Mi experiencia personal con la homeopatía: del negacionismo a integrarla en mi consejo

“Menuda gansada. Es lo que faltaba por oír. Que a un iluminado de hace 200 años se le ocurriese diluir venenos para pretender curar a personas. Hay que estar mal de la azotea o tener ganas de timar al personal con verdadero descaro.”

Eso pensé. Lo recuerdo bien. Es lo que nos explicaron. Utilizar lo semejante para curar a lo semejante. Sonaba a risa, pero a risa de mal gusto. Y ahí estaba yo, no dando crédito a la explicación que nuestro profesor de historia de la farmacia nos daba de la homeopatía en segundo año de carrera. La tomadura de pelo del día, la homeopatía. Eso fue lo que pensé exactamente.

“¿Cómo puede hacer efecto algo así? Por favor, anda, es que son ganas de reírse del personal con magufadas”.

Bastante tenía yo con lidiar todas las primaveras con mis ataques alérgicos, brutales, para los que necesitaba mi regimiento de cajas de antihistamínicos, mi budesonida inhalada, mi dacortin, mi pseudoefedrina oral para poder respirar por las noches, mis gotas nasales de oximetazolina y mi fluticasona nasal. Ah! Y mi colirio de levocabastina, ¡que no falte!

“De verdad, con el problema mío de alergias, y que tenga que oír hablar de esas bobadas”.

Pero supongo que en el mundo tiene que haber de todo, y hay gente para todos los gustos y colores.

Unos diez años después, estando yo ya trabajando en la farmacia, hablando con una persona conocida sobre mis alergias, me volvió a pronunciar la dichosa palabra, homeopatía. “Ya estamos”, pensé. “Otra vez con lo mismo”. Y creo que unos meses después me ofrecieron, tercera vez que me topaba con ella, una formación en homeopatía. ¿Formación? ¿En homeopatía? La verdad que el tema no me dejaba indiferente. Tal fue la curiosidad que me entró, que acabé aceptando ir, con total y absoluta indiferencia y desconfianza.

Al principio pasé sin pena ni gloria, oyendo, escuchando y no hablando, hasta que se empezó a tratar el tema de alergias. Los resultados que ofrecían los formadores eran más que alentadores. Ya, convencido en que iba a ser la prueba definitiva, en el sentido que “si no funciona conmigo, lo dejo y me dedico a otra cosa” me decidí a probar conmigo mismo. “Veamos a dónde me lleva todo esto”.

Un 1 de Febrero empecé a tomar bolitas, según me dijeron, porque en ese momento empieza la primavera biológica. Según llegó la estación de primavera fui recopilando distintos medicamentos para todos los síntomas que yo solía mostrar. Y fui probando. Con algunos el resultado que tuve no era concluyente. No notaba mejoría. Euphrasia no hacía nada contra mi picor de ojos. Pero con Apis Mellifica, desde el momento que lo tomé, note claramente cómo la intensidad, duración y agresividad de los síntomas mermaba a algo perfectamente soportable o incluso los hacía desaparecer. Y claramente notaba la diferencia en intensidad entre tomarlo (mejoría de síntomas) y no tomarlo (agravamiento). Sin saberlo y sin reparar en ello, el aparente pilar indestructible del efecto placebo ya se había desmoronado.

El balance general de aquella primavera se tradujo en no tener que tomar un sólo corticoide en toda la estación, ni inhalado ni por vía oral, en no necesitar ni una sola gota de ninguna oximetazolina nasal, ni ningún descongestivo nasal, ni ningún colirio antihistamínico. ¿Y el antihistamínico oral? Sí lo usé, pero en muchísima menor frecuencia y cantidad. De consumir 7 cajas de ebastina por estación a apenas una, creo que la diferencia se percibe. De todos modos, y pese a la sorpresa y al éxito, yo seguía dándole vueltas al tema.

En la primavera siguiente lo que hice fue, sencillamente, no tomar nada. Nada de homeopatía. Siempre se dice que año a año nuestro sistema inmune se hace más resistente y soporta mejor este tipo de problemas de hipersensibilidad. Así que durante la siguiente primavera experimenté que al no tomar homeopatía mis síntomas volvían y yo me encontraba mucho peor que el año anterior.

Ya teníamos los datos en la mesa. Efecto terapéutico al tomar el tratamiento y disminución o incluso desaparición total del efecto al suspenderlo. Imposible atribuir eso a un simple placebo. No es justo ni es científicamente asumible equiparar los resultados obtenidos (acción obtenida por el tratamiento, la cual desaparece al retirar el tratamiento) con mero efecto placebo.

Después vendrían otros campos en los que pude seguir experimentando y comprobando la aparición de resultados sorprendentes: infecciones, dermatitis, patología respiratoria ORL, músculo-esquelético, embarazo, parto, post-parto, oncología, e infinidad de problemas cuyo principal origen etiológico era puramente emocional. En muchas ocasiones, los corticoides, antidepresivos, ansiolíticos, antiinflamatorios, procinéticos… en el mejor de los casos lograban controlar algo el problema, cuando en otros casos el resultado que ofrecían rozaba el bochorno. Y sí, tras abordar con homeopatía cada caso concreto, encuentras los medicamentos correctos que cada paciente necesita, y constatas su eficacia, porque el paciente es el primero que te lo dice (“con lo primero que me diste notaba algo, pero con esto último he notado un cambio bestial”), ¿a eso lo vamos a seguir llamando placebo?

Y si el tratado es un niño pequeño, o un recién nacido, o un animal, o una planta, o un sustrato, o una persona que no sabía que le has dado homeopatía para buscar un resultado concreto y ella misma te notifica el resultado positivo sin ni siquiera preguntar tú, ¿también vamos a reducir la explicación en todos esos casos a un placebo?

Y si seguimos buscando y empezamos a encontrar estudios publicados, a doble ciego, en los que se constata un claro efecto beneficioso, por encima de placebo, o incluso un efecto biológico en cultivos celulares, ¿también reducimos todo eso a placebo?

Y si todo es placebo, ¿qué hacemos con la cantidad abrumadora de casos positivos que hemos obtenido? ¿Los convertimos todos en falsos positivos por el mero hecho de no aceptar que pueda ser posible que los resultados que ofrecen sean ciertos? ¿Y quién o qué tiene la potestad necesaria y suficiente en este planeta para afirmar que la única manera de provocar una respuesta en un tejido vivo es depositando una cantidad concreta de una sustancia activa allá donde haya un receptor dispuesto a reaccionar con dicha sustancia? ¿En serio no hay otros modos de conseguir respuestas biológicas? ¿Puede alguien en este planeta AFIRMAR Y DEMOSTRAR que no es posible estimular un tejido con una sustancia convenientemente diluida y dinamizada? ¿Pueden? No, no pueden.

A lo largo de la historia hemos podido ver cómo diversos colectivos (a menudo religiosos) se han erigido como verdaderos y únicos portavoces de “la verdad” y del conocimiento correcto. Ahora son determinados colectivos de organizaciones que erróneamente se autoproclaman escépticos y científicos, haciendo un uso falso, fraudulento, sesgado e interesado de ambos términos (más que científicos son “cientifistas”) y llevando su discurso hacia el extremo de lo condenatorio e inquisitorial. Pero todos podemos caer en esa actitud soberbia de saberse con tanta razón que no estamos dispuestos a renunciar a ella.

Esta fue una gran lección para mí. Pero para recoger el mensaje en su totalidad, uno ha de reconocer y admitir que está equivocado. Yo lo estaba. Completamente equivocado. A la vista de todos los resultados obtenidos, debo reconocer que en la terapéutica homeopática hay un efecto terapéutico que se debe estudiar, aprovechar y potenciar. Nuestra responsabilidad es, por el beneficio de nuestros pacientes, fijar los límites de la terapéutica homeopática, esto es: dónde, cuando, con qué y con quienes resulta efectiva y dónde no lo es y no procede aplicarla. No es la panacea. Ninguna terapéutica lo es. Pero eso ni la invalida ni la hace inservible. Nuestro deber es seguir trabajando, investigando y seguir ofreciendo soluciones allá donde otras terapéuticas no consigan el resultado que queremos y donde la homeopatía sí nos vaya a ayudar.

Y, además, el hecho de que desde determinados sectores de la ciencia no se quiera reconocer ninguno de estos logros ni es condición necesaria ni mucho menos suficiente para invalidar ningún resultado de lo que hasta ahora se ha conseguido. Ellos no tienen ninguna potestad para emitir la sistemática e injustificada censura y condena contra la homeopatía. Nótese que durante los últimos 200 años la homeopatía se ha ido abriendo camino. Demasiado tiempo está durando lo que para algunos sigue siendo una mentira. Sin respuestas positivas de los pacientes a los tratamientos no se habría llegado hasta aquí. Mi generación no la hubiese conocido.

Y lo grande de la ciencia es precisamente esto. Si algo nos enseña la ciencia es que tenemos que aprender a pensar, aprender a cuestionarlo todo, y a no dar nada por sentado. Esas fueron las primeras lecciones que yo recibí en clase de biofísica en la facultad de farmacia, pues la ciencia no entiende de absolutos, y el mundo vivo que habitamos es mucho más complejo de lo que podemos imaginar siquiera. Apenas hemos empezado a entenderlo, apenas hemos empezado a entender qué ocurre en una célula, y ser conscientes de las limitaciones de nuestros conocimientos debe ayudarnos a reflexionar con la humildad y la apertura de miras que el propio método científico exige. Si algo he aprendido de la práctica homeopática diaria es que me ha ayudado a tener la suficiente humildad y a tomar plena conciencia de que en su momento yo prejuzgué erróneamente a la homeopatía. Me ha gustado mucho haberme dado cuenta de lo equivocado que estaba, así como haber podido rectificar a tiempo mi error. El descubrimiento y la puesta en práctica de la homeopatía ha resultado ser un descubrimiento que me ha ayudado muchísimo en mi trabajo diario, un viaje gratificante y complejo que no ha hecho más que comenzar y cuyos resultados los pacientes agradecen enormemente. 

Por nosotros, por la ciencia, y sobre todo por nuestros pacientes.

Sobre el Autor

Alejandro Ridruejo (Autor invitado)
Alejandro Ridruejo (Autor invitado)

Nací en Burgos, ciudad en la que actualmente ejerzo mi profesión de farmacéutico comunitario. Desde muy pequeño me interesé por la farmacia. Veía a mis padres todos los días cómo ayudaban a las personas, cómo hacían preparados en la farmacia para los enfermos y eso es algo que se te queda grabado. La farmacia es una profesión que se vive muy intensamente, y desde muy pequeño yo la viví. Me licencié en Farmacia en la Universidad de Navarra en el 2001.

Mi pasión por la homeopatía, la cual nació en el seno de un escepticismo y una negación inicial absoluta, se desarrollaría años después.
Fue en el 2010 cuando completé mi formación en homeopatía de la mano del Centro de Enseñanza y Desarrollo de la Homeopatía a quienes tanto les debo, pues gracias a instituciones como esta yo he podido descubrir una terapéutica verdaderamente fascinante. Y desde entonces, la homeopatía me ha permitido conocer mucho mejor a los pacientes que a diario acuden a la farmacia, y a poder asesorarles de la forma más individualizada posible en sus necesidades.

Me encanta el cine y la literatura, pero con lo que más disfruto en mis ratos libres es oyendo y componiendo música orquestal.

5 Comentarios

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  • Comento: era yo un orgulloso novel médico cirujano (alopata) y recién casado a mi esposa se le paralizó la mitad del cuerpo: diagnóstico, CISTICERCOSIS CEREBRAL. tratamiento nada que hacer. Pronostico, terminal. Encontré a un homeópata, del que me había reído mucho y me ofreció ayuda. Por supuesto, la acepté. Seis meses después y con control de TAC ella estaba bien. Hace casi 35 años de esto y ella está bien. Estudié homeopatía y ahora soy orgullosamente Médico Homeópata.

    • Hola Eduardo, gracias por su aportación. Si le soy sincero nunca había tenido conocimiento de casos de cisticercosis cerebral resueltos con homeopatía. Su historia me parece sencillamente sorprendente e increíble, otro ejemplo más de que debemos seguir trabajando y profundizando en la homeopatía. Muchas gracias.

  • Alejandro, gracias por tu honestidad, tu humildad y tu profesionalidad. Es un auténtico lujo tenerte entre nosotros, en este blog y en esta profesión.
    Un abrazo fuerte.

  • – ALEJANDRO RIDRUEJO hola soy jose manuel desde elche y quisiera hacerle una consulta, hace unos meses me dio una dermatitis no muy fuerte pues bien fui al medico maldita la hora me receto urbason inyectable 40 mg y polaramine inyectable 5 mg y me bajo la inflamacion de la dermatitis, pero hay viene el caso a los tres o cuatro dias me hizo el efecto rebote me salio mas dermatitis y ahora con foliculitis me salen granos o forunculos gordos por el rostro y otros granos mas pequeños por pecho y hombros y unos pocos tambiem por la cabeza, me dijo el medico de pincharme mas urbason y diprogenta todo ello lleva cortisona y me he negado a ello, yo soy mas bien naturalista soy begano y uso bastantes productos del Herbolario geles y cremas sin alcohol sobre todo pero no me abajado la inflamacion de la foliculitis y dermatitis por eso te pido Doctora Lorea Bagazgoitia un remedio en capsulas, granulos o cremas para limpiarme y bajarme la inflamacion de la foliculitis y de la dermatitis, tengo 47 años y la piel mixta dedme respuesta y gracias por todo y un saludo.

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