordar las historias de los pacientes en todas sus dimensiones: física, emocional, comunicacional y también, de algún modo, espiritual.

Porque, más de allá de todo, sigo escuchando historias. Historias extrañas, dramáticas, desesperanzadas, vitales. Intento curarlas o aliviarlas con la ciencia y el arte médicos. Cambiar esas narrativas, esos patrones, físicos y emocionales, que nos aprisionan. Y para ello, primero, busco comprender la historia verdadera. La historia verdadera de cada uno de nosotros.

Me apasiona la literatura, la poesía, el cine, la comunicación... La naturaleza. La belleza de todas las cosas. El humor. La vida, en una palabra.

Como médico, y como científico, aún creo en la antigua magia que tienen las palabras.

Ordet.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

© 2014-2021 Hablando de Homeopatía

La información proporcionada en este sitio web no pretende sustituir la atención médica o profesional. HdH® no se responsabiliza de que sea totalmente completa, ni del uso que de ella pueda hacerse. Para obtener un consejo profesional más riguroso y acertado, y resolver dudas, le recomendamos que consulte a un médico homeópata. Aceptar