¿Por qué emplear medicamentos homeopáticos? (I)

Hablando desde la experiencia. Análisis a propósito de un caso. ¡Pobre “chavalín”!: una historia de miedo. (I)

Kevin, es un niño de barrio de una mediana ciudad de provincias. Alegre, estudioso y siempre con ganas de jugar. Una tarde de verano, estando en el campamento con sus amigos del colegio, sufre un horrible accidente. Al acercarse a la hoguera, alguien arroja unos troncos, las llamas se intensifican y saltan sobre el cuerpo de Kevin.

El susto es tremendo, el dolor muy intenso y el miedo le paraliza.

Una hora después se encuentra en la unidad de quemados de un hospital de tercer nivel en una ciudad próxima. Tiene quemaduras de segundo y tercer grado que afectan al treinta por ciento de su cuerpo, incluyendo la cara.

Afortunadamente, su naturaleza es fuerte, y con los buenos cuidados en el hospital, es dado de alta cuatro meses después de su ingreso. Ha luchado con la muerte, y ha sido necesario realizarle múltiples injertos en su cuerpo, que han prendido bien.

Físicamente le cuesta recuperarse pero en unos meses se encuentra bastante bien, no se notan de forma apreciable las secuelas del accidente, ni siquiera las marcas de la cara son muy evidentes.

Psíquicamente no es el mismo. No tiene interés por nada, siempre está triste y taciturno, no puede concentrarse en nada y tiene pesadillas. Todas las noches rememora el accidente y siente el temor, el horror en su cuerpo y en su mente de modo tan vívido que hasta huele su cuerpo quemado.

Deja de salir con sus amigos, ya no practica sus deportes favoritos, y pierde el curso escolar. Nada le interesa. Piensa continuamente en la muerte, y desea morirse, e incluso en una ocasión se ha tomado varias pastillas de una vez de las que le recetó el psiquiatra y ha necesitado ingresar en el hospital.

Tiene ahora trece años, han pasado más de dos años desde que sucedió el accidente, y lleva más de un año utilizando psicofármacos, visitando psiquiatras y psicólogos, con escasa mejoría.

Su pediatra, preocupada ante la situación, le propone la posibilidad de tratarse con homeopatía. En la primera entrevista, Kevin mira continuamente al suelo, y contesta con monosílabos. No deja de mover nerviosamente las piernas. Se le ve abatido, sin esperanza, parece que ha acudido a la cita por cortesía más que por otra cosa. Transmite su angustia, su miedo, su tristeza. La muerte ronda su cabeza de modo permanente.

Aunque la madre adopta una actitud positiva y comprensiva, en su padre se adivina una cierta indiferencia y disgusto hacia el niño. Se queja de que a veces fuma, de las malas compañías y de su bajo rendimiento escolar.

Un mes después, Kevin y su madre acuden de nuevo a la consulta. La expresión de la madre es abierta y afable, se le nota agradecida y está contenta con la evolución durante este tiempo. Le ha visto hacer progresos en casa y en la escuela, aunque falta mucho camino por recorrer.

El niño, nos mira a los ojos, nos sonríe y nos confirma su mejoría. “Estoy menos nervioso, me concentro mejor y no me siento tan angustiado. Pienso menos en la muerte.”

Acordamos unos cambios en el tratamiento y concertamos una nueva cita.

Antes de la cita, la madre viene a la consulta de pediatría. Está contenta, agradecida, y nos trae un regalo. Kevin no lo sabe. Su regalo, son sus propios sentimientos.

Pobre chabalín /Pobre chabalín/ Nadie le quiere/ es la ansiedad/ no le deja vivir
Estas hundido, por una enfermedad, la ansiedad, la mierda de ansiedad.
Pobre chabalín/ Pobre chabalín/ Nadie le quiere/ es la ansiedad/ no le deja vivir
Por una enfermedad te quedas sin amigos/ por una enfermedad días enteros lloras, solo una cosa te alivia, vivir emociones fuertes.
Pobre chabalín/ Pobre chabalín/ Nadie le quiere/ es la ansiedad/ no le deja vivir
haces cosas que no quieres hacer, ves cosas que no quieres ver,
tomas pastillas que no quieres tomar/ solo por una enfermedad
Pobre chabalín/ Pobre chabalín/ Nadie le quiere/ es la ansiedad/ no le deja vivir
tu mente no es la misma/ tu pensar no es el mismo/ tu personalidad tampoco,
Nada es igual.

Sobre el Autor

Dr. Jose Ignacio Torres
Dr. Jose Ignacio Torres

Me llamo José Ignacio por una casualidad y soy un APRENDIZ.

Aunque nací en Madrid me considero de ninguna parte porque cualquier paisaje está lleno de belleza, y así todos son míos. VIAJAR genera conocimiento y disfrute tanto si es al exterior como al interior de uno mismo.

Aprendí de mi abuelo la GENEROSIDAD, de mi padre la TENACIDAD, de mis hijos la ALEGRÍA y de Arancha el RESPETO gracias a su amor y paciencia.

Mi familia, amigos, compañeros y pacientes son mis principales MAESTROS de medicina y de vida.

Me considero un ESCUCHADOR porque me gusta ayudar a los demás y no conozco puerta mejor a la compasión y a la terapia que la escucha.

Creo, después de tantos años, que la medicina es la tarea humana más hermosa en la que es necesario algo de ciencia y mucho de ARTE.

Persigo de modo incesante la BELLEZA e intento ponerle PASIÓN y COLOR a mi vida fuera y dentro de la consulta.

Me DIVIERTO y APRENDO con la pintura, la música, el juego, el baile, la poesía, el cine, la ópera, las narraciones y los espacios abiertos en los que me gusta envolverme con olores y vientos. Y los añoro en todos los entornos humanos que deberían estar llenos de ellos.

DISFRUTO con la compañía de las personas humildes y sabias que voy conociendo en el camino de la VIDA.

NECESITO escribir para curar las heridas que dejan la consulta y la vida.

He COMPRENDIDO no sin esfuerzo, que las palabras acarician y hieren, salvan y matan y por ello, lo que más deseo practicar es el SILENCIO que genera espacios de amor y de respeto.

Y mis PASIONES ocultas son el CHOCOLATE, el FÚTBOL, el color VERDE y MOZART que siempre va conmigo.

Consulta
C. del Corazón de María, 82
28002 Madrid
TEL. 912 99 94 16

Más información del Dr. Jose Ignacio Torres
Consejo General de Colegios Oficiales de Médicos
Sociedad Española de Medicina Homeopática (SEMH)
Directorio de Médicos Homeópatas - CEDH

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