Papá ¿qué es ordet?

Última modificación: 13-03-2019 11:29:02

La anécdota fue hace unos meses cuando mi hijo de diez años me hizo la pregunta clave al ver que escribía en este blog. Enseguida se puso a leer mi presentación mientras iba asintiendo con la cabeza con gesto serio y adulto.

Entonces, cuando llegó al final sentenció que “estaba muy bien” e hizo la pregunta:

– Está bien, está bien, me gusta… pero oye papá ¿qué es “ordet”?

Vaya, me dije. Esa es la pregunta. Nadie se ha fijado hasta ahora. O si se han fijado no me lo han dicho. Bien mirado, tampoco es que tengamos millones de lectores en el blog (aunque todo llegará jaja).

O sea que por fin mi oportunidad de poder explicarlo. Así que respiré profundo y me preparé para una de esas peroratas de padre “que dejen huella”, no sé si me entienden.

-Bueno, verás, -comencé con pinta un tanto solemne dando a entender que la explicación bien pudiera alargarse-  “ordet” es una palabra en danés que significa “la palabra”. Y ordet –proseguí- también es el título de una película

-Ah, vale, ya… -me cortó, apartándose con inusitada rapidez una vez saciada toda su curiosidad en el tema y dejándome con la palabra (nunca mejor dicho) en la boca…

Esa es la historia. Así que para no seguir quedándome con luxación temporomandibular hoy me gustaría escribir sobre qué es ordet (y qué función tiene en este blog).

Y comenzaré diciendo que parece que se nos ha olvidado pero la primera herramienta que tuvieron los médicos y los terapeutas fueron las palabras (las verbales y no verbales). Rituales, gestos, miradas, silencios, palabras… Desde el principio de los tiempos en medio de la oscuridad de las cavernas alguien utilizaba esas “palabras” para aliviar o curar  a los demás integrantes de la comunidad. Y así ha seguido durante todas las épocas y en todas las culturas.

Antifonte, por poner el ejemplo de la nuestra, considerado el primer terapeuta occidental hace más de dos mil años, inventó un “arte consolatario de  las palabras” con el que aliviaba a todo el que acudía a él. Y tuvo muchísimo éxito, tanto que, parece que agobiado, lo dejó.

La palabra.

Esa palabra pronunciada en un tiempo en que las palabras eran, como siempre han sido y son ahora, mágicas.

En un tiempo en que, como fantaseaba (?) Borges, cada palabra, cada letra, tenía en su misma construcción, en su misma pronunciación, al objeto señalado, lo poseía y por ello mismo tenía poder e influencia obre él. Forma y fondo, hablar y hacer eran pues la misma y única cosa. (Sobre esto, y en plan más académico, véase la obra del filósofo John L. Austin ¿”cómo hacer cosas con las palabras”)

Y para mis colegas médicos recordarles que en la mitología griega también Zeus castiga a Asclepio, el que se convertiría en dios de la medicina,  porque éste empezó a resucitar muertos con su arte médico y, claro, eso sólo está reservado a los dioses. Así que se deshizo de él pero premiándolo de alguna manera ya que lo convirtió eternamente en la constelación del Ofiuco,“el portador de la serpiente”, símbolo ésta última de la vida renovada.

Pero Ordet también es el título de una maravillosa película del director danés Carl T. Dreyer (1889-1968).

Realizada en 1955, refleja a propósito la obra de teatro en la que está basada. Los personajes entrando y saliendo en una puesta escénica milimétricamente cuidada. No hay los típicos plano-contraplanos sino que la cámara va siguiendo lentamente la mirada de los personajes. Parece sencillo pero aquí, como sucede tantas veces, bajo la aparente sencillez se esconde muchísimo trabajo y dedicación que apenas se deja ver. Largos planos secuencia tan difíciles de mantener si no es por la tensión narrativa y la mano maestra que la utiliza. Mobiliario exquisitamente elegido, encuadres, gestualidad… Una belleza formal portentosa. Y después está esa luz, esa luz maravillosa e inasible como el mejor de los cuadros de su compatriota Vermeer

En toda la obra de Dreyer, un puñado de películas extraordinarias, destaca la influencia de la filosofía de Kierkegaard. Y su religiosidad aunque la palabra que mejor le conviene creo que es misticismo, tanto en el fondo pero sobre todo en la forma. Algunos le han achacado un excesivo sabor cristiano. Pero como en toda obra maestra seguro que hay muchas lecturas. Y yo, como tantos otros, solo veo la vida en mayúsculas.

Es una película que habla de la fe, la fe en la vida más que en alguna religión concreta, la inocencia, la simplicidad, la locura, la espiritualidad, el misticismo, el amor

Y también la ciencia, la medicina, la modernidad y el cambio. Y ahí está Inger la mujer abnegada, toda comprensión y amor verdaderos. Y su marido, el contrapunto, el no creyente entre tanto ambiente religioso. Ese marido que también ama su cuerpo según dice sollozando ante su mujer muerta en medio de tantas palabrería sobre dios y el cielo. Y el fanatismo religioso… y los jóvenes amantes…

Y ahí está también Johannes declamando como un poseso desde no se sabe qué profundidades… Johanness, el loco, el atormentado, el único con verdadera fe en medio de tanta religiosidad costumbrista. El loco, sí, pero como siempre quizá el único cuerdo, quién sabe. Y la inocencia de la niña, su sobrina… Ya se sabe que sólo los locos y los niños tienen la verdad… Y entre ellos dos hacen el milagro, el milagro de la palabra que sólo alguien como Dreyer puede tener la audacia, desde la más alta espiritualidad, de filmar sin caer en el ridículo. Ese milagro que, de alguna manera,  y como en el caso de nuestro dios Asclepio seguramente todavía persiste en el inconsciente de todo médico.

Regalémonos pues Ordet (es muy fácil) para este año que comienza. Sólo un poco de paciencia al principio para adaptarnos a su ritmo tranquilo y sosegado que no es el habitual en estos tiempos. Un pequeño oasis en medio del frenético desierto.

Muchos pequeños oasis cotidianos en medio de tantos desiertos.

Ese es mi deseo para todos.

Y disfrutemos de esa luz

de la vida

del milagro

la palabra

 

Sobre el Autor

Dr. Gonzalo Fernández-Quiroga
Dr. Gonzalo Fernández-Quiroga

Tal como decía Holden, “Si de verdad les interesa lo que voy a contarles, lo primero que querrán saber es dónde nací, cómo fue todo ese rollo de mi infancia…”

Bueno, pues nací en un pequeño pueblo de montaña donde por la noche se contaban historias. Las mujeres que venían a casa con sus candiles, se sentaban, hilaban y contaban. Todas aquellas largas noches nevadas de invierno escuchando historias. Historias de todo tipo, de miedo, de muerte, de espíritus, de risa, amor, de desamor. Historias.

Después estudié y me licencié en Medicina por  la Universidad de Barcelona (UB). Hice el postgrado en Homeopatía por la UB-Academia Médico Homeopática de Barcelona (AMHB). He sido Director del Máster de Medicina Homeopática de la UB (2011-2016) y de la propia AMHB. Me encanta la docencia y ahora sigo de profesor de homeopatía en la AMHB y el CEDH. También cursé el Máster en Terapia Breve Estratégica, en su primera promoción, con el equipo de G. Nardone en el Institut Gestalt de Barcelona (2000-2002) que ha influido mucho en mi formación.

He incorporado, pues, la Homeopatía y la Terapia Breve a mi consulta médica para así abordar las historias de los pacientes en todas sus dimensiones: física, emocional, comunicacional y también, de algún modo, espiritual.

Porque, más de allá de todo, sigo escuchando historias. Historias extrañas, dramáticas, desesperanzadas, vitales. Intento curarlas o aliviarlas con la ciencia y el arte médicos. Cambiar esas narrativas, esos patrones, físicos y emocionales, que nos aprisionan. Y para ello, primero, busco comprender la historia verdadera. La historia verdadera de cada uno de nosotros.

Me apasiona la literatura, la poesía, el cine, la comunicación... La naturaleza. La belleza de todas las cosas. El humor. La vida, en una palabra.

Como médico, y como científico, aún creo en la antigua magia que tienen las palabras.

Ordet.

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Actualizado el 16-04-2019 16:58:03 - © 2014-2019 Hablando de Homeopatía

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