Medicina sin medicamentos

La mejor medicina de todas es enseñarle a la gente cómo no necesitarla

Hipócrates

Después de muchos años de experiencia he comprendido que es mejor enseñar a pescar que dar peces, o lo que es lo mismo, es mucho más eficaz dar consejos, plantear tareas y hacer propuestas destinadas a potenciar los recursos internos de cada persona que recetar medicamentos.

Es una difícil tarea que precisa un compromiso de tiempo y diálogo, pero merece la pena, porque los resultados a medio y largo plazo compensan con creces los esfuerzos que terapeuta y paciente llevan a cabo.

No hacer daño.

Siendo evidente que el desarrollo de medicamentos como los antibióticos o la insulina, las técnicas de diagnóstico por imagen, la cirugía y las vacunas (por poner algunos ejemplos) han contribuido en el último siglo a una mejora de la salud y de la expectativa de vida de las poblaciones, en estas primeras décadas del siglo XXI es igualmente sabido que la prescripción de fármacos y las técnicas quirúrgicas pueden ser beneficiosas para la salud individual de las personas, pero también generar iatrogenia. Y por ello, ha sido preciso la creación, tanto desde el punto de vista clínico como institucional, el concepto de seguridad del paciente.

En el contexto social y médico que vivimos en los países occidentales y muy especialmente en el nuestro, es excepcional acudir a la consulta del médico y salir sin la receta de un fármaco y/o una prueba. Por ello, es preciso recordar que cualquier prueba que no está correctamente indicada y cualquier tratamiento innecesario es una fuente de daño en potencia, de manera que todo médico debería recordar que lo primero, es no hacer daño. Algo que dijo Hipócrates hace 26 siglos y que en esta era de móviles y youtuberos sigue en plena vigencia.

Estas reflexiones vienen a cuento porque en España tenemos un grave problema: todo el mundo toma medicamentos. Somos, el país con el mayor consumo de benzodiacepinas del mundo y este dato es un reflejo del modo ineficaz que tenemos de atender las demandas de los pacientes por problemas psicológicos y sociales y de la creciente iatrogenia inducida por el empleo crónico de estos y otros muchos medicamentos en ocasiones innecesarios y, con frecuencia, potencialmente perjudiciales para la salud, muy especialmente en los ancianos.

Elegir sabiamente es cada vez más una necesidad en este loco mundo en el que nos ha tocado vivir, con sus prisas, exceso de información y poco tiempo para la reflexión, el autoconocimiento y las relaciones sociales incluida la relación médico-paciente.

Por eso, si se puede, como dice el cirujano Antonio Sitges-Serra lo mejor es que no vaya al médico y en el caso de que sea preciso acudir a la consulta consideren juntos (usted y su médico) si su problema puede resolverse sin medicamentos.

El cuidado de la salud: arte y ciencia.

Desde los albores de la historia y los comienzos de la medicina, tanto precientífica como científica, el cuidado del cuerpo y de la mente sin el empleo de fármacos o sustancias curativas ha estado presente.

Junto a Asclepios, dios de la medicina, y de su hija Panacea, diosa del tratamiento sanitario, estaba su otra hija Hygíeia (de cuyo nombre deriva el término higiene) cuyas funciones se relacionaban con la prevención de la enfermedad y la continuación de la buena salud a través del camino de la moderación y la razonabilidad.

Galeno (129-201/216), en su tratado Sobre la conservación de la salud,  describe las reglas más significativas de todo régimen saludable y demuestra que la salud del cuerpo está vinculada a la del alma, de manera que cualquier alteración corporal influye en la mente y viceversa.

En el Canon de la Medicina el sabio Avicena (980-1037) enumeró reglas sobre la conservación de la salud y la prevención de la enfermedad: higiene del temperamento, elección de los alimentos y las bebidas, desinfección de las excreciones, higiene del cuerpo, desinfección del medio inhalado, higiene de la indumentaria, de la actividad corporal y de la actividad mental.

Durante los siglos XIV y XV se publicaron guías prácticas dirigidas a príncipes y personajes poderosos como el Tacuinum sanitatis y el Theatrum sanitatis que establecían reglas de salud e higiene relacionadas con el aire, el buen uso de la comida y la bebida, el movimiento y el reposo, el sueño y la vigilia, la expulsión y retención de los humores y los afectos del ánimo.

Hasta mediados del siglo XIX la ciencia (y con ello la medicina) era patrimonio de la filosofía natural. Los llamados filósofos naturales aunaban el conocimiento humanista y científico hasta el punto de que muchos de aquellos sabios como Galileo, Newton o Baconeran auténticos polímatas.

Fue William Whewell, un filósofo natural contemporáneo de Darwin, Babagge y John Herschell el introductor del término científico en un contexto histórico pleno de descubrimientos que forjarían el camino del desarrollo tecnológico de los siglos XIX y XX y en el que se planteaba por primera vez la necesidad de profesionalizar dicho trabajo.

La enseñanza y práctica de la medicina actual parece estar influida por la división de las dos culturas, ese muro infranqueable entre arte y ciencia propuesto por C.P. Snow en su conferencia en el Senate House de Cambridge en 1959 cuando se celebraba el siglo de la publicación de El origen de las especies. Y esa división, real o ficticia, es sin duda un fuerte escollo a la hora de integrar ciencia y arte en el cuidado de los pacientes.

Sin embargo, es algo obvio que arte y ciencia se complementan en la tarea médica porque para poder conocer el mundo de cada paciente y sus posibles necesidades utilizamos ideas y conceptos como si fuesen ese hilo en el que ensartamos los datos (mediante la observación, conversación y exploración física) del paciente que constituyen las perlas. Esta actividad creativa se lleva a cabo mediante un proceso conocido como coligación, agrupando una serie de datos diversos mediante un concepto o idea.

¿Es posible practicar una medicina sin medicamentos?

A la vista de la información disponible y la experiencia cotidiana en las consultas de los Centros de Salud y de los hospitales parece a priori casi imposible el empleo de medicinas que no sean medicamentos. Sin embargo, la firme convicción sobre su eficacia y seguridad contrastada científicamente debería hacerlo posible incluso en las circunstancias más adversas.

Para poder llevar a cabo una medicina sin fármacos, es necesario contar con tres premisas básicas por parte del médico: escucha, información y comprensión como un trípode que facilite el establecimiento de un vínculo. Porque sin ese vínculo imprescindible cualquier prescripción que no sea farmacológica será muy difícil ya que los sanitarios hemos aprendido, como respuesta en resorte a cada consulta y como si fuera un mantra, el recitado binomial síntoma-fármaco, análisis-fármaco, diagnóstico-fármaco, estando esta práctica tan arraigada que resulta compleja de desaprender.

Sin embargo, cuando la relación trasciende a lo afectivo-amistoso y existe un verdadero y genuino interés en el otro el abanico de posibilidades terapéuticas se abre enormemente.

Una vez que el encuentro se desarrolla en estas condiciones, se hace además imprescindible para la prescripción sin fármaco la capacidad del profesional para adaptarse a las necesidades de cada paciente partiendo de una mente abierta a cualquier tipo de terapia con un balance beneficio-riesgo favorable, bien porque éste conozca y practique dichas terapias o porque cuente con la colaboración y complicidad del paciente y otros expertos en salud.

La primera medicina sin medicamentos es el propio médico.

Podemos remontarnos si queremos a la antigüedad o a los maestros de los siglos pasados, pero no es necesario, porque en la actualidad disponemos de evidencias científicas suficientes para poder afirmar que la palabra y los silencios del médico, su presencia y el acto de la exploración física son los mejores medicamentos y los más necesarios en el año 2022. El médico, es el medicamento más potente, capaz de causar el efecto más beneficioso, pero también el más dañino.

Tocar para curar. Las terapias manuales.

Los médicos cada vez tocamos menos y tocar tiene un poder terapéutico inmenso.

Primero y básico porque tocar ha de ser una parte imprescindible de la valoración de cada paciente. La exploración física bien hecha puede ahorrar muchísimas otras pruebas a las pacientes llenas de potenciales efectos no deseados, además de sobrecargar en costes y demoras al sistema.

Tocar, tocar con afecto y compasión, serena, calma y construye un vínculo armonioso entre el médico y su paciente. Y, a partir de aquí, todo es más fácil.

Y luego ya tenemos esa manera de tocar cargada de conocimiento y ciencia que nos ofrecen las terapias manuales. Cuantos dolores de espalda, cuello, cefaleas y tantas otras dolencias podemos aliviar los médicos en el mismo momento de la consulta si estamos entrenados en terapias manuales.

 La Osteopatía, el masaje terapéutico, los estiramientos guiados y tantas otras maneras de aliviar a nuestros pacientes tocándoles, dando a sus cuerpos a través de nuestras manos los mensajes que necesitan para encontrar de nuevo el equilibrio perdido.

La información es poder.

Desafortunadamente sigue siendo frecuente que los pacientes salgan de las consultas con una idea parcial o errónea de su problema de salud por no haber tenido la oportunidad de compartir la información con el profesional.

Las herramientas comunicacionales en esta fase de la entrevista clínica son imprescindibles para poder establecer el clima y la bidireccionalidad necesarios que permitan una comprensión clara del problema y de las posibles opciones desde el punto de vista preventivo, diagnóstico o pronóstico.

Y una vez que el paciente dispone de la suficiente información para poder tomar una decisión basada en los datos disponibles y compartirla, es de gran ayuda complementar la información oral con la escrita. La información supone una herramienta excelente y un medicamento sin fármaco de primer orden.

Disponemos de páginas en la red diseñadas por organizaciones o por sociedades científicas dirigidas a pacientes y usuarios con una información contrastada, independiente y fiable tanto de problemas específicos sobre algún tema de salud en concreto, como de carácter preventivo o de temas generales que pueden ser de gran utilidad para el paciente. E incluso, algunas de ellas han nacido con una clara vocación de protección a los usuarios y pacientes de los riesgos de las actividades médicas.

Que tu alimento sea tu medicina, y que tu medicina sea tu alimento

Hipócrates

Ejercicio físico y alimentación: las bases de la salud.

Los beneficios del ejercicio físico y de una alimentación saludable son conocidos desde la antigüedad. Sin embargo, es escaso el tiempo empleado en los estudios y formación de los médicos para su correcta prescripción.

Que poco o nada nos enseñan a los médicos en la facultad sobre alimentación y ejercicio físico. Cuantos, cuantos y cuantos medicamentos y otros actos médicos ahorraríamos a nuestros pacientes si supiéramos aconsejarles correctamente sobre cómo alimentarse y sobre cómo adaptar la actividad física a las condiciones, gustos y necesidades de cada persona.

Recetar ejercicio físico adaptado a las características de la persona en función de su edad, patologías y circunstancias sociofamiliares debería ser una práctica rutinaria por los innumerables beneficios demostrados tanto en sanos como en enfermos.

Las recomendaciones de una alimentación saludable y la intervención sobre hábitos de vida de riesgo para la salud (tabaquismo, consumo de bebidas alcohólicas, accidentes), así como la prescripción de diversas dietas en función de los problemas de salud del consultante, como pueden ser  la dieta cetogénica o el ayuno terapéutico, deberían formar parte de las propuestas cotidianas de cualquier médico.

Ya lo decía Hipócrates: «Si pudiésemos dar a cada individuo la cantidad adecuada de nutrición y ejercicio, ni muy poco ni demasiado, habríamos encontrado el camino más seguro hacia la salud».

Hay un barco que cruza las aguas de mi pena……

Ioana Gruia

La psicoterapia como madre de todas las terapias.

Cuando nos encontramos enfermos, lo primero que buscamos es una palabra cálida, una escucha verdadera y un clima afectuoso. Por ello, cualquier tipo de terapia sin medicamentos deberá basarse en la capacidad de establecer una relación de ayuda.

En ese contexto, dependerá de las circunstancias personales, patológicas y sociales de cada paciente y de las aptitudes de cada profesional el tipo de terapia a emplear.

Disponemos de múltiples modelos de psicoterapia: psicoterapia breve, cognitivo-conductual, entrevista motivacional, terapia de compasión y un largo etcétera. En la medida en cada uno de nosotros sepamos adaptarnos a las estrategias que conocemos y usamos con seguridad, elegiremos la más apropiada en cada caso considerando que la escucha es la puerta abierta a cualquier tipo de terapia. Porque solo desde el respeto y el afecto que la escucha genera podremos realizar propuestas que serán aceptadas por el otro.

Los libros como terapia.

Una de las medicinas sin medicamento que más me gusta prescribir es la literatura. La lectura y la escritura son sin duda sanadoras. Un poema, una narración, un ensayo contienen sentimientos, emociones y conocimientos que al ser compartidos restañan nuestras heridas.

Hay sin duda, una medicina narrativa y unas narraciones para hacer una mejor medicina. En ese sentido, cada caso clínico es una narración biográfica única y cada terapeuta posee su propio arsenal bibliográfico para compartir en función de sus propias lecturas y de la utilidad demostrada en pacientes.

Hay libros que nos llevan de modo directo a el alma de cada persona y otros a un problema concreto de salud. Algunos van dirigidos expresamente a pacientes con problemas de ansiedad, fibromialgia, depresión o baja autoestima por poner algunos ejemplos. Y también, algunas instituciones apuestan por la biblioterapia como modo de ayudar a curarnos.

El cine como terapia

En la misma línea que la literatura, el cine no deja de ser una narrativa con unas características especiales e idóneas para reconocer la vida y reconocerse en ella.

Por ello, prescribo en mi consulta películas relacionadas con el problema de salud del paciente, con sus circunstancias vitales o por puro placer y disfrute. Un listado de películas que curan forma parte de mi bagaje como docente y como médico clínico desde hace décadas.

Musicoterapia.

Pero no solo de libros y de películas viven pacientes y médicos. El arte en general y las expresiones artísticas, cada una en particular, han demostrado ser poderosos aliados de nuestra salud.

 La pintura, la escultura, la danza y cualquier otro tipo de actividad creativa producen en nosotros efectos positivos demostrados por estudios de neuroimagen. Y allí, es donde encontramos un espacio para el medicamento no químico más poderoso como le gustaba decir a Oliver Sacks: la música.

Desde las canciones que hemos cantado en nuestra infancia y adolescencia y que forman parte importante de nuestro patrimonio cultural y emocional, pasando por la música clásica o la ópera, la música nos acaricia, insufla un viento frío o cálido de sentimientos y significados y es capaz de aliviarnos e incluso a veces de curarnos de nuestros dolores y fracasos hasta en los momentos más difíciles, como cuando somos incapaces de recordar quienes somos.

La musicoterapia como estrategia científica plenamente desarrollada ha mostrado su potencial para mejorar la salud de personas ingresadas en unidades de cuidados intensivos, pacientes con daño neurológico, ancianos con enfermedades mentales o neonatos prematuros.

Meditación, autoconocimiento y mindfulness.

La prescripción de prácticas de meditación tiene efectos beneficiosos sobre la salud en general y en la mejora de problemas de salud psíquicos y físicos concretos. Es por ello, cada vez más habitual su empleo terapéutico en consultas hospitalarias y de atención primaria y en las Unidades de Salud Mental.

Conocer las distintas técnicas meditativas y practicarlas es posiblemente la mejor forma de poder prescribirlas con mayor eficacia. Y también el mejor modo de autoconocimiento y autocompasión. Ya que conociéndonos será más fácil conocer a los demás.

Disponemos en la actualidad de múltiples libros, páginas webs y audios en abierto que permiten una descarga sin coste de modo que faciliten un inicio progresivo o específico de la práctica de mindfulness. La práctica en grupo o con un experto facilitador que nos guíe será, sin duda, más fácil y eficaz.

En nuestro país, puede ser de especial interés la lectura de los libros del psiquiatra Javier García Campayo y la visita de su blog.

Herramientas de bienestar emocional.

Con el desarrollo tecnológico también se han diseñado recursos emocionales disponibles en la red como páginas web (siéntete bien y conecta), podcast  (se feliz hoy) o recursos para el teléfono móvil (calm, head space) con información y mensajes cuyos objetivos son la mejora de nuestra autoestima y salud mental.

El profesional que conoce estos recursos puede, en determinados casos, aconsejarlos y prescribirlos como ayuda en la salud emocional de sus pacientes.

Ayuda y te ayudarás.

Una prescripción eficaz, barata y segura es sin duda la prescripción social.

Múltiples experiencias personales e investigadoras nos enseñan que realizar tareas de colaboración, socialización y cuidado mejoran nuestra salud física y mental. Por ello, conocer los recursos sociales y las actividades colaborativas relacionadas con organizaciones no gubernamentales, iglesias e iniciativas ciudadanas debería ser tan necesario e importante para el profesional sanitario como el conocimiento de los recursos propiamente clínicos o médicos.

Y es que, quien tiene un amigo, tiene un tesoro.

Y si es preciso utilizar medicamentos…

Pues lo más razonable sería pensar en primer lugar en medicamentos que cubran la necesidad de nuestro paciente con la mayor seguridad posible y, en este sentido, los medicamentos homeopáticos destacan entre todos los demás.

Los medicamentos homeopáticos son los más seguros de la farmacia, hasta el punto de poder utilizarlos en bebés, mujeres embarazadas y pacientes con problemas hepáticos y renales.

Además, son compatibles con cualquier otro medicamento que el paciente pueda necesitar sin sobrecargar el organismo ni aumentar el riesgo de efectos cruzados y adversos.

Y otro punto a favor de la Homeopatía es que esta terapéutica permite, como pocas, individualizar cada caso para dar a cada paciente el tratamiento que necesita ajustándose a la manera en particular en la que su enfermedad se está manifestando.

También lo decía Hipócrates: «Es mucho más importante saber qué persona tiene la enfermedad que qué enfermedad tiene la persona».

Somos médicos y el mejor medicamento es el que necesita el paciente, obviamente. Pero es igual de obvio que nuestra primera opción siempre ha de ser el medicamento más seguro y eficaz que podamos encontrar para cada paciente.

En resumen.

Disponemos de un amplio abanico de posibilidades de ayuda, de terapias seguras y eficaces sin fármacos, pero para su prescripción es preciso conocerlas.

La relación médico-paciente, la actividad física, el contacto con la naturaleza, la alimentación saludable, las técnicas manuales, la práctica de unos hábitos de vida favorables, la literatura, el cine, la música, la risa, el humor, la creatividad, la meditación, la prescripción estética, las diferentes posibilidades de psicoterapia, las relaciones sociales y la cooperación, el afecto, las relaciones familiares, la amistad y el amor son medicinas sin medicamentos que deberíamos promover desde la infancia.

Todas ellas, constituyen una parte importante de lo que somos, de lo que nos estructura y nos crea en la hermosa diversidad de cada ser humano, único e irremplazable, configurando como un mosaico bizantino cada una de nuestras beatitudes. Aquellas que fortalecen y nutren las raíces de los árboles de un poderoso bosque del que todos formamos parte.

Y solo cuando sea necesario el empleo de fármacos, si hemos sido capaces de buscar lo mejor para cada paciente pensaremos, en el modo de buscar los más seguros, personalizados y eficaces encontrándonos así, en el camino de la vida y la terapia, con los medicamentos homeopáticos.

Sobre el Autor

Dr. Jose Ignacio Torres
Dr. Jose Ignacio Torres

Jose Ignacio. Médico de familia. Después de un año breve pero intenso de formacion en la Fundación Jiménez Díaz como médico residente de hematología, realicé mi residencia de medicina de familia en el Hospital Universitario Marques de Valdecilla (Santander). He trabajado en muchos aspectos relacionados con la medicina de familia: jefe de estudios, tutor de residentes, presidente de la comisión de calidad... Pero sobre todo en mi consulta en los centros de salud de las antenas (Santander), Barcelona en Móstoles (Madrid), San Agustín y Gamonal Antigua (Burgos) y actualmente en Montesa (Madrid). Siempre me han interesado la investigación, la docencia y la asistencia y por eso he tenido la suerte de poder formar muchos médicos residentes la mayoría de los cuales han compartido conmigo la ilusión y el cariño de tratar con personas, de cuidar personas. Me considero un terapeuta, alguien que intenta ayudar a mejorar la salud de los que acuden a su consulta. En los años 90 sentí la necesidad de aprender otras formar de terapia y tuve la gran fortuna de conocer la homeopatía. Soy especialista universitario en homeopatía por la universidad de Valladolid. Desde entonces, tanto en el centro de salud como durante algunos años en mi consulta privada he tenido la maravillosa experiencia de escuchar, comprender y tratar a muchos pacientes con medicamentos homeopáticos y me he sentido realmente útil.

Mis áreas de interés prioritario han sido las actividades preventivas, las enfermedades cardiovasculares crónicas, y las técnicas de comunicación. Pertenezco al grupo-programa comunicación y salud de SEMFYC y he sido varios años parte de un extraordinario grupo de profesionales y amigos en el grupo de comunicación y salud de Burgos.

Como docente actualmente soy profesor del CEDH y he tenido la posibilidad de compartir experiencias y conocimientos con alumnos de pregrado (alumnos de medicina de la facultad de medicina de Zaragoza), médicos, veterinarios y farmacéuticos.

La homeopatía me ha dado la oportunidad de conocer a excelentes profesionales y personas, ayudar a muchos pacientes y proporcionarme las herramientas más poderosas para un médico: la humildad, el sentido común, la escucha activa y unos fármacos seguros y eficaces.

7 Comentarios

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  • Querido Doctor Torres. Que poderosamente sencillas son sus palabras. ¡Me llenan de esperanza y alegría leerlas! Si hablo en el sentido estricto de la literatura no hace más que volver al origen de lo que hoy debería ser la práctica médica. Pero realmente expone el tema con una agudeza y exquisitez que escasea en éstos tiempos. Ya lo creo que hay muchas formas de curar que muy poco tienen que ver con los fármacos convencionales o alopáticos que por su origen sintético es inevitable que en el ánimo de «curar» no dejen huella en otros órganos. En el camino natural de llevar una vida más saludable Dios proveyó en la naturaleza suficiente medicina con la guía insustituible de los médicos homeópatas , como me gusta llamarlos los socios de Dios. Con mi mayor admiración y respeto para usted querido Doctor José Ignacio Torres por su doble obra de atención y divulgación de la excelencia en la medicina en el más amplio sentido de la palabra, que todos, tanto pacientes como médicos homeópatas debemos defender y desde nuestro humilde lugar divulgar. Gracias por ejercer con la más alta calidad y responsabilidad el don de curar a través de la homeopatía.

    • Muchas gracias Marisa por sus hermosas palabras.
      Conforta saber que el esfuerzo y la pasión llegan a los corazones de los demás.

      Un enorme abrazo

  • Fantástico y muy completo!
    Gracias por esta aportación, que importante es no olvidar el gran abanico de posibilidades de los que disponemos (tanto los médicos como los pacientes), aunque la rutina y la prisa lo conviertan en un reto a veces.

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