Medicamentos homeopáticos en el Museo del Prado

Hay personas que, gracias a sus conocimientos, pero sobre todo a su entusiasmo y a la forma sencilla y didáctica de transmitir esta sapiencia a los legos, logran despertar un interés en estos últimos superior al que puedan obtener con el estudio de esa materia. Recuerdo una visita a la catedral de Burgos, con un guía de excepción, mi amigo y colega, José Ignacio Torres, que, a través de las andanzas de Diego de Siloé, nos transmitió una historia apasionante del gótico y de las catedrales como nunca había escuchado antes.

Algo de eso me ha pasado con la lectura, deleitosa, del precioso libro “El jardín del Prado” de Eduardo Barba, tras oírle destilar sus conocimientos en un vídeo del propio museo con motivo de su esperada reapertura que se ha venido a llamar de modo oportuno Reencuentro. Y lo ha sido porque es el reencuentro con las maravillas o dicho de otro modo con sus grandes éxitos reunidos en una sola planta. Maravilla es también oír y leer a este científico y estudioso del arte, que nos descubre con precisa sencillez universos botánicos escondidos en los cuadros queridos del museo. Escondidos para los ignorantes en estas y tantas materias como el que suscribe, que no se había fijado nunca en la vid que adorna el traje del ángel anunciador de Fra Angélico o en la aguileña que pintó el Bosco en su Jardín de las Delicias.

Esta lectura me empujó a buscar también en los cuadros de nuestro museo, plantas medicinales y de uso habitual como medicamentos homeopáticos.

Casi nadie después de haber admirado el colosal Descendimiento de Van der Weyden, situado ahora al principio de la gran galería del Prado, diría que hay motivos florales en el cuadro, tan absorbidos estamos por los personajes y sus ropajes coloridos y por el dramatismo de la escena. El pintor, como dice Barba, conocedor de la botánica, nos regala varias plantas, todas ellas cargadas de simbolismo, como la que nos ocupa en nuestro particular recorrido hahnemanniano: en el ángulo inferior izquierdo se yergue tímidamente la milenrama o altarreina (Achillea millefolium), de conocidas propiedades hemostáticas, por lo que ha recibido el nombre de hierba de los soldados. No en vano su nombre nos traslada a Aquiles, que según la leyenda curó con esta planta las heridas de su amigo Telefo. Hoy día seguimos utilizando la Achillea en el tratamiento de las hemorragias en sábana, de cualquier origen, una vez descartado un trastorno de la coagulación.

Museo del Prado
https://www.museodelprado.es/coleccion/obra-de-arte/el-descendimiento/856d822a-dd22-4425-bebd-920a1d416aa7

Algo más adelante y en la pared opuesta, nos colocamos frente a la Crucifixión de Juan de Flandes. Bajo la cruz, nos encontramos con un grupo de humildes chiribitas o belloritas, una especie de margarita. No por casualidad, como nos advierte Barba, aquellas que se sitúan bajo la cruz, están teñidas de rojo, por la sangre de Cristo, a diferencia del resto que se ven blancas. Es nuestra Bellis Perennis que alegra nuestros prados y bordes de los senderos y comparte principios activos con otras plantas de la misma familia, las Asteráceas, como Árnica o Chamomilla, de ahí su uso antiinflamatorio y analgésico en los traumatismos sobre todo de la región pélvica y coxis.

Ya en las salas de pintura española, una mujer nos mira levantando su falda en la que lleva algunas flores. Zurbarán pintó así a Santa Isabel de Portugal, quizás en el instante después de que su marido el rey, quisiera encontrar en los pliegues de su falda las monedas que daba a los pobres, a escondidas y este no encontró ¡oh, milagro! más que flores. Entre rosas y alhelíes, como nos refiere nuestro botánico de cabecera, destaca también nuestra Caléndula Officinalis, también asterácea, y por ello rica en flavonoides con propiedades antisépticas y analgésicas para úlceras cutáneas y aftas orales entre otras.

De vuelta a las salas de pintura flamenca, podríamos disfrutar (cuando el cuadro vuelva a estar expuesto al público) con el Tríptico de la Adoración de los Magos. En él, Hans Memling incluye como parte del decorado que está por detrás nada menos que de la Virgen, o tal vez con un oculto significado, una flor en un murete semiderruido, que no es otra que la flor de los muros para los ingleses, para nosotros el alhelí amarillo o Cheiranthus (o Erysimum) cheiri. De aroma dulce, su uso homeopático se centra como antiinflamatorio en los problemas derivados de las muelas del juicio.

El siguiente cuadro no en vano se llama “La abundancia”. En él, Jan Brueghel el joven, retrata a la diosa de la fertilidad, con polimastia, portando su cuerno desbordado de flores y frutos, en el centro de una increíble profusión vegetal, mientras que los animales, pueblan el resto del cuadro junto a unos niños que juegan despreocupados. En la parte superior izquierda, junto a un faisán apostado en un roble, se alza un vigoroso girasol poblado de aquenos ricos en glicéridos linoleicos. Estos aceites, usados en alimentación humana, tienen además propiedades homeopáticas. Clásicamente se usaron en la esplenomegalia resultante del paludismo, y más en nuestras latitudes, en aquellas gonalgias que se acentúan al bajar escaleras.

Pero si hay un pintor que nos sorprende por la profusión de especies vegetales en sus cuadros, además pintadas con una precisión de experto botánico, ese es Joachim Patinir. En las cuatro tablas del maestro que atesora nuestro museo, se dan cita múltiples especies, algunas de ellas con propiedades y usos en homeopatía, que a veces se repiten en uno y otro cuadro. Así en “El descanso de la huida a Egipto”, en “San Jerónimo”, en “Las tentaciones de San Antonio” y sobre todo en la soberbia “Laguna Estigia” se plasman numerosas plantas y flores de gran interés. Como dice Barba, Patinir, maestro de los “azules” también domina los tonos “verdes”, clorofílicos. Así podemos ver junto a la Virgen y el niño de la Huida, un magnífico ejemplar de gordolobo o barbasco (Verbascum thapsus), con usos tradicionales de todo tipo incluidos claro está los medicinales y entre nosotros efectivo en la neuralgia trigeminal. La creencia popular afirma que, si un gordolobo crece sobre una tumba o junto a ella, el alma del difunto está todavía en el purgatorio. A su lado, la celidonia (Chelidonium majus) o yerba de las golondrinas que eso quiere decir su nombre, aunque también se la conoce como yerba de las verrugas, si bien su indicación homeopática se centra en las colestasis de las hepatitis y problemas de la vía biliar. También en San Jerónimo y en la Huida, destaca algún saúco (Sambucus nigra), valioso en la laringitis estridulosa o procesos asmáticos que se agravan por la noche. Su nombre científico remite a la flauta, ya que, con sus ramas, una vez retirada la médula se fabricaban estos instrumentos. Las campánulas de la digital (Digitalis purpúrea) también se ven magníficamente en esta tabla. El llantén mayor (Plantago major) está así mismo representado con precisión. En el paraíso, a la izquierda de la Laguna Estigia, en primer término, acude el diente de león u hocico de puerco, así llamado por la forma de la hoja (Taraxacum officinale), de claras resonancias medicinales, emparentado con la celidonia por su uso en el área hepato-biliar. A su lado, Patinir pinta con mimo un grupo de violetas (Viola odorata) empleadas en las artralgias de muñeca y por fin, aunque el maestro nos tiene reservadas muchas más sorpresas, referir la presencia en dos de las tablas de ejemplares de lirio azul (Iris versicolor) de utilidad en las dispepsias hiperclorhídricas.

Museo del Prado
https://www.museodelprado.es/coleccion/obra-de-arte/descanso-en-la-huida-a-egipto/196d8898-81f4-4167-9d7e-96757e34030a

He querido referir algunos ejemplos representativos de las plantas con uso homeopático presentes en nuestro Museo del Prado, pero animamos al lector a descubrir otras muchas: en el museo se cuentan casi un millar de cuadros con flores y más de 260 con árboles y arbustos. De la mano de un jardinero científico descubrimos una riqueza sorprendente. ¡Gracias, maestro Barba!

Bibliografía

Barba E. El jardín del Prado. Un paseo botánico por las obras de los grandes maestros. Planeta. Espasa. 2020

https://www.20minutos.es/videos/artes/4153097-vegetacion-arte-museo-prado/

https://www.museodelprado.es/actualidad/multimedia/reencuentro-inauguracion-de-la-exposicion/136abdcf-1320-7357-8de8-87419bfad8b6

https://www.museodelprado.es/actualidad/multimedia/reencuentro/1753f76f-9774-4fd7-21fd-8e4d9fa2b766

Vijnovsky B. Tratado de materia médica homeopática. Asociación Médica Homeopática Argentina. Buenos Aires. 1978

Demarque D, et al . Pharmacologie & matière médicale homéopathique. CEDH. France 2003. Rivera Nuñez D. y Obón de Castro C. La guía de Incafo de las plantas útiles y venenosas de la península ibérica y Baleares. Incafo, Madrid. 1991.

Sobre el Autor

Pedro Borrego Ruiz
Pedro Borrego Ruiz

Especialista en Radiología. Hice la residencia en el Hospital Clínico de San Carlos, el mismo donde estudié la carrera de Medicina. He trabajado tanto en el sistema sanitario público como en la práctica privada. Tras la residencia empecé mi trabajo de radiólogo en el Hospital Hermanos Laguna de Alcorcón, un pequeño hospital donde aprendí mucho no obstante, para luego pasar casi ocho años en el Hospital de la Princesa. Tanto en la residencia como en estos años de adjunto tuve excelentes maestros, que se convirtieron además en amigos entrañables. Trabajo y amistad van en mi caso, unidos. Tengo esa suerte. Nada más acabar la residencia fue a un hospital de la periferia de Madrid: había algo en el ambiente que no me gustaba (malas vibraciones dirían algunos): al tercer día me cambié de hospital. ¿Qué hubiera sido de mi vida personal y profesional de haber seguido en el primer trabajo? El caso es que, tras compaginar pública por la mañana y privada por la tarde, surgió la posibilidad de llevar el servicio de radiología de Clínica Moncloa, donde ya me había iniciado con mi jefe. Tras este periodo en la “calle”, once estupendos y fecundos años tanto en vivencias profesionales como en nuevas amistades, volví a la pública, primero a la Fundación Alcorcón, un año maravilloso tras el que me acometió la locura de dirigir el servicio de Radiología del Hospital Virgen del Rocío de Sevilla. Aparte de las labores de gestión, me considero radiólogo general, aunque con dedicación preferente a partir de los años de la Princesa a la radiología de cabeza y cuello. Desde hace ocho me dedico en exclusiva a la neurorradiología en el Hospital Gregorio Marañón de Madrid.
Mi afición por la homeopatía me viene de mis lecturas y de mis amigos. Cuando era estudiante me dio por comprar libros antiguos de medicina, entre ellos, alguno de homeopatía. Mi amigo Constantino Viela, médico ginecólogo, tuvo en sus años mozos intereses en las medicinas “marginales” y, por supuesto, mi amistad entrañable con mi compadre José Ignacio Torres, devoto de ambas materias, alopatía y homeopatía, y de otras muchas que tienen que ver con las ideas y con la curación de las personas.

13 Comentarios

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  • Qué interesante! Y muchas gracias por el regalo una lectura que también enseña tanto, sobre todo cuando se trata de conocerse a sí mismos a través de la medicina integrativa, madre y maestra , compañera de camino.
    Gracias, de nuevo, y saludo muy cordial, amigo Pedro

    • Muchas gracias Sol. Estoy de acuerdo contigo en que si algo he aprendido de la visión homeopática del paciente es que todos los aspectos biográficos, personales del paciente son importantes a la hora de abordar su tratamiento. El único tratamiento «personalizado» de verdad que conozco.
      Saludos cordiales.

  • Hola Perico:
    Vaya trabajazo el del maestro Barba y el tuyo con su aplicación a la homeopatía.
    Que ganas de visitar los jardines en los lienzos del Prado.

    • Gracias, Gualberto. La verdad es que fue un placer, tras leer el libro de Barba, volver a ver los cuadros con otros ojos, y eso que yo soy amante de la botánica.

  • Preciosa, interesante y amena contribución que, una vez más, como el último post del Dr. Torres, nos reafirma en la dimensión humanista de la homeopatía como el arte razonado de ocuparse de los seres humanos para curar sus cuerpos indivisibles de sus almas.
    Gracias a todos por su generosa labor.

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