Necesitamos otra educación. Necesitamos otra medicina.

Hace poco se celebró en Bilbao el II Foro XLDesafío, “El alumno, la emoción por descubrir”, en el que participó Julio Fontán, fundador del Colegio Fontán en Bogotá (Colombia), uno de los colegios más innovadores del mundo y creador del Sistema de Educación Relacional que lleva su nombre.

En el contexto de este evento pude leer una entrevista al propio Julio Fontán publicada en el XLSEMANAL 1525 que no hizo más que reafirmarme en lo que muchos pensamos: necesitamos otra educación… Y es posible. 

La primera pregunta con la que comienza la entrevista ya destapa el fondo de esta nueva forma de educar:

En el Colegio Fontán de Bogotá no hay clases ni profesores ni deberes ni exámenes. Y no se enseña, se aprende con planes personalizados. ¿Cómo se forma así un niño? 

La respuesta:

Los niños no se agrupan por cursos sino por niveles de autonomía. Los de mayor autonomía pueden elegir a sus educadores, planificar su jornada, no ir al colegio ciertos días… No hay un único formato sino principios y objetivos. 

Este es un modelo educativo con el que se formarán durante este curso más de 60.000 niños en América y Europa. El sistema se implantó por primera vez en un colegio público hace ya 10 años y este nuevo curso tendrán en Colombia 41.000 nuevos estudiantes, el 95 por ciento en la escuela pública. “Este cambio no se da con una varita mágica ni con un decreto. Nosotros empezamos con planes individualizados en 1995 y quitamos los exámenes en el 97”, comenta el propio Julio Fontán. Y esto es así porque este sistema educativo está demostrando ser más económico y más eficiente.

En este sistema educativo hay un principio básico: El niño es el autor de su vida.

Dice Julio Fontán: “La meta es conseguir que, con su forma natural de aprendizaje, (el niño) maneje su proceso educativo”. Y el papel de los profesores es orientarles, ver dónde tienen dificultades y apoyarles.

Y también nos traslada algunas reflexiones más como estas:

  • “El modelo actual busca poner a los niños al servicio del sistema. ¿Qué decisiones puede tomar ahora un estudiante sobre su educación? ¡Casi ninguna!”. 
  • “El sistema (actual) nació en la Revolución Industrial para tener chicos obedientes, manipulables y productivos”. 
  • “La discusión no es si tenemos malos o buenos resultados en los informes, sino si ponemos los niños al servicio del sistema o el sistema al servicio de los niños 
  • “Hoy decimos que lo importante son las matemáticas o las ciencias. Pero ¿y los niños?, ¿qué hacemos por ellos?”. 
  • “Tenemos que ver al estudiante como una persona. Hoy, al iniciar cada curso, se le dice lo que debe aprender. ¿Alguien le pregunta: tú quién eres?, ¿cuál es tu sueño?, ¿qué te gustaría lograr?, ¿cómo podemos ayudarte?”. 
  • “El primer paso es que el niño encuentre sentido a lo que hace: que busque por qué aprenderá, para qué, cómo, con qué herramientas; que pregunte mucho y encuentre respuestas. Si no, no tendrá valor para él y no le pondrá energía” (ni atención, añado yo).

Y ahora pregunto yo:

¿Quién no hubiera querido educarse en un modelo como este? ¿Qué padres no quisieran tener a sus hijos en una escuela en donde ellos fueran lo importante y el sistema educativo fuera capaz de adaptarse al momento y potencial de cada niño? ¿Quién prefiere un sistema rígido en el que o “te adaptas o mueres (académicamente, claro)”?

O te adaptas o eres un enfermo.  Os invitaría a leer de nuevo el post que hace tiempo escribí sobre el TDAH; aparecen muchos datos y muy interesantes en relación a cómo nuestro sistema educativo, en complicidad con algunos estamentos sanitarios, “hacen” enfermos en donde solo hay niños.

Ah bueno, y cuando le preguntan sobre los deberes responde:

“Los deberes son la prueba de que el sistema es tan ineficiente que los niños tiene que trabajar en sus casas. Ponerlos a todos a estudiar el mismo tema, al mismo ritmo, haciendo exámenes a la vez… es absurdo, sumamente ineficiente”. 

Yo entiendo todo. Entiendo que este modelo y otros similares son la excepción, que la mayoría de nuestros niños tienen que escolarizarse en el modelo convencional y que para la mayoría de los padres otra opción, a día de hoy, es imposible. Entiendo y conozco también que, a pesar de todo, hay profesores maravillosos que hacen un trabajo educativo excelente con sus alumnos, que los miran y los ven más allá de sus logros académicos y que se convierten en “cómplices” de la construcción de personas felices y maravillosas. Lo sé. Lo que digo (muchos decimos) es que esos maravillosos profesores y todos nuestros niños se merecen y necesitan otro marco educativo, otro sistema que vaya a favor de las personas y no a favor de la cadena de montaje y consumo en la que estamos convirtiendo a esta sociedad.

Y no es una utopía, existe. Hay miles de niños que ya estudian en colegios, en escuelas en donde han aprendido a mirarlos y a tratarlos de otra manera, como lo que son: seres perfectos en su imperfección que solo necesitan que les acompañen en su camino de autoconocimiento. Profesores que aceptan a cada niño como es porque saben que todos somos piedras preciosas a falta de pulir. Y algunos serán rubíes, otros esmeraldas, otros diamantes, otros topacios… Para una persona que sabe mirar en el fondo de cada persona, todos somos bellos y preciosos. Y no son palabras, solo hay que aprender y entrenar esa forma de mirar.

Y también es posible otra medicina, una medicina mejor. Una medicina en donde seamos capaces de integrar todo el conocimiento acumulado a lo largo de toda nuestra historia para el mejor tratamiento de nuestros pacientes. Homeopatía, Naturismo, Osteopatía, Acupuntura, Meditación, Yoga, Arteterapia, Musicoterapia… terapéuticas y disciplinas que estimulan el equilibrio y la armonía en nosotros y que pueden estar perfectamente integradas con todas las terapéuticas convencionales.

La ciencia, tal y como hoy la concebimos, tan solo es una herramienta para intentar entender la realidad desde la tecnología disponible y desde ahí es algo maravilloso. Pero si la convertimos en la única fuente de conocimiento válido, olvidando y menospreciando el conocimiento y la experiencia acumulados a lo largo del tiempo, la estaremos pervirtiendo.

Creo que es un proverbio chino (y si no, es lo mismo) que yo cito mucho y que dice algo así:

Cuando uno comprende las cosas, las cosas son como son. Cuando uno no comprende las cosas, las cosas son como son.

Meditar, relajarse, siempre ha sido bueno. Siempre nos ha aportado beneficios, hace 2000 años y ahora. Antes, sin saber cómo ni por qué, y ahora, sabiendo algo más, aunque todavía muy poco.

El fundamentalismo científico, el negacionismo, el pseudoescepticismo limitan el desarrollo de la ciencia y del conocimiento humano, y, lo que es peor, nos convierte en seres dogmáticos e intransigentes y hace más difícil la convivencia y la felicidad.

Colaborar es mejor que competir y sumar, mejor que dividir.

Leía también hace poco algo así como que quienes quieren llegar rápido van solos, pero quienes quieren llegar lejos van juntos. Yo es que quiero llegar lejos.

¿Y tú?

Sobre el Autor

Dr. Guillermo Basauri
Dr. Guillermo Basauri

Soy Guillermo Basauri, médico formado en Homeopatía y Osteopatía. Ejerzo la medicina desde el año 92, actualmente en Getxo (Bizkaia), y siempre me han interesado las terapéuticas que estimularan los propios recursos del organismo, que son extraordinarios, para llevarlo de nuevo a la salud.

Además, dirijo un espacio sobre salud y Homeopatía todos los domingos por la mañana en Radio Popular de Bilbao-Herri Irratia y soy profesor del CEDH. Y ambas cosas me apasionan.

Y, eso sí, en mi tiempo libre lo que más me gusta es ir con mi mujer a la montaña. Me ayuda a no olvidar que vivimos en un planeta de una belleza que emociona.

4 Comentarios

Comentar
    • Hola Gonzalo.

      Muchas gracias por el enlace, lo conocía y es rotundamente inspirador. Gracias.
      Creatividad, libertad, tolerancia, cooperación, conexión…que claves tan importantes para la educación. ¡¡¡ Y para la vida !!!

      Otro abrazo fuerte y gracias otra vez.

  • Yo no lo veo tan claro. Este concepto parte del entender al ser humano como alguien bueno, puro, con ganas de aprender, de servir, de entregarse, de poseer conocimientos para el bien común, etc. Quizá es que yo no vea así al hombre. Esas características son solo posibilidades que tenemos, pero la realidad es otra: tendemos al poder, la comodidad, el dominio, la pereza…en la religión lo llaman concuspicencia. Y luego lo de no hacer exámenes…si todo en la vida es un examen continuo. Con este sistema de educación se corre el riesgo de hacer con los niños lo que Disney lleva muchos años haciendo: hacerles creer que la realidad de la vida es cosa de principes y princesas maravillosas.
    Lo de la medicina sí que lo comparto, pero no extrapolable a la educación.

    • Hola Ängel.

      Que reflexión tan interesante.

      Fíjate, yo lo vivo de otra manera. Soy de los que piensan que el ser humano es capaz de lo mejor y de lo peor, todas las potencialidades están en nosotros. Pero también pienso que el anhelo común que nos une a todos es la búsqueda de la felicidad y que esta solo la encontraremos en la bondad y en el amor mutuo. Cuando hacemos otra cosa que no sea amarnos lo único que estamos haciendo es buscar la felicidad por caminos equivocados.

      Yo creo que este sistema educativo basado en la disciplina, el examen y la evaluación «objetiva», la competitividad y la memorización de conceptos ha dado todo lo que podía dar de sí y nos ha llevado al momento en el que vivimos y yo, sinceramente, quiero algo mejor para todos.

      Y creo también que una educación como la que se plantea en el post generaría personas mucho más capacitadas para construir un mundo mejor, más compasivo, más comprensivo, más solidario, más respetuoso y más habitable.

      Y mi pregunta es: Si lo que hemos hecho hasta ahora no está funcionando, ¿por qué no lo cambiamos?

      Ah, y otra cosa: la vida dejaría de ser un examen para convertirse, sencillamente, en una experiencia en la que cada uno camina a su ritmo.

      Ängel, un placer y un honor reflexionar contigo. Un abrazo.

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