Perdón: una carta a los usuarios de la Atención Primaria madrileña

En el Centro de Salud

Al salir del espacio del Centro de Salud en el que trabajo y observar la larga cola que se ha formado en la calle no puedo evitar que mi corazón de un vuelco y me pregunte hasta dónde hemos llegado.

Siento tristeza, vergüenza y algo así como una especie de culpa no dolosa que de seguro es compartida por montones de personas extraordinarias con buena voluntad, excelente preparación y ganas de disponer de tiempo y espacio para ayudar a aquellos que lo necesiten. Personas que dedican su vida a los demás: enfermeras, médicos, auxiliares de clínica, celadores, personal administrativo, fisioterapeutas y dentistas, por ejemplo.

Por todos ellos y por mi les pido perdón desde los más profundo de mi ser como persona y médico de familia.

Perdón, por parecer un cómplice más en la responsabilidad de dejarles tirados en la calle esperando a que alguien les atienda como personas, como todos ustedes se merecen.

En las colas de la calle

Colas que me dejan con la sensación de que no estamos en Madrid sino en cualquier lugar rural o urbano del tercer mundo al que desgraciadamente no han llegado las ventajas sanitarias propias del siglo XXI.

Gente en la calle independientemente de las posibles inclemencias del tiempo, personas que esperan de pie o en silla de ruedas, jóvenes y ancianos, madres y padres con sus niños en el cochecito, gente de todo tipo que me hace pensar en algo así como la paradoja. La paradoja de ver y escuchar cada día como los políticos de todos los bandos no dejan de ponerse medallas a nuestra costa mientras siguen ninguneándonos tanto a los usuarios del Sistema Nacional de Salud como al personal sanitario.

Y este desprecio muy posiblemente tiene que ver con que ellos no conocen las bondades ni las debilidades de este sistema porque no lo utilizan, a pesar de que se les llena la boca cuando lo presentan como uno de los mejores del mundo mundial que diría el bueno de Manolito.

Perdón, porque se de primera mano que contactar por teléfono con el Centro de Salud se ha convertido en algo parecido a una misión imposible. Lo escribo y me viene a la cabeza la banda sonora de la serie de televisión como en una especie de déjà vu de modo que visualizo a cada persona que está al otro lado del hilo con cables y cuerdas para llevar a cabo la compleja tarea de conectar.

Y me parece difícil de entender que en el año 2021 no se disponga en los Centros de Salud de dispositivos ágiles para que los ciudadanos puedan comunicar con facilidad la urgencia precisa de sus inquietudes y preocupaciones por sus problemas de salud.

No hay forma de contactar con el Centro de Salud. Es una especie de mantra. Un mantra que escucho todos los días, cuando les recibo en la consulta, cuando hablamos por teléfono, cuando recibo sus correos electrónicos, cuando me los encuentro en la cola, en las calles. O cuando les visito en sus casas.

Al teléfono, sin éxito

Perdón, porque no es en absoluto de recibo que al solicitar cita para la consulta de su médico les hagan una propuesta para dentro de dos semanas.

Así, nos encontramos al recibirles por fin, con casos de pacientes que tienen que acudir a urgencias del hospital o a la sanidad privada para resolver problemas de salud que debería afrontar con eficacia su médico.

Se producen por esta razón, innecesarios retrasos en procesos diagnósticos que precisan una cierta agilidad, demoras en recibir un tratamiento adecuado e incremento de riesgo de prescripciones inapropiadas con la consiguiente iatrogenia, dificultades para recibir una orientación preventiva o un consejo relacionado con cualquier problema de salud físico o mental oportunos y tan necesarios en la situación de pandemia que vivimos por parte de profesionales cercanos y de confianza, y sobre todo pérdida de oportunidad de una atención centrada en el paciente.

Hace décadas nos prometían tiempo y recursos para dedicar parte de la jornada a la asistencia de enfermos y al menos un 30% a otras tareas igualmente importantes como la investigación, la docencia y las actividades comunitarias en el Centro de Salud y en la calle (en colegios, institutos y centros cívicos).

De todo ello, tengo por suerte, experiencia porque en el pasado, con mayor o menor dificultad lo hacíamos los profesionales de enfermería y medicina de los Equipos de Atención Primaria. Incluso, creábamos los Consejos de Salud del barrio con participación de los ciudadanos en la toma de decisiones de problemas relacionados con la salud.

En la sala de espera

Lo llamábamos con ilusión y cierto orgullo Centro de Salud, porque algunos creíamos que en el futuro íbamos conseguir (los salubristas) el sueño de centrarnos más en la promoción de la salud y la prevención de la enfermedad que en la asistencia a los enfermos (los fonendistas). Y ahora, después de cinco décadas de esfuerzo, trabajo y soluciones intentadas los más veteranos hemos llegado a la conclusión de que lo mejor que podemos hacer por su salud es protegerles al máximo de nuestras propias intervenciones, de la multitud ingente de pruebas diagnósticas dolosas e innecesarias y el rosario cada vez mayor de fármacos muchos de los cuales son inútiles y perjudiciales.

En el día a día de los Centros de Salud el tiempo de asistencia a los enfermos supera a veces incluso el cien por cien de la jornada. Por ejemplo, cuando atendemos a las personas en sus domicilios al acabar la consulta o cuando seguimos pasando consulta más allá de nuestro horario sin tiempo literal para cualquier descanso o para compartir con nuestros compañeros inquietudes y experiencias y hacer equipo.

Y esta especie de trabajo en cadena es una importante fuente de frustración, de enfermedad mental y física, de abandono de la profesión y de búsqueda de lugares mejores de trabajo allende nuestras fronteras en Europa o América.

A pesar de todo ello, de nuestra implicación y compromiso y de un trabajo intenso, ustedes no consiguen contactar con su médico hasta dentro de quince días.

La mesilla y las pastillas

No, no es en la mayoría de los casos por desinterés, dejadez o falta de ganas, sino por ausencia absoluta de previsión y del personal apropiado para que puedan ser atendidos como se merecen.

Siento ganas de salir a la calle, bata en ristre y preguntar a la gente que espera pacientemente en la cola por sus necesidades. Y pienso, que cada vez estamos más cerca de la práctica de una medicina de campaña saliendo del paso de lo que puede ser urgente. Y eso significa, retroceder a mediados del siglo XX.

Perdón, por parecer que en la entrada del Centro de Salud se han colocado guardias de seguridad con la única misión de evitar que ustedes pasen. Esas personas hacen una gran labor pero son poco comprendidas. Intentan disminuir la posibilidad de que se contagien del maldito virus que nos aísla y nos enferma procurando cumplir con los requisitos de habitabilidad y distancia de seguridad.

La mascarilla, la distancia de seguridad y la ventilación de los locales, junto con la higiene de manos han sido grandes aliados de la salud durante todos estos meses. Es por ello, aconsejable que se sigan manteniendo, a pesar de que la economía y la política no parezcan estar muy de acuerdo con la medicina ni la ciencia.

Perdón, porque ustedes tengan la sensación de que su médico no está disponible para conseguir una visita presencial a pesar de que desde hace meses cada día el porcentaje de las visitas en el Centro de Salud son mayores habiéndose ajustado las telefónicas en general a motivos de consulta que se resuelven con más eficacia a distancia.

Intentamos estar disponibles siempre que es posible, la mayoría de las veces incluso con agendas llenas y con un número importante de visitas extras.

Y es preciso que sepan, que a veces, su médico o su profesional de enfermería no está disponible porque está enfermo o en el mejor de los casos de vacaciones, y muy frecuentemente no hay personal para sustituirle.

Dificultades que existen desde hace décadas muy posiblemente por las decisiones aparentemente inadecuadas de los poderes públicos con respecto a temas como la organización del sistema, la política de personal y el trato poco humanitario a los profesionales sanitarios con precariedad e inseguridad laboral después de hayan pasado múltiples pruebas y más de una década de estudio intenso y una formación que es ejemplo en toda Europa.

Formando a los médicos residentes

Durante estos difíciles meses hemos contemplado con tristeza, perplejidad e indignación como muchos profesionales sanitarios han enfermado e incluso fallecido en el cumplimiento de su trabajo con cifras que a nuestro modo de entender deberían ser sonrojantes para un país como España.

Y la misma tristeza y enfado han surgido tras un momento que parecía de tranquilidad, con los despidos de tantos compañeros que se habían dejado la piel para sacar las castañas del fuego, impidiendo más morbilidad y mortalidad en la pandemia.

Perdón, porque cuando desde la consulta del Centro de Salud les solicitamos una prueba diagnóstica o una valoración por el especialista a veces los tiempos de demora son de meses o incluso de más de un año. Y eso, al menos en mi hospital de referencia, no creo que tenga que ver con la disponibilidad de los profesionales, muchos de los cuales han desarrollado sistemas de agilización de la atención a los pacientes como por ejemplo, la consulta virtual, en la que en tiempos de 24-72 horas el médico especialista responde e intenta dar la solución más eficaz al problema del paciente.

Sin embargo, y como es lógico, todos los días somos los médicos de familia los que recibimos la queja y la busca de soluciones a dichos retrasos.

Perdón, porque es muy probable que tengan la sensación de que la falta de atención surge de la desorganización y el caos. Y que desafortunadamente, esta percepción de falta de organización y previsión puede generar con alguna frecuencia la sensación en ustedes de falta de comprensión y comunicación y el sentimiento de ausencia de empatía, respeto y afecto.

Un caos propiciado por la incapacidad histórica de las autoridades para darse cuenta (a pesar de la voluminosa cantidad de estudios que lo demuestran tozudamente) de que un Sistema Nacional de Salud eficaz, efectivo, eficiente y justo se basa en una Atención Primaria sólida con recursos técnicos y humanos apropiados y capacidad de adaptación a las circunstancias más desfavorables por la flexibilidad de sus plantillas y la presencia de un clima emocional y laboral apropiado a personas que cuidan de personas.

Por todo ello, y posiblemente muchas cosas más que ustedes hayan percibido y sentido en los últimos tiempos, y muy especialmente en los dos últimos años, en nombre de los profesionales sanitarios y en el mío propio siento la necesidad de pedirles disculpas, incluso cuando todo haga parecer (ojala sea así) que los que nos disculpamos seamos los más inocentes de esta película de terror en la que se está convirtiendo la sanidad pública madrileña.

Sobre el Autor

Dr. Jose Ignacio Torres
Dr. Jose Ignacio Torres

Jose Ignacio. Médico de familia. Después de un año breve pero intenso de formacion en la Fundación Jiménez Díaz como médico residente de hematología, realicé mi residencia de medicina de familia en el Hospital Universitario Marques de Valdecilla (Santander). He trabajado en muchos aspectos relacionados con la medicina de familia: jefe de estudios, tutor de residentes, presidente de la comisión de calidad... Pero sobre todo en mi consulta en los centros de salud de las antenas (Santander), Barcelona en Móstoles (Madrid), San Agustín y Gamonal Antigua (Burgos) y actualmente en Montesa (Madrid). Siempre me han interesado la investigación, la docencia y la asistencia y por eso he tenido la suerte de poder formar muchos médicos residentes la mayoría de los cuales han compartido conmigo la ilusión y el cariño de tratar con personas, de cuidar personas. Me considero un terapeuta, alguien que intenta ayudar a mejorar la salud de los que acuden a su consulta. En los años 90 sentí la necesidad de aprender otras formar de terapia y tuve la gran fortuna de conocer la homeopatía. Soy especialista universitario en homeopatía por la universidad de Valladolid. Desde entonces, tanto en el centro de salud como durante algunos años en mi consulta privada he tenido la maravillosa experiencia de escuchar, comprender y tratar a muchos pacientes con medicamentos homeopáticos y me he sentido realmente útil.

Mis áreas de interés prioritario han sido las actividades preventivas, las enfermedades cardiovasculares crónicas, y las técnicas de comunicación. Pertenezco al grupo-programa comunicación y salud de SEMFYC y he sido varios años parte de un extraordinario grupo de profesionales y amigos en el grupo de comunicación y salud de Burgos.

Como docente actualmente soy profesor del CEDH y he tenido la posibilidad de compartir experiencias y conocimientos con alumnos de pregrado (alumnos de medicina de la facultad de medicina de Zaragoza), médicos, veterinarios y farmacéuticos.

La homeopatía me ha dado la oportunidad de conocer a excelentes profesionales y personas, ayudar a muchos pacientes y proporcionarme las herramientas más poderosas para un médico: la humildad, el sentido común, la escucha activa y unos fármacos seguros y eficaces.

12 Comentarios

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  • Como bien dices, tú y muchos otros sois los más inocentes de esta situación. ¡Que suerte tienen tus pacientes!
    Un fuerte abrazo, amigo

  • Ojalá esta situación que describes llegará a los que pueden hacer por optimizar recursos y por armonizar un trato humano con esta pandemia.
    Gracias por tus disculpas que las imagino en mi centro de Salud de Segre donde entristece ver el panorama.

  • En esta noche oscura que estamos viviendo nos queda pensar que, en muchas ocasiones, solo cuando tocamos fondo somos capaces de reaccionar. Y, si no lo hemos hecho ya (lo de tocar fondo) estamos muy cerca.

    Un abrazo enorme y muchísimas gracias por tu valor y tu compromiso querido amigo.

  • Querido José Ignacio, infinitas gracias por esa conciencia, por esa humanidad, esa honestidad y ese amor sin límites a nuestros semejantes más vulnerables y heridos por un caos irresponsable y demencial al que llamamos Estado en vez de calificarlo de desastre completo, que solo sigue dis-funcionando a rastras por el trabajo, el esfuerzo y el sacrificio hasta de sus vidas, -como es el caso de quienes nos cuidan la salud- por parte de la ciudadanía, que aguanta y resiste hasta el agotamiento vital.
    Lo de Madrid no tiene nombre, es un escándalo -también en Europa- y una especie de campo de concentración antisanitario, donde para el poder político y financiero es más importante irse de bares y terrazas que salvar vidas en medio del hundimiento del Titanic sanitario. Gracias por pedir perdón, pero no sois vosotros, los médicos, sanitarios y auxiliares que atendéis en directo cuando os lo permiten, claro, los responsables de semejante desastre, también sois las víctimas profesionales tan desatendidas institucionalmente como los enfermos.
    Pese a las deficiencias estatales, por fortuna, no todo es como en Madrid. En comunidades como la valenciana, que es donde vivo, debo reconocer que la sanidad, a pesar del estrés y los problemas actuales, está mejor cuidada y orientada, la sanidad pública se ha potenciado, hasta se han desprivatizado centros como el Hospital comarcal de Alzira -un centro fundamental para toda una comarca que nació privatizado- y el acceso a la atención básica se ha mejorado mucho comparado con lo que padecimos previamente durante casi un cuarto de siglo. Los pacientes no están desesperados, al menos se les atiende y se les dan citas que se cumplen. No hay colas en los centros de atención ni en los hospitales aunque los contagios son muy numerosos.
    Las farmacias se están portando de maravilla. La que hay en plaza de mi barrio ha organizado un voluntariado que se llama «Proyecto Farmacia Patraix», con la ayuda de un médico de familia del centro de atención primaria y de la parroquia; se trata de ocuparse del acompañamiento a los ancianos y personas discapacitadas que viven solos y ya no pueden cuidarse adecuadamente ni siquiera calibrar cuando deben pedir ayuda médica; los farmacéuticos durante el primer confinamiento les llevaban – y siguen llevando- las medicinas a casa, pudieron comprobar en directo que muchos de ellos no se acordaban de tomarse la medicación, se olvidaban de comer, de salir a la compra o de lavar la ropa, tenían hongos, eccemas, contusiones, porque se golpeaban e incluso se caían al hacer esfuerzos, etc, etc…Un desastre, del que nadie se daba cuenta, hasta que Joan, Mónica y Vicen, l@s tres farmacéutic@s de la plaza, se dieron cuenta y lo expusieron a la clientela, al centro de salud de la zona, a Sankofa, el centro de cultura de la ONG ‘Sovint’ cuya sede es un centro social de primera línea, a la Asociación de Vecinos y a la parroquia. Ya es mucho más difícil el abandono y el descuido, y esa sensibilidad también mueve la atención en red. Se pierde el miedo cuando se siente viva la comunidad y sus cuidados demuestran que «sí se puede».
    A donde no puede llegar el médico puede y debe llegar el vecino, la amiga y el voluntariado. Perder el miedo es sanarse y valorar la atención y el amor -con toda la protección y recursos disponibles-, más que el temor al contagio. El miedo, como la irresponsabilidad egópata de pensar solo en lo personal, también es una carencia que nos limita y nos enferma: idiothía, la llamaban los griegos. Primero yo, luego yo y después yo; cuando ya no quede nadie a quien llamar tú, él, ellos y ellas, o sea, Nosotros, ¿qué sentido tendrá el yo? De ahí, que idiothía, haya derivado en sinónimo de estupidez y tontuna, que ignora el bien común. Lo que significa el reino del caos total.
    La ciudadanía está para algo más que para vegetar, trabajar y cobrar. Está para ser politeia y ayudar desde la base social cuando los estados se debilitan por cualquier motivo imprevisible, puede ser una catástrofe natural, como en La Palma, o climática como inundaciones, nevadas o huracanes o sanitarias, como las epidemias, o económicas como el saqueo de las grandes empresas del dinero que dominan el mundo para enriquecerse hasta con la enfermedad y la muerte del prójimo si eso renta, formas de vegetar especulando, precisamente derivadas en nuestros tiempos de un modo de novivir y disfuncionar tan peligroso como el peor de los virus.

    Muchísimas gracias a todos vosotros y vosotras, médic@s imprescindibles tanto por vuestra maestría luminosa como por vuestra conciencia ejemplar e imprescindible. Ojalá esa vocación vuestra se contagie algún día y se haga pandémica para la humanidad.
    Un abrazo inconfinable, José Ignacio, querido hermano, maestro y amigo!

    • Me ha encantado leerte y lo que cuentas.
      Desde luego es esperanzador y coincide con lo que pienso, que los ciudadanos a pesar de los políticos pueden hacer grandes cosas

      Besos

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