¿Por qué nos enfermamos?

La enfermedad, un camino hacia la salud y la conciencia

Una de las primeras experiencias poco gratas de la vida suele ser la enfermedad. ¿Quién no recuerda en la infancia los cólicos de gases, las diarreas, los catarros, los mocos atascando la nariz, la inflamación de la garganta, la otitis, las bronquitis del invierno, las paperas, la rubeola, la escarlatina o el sarampión, y aquellas fiebres que nos dejaban por los suelos, sin poder ir a la escuela y sin salir a jugar? Sulfamidas, antibióticos, piramidones, aspirinas, el médico de cabecera y el o la practicante que acudían, el uno a diagnosticar y el otro o la otra, a continuación, a pinchar jeringazos, como si fuésemos un acerico. Nadie nos aclaraba por qué estábamos en aquellas condiciones, qué había pasado en nuestro interior o en nuestro alrededor, para que llegásemos a semejantes estados de dolor, debilidad, indefensión, cansancio e inseguridad. ¿Qué sentido tenía aquello? Nadie te lo explicaba, quizás porque nadie se lo preguntaba y porque ya tenían asumido el panorama como la cosa más normal.

¿Por qué nos enfermamos?

En esas anduve durante mis primeros años por este mundo, hasta que en uno de los períodos de enfermedad, a los ocho años, atacada por el sarampión, anduve, ya sin fiebre pero en reclusión preventiva revolviendo las estanterías de mis abuelos y encontré un libro gordísimo, un tratado de Medicina Natural escrito por un tal Doctor Vander. Era una enciclopedia que explicaba muy claro el origen de la enfermedad, qué cosas hace mal el ser humano para debilitarse. Lo explicaba todo muy bien, con láminas, dibujos y fotos, más un esquema muy claro y ordenado de cada dolencia, localización orgánica, causas, síntomas y tratamiento natural. Alimentación, higiene, baños de vapor, hierbas medicinales en infusiones, gotas o cremas que se podían encargar en las farmacias, además de cataplasmas de arcilla, ejercicios respiratorios y gimnasia terapéutica, baños de aire libre y sol, paseos en la naturaleza y descanso entre las actividades. Al final de cada capítulo, había un elenco de testimonios personales de pacientes curados y rehabilitados por medio de los métodos naturistas y vegetarianos. Para mí aquel libro fue un verdadero descubrimiento que a lo largo de los años me ha acompañado como una linterna en la oscuridad del sistema sanitario habitual. Mi abuela me lo regaló cuando me casé y con él han crecido mis hijos e hijas, además de yo misma.

La filosofía de aquel Doctor Vander me abrió las puertas de otra dimensión médica, aprendí a mirar de otro modo la enfermedad. No, no era un castigo divino, ni “la voluntad de Dios”, era la consecuencia de no entender quiénes somos, para qué nacemos y que la vida no es «una noche en una mala posada», sino un camino precioso, una aventura increíble llena de posibilidades que dependen de cómo se comprende lo que nos pasa, mucho más que de lo que nos pasa en sí mismo. Cómo la alimentación equilibrada nos equilibra, cómo la mente nos enferma o nos cura, cómo lo que vemos, escuchamos, leemos, pensamos, creemos y decimos, nos condiciona por completo si no desarrollamos la gran herramienta, el gran equipaje para el camino: la conciencia. Es decir, la mirada interior que nos define y produce la energía necesaria para vivir de verdad y no como robots de obsolescencia programada y finiquito asegurado.

Con el tiempo fui integrando experiencias, comprendiendo la dinámica del biós, como diría Hipócrates. La vida es sobre todo inteligencia en acción y reposo combinados. Pero no es una inteligencia mecánica, tampoco es solo instintos, reflejos y emociones, es una combinación única de todo ello, en cada individualidad, que genera un alma sensitiva, personalizada, desde que por primera vez respiramos al llegar aquí, y ese oxígeno milagroso hace posible la fusión entre la materia receptora y la energía generadora. A partir de ese momento, lloramos al primer impacto y comienza la exploración del mundo inmediato, la interacción entre lo que recibimos y lo que damos, cuando somos más inconscientes y entre lo que damos y recibimos cuando nos va naciendo la conciencia y comenzamos a percibir la relación entre causas y efectos. La vida es la maestra, la mejor coach, pero es necesario que, además, tengamos abiertas las puertas del Maestro del corazón y la oficina del cerebro. Que nos acompañe la intuición y la visión del hemisferio izquierdo y la capacidad organizativa del derecho.

Tenemos todos los recursos reunidos en este complejo psicoemocional magnífico que debe gestionar la conciencia inseparable del alma para que tenga sentido todo lo que lleguemos a vivir y a partir de ese punto, descubrir que además somos espíritu creador, mutable y a la vez el eje imprescindible de la estabilidad.

De esa partitura ya consciente de sí, nace la música de la comprensión, la empatía, la compasión, la bondad natural que mana de una fuente inagotable y, por supuesto, la  salud, que sobre todo se basa en el principio homeoterapéutico: lo igual cura lo igual, porque no presenta batalla, sino la solución del equilibrio. La enfermedad es conflicto. La Medicina, es la paz. No la medicina inmadura, con minúsculas, sino la que ya es adulta, ha crecido, y conoce su función porque a la ciencia le ha añadido la conciencia.

Muchas gracias a todos los que hacen posible este rincón online; a mi médico, amigo y profesor, Paco Verdú y a las doctoras y doctores que no han tirado la toalla y se empeñan cada día en construir conciencia con el mejor material posible: el amor incondicional, que escucha, ayuda, cura y enseña.

Sobre el Autor

Sol Ruiz
Sol Ruiz

Me llamo Sol Ruiz, nací en Ciudad Real en 1947. Estudié Filosofía y Letras en Madrid, Universidad Complutense. Vivo en Valencia desde hace 37 años y ya me siento tan valenciana como manchega. En paralelo siempre sentí una fuerte atracción por la Medicina relacionada con la Filosofía, la Psicología y el Crecimiento Personal. Soy escritora. La poesía, la narrativa y el ensayo son mi campo de trabajo. Desde 2008 gestiono un blog que he titulado "El cesto de las chufas" en el que trato de compartir sobre todo conciencia, como en los libros de poesía: "La Levedad del Signo" (Premio Gerardo Diego, en Santander. 1998), "Veinte días de abril" (Premio Internacional de Poesía del Ayuntamiento de Torrevieja. 1999), "Puentes en La noche" (Premio Ciudad de Burgos, 1998), "El Maestro Interior" (1995) y "Por donde crece el mar" (1996), publicados en dos antologías poéticas, por el Ayuntamiento de Zaragoza.

Estudié durante cuatro años Medicina Natural en Valencia con el Doctor Francisco Verdú, me formé como terapeuta alternativa y durante quince años impartí cursos y realicé terapias basadas en la meditación, el autoconocimiento y la escritura como medicina del alma. Ahora, ya jubilada, participo como voluntaria en un centro de acogida para refugiados y migrantes. Junto con los técnicos del centro, elaboramos "Altaveu", una revista anual en la que los alumnos narran sus experiencias.

A la homeopatía, a esa Medicina humanísima, tan eficaz y completa como sabia, le debo una gran parte de mi bienestar y de mi crecimiento como ser humano.

5 Comentarios

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  • Buenos días Sol, es un placer leerte.

    Aunque no corren buenos tiempos para todo lo que sea natural, autentico o distinto, muchos sabemos que le enfermedad o la salud no son solo un conjunto de síntomas o de recomendaciones, sino la expresión holística de la naturaleza humana.

    Gracias por tu regalo.

    Un abrazo.

  • Querida Sol:
    Muchas gracias por el precioso texto que nos has regalado.
    Era evidente que tienes alma de poeta y corazón de amiga y compañera de camino de todos aquellos que tienen la fortuna de cruzarse contigo.
    Sería un placer leer tus poemas que buscaré en la red y en librerías.
    Y es una suerte contar contigo en este proyecto que tanta ilusión nos convoca.

    Besos

    • Gracias a ti, querido José Ignacio, porque en este mundo seres humanos como tú y los médicos/maestros y amigos que te acompañan en este blogg extraordinario y en el divino oficio de la compasión activa, sería muchísimo más inhóspito, oscuro y torpe.
      Encontraros en internet fue un regalazo de la Providencia que no da puntada sin hilo, aunque a veces cosa con tanta humildad que no se note quién hace los vestidos de la inteligencia, la belleza y la bondad. La mano cósmica que nos lleva cada día al cole de la Vida.
      Para mí sois el poemario más completo y generoso que cada día escriben mano a mano el Amor y la Conciencia, sois los versos libres de Hipócrates, Paracelso, Hahnemann, Servet, Ramón y Cajal, Jung, …y Cervantes, ¡cómo no! otro médico .camuflado de escritor…Es obvio que la escritura sana también. Es la homeopatía del alma, no cabe duda.
      Un abrazo enorme,querido hermano, maestro y compañero de camino.

  • Muchas gracias Sol por este precioso texto. Es un honor tenerte entre nosotros. Bueno, en realidad ya hace tiempo que lo estás.

    Un abrazo y pasa un lindo día.

    • Gracias a ti, querido Guillermo, es un descanso enorme encontrar en este mundo personas tan sanas y tan conscientes como tú y como el grupo de médicos que formáis este equipazo.
      El solo hecho de leeros ya es terapéutico, te lo aseguro. Igual que nuestras almas, mentes y emociones, nuestras células, átomos , partículas y moléculas, también se empapan de esa energía y responden mejor a los retos de cualquier tipo, cuando se os lee y se os escucha.
      Sois una bendición con bata blanca, te lo aseguro.

      Un gran abrazo!

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