La poesía de la medicina

A doctor writes a poem in the chart,

though none can read its invisible lines,

or understand the mystery of death.

Rafael Campo

Los médicos escribimos poesía con renglones torcidos en cada una de nuestras historias clínicas, aunque nadie nos lea, porque a pesar de los obstáculos que nos van poniendo no existe otro modo de escucha posible que el espacio poético que da lugar a la comprensión del problema que tiene el paciente y la secuencia posterior de pruebas diagnósticas y propuestas de terapia.

La reciente lectura del libro de John Launer1 me ha llevado a pensar en un encuentro singular en la consulta lleno de poesía para mí, como tantos otros que dejan huella.

Aquella, era una de las varias consultas con una mujer de mediana edad que se sentía víctima de acoso en el trabajo. Un daño percibido con importantes consecuencias como la incapacidad para trabajar por sus síntomas de ansiedad y alteración del estado de ánimo, su inseguridad y baja autoestima.

Mientras escuchaba su relato, tantas veces compartido, pensé en cómo puede llegar a ser la condición humana lo que me condujo directamente a la filósofa Hannah Arendt y su teoría de la banalidad del mal2. Entonces, casi de forma automática, le pregunté si aceptaría una serie de propuestas de tratamiento. Ella asintió, un poco perpleja, y tras darle mi opinión sobre las razones de la necedad y mediocridad de la forma de actuar de sus opresores le solicité que se alejase del incendio que representaba para ella el fuego de su empresa y la adjunté anotadas algunas otras recomendaciones. Con mis propuestas terapéuticas (relacionadas con la vida actual de correos electrónicos y teléfonos móviles y antiguas como el trabajo epistolar) intentaba motivarle a pensar por sí misma y confiar en su valor como madre, abuela y artesana.

Es frecuente que utilicemos la metáfora en la consulta, como lo hice aquel día, por su gran interés y porque es una herramienta terapéutica cargada de futuro. Las palabras curan si se utilizan con respeto, calidez y empatía.

La cura por el habla: el poder del lenguaje en la curación

Desde la antigua Grecia se ha empleado el poder de la palabra para aliviar y curar los males3. En pleno siglo XXI en la consulta del psicólogo, del psiquiatra, del médico de familia o el homeópata el diagnóstico y el tratamiento son en multitud de ocasiones consecuencia del análisis del lenguaje del paciente que acude en busca de ayuda.

Los brujos, hechiceros y chamanes desde tiempos remotos curaban a la gente con palabras mágicas, pero en el siglo V antes de Cristo los griegos partiendo del conocimiento filosófico y médico emplearon la palabra curativa no mágica a través de la catarsis, la mayéutica y el diálogo.

La catarsis, que era para Aristóteles la purificación emocional, corporal, mental y espiritual a través de la tragedia, fue empleada por Joseph Breuer primero con sus experiencias en el caso de Anna O y Sigmund Freud después, al desarrollar la cura por el habla.

El método catártico como técnica psicoterapéutica en los comienzos del psicoanálisis está magníficamente tratado en El día que Nietzsche lloró, libro del psiquiatra Irvin David Yalom, llevado al cine por Pinchas Perry4en 2007. Surge, por tanto, en un momento cumbre de la historia de la medicina y la filosofía.

En el año 2021, la catarsis, sigue presente en nuestras consultas, porque a través de ella, el consultante llega a escucharse decir delante del terapeuta palabras que estaban ocultas en su mente y liberar emociones y sentimientos bloqueantes y dolorosos.

Así, ha venido sucediendo en los últimos meses en el caso de esta paciente y muchos otros en diferentes lugares, porque siempre que en la consulta se encuentre un espacio de escucha se permite la liberación de las emociones.

Para la mayéutica socrática el alma de cada hombre está embarazada y quiere dar a luz, pero el parto es difícil. Por eso, requiere de la pericia del educador o del terapeuta para obtener la luz que es la belleza.

En los diversos encuentros, hay un momento, en el que aparece la mayéutica como una liberación, un renacimiento personal que ilumina un nuevo conocerse a sí mismo. Entonces, el paciente siente su nuevo yo pleno de capacidades potenciales, la participación activa en la curación aparece y se hace palabra.

Seguro que todos los terapeutas perseguimos y recordamos momentos de tal luminosidad que dan sentido a nuestra tarea y constituyen un puerto seguro en la tormenta de la vida de muchos de nuestros pacientes porque cada vez que surgen son inolvidables para ambos.

El uso terapéutico de la palabra por Antifonte5, con su habilidad para la interpretación de los sueños antecede a la logoterapia de Viktor Frankl6, neurólogo y psiquiatra vienés del siglo XX que a través de esta técnica psicoterapéutica pretendía mostrar al paciente que la motivación fundamental de toda persona es la búsqueda de sentido para la propia vida, en cada momento concreto y situación particular y única, en que se encuentra su existencia.

Con el diálogo se pretende ayudar a desaprender lo que es falso (en el caso de mi paciente, que no es culpable de nada), a pensar correctamente y encontrar el sentido de su vida (su familia y su pasión profesional).

Universal love, healing peace: I am

the homeless person crying to himself,

wishing I could be better tan I am.

I am not a real doc without my white coat.

Rafael Campo

Desentrañando lo oculto

Entre los médicos de familia suele haber un gran debate sobre el poder curativo y/o iatrogénico de la bata. Y en este debate está implícito lo que significa ponérsela o quitársela.  Es quizás una barrera para defendernos del otro, para protegernos, para no contaminarnos de su enfermedad, no ensuciarnos, o quizás sea un instrumento que envuelve la magia de cada encuentro.

En la película Las conversaciones del doctor Sachs de Michel Deville podemos observar de modo muy gráfico las diferentes formas de entender el uso de la bata por parte de los pacientes que acuden a un consultorio rural francés a través de su lenguaje interno.

Con bata o sin ella, el médico tiene como misión desentrañar lo oculto en cada paciente, porque lo que los pacientes ignoran que saben es al mismo tiempo lo que los médicos ignoran que ignoran7.

Reconocer internamente esta ignorancia y hacerla presente en voz alta delante del paciente es el mejor modo de quitar los velos de la vergüenza, el miedo o la culpa, porque a la gente le da miedo su interior, aunque éste sea el único lugar donde encontrara lo que necesita. El terapeuta debe ser capaz de generar el espacio cálido que le permita desnudarse, reconocerse y compartir emociones y sentimientos, una vez que se ha desentrañado a través de la palabra lo oculto.

but in the final absence of a cure,

the need in all of us for someone’s care.

Rafael Campo

La razón poética

El lenguaje no solo describe la realidad, también la crea y por eso, la experiencia que la mayoría de los pacientes tienen de sus médicos es sensual, afectiva y estética. En la consulta surgen de forma espontánea comentarios sobre el color de las gafas o la mascarilla, el aroma de un perfume, la elegancia de una blusa. Y aparecen sin usura el abrazo sentido y preciso, la risa que alivia y la complicidad de un conocimiento mutuo de años. Todo esto es interacción social, respeto, afecto y también información.

La razón-poética, aporte teórico de la filósofa María Zambrano como nuevo método cognoscitivo, es para Chantal Maillard 8un estado de atención y disponibilidad, y por ello acción ética y estética ya que solo puede llevarse a cabo plenamente cuando aquello en lo que estamos ocupa toda nuestra atención. Cuando el médico en la consulta se encuentra sumido en la interacción con el otro surge la comprensión racional y emocional en un descifrar lo que se siente.

Una interacción en la que el que sufre bucea y descubre la amabilidad de los extraños, la poesía de la consulta, la parcialidad del discurso médico, los peligros del etiquetado, la preservación deliberada de la incertidumbre, la banalidad del mal y los peligros de la medicina.

En el encuentro, por tanto, es preciso romper la cortina de la mutua incomprensión9, sabiendo interpretar la ambigüedad10 del lenguaje y siendo conscientes de que muchas veces, las interacciones con los pacientes son exitosas no por nuestros conocimientos de medicina, sino por la conversación, el intercambio de palabras.

Palabras que aparecen en momentos críticos o cuando las dificultades nos hacen buscar otras opciones. Rebuscando en nuestra creatividad, experiencia y sentido lírico surgen símiles, metáforas, alusiones, humor, juegos de palabras, paradojas u otras formas imaginativas de conversación.

Encontramos nuestra razón poética con frecuencia en las metáforas: el vehículo con exceso de velocidad permanente, la máquina a la que se le exige mucho más de lo que puede dar o el incendio que nos quema.

Si lo hacemos de ese modo, descubrimos con la respuesta a nuestro lenguaje metafórico (me he apartado del incendio y ya no me quemo) que la medicina puede ser poética en el verdadero sentido de la palabra.

Bibliografía

  1. Launer J. How not to be a doctor. And other essays. Duckworth. Richmond. 2019
  2. https://www.youtube.com/watch?v=_W9hcIlj7aA
  3. Laín Entralgo. La curación por la palabra en la antigüedad clásica. Anthropos. Barcelona. 2005
  4. https://www.youtube.com/watch?v=H93Iwp5tOp8
  5. Velázquez CA. La farmacia de los sofistas. Antifonte y la curación por la palabra. Factótum: Revista de filosofía. 2019:13-23
  6. Frankl V. El hombre en busca de sentido. Herder. Barcelona. 1979
  7. https://www.sensibilidadquimicamultiple.org/2008/07/lo-que-los-pacientes-ignoran-que-saben.html
  8. Maillard Chantal. La creación por la metáfora. Introducción a la razón-poética. Anthropos. Barcelona. 1990
  9. Empson, William. Siete clases de ambigüedad. ACL. 2006
  10. Komesaroff P. Experiments in Love and Death: Medicine, Postmodernism, Microethics and the Body. River Grove Books. 2014

Nota: Los versos de Rafael Campo proceden de su libro Alternative Medicine. Duke University Press. 2014

Sobre el Autor

Dr. Jose Ignacio Torres
Dr. Jose Ignacio Torres

Jose Ignacio. Médico de familia. Después de un año breve pero intenso de formacion en la Fundación Jiménez Díaz como médico residente de hematología, realicé mi residencia de medicina de familia en el Hospital Universitario Marques de Valdecilla (Santander). He trabajado en muchos aspectos relacionados con la medicina de familia: jefe de estudios, tutor de residentes, presidente de la comisión de calidad... Pero sobre todo en mi consulta en los centros de salud de las antenas (Santander), Barcelona en Móstoles (Madrid), San Agustín y Gamonal Antigua (Burgos) y actualmente en Montesa (Madrid). Siempre me han interesado la investigación, la docencia y la asistencia y por eso he tenido la suerte de poder formar muchos médicos residentes la mayoría de los cuales han compartido conmigo la ilusión y el cariño de tratar con personas, de cuidar personas. Me considero un terapeuta, alguien que intenta ayudar a mejorar la salud de los que acuden a su consulta. En los años 90 sentí la necesidad de aprender otras formar de terapia y tuve la gran fortuna de conocer la homeopatía. Soy especialista universitario en homeopatía por la universidad de Valladolid. Desde entonces, tanto en el centro de salud como durante algunos años en mi consulta privada he tenido la maravillosa experiencia de escuchar, comprender y tratar a muchos pacientes con medicamentos homeopáticos y me he sentido realmente útil.

Mis áreas de interés prioritario han sido las actividades preventivas, las enfermedades cardiovasculares crónicas, y las técnicas de comunicación. Pertenezco al grupo-programa comunicación y salud de SEMFYC y he sido varios años parte de un extraordinario grupo de profesionales y amigos en el grupo de comunicación y salud de Burgos.

Como docente actualmente soy profesor del CEDH y he tenido la posibilidad de compartir experiencias y conocimientos con alumnos de pregrado (alumnos de medicina de la facultad de medicina de Zaragoza), médicos, veterinarios y farmacéuticos.

La homeopatía me ha dado la oportunidad de conocer a excelentes profesionales y personas, ayudar a muchos pacientes y proporcionarme las herramientas más poderosas para un médico: la humildad, el sentido común, la escucha activa y unos fármacos seguros y eficaces.

3 Comentarios

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  • Felicidades, José Ignacio! No solo por la luz y la profundidad de tus palabras, sino sobre todo por el tesoro interior que te permite descubrir y comunicar realidades tan sublimes como imprescindibles para caminar en la sabiduría humilde, plena y medicinal de la compasión, unida a la conciencia compartida con el género humano. Muchas gracias por estos regalos únicos en forma de artículos.
    Para mí la bata blanca simboliza las alas espirituales con que el personal sanitario nos acoge y nos cobija cuando la salud y la vitalidad se agotan o se debilitan.
    Tiene todo el sentido que, por ejemplo, Jesús de Nazaret empezase curando los cuerpos enfermos para sanar y liberar las almas, las emociones, las mentes y conciencias al mismo tiempo. Medicina y espíritu son dos manifestaciones inseparables de una misma realidad . Como lo son el lenguaje, la poesía, la filosofía y el conocimiento objetivo/subjetivo/simultáneo de sí mism@s y del Nosotr@s-cada uno universal. No es cosa de religiones ni de creencias rutinarias, ni de habilidades, sino, sobre todo, de experiencia innovadora a cada paso, apertura y disposición de cada uno y una de nostr@s, de la humanidad, esa especialidad fundamental para vivir plenamente cualquier vocación, pero muy en particular para la medicina.
    Muchas gracias por todo, querido amigo y maestro.
    Un abrazo

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