Los sonidos del silencio

No digas nada, no preguntes nada.

cuando quieras hablar quédate mudo

que un silencio sin fin sea tu escudo

y al mismo tiempo tu perfecta espada.

Francisco Luis Bernárdez

Vivimos en un mundo de ruidos externos e internos, de interferencias por el móvil que incluso interrumpe a menudo las cosas importantes de la vida como las conversaciones, los encuentros y desencuentros y las consultas médicas.

Ruido constante producido por los medios de comunicación, las redes sociales y la tecnología. Un ruido visual, táctil, gustativo y auditivo que desnuda nuestras almas y nos despoja de nosotros mismos hasta el punto de que sigue cuando al final del día en la soledad de nuestro lecho no podemos desprendernos de él.

Aunque el silencio se convierta en un lujo, una utopía, hasta el punto de que en palabras de Manuel Vilas tal vez ya no exista, en el entorno ruidoso de la vida occidental su aprendizaje es cada vez más esencial por ser el elemento en el que se forjan las cosas importantes y por ello reivindicarlo se hace necesario.

Lugares comunes del médico para el silencio

En su casa, a las tres menos cuarto de ese mediodía otoñal juntamos por un momento nuestras manos mientras ella me habla.

Tiene 93 años y me cuenta de un país hermano, pero lejano, un lugar donde la lluvia es escasa. Su rostro y sus gestos transmiten paz y lo más luminoso es su sonrisa entre mística y pícara.

Cuando le pregunto qué quiere saber sobre su enfermedad calla, y después de un silencio límpido vuelve a hablarme de Dios.

En esos escasos segundos el silencio es más significativo que todo el tiempo anterior y porvenir de la conversación entre una anciana llena de recuerdos y su médico de familia. Segundos que inundan la habitación que hace las veces de comedor, salón y cocina que comparte con su hija a la que es evidente que adora.

Mientras salgo del doble portal viene a mi mente una frase tantas veces escuchada y aprendida. Solo el silencio permite contemplar al otro.

Son las diez de la mañana de un día cualquiera y la sala de espera comienza a estar abarrotada con algunas personas incluso paseando de pie por los estrechos espacios comprendidos entre las sillas.

Ella entra y me explica que tiene varios motivos de consulta. Como casi siempre, los primeros son sencillos y casi banales hasta que de pronto rompe a llorar.

Se hace un silencio, hasta que se disculpa y tras tenderle un pañuelo le digo que está en un lugar donde llorar está permitido. El silencio ha sido el marco que ha posibilitado todo lo demás. Da paso a la biografía de la persona que se encuentra ante mí. Porque los médicos somos ante todo espectadores activos de historias.

Entonces, comienza el relato. Un relato de dolor, de frustración, de miedos, como muchos de los que a diario se escuchan en nuestras consultas. La fragilidad del jarrón rojo pegado con hilos de oro. Porque no hay nada más valioso para el médico que cada una de las personas a las que atiende y ayuda a que se recompongan.

No sabe hablar castellano y nos entendemos a medias en inglés. Viene a mi consulta con su esposo y su hijo pequeño que también ha sido paciente mío.

Con el niño en las rodillas me cuenta que está embarazada y siente que no va a ser capaz de cuidar bien a los dos pequeños. Es todo tan lejano a su asiático país de origen. Todo tan diferente. Su cultura, su idioma, su carácter aprendido de gran reserva que le hace muy difícil la adaptación a una ciudad tan ruidosa y sociable como Madrid.

Sus miradas algo esquivas y sus silencios son para mi muy significativos y siento la dificultad de comunicación y la duda sobre mi capacidad de ayuda. Sin embargo, es en el silencio donde aparece la complicidad.

Y es en la siguiente consulta, cuando después de preguntarle sobre sus sentimientos y preocupaciones surge de nuevo el silencio y llora por vez primera. Brotan arroyos de lágrimas en sus ojos y mira a su marido y a su hijo ajeno a la emoción que por fin nos embarga a los tres, una emoción que abre la posibilidad de su discurso y que a la vez permite al esposo comprender su papel en la historia que estamos construyendo.

En el silencio cálido, respetuoso y compasivo se construye y reconstruye la relación de manera que cualquier tipo de terapia se transforma en auténtica, honesta y efectiva.

Cualidades del silencio en la consulta

Está demostrado que cuando se deja hablar libremente a los pacientes sin interrumpirles, la mayoría de sus discursos se agotan en dos minutos.

Es por eso por lo que pensamos muchos médicos de familia, que en el contexto en el que trabajamos en atención primaria, con poco tiempo, lo mejor es morderse la lengua durante esos minutos y así, la consulta será más segura y efectiva. Y además, el médico y el paciente se sentirán más satisfechos.

El silencio puede ser incómodo, disfuncional e incluso contener aspectos negativos en nuestra mente, pero la consulta sigue siendo, en nuestros días, la herramienta comunicacional más potente. Nada tanto como el silencio es capaz de abrir la puerta al respeto, la escucha y la compasión, elementos imprescindibles para una relación de ayuda.

Se contienen en los silencios prudencia, paciencia, simpatía, respeto y autodominio que son requisitos para la atención. Una atención que nace de la presencia del terapeuta y posibilita que de modo instantáneo el otro sea capaz de captar en su mente y espíritu todos los contenidos del silencio.

Los pacientes agradecen con sus palabras y gestos una mirada atenta, una sonrisa, un compromiso que emanan de cada pausa en la conversación y de los raros momentos en los que somos capaces de callarnos, de dejar de inquirir y de mirar a la pantalla del ordenador.

Saber guardar silencio es una cualidad valiosa de adquisición difícil.  A los médicos residentes les recuerdo la frase atribuida a Mark Twain, pero que al parecer éste debía haber copiado de Zenón de Citio, fundador de la escuela estoica: “si tuviéramos que hablar más que escuchar tendríamos dos bocas y solamente una oreja”. Sentencia que siempre suscita risas y espero que también facilite una profunda reflexión.

Los terapeutas utilizamos el silencio en nuestras diversas consultas porque es entre otras muchas cosas, un facilitador en la fase de exploración en la entrevista semiestructurada, una ayuda en la auto escucha del paciente cuando estamos intentando emplear la entrevista motivacional y un puente que nos lleva más allá de lo que en un principio podíamos pensar ante cualquier dificultad inicial en el encuentro clínico y comunicacional.

Solo un silencio permite entrar en el mundo de las emociones después de una pregunta abierta. Y una vez abierta la caja de Pandora tenemos que estar dispuestos a escuchar vidas. Vidas desestructuradas, rotas o sin sentido. Vidas plenas, llenas de certezas y fortalezas. Vidas ambiguas, con incertidumbres, dudas, llenas de miedos. Tantas vidas como personas que acuden a nuestro encuentro. Vidas, que desde ese momento se enlazan con la nuestra porque forman parte de la tela de araña que decora de modo imaginario nuestro espacio de consulta.

Y si estamos dispuestos a escuchar, a reconocer y controlar nuestras emociones para ayudar al otro, entonces y solo entonces, el silencio será nuestro.

Nada sabe el silencio de nosotros.

Fernando Valverde

Escuchar, esa rara virtud

Se atribuye a Pitágoras, un sabio griego que vivió hace casi 2600 años y al que debemos gran parte de nuestros conocimientos matemáticos, filosóficos, musicales y astronómicos las siguientes palabras: “Escucha y serás sabio. El comienzo de la sabiduría es el silencio”.

En una sociedad llena de ruidos e interferencias, cacofónica a menudo, la reflexión, el estudio y la comprensión del mundo que nos rodea y más aún el mundo de los demás solo puede llevarse a cabo en el silencio. Solo en el silencio puede fraguarse la creación y las relaciones personales, ya que el silencio es la antesala de la escucha.

Michael Ende nos dice en palabras de Momo que “la escucha es una cualidad poco comúnque hace hablar a los tontos, da seguridad a los indecisos, hace libres a los tímidos y a cualquier ser humano le hace sentirse único y singular entre todos”.

Y esa rara virtud se inviste de múltiples beneficios porque motiva, clarifica, orienta, le da significado a lo narrado, hace digno de confianza al escuchante, relaja y neutraliza emociones negativas, estimula a escuchar y ser escuchado, mejora la negociación cuando ésta es necesaria o conveniente, promueve modelos de escucha para los otros y reduce sesgos y perjuicios para permitir tener una información suficiente.

Además, la escucha activa centrada en el otro es una forma de cuidado, una caricia para aquel que precisa de nosotros, como de un modo tan hermoso nos recuerda Luis García Montero en su libro dedicado a la memoria de su amigo y también poeta Ángel González cuando dice que “El que sabe escuchar atiende a las palabras con el gesto, con los ojos, con las manos, con los labios y convierte su silencio en un acto de respeto y amor, en una forma de cuidar a los otros”.

Por eso, la persona que tiene más habilidades comunicativas es aquella que sabe escuchar mejor, que escucha con los ojos y con todo el cuerpo. Haber sido escuchante en la mañana o la tarde de nuestras consultas genera un resplandor que da confianza como diría Serrat. Así lo sentimos al cerrar la puerta para visitar pacientes en sus domicilios o volver a casa.

Todos los silencios no son iguales para el médico

En esencia podemos diferenciar en dos los silencios en el contexto de la consulta médica, útiles (o funcionales) e inútiles o perjudiciales (disfuncionales).

El silencio funcional es la ausencia de palabras o mensajes no verbales cuyo efecto tiene un contenido claro para ambas partes: facilitar un espacio para meditar una determinada respuesta o trasladar al consultante la responsabilidad de proseguir el diálogo, mientras que el silencio disfuncional es un momento en que dicha ausencia perjudica el clima de concentración del consultante o su capacidad de comunicarse de manera eficaz.

La diferencia entre ambos está en la atención. Estar presente, con los cinco sentidos en la tarea, es la única manera de acercarse y penetrar en el silencio efectivo, bidireccional y útil.

El silencio inútil o perjudicial es visible en las consultas médicas especialmente cuando el profesional no es consciente de sus escasas habilidades comunicacionales o no las presta ningún cuidado porque está centrado exclusivamente en su agenda. Genera incomodidad en ambos y dificulta las relaciones posteriores si las hubiera porque suele romper la confianza.

La música del silencio

¡Oh noche que guiaste! ¡oh noche amable más que el alborada! ¡oh noche que juntaste Amado con amada, amada en el Amado transformada!

San Juan de la Cruz

La lengua del alma es el silencio y el momento del silencio es la noche, ese lugar en el que nos encontramos con nosotros mismos.

También es momento de silencio la contemplación de la belleza en el arte o la naturaleza, de modo que sentimos el irrefrenable deseo de estar solos y todos los que se encuentran en el museo, en la sala de conciertos, en la playa o en la cima del volcán nos incomodan.

La pintura es poesía muda, nos pone delante del cuadro, pero también de nosotros mismos y no es la técnica o el contexto lo que sentimos al menos al principio de la contemplación de la obra sino la emoción que nos provoca. Lo que nos mueve a quedarnos inmóviles y escrutar cada detalle del lienzo o a buscar otro lugar donde sentir.

Pero si existe un modo de sublimar el silencio en el arte es, sin duda, a través de la música. Quizás nadie lo haya expresado con tanto acierto como nuestro gran poeta, Federico García Lorca: “Con las palabras se dicen cosas humanas; con la música se expresa eso que nadie conoce ni lo puede definir, pero que en todos existe en mayor o menor fuerza. La música es el arte por naturaleza. Podría decirse que es el campo eterno de las ideas”.

La música no existe sin el silencio, es puro silencio sublimado para los sentidos de aquellos dispuestos a dejarse envolver por las notas, ideas y emociones que el intérprete y el compositor nos regalan. Joan Margarit nos lo confirma:” Cuando el eco del piano se ha extinguido, lo que he escuchado me estremece aún. La música de Schubert es una forma de la caridad”.

Desde el ruido eterno de Alex Ross a la soledad sonora y la música callada de San Juan de la Cruz que inspiró a Mompou para una de sus obras más hermosas e íntimas todos los sonidos se sustentan en los hilos del silencio y mueven a la escucha y al disfrute en nuestro propio silencio interior.

Un silencio que nos inunda mientras escuchamos Spiegel im-Spiegel para violonchelo y piano de Arvo Pärt impidiéndonos hacer otra cosa que no sea seguir la cadencia monótona, sutil y hermosa de cada una de sus notas.

En la cumbre de la montaña, frente al mar, meditando en cualquier lugar, a solas en una habitación de hotel o en la presencia de la consulta la soledad, la paz y el silencio pueden ser perpetuos y hacernos reflejar en nosotros mismos. El silencio es eco, espejo y vínculo de las relaciones entre personas.

Y nuestros pacientes lo saben, lo perciben y lo agradecen apareciendo en sus rostros expresiones de sorpresa, de alegría, de complicidad. Porque no hay nada comparable a sentirse escuchado.

Por todo ello, cada ser humano, y en su humanidad el médico, nunca se posee más que en el silencio.

Nuestra mejor música será siempre el sonido de nuestros silencios.

Are written on the subway walls
And tenement halls»
And whisper’d in the sounds of silence

Lecturas

  1. Borrell F.- Práctica clínica centrada en el paciente. Madrid. Triacastela 2011.
  2. Casado S. Silencio en el ruido: oportunidades para la meditación en la vida cotidiana. En Folia Humanística 2018; 9:21-40. Doi: http://dox.doi.org/10.30860/0039
  3. Corbin A. Historia del silencio. Del Renacimiento a nuestros días. Acantilado. Barcelona. 2019
  4. D’Ors P. Biografía del silencio. Siruela. Madrid. 2017
  5. Ende M. Momo. Alfaguara. Barcelona. 1973
  6. Epstein R. Estar presente. Mindfulness, medicina y calidad humana. Kairós. Barcelona. 2018
  7. Leigh Fermor P. Un tiempo para callar. Elba. Barcelona. 2010
  8. Moreno R. Los griegos y nosotros. Editorial Fórcola. Madrid. 2019
  9. Vilas M. Alegría. Planeta. Barcelona. 2019
  10. Valverde F. Poesía (1997-2017). Visor. Madrid.2016
  11. García Montero L. Mañana no será lo que Dios quiera. Punto de lectura. Madrid. 2010
  12. Poesía lírica del siglo de oro. Edición Elías L. Rivers. Cátedra. Madrid. 1983
  13.  Osa de la M A. Ángel, musa y duende: Federico García Lorca y la música. Editorial Alpuerto. Madrid 2014.
  14. Margarit J. Todos los poemas (1975-2015). Austral. Barcelona. 2018
  15. Ross A. El ruido eterno. Escuchar el siglo XX a través de su música. Seix Barral. Barcelona. 2010
  16.  Wagensberg J. Teoría de la creatividad. Eclosión, gloria y miseria de las ideas. Tusquets. Barcelona. 2017
  17. https://www.bmj.com/content/325/7366/682

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Sobre el Autor

Dr. Jose Ignacio Torres
Dr. Jose Ignacio Torres

Jose Ignacio. Médico de familia. Después de un año breve pero intenso de formacion en la Fundación Jiménez Díaz como médico residente de hematología, realicé mi residencia de medicina de familia en el Hospital Universitario Marques de Valdecilla (Santander). He trabajado en muchos aspectos relacionados con la medicina de familia: jefe de estudios, tutor de residentes, presidente de la comisión de calidad... Pero sobre todo en mi consulta en los centros de salud de las antenas (Santander), Barcelona en Móstoles (Madrid), San Agustín y Gamonal Antigua (Burgos) y actualmente en Montesa (Madrid). Siempre me han interesado la investigación, la docencia y la asistencia y por eso he tenido la suerte de poder formar muchos médicos residentes la mayoría de los cuales han compartido conmigo la ilusión y el cariño de tratar con personas, de cuidar personas. Me considero un terapeuta, alguien que intenta ayudar a mejorar la salud de los que acuden a su consulta. En los años 90 sentí la necesidad de aprender otras formar de terapia y tuve la gran fortuna de conocer la homeopatía. Soy especialista universitario en homeopatía por la universidad de Valladolid. Desde entonces, tanto en el centro de salud como durante algunos años en mi consulta privada he tenido la maravillosa experiencia de escuchar, comprender y tratar a muchos pacientes con medicamentos homeopáticos y me he sentido realmente útil.

Mis áreas de interés prioritario han sido las actividades preventivas, las enfermedades cardiovasculares crónicas, y las técnicas de comunicación. Pertenezco al grupo-programa comunicación y salud de SEMFYC y he sido varios años parte de un extraordinario grupo de profesionales y amigos en el grupo de comunicación y salud de Burgos.

Como docente actualmente soy profesor del CEDH y he tenido la posibilidad de compartir experiencias y conocimientos con alumnos de pregrado (alumnos de medicina de la facultad de medicina de Zaragoza), médicos, veterinarios y farmacéuticos.

La homeopatía me ha dado la oportunidad de conocer a excelentes profesionales y personas, ayudar a muchos pacientes y proporcionarme las herramientas más poderosas para un médico: la humildad, el sentido común, la escucha activa y unos fármacos seguros y eficaces.

6 Comentarios

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  • Después del regalo de esta lectura-escucha, no me quedan palabras, querido José Ignacio, sino precisamente ese profundo agradecimiento del silencio, como una vibración cósmica e infinita,que acompaña y acoge, que brilla y perfuma la respiración del alma.
    La vida es muy generosa haciendo posible que haya médicos como tú, como vosotros, sabios, limpios de corazón y bellísimas personas. Una bendición para este mundo
    Un abrazo enorme

  • ¡Estupendo post José Ignacio!
    Fíjate que iba a escribir un enlace a Spiegel in Spiegel de Arvo Part porque mientras leía tui post, por esas casualidades (?), yo lo estaba escuchando en ese mismo momento!
    Pero veo que hasta te has adelantado en eso y ya está incluida en esa genial selección que adjuntas! Así, se completa el círculo…
    Muchas felicidades y un gran abrazo!

    • Muchas gracias Gonzalo
      Es evidente que somos almas gemelas en intereses y emociones.
      Me alegra que te haya gustado.

      Un gran abrazo

  • Gracias por este regalo, Jose Ignacio.
    Para mi, que me cuesta guardar silencio porque percibo (arrogantemente) que lo que tengo que decir enriquecerá al otro, ha sido un descubrimiento esa idea que nos has ofrecido de que nuestro silencio es también una manera de cuidar al otro, una caricia para su alma que sufre. Espero saber retener esa idea para ser mejor médico y persona.

    Me permito proponer además, que si solo en el silencio podemos escuchar de verdad al otro, también es en él que podemos escucharnos a nosotros mismos. No solo en la soledad, sino en el encuentro con el otro: escuchar las emociones que emergen en nosotros ante la presencia y el relato del otro nos permite también un encuentro más rico y auténtico.

    Gracias de nuevo, amigo mío

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