Las emociones en las películas de Woody Allen

A mi amigo Ramón

Me agrada ir a las consultas de los médicos, dejar que me tomen la tensión arterial, posar para radiografías, que me informen que me encuentro bien y que esa mancha oscura en mi camisa blanca es de bolígrafo, no melanoma.

Woody Allen

Me gusta el cine, y me atraen más en general las películas de autor que las grandes superproducciones americanas. Por eso, en mi lista de preferencias se encuentren películas como El nido de Jaime de Armiñán y El sur o El espíritu de la colmena de Víctor Erice.

Suelo esperar impaciente (a veces sin recompensa, lo reconozco) el próximo trabajo de Isabel Coixet después de obras que me conmovieron como Mi vida sin mí o La vida secreta de las palabras con el mismo deslumbramiento que me produjeron algunas de las novelas de Javier Marías que releo o deseo releer.

Hablo de emociones. Y por eso, no puedo olvidar aquella sala de cine en la Gran Vía madrileña en la que descubrí la sonoridad inmensa de la Creación de Haydn mientras desde su caballo blanco Héctor Alterio dirigía una imaginaria orquesta. Tampoco el pasodoble que bailan una jovencísima Iciar Bollaín y Omero Antonutti ni aquella habitación de una luminosidad táctil como en los cuadros de Vermmer o el Hopper del Thyssen de Madrid.

Creo que las películas se hacen para disfrutar y si le gustan al público mucho mejor, pero no para ganar premios. La literatura y el cine son trabajos, tareas artísticas y no deberían ser una competición. Quizás es que hemos convertido la vida en meritocracia, en una permanente competición y de ello nacen muchas de nuestras frustraciones. Es lo que está pasando con la medicina. En nuestro país, tanto la enseñanza universitaria como el examen MIR se han transformado en un concurso clasificatorio hipercompetitivo que condiciona la deshumanización de los médicos. Me resultan por ello tan artificiales y ajenas las glamurosas ceremonias de entrega de premios cinematográficos como los planes de estudio de nuestros jóvenes aspirantes a médico.

No soy por supuesto más que un aficionado que disfruta de la belleza y la verdad de las películas a través de su argumento, fotografía, interpretación, música y puesta en escena, con sus filias y fobias, como cualquiera; y en ese sentido, a pesar de que hay muchos autores que me interesan debo confesar que pocos como Woody Allen.

Y es que pienso que su cine es único porque a lo largo de tantas décadas de trabajo sigue siendo posible la sorpresa para el espectador. Sorpresas como encontrarnos con ese personaje que se mimetiza con el ciudadano más próximo, ver salir de la pantalla al actor principal para hablar con una persona del público que asiste a la proyección, emplear la hipnosis para cometer delitos con la complicidad indirecta de unos compañeros de trabajo condenados a amarse o hacerse invisible gracias al arte de un viejo médico chino.

Zelig. 1983. Con los psiquiatras se transforma en un psiquiatra

Son frecuentes en sus películas las reflexiones sobre el amor, las relaciones de pareja, la amistad, el sexo, el arte, la religión, la filosofía y el sentido de la vida. Y también es frecuente encontrarse referencias a la enfermedad y la muerte con la mirada de un hipocondríaco como él.

Los médicos están muy presentes y desfilan por sus cintas internistas, psiquiatras, psicoanalistas, oftalmólogos, radiólogos, neurólogos y médicos de la medicina tradicional china algo que no es de extrañar en un neurótico. Porque de casta le viene al galgo, ya que nos cuenta como su madre aceptaba los diagnósticos de su médico de cabecera (el doctor Cohen) como si los hubiera hecho Avicena.

Hay quien piensa que es posible que en el fondo a Allen le suceda lo que a su personaje Zelig, que tiene un complejo de personalidad múltiple y necesita ser aceptado por lo que termina por presentar distintas personalidades.

Las emociones en las películas de Allen

En las más de 45 películas de WoodyAllen las emociones y los problemas de salud mental están muy presentes; la hipocondría de Mickey en Hannah y sus hermanas, las confesiones de un neurótico en Annie Hall, las somatizaciones (como la ceguera psicosomática y las náuseas nocturnas psicológicas) de Un final made in Hollywood, la ansiedad y depresión en Recuerdos, Irrational man o Celebrity, la ruina, el alcoholismo y la pérdida del sentido de la vida en Blue Jasmine, la duda de Vicky en Vicky, Cristina, Barcelona, el cine como salvación y condena en La Rosa púrpura del Cairo, la crisis de ansiedad en la escena del ascensor de Misterioso asesinato en Manhattan, las dificultades de pareja en Maridos y mujeres y la continua presencia del psicoanalista en sus películas desde el psiquiatra Dr. Epstein en Toma el dinero y corre pasando por diferentes referencias en El dormilón, Manhattan, Hannah y sus hermanas, Otra mujer o Todo lo demás hasta llegar a la doctora Eudora Fletcher en Zelig.

Desmontando a Harry. 1997. En el psiquiatra. Seis psiquiatras más tarde, llevo tres mujeres y sigo sin tener mi vida amorosa solucionada.

Algunas escenas

Hay múltiples referencias al psicoanálisis en Annie Hall empezando por una explícita a su creador en la escena de la escuela, o cuando le comenta a Annie: Después de quince años de tratamiento, le voy a dar a mi analista un año más y después me voy a Lourdes, así como la secuencia en la que con la pantalla dividida en dos observamos la consulta de Annie y Alvy con sus respectivos terapeutas.

Al final de la película la voz de Alvy vuelve con un resumen: el amor es fundamental, sobre todo si es neurótico, Annie canta «Seems Like Old Times» y aparecen los créditos.

Annie Hall 1977. ¡Por amor de Dios Alvy!  hasta Freud habla del periodo de latencia!

Alice. 1990. En la consulta del Dr. Yang

Sin embargo, en Alice el protagonista es el anciano doctor Yang, un médico tradicional chino que debe continuar sus estudios en el Tíbet (porque es bueno para sus pacientes). En una de las ocasiones en las que Alice acude a su consulta muy preocupada le entrega un elixir de amor, una potente hierba que solo crece en el Himalaya y le dice: El amor es una emoción muy compleja. Donde hay emoción no hay pensamiento racional. Donde no hay pensamiento racional puede haber mucho romance, pero mucho sufrimiento.

Es protagonista la neurosis en Misterioso asesinato en Manhattan en la escena del ascensor estropeado: No me asusto, no me asusto, solo voy a rezar el Rosario o en Hannah y sus hermanas cuando se le presenta como el hipocondríaco que acude de forma reiterada a los médicos y que teme tener un tumor cerebral hasta que el neurólogo confirma su normalidad y entonces sale dando brincos de la consulta.

Misterioso asesinato en Manhattan. 1993. Escena del ascensor

Hannah y sus hermanas. 1986. En la consulta del neurólogo. La buena noticia

Depresión, desesperación y angustia

Blue Jasmine es la historia de una mujer en bancarrota tras el suicidio de su marido, un dudoso financiero adinerado. Destrozada debe abandonar su lujosa vida en Nueva York para mudarse a San Francisco y vivir con su hermana para repensar su estilo de vida mientras sufre con un pasado que la agobia. La cinta termina con una llorosa y desliñada Cate Blanchett hablando sola en un banco mientras suena de fondo Blue moon diciéndose: antes me sabía la letra, ahora todo me da vueltas.

Blue Jasmin. 2013. Deprimida en el banco de San Francisco.

En Maridos y mujeres dos parejas se juntan a cenar una noche. Jack (Sydney Pollack) y Sally (Judy Davis) anuncian que se van a separar lo que extraña a Gabe (Allen) y Judy (Farrow) y los lleva a reflexiones sobre su propia pareja con conclusiones muy poco esperanzadoras.

Maridos y mujeres. 1992. Discusión después de la cena

Es en Irrational man donde la desesperación y la angustia están presentes desde el comienzo. Abe Lucas (Joaquin Phoenix) es un profesor de filosofía en plena crisis existencial que llega a una nueva universidad y después de una circunstancia casual se empeña en racionalizar la ejecución de una transgresión aparentemente irracional, el asesinato sin móvil a la vista.

Irrational man. 2015. Desesperado en la cafetería

Su alumna y amante Jill (Emma Thompson) le dice: Desesperación es lo que Kierkegard llamaba la enfermedad mortal y tu sufres de desesperación.

Él responde: Será un ataque de ansiedad, en casa tomaré algún medicamento.

En Poderosa Afrodita están presentes como en la vida misma la traición, los celos, la indiferencia afectiva y la reconciliación sobre un fondo de tragicomedia griega en el que metafóricamente hay un personaje secundario pero esencial que es ciego (pero no tanto) como el amor.

Poderosa Afrodita. 1995. Conversaciones a ciegas

En una de las consultas de Lenny (Woody Allen) al coro griego, éste le aconseja: La curiosidad es lo que nos mata, ni los navajeros ni ese rollo de la capa de ozono, es nuestro corazón y mente.

A veces, la angustia puede ser por algo tan cotidiano y banal como la elección de Vicky. Qué ropa ponerse para su cita. En la escena con el sonido de fondo de Entre dos aguas de Paco de Lucia en Vicky Cristina Barcelona.

Vicky Cristina Barcelona. 2008. La elección

El amor y otros sufrimientos

El amor es un protagonista constante en las películas de Woody Allen desde distintos prismas y con sus diversas dificultades. Hay deseo, necesidad de reconocimiento y afecto, celos, divorcios y sexo. Y referencias literarias tanto poéticas como narrativas.

Hannah y sus hermanas. 1986. En la librería

Elliot (el marido de Hannah) se hace el encontradizo con Lee (hermana pequeña de Hannah) y entran en una librería donde le regala un libro de poemas de E. E. Cummings. Al despedirse, mientras ella se sube a un taxi le dice: No se te olvide leer ese poema de la página 112. Pensé en ti mientras lo leí.

Por ello, al salir de la librería comparto algunos de los versos del poema Estás cansada de este poeta, pintor, ensayista y dramaturgo estadounidense.

Pero vengo con un sueño en mis ojos esta noche,

y llamo con una rosa

a la desolada verja de tu corazón.

¡Ábreme!

Que yo te mostraré lugares que nadie conoce

y, si tú quieres,

las perfectas regiones del Sueño.

La maldición del escorpión de jade. 2001. Hipnotizados

Otro tipo de amor surge en La maldición del escorpión de Jade cuando un torpe, pero efectivo investigador de seguros enemistado con la nueva asesora de la oficina termina conquistándola a pesar de sus reticencias previas con la ayuda especial e involuntaria de un bandido hipnotizador.

Sufrirá por amor Sally cuando piense que hay más que indicios de una posible relación sentimental con su jefe Greg (Antonio Banderas) al descubrir que él tiene una relación con una pintora que ella le ha presentado y cuando éste muestra una total indiferencia a sus requiebros.

¡Y ella que creía haber encontrado al hombre de sus sueños!

Conocerás al hombre de tus sueños. 2010. Lo bonita e irónica que es la vida

Historia de dos ciudades: De Manhattan a Paris

Entrar en el cine de Allen en cualquier ciudad, pero especialmente en Nueva York es asistir a la neurosis y la ansiedad en sus personajes. A la suerte y el destino.

La palabra neurosis (un concepto psicopatológico obsoleto por otra parte) aparece de forma reiterada en su obra como en Misterioso asesinato en Manhattan cuando Larry grita: ¡Claustrofobia y un cadáver, el colmo de un neurótico!

Entre Nueva York y Paris aparecen en su filmografía ciudades como Venecia en Todos dicen I love you (1996), Londres (Match Point, Scoop, El sueño de Casandra) desde 2005 a 2007, Barcelona, Oviedo y Avilés en Vicky Cristina Barcelona en 2008. Y después de Paris en 2011 Roma en A Roma con amor de 2012 y San Sebastián en Rifkin’s Festival de 2020 tras aquella vuelta a Nueva York con Día de lluvia en Nueva York de 2019.

Manhattan

Esta película de 1979 tiene la música de Gershwin como hilo conductor. Nos habla de las complejas relaciones humanas en nuestra cultura occidental desfilando en este relato en blanco y negro el amor, los celos, la angustia de vivir y la duda, esa gran compañera del cineasta neoyorkino.

En las primeras secuencias el director nos presenta a la ciudad como personaje principal de la cinta envuelta en los acordes de la Rhapsody in Blue y para el final elige fondo musical un premonitorio But not for me mientras corre por las calles de Manhattan desesperadamente en busca de Tracy (Mariel Hemingway).

Manhattan. 1979. Escena en el puente de Brooklin

Manhattan. 1979. Porqué vale la pena vivir

Hay frases que forman parte de la historia del cine y de nuestra educación sentimental como cuando en el acuario le dice a Mary (Diane Keaton) el cerebro es el más sobrevalorado de todos los órganos o la famosa escena romántica con la ciudad de fondo, una declaración de amor a Mary y a Nueva York de modo simultáneo:  Es precioso y más aún cuando amanece. Esta es una gran ciudad. Pero quizás mi escena preferida es la del protagonista tumbado en un sofá grabando sus reflexiones filosóficas tituladas Recomendaciones para neuróticos. ¿Por qué vale la pena vivir? Una lista diferente para cada uno de nosotros. Una invitación necesaria en tiempos de desamor y de prisas.

Si tu vois ma mère de Sidney Bechet acompaña a las primeras escenas que nos presentan la ciudad de Paris en Midnight in Paris, una película de 2011 sobre la nostalgia, el amor y las cosas que verdaderamente tienen valor en la vida.

Midnight in Paris. 2011. En Versalles

Midnight in Paris. 2011. Museo de la Orangerie

Gil Pender (Owen Wilson) es un escritor norteamericano que llega con su prometida y los padres de ésta a París. Mientras vaga por las calles soñando con los felices años 20, cae en una especie de hechizo a medianoche en algún lugar del barrio Latino y se transporta a la Belle Époque donde se relaciona con Jean Cocteau, Cole Porter, Scott Fitzgerald, Ernest Hemingway, Juan Belmonte, Gertrude Stein, Picasso, Dalí, Toulouse-Lautrec, Gauguin o Edgar Degas.

Midnight in Paris. 2011. En las escaleras

Las escaleras en las que Gil espera el milagro cada noche están en un lateral de la iglesia Saint-Etienne-du-Mont, cerca del Panthéon y de los Jardins du Luxembourg.

Al final de la película, cuando hastiado de la superficialidad y presunción de sus amigos, su novia y los padres de ésta Gil recorre las calles de Paris se encuentra con Gabrielle en el puente de Alejandro III y ésta le confiesa que su jefe ha recibido un nuevo álbum de Cole Porter lo que le ha hecho pensar en él.

Midnight in Paris. 2011. En el puente

Empieza a llover y vuelve a sonar Si tu vois ma mère mientras caminan por el puente después de que Gabrielle le confiese con el rostro mojado que en realidad París con lluvia es lo más bonito que hay.

Bibliografía.

Sobre el Autor

Dr. Jose Ignacio Torres
Dr. Jose Ignacio Torres

Jose Ignacio. Médico de familia. Después de un año breve pero intenso de formacion en la Fundación Jiménez Díaz como médico residente de hematología, realicé mi residencia de medicina de familia en el Hospital Universitario Marques de Valdecilla (Santander). He trabajado en muchos aspectos relacionados con la medicina de familia: jefe de estudios, tutor de residentes, presidente de la comisión de calidad... Pero sobre todo en mi consulta en los centros de salud de las antenas (Santander), Barcelona en Móstoles (Madrid), San Agustín y Gamonal Antigua (Burgos) y actualmente en Montesa (Madrid). Siempre me han interesado la investigación, la docencia y la asistencia y por eso he tenido la suerte de poder formar muchos médicos residentes la mayoría de los cuales han compartido conmigo la ilusión y el cariño de tratar con personas, de cuidar personas. Me considero un terapeuta, alguien que intenta ayudar a mejorar la salud de los que acuden a su consulta. En los años 90 sentí la necesidad de aprender otras formar de terapia y tuve la gran fortuna de conocer la homeopatía. Soy especialista universitario en homeopatía por la universidad de Valladolid. Desde entonces, tanto en el centro de salud como durante algunos años en mi consulta privada he tenido la maravillosa experiencia de escuchar, comprender y tratar a muchos pacientes con medicamentos homeopáticos y me he sentido realmente útil.

Mis áreas de interés prioritario han sido las actividades preventivas, las enfermedades cardiovasculares crónicas, y las técnicas de comunicación. Pertenezco al grupo-programa comunicación y salud de SEMFYC y he sido varios años parte de un extraordinario grupo de profesionales y amigos en el grupo de comunicación y salud de Burgos.

Como docente actualmente soy profesor del CEDH y he tenido la posibilidad de compartir experiencias y conocimientos con alumnos de pregrado (alumnos de medicina de la facultad de medicina de Zaragoza), médicos, veterinarios y farmacéuticos.

La homeopatía me ha dado la oportunidad de conocer a excelentes profesionales y personas, ayudar a muchos pacientes y proporcionarme las herramientas más poderosas para un médico: la humildad, el sentido común, la escucha activa y unos fármacos seguros y eficaces.

4 Comentarios

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  • Interesantísimo estudio del vericueto humano a través de las películas de alguien, que como Woody Allen se convierte con arte magistral en su propio escaparate patológico, no hay mejor protagonista de sus pelis que él mismo convertido instintivamente en un espejo universal desde Hipócrates a Freud y Jung, todo un salto evolutivo en el que nada nos es ajeno, pues si no somos propiamente Allen, somos sus compañeros de humanidad que debemos conocerlo, comprenderlo y hasta soportarlo, justo, lo que tenemos que hacer con nosotros/as mismos/as si queremos que las cosas cambien a mejor.
    Gracias, como siempre, amigo José Ignacio, por esa sabiduría magistral!

  • Qué sería la vida sin Woody Allen, The Beatles…y tantos otros. Pues, simplemente, un poquito peor.
    Como he disfrutado este post. Un abrazo muy fuerte querido amigo.

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