Homeopatía en el tratamiento de la tos infantil

Los pobres tienen mucho más
tiempo que los ricos
Y también más frío, más hambre,
más soledad,
más lluvia, más sol, más luna, más
viento
Álvaro Cunqueiro 

En recuerdo de mi tío abuelo Crescencio, médico internista, tisiólogo y gran persona, que hacía avisos domiciliarios a caballo en su juventud por los pueblos de Pontevedra, y a su esposa Tucha. 

Con todo mi cariño y admiración al Dr.  Bernardino Méndez Naya de cuyos labios escuché esta historia o una similar, mucho mejor contada y con la entonación apropiada al cuento. 

Ipeca, un medicamento homeopático para la tos infantil o el cuento del pequeño galaico tosegoso 

Cuenta un amigo gallego, con la prosa y adorno propio del carácter que imprime su tierra, la historia de un pequeño paciente, al que realizó su primera prescripción homeopática.

El niño, bebé de 14 meses, era el primer retoño de una familia humilde de un pueblo montañoso y húmedo, típico de la Galicia interior.

Su madre, Tucha, había acudido a la consulta en varias ocasiones porque el pequeño tenía mucha tos, una tos ahogante, que le hacía arrojar, y estaba muy preocupada porque el niño no aprovechaba el alimento y se le notaba muy enfermo.

Tras probar todo tipo de medicaciones al alcance de un galeno rural (antitusígenos, antibióticos, etc.), que por lo demás habían sido sucesivamente infructuosas, fue necesario enviar al niño al hospital más cercano, donde fue ingresado presentando signos de deshidratación.

Además de la preocupación lógica por la salud del pequeño, el traslado al hospital suponía un grave problema económico para la familia, que dependía de su trabajo en el campo y con el ganado.

Un mes después de ser dado de alta, Crescenciño, que así se llamaba el pequeño, volvió a padecer de la misma tos y la madre muy asustada volvió a llevarlo al consultorio.

Mi amigo, que empezaba a pergeñar sus primeros conocimientos en el arte de Hahnemann y ante la ineficacia de los tratamientos anteriores, y la preocupación de la posible necesidad futura de tener que volver a ingresar al niño, pensó en la posibilidad de utilizar un medicamento homeopático por primera vez en su vida profesional.

Rápidamente recordó, que la tos del pequeño remedaba el tipo de tos que podía ser curada con Ipeca, y como casualmente disponía en su vitrina del pequeño consultorio rural de jarabe de ipecacuana, tras pedir autorización a Tucha, se dispuso a preparar el medicamento de modo artesanal.

Tomando el jarabe en sus manos, tras consultar el libro que había adquirido seis meses antes con la misma proporción de inquietud, escepticismo y expectación, disolvió el contenido de este en una solución de alcohol a una proporción de uno a cien, usando una jeringuilla, un recipiente de cristal y un viejo tubo de ensayo.

“Bien” dijo, “El proceso de dilución va en marcha”. 

El problema siguiente, era la dinamización, ¿Cómo agitarlo siguiendo los consejos de los primeros maestros en el arte de la homeopatía? Sabía que inicialmente este proceso se realizaba agitando el tubo con la solución de forma enérgica sobre un gran libro. ¿Qué libro podía usar? “Ajá “musitó, dirigiéndose al pesado vademécum de la estantería contigua.

De este modo, agitando fuertemente el tubo de ensayo con la solución sobre el vademécum había conseguido la primera dilución.  No pudo contener la tensión, y de modo simultáneo surgió de su garganta un grito de euforia y de sus ojos una lágrima de emoción.

ESTA HISTORIA, ESCUCHADA HACE AÑOS, PUDIERA SER UNA HISTORIA REAL O QUIZÁS UN CUENTO, UNA FORMA PRÁCTICA, SENCILLA Y HERMOSA DE EXPLICARNOS LAS CARACTERÍSTICAS Y PARTICULARIDADES DE UNA TERAPIA TAN EFICAZ, SEGURA Y BELLA COMO LA HOMEOPATÍA

Se sentía como un alquimista, como un investigador anónimo en pos de un medicamento que independientemente de su origen y fabricación, pudiera ser útil para curar al pequeño.

¿Lo conseguiría? ¿Sería cierto lo que había leído en los libros de Hahnemann y Nash que había comprado por curiosidad y casualidad en una librería de viejo y había leído con una mezcla de escepticismo y sorpresa?

Al menos, pensó, no se perdía nada por probar. La situación era difícil y era necesario buscar soluciones diferentes a las habituales.

Repitió este proceso cinco veces y, tras más de 2 horas agotadoras de trabajo, consideró que el medicamento estaba preparado.

Cuando llegó Tucha a la consulta, le explicó la forma de administrar el medicamento al bebé. “Toma unas gotas del líquido que está en este tubo y échalo en un poco de agua. Después se lo das al niño cuando le aparezca la tos”. 

Al día siguiente, la madre volvió con el rostro radiante de felicidad. Había dado la medicina dos veces al pequeño y la tos había cesado completamente.

En el tiempo que mi amigo paso en este pueblo Crescenciño no volvió a padecer ningún problema similar.

A partir de entonces, sin abandonar su interés por la medicina oficial, la homeopatía fue incorporándose de manera progresiva y madura a su quehacer cotidiano de médico de familia.

Esta historia, escuchada hace años, pudiera ser una historia real o quizás un cuento, una forma práctica, sencilla y hermosa de explicarnos las características y particularidades de una terapia tan eficaz, segura y bella como la homeopatía.

Una historia hermosa, un cuento, un relato poético. Porque, como diría Josep María Esquirol, la poesía más excelsa no es la que se escribe, sino la que se hace.

Hagamos poesía cada día en nuestras consultas, con la mirada, con el conocimiento y con el alma.

Sobre el Autor

Dr. Jose Ignacio Torres
Dr. Jose Ignacio Torres

Jose Ignacio. Médico de familia. Después de un año breve pero intenso de formacion en la Fundación Jiménez Díaz como médico residente de hematología, realicé mi residencia de medicina de familia en el Hospital Universitario Marques de Valdecilla (Santander). He trabajado en muchos aspectos relacionados con la medicina de familia: jefe de estudios, tutor de residentes, presidente de la comisión de calidad... Pero sobre todo en mi consulta en los centros de salud de las antenas (Santander), Barcelona en Móstoles (Madrid), San Agustín y Gamonal Antigua (Burgos) y actualmente en Montesa (Madrid). Siempre me han interesado la investigación, la docencia y la asistencia y por eso he tenido la suerte de poder formar muchos médicos residentes la mayoría de los cuales han compartido conmigo la ilusión y el cariño de tratar con personas, de cuidar personas. Me considero un terapeuta, alguien que intenta ayudar a mejorar la salud de los que acuden a su consulta. En los años 90 sentí la necesidad de aprender otras formar de terapia y tuve la gran fortuna de conocer la homeopatía. Soy especialista universitario en homeopatía por la universidad de Valladolid. Desde entonces, tanto en el centro de salud como durante algunos años en mi consulta privada he tenido la maravillosa experiencia de escuchar, comprender y tratar a muchos pacientes con medicamentos homeopáticos y me he sentido realmente útil.

Mis áreas de interés prioritario han sido las actividades preventivas, las enfermedades cardiovasculares crónicas, y las técnicas de comunicación. Pertenezco al grupo-programa comunicación y salud de SEMFYC y he sido varios años parte de un extraordinario grupo de profesionales y amigos en el grupo de comunicación y salud de Burgos.

Como docente actualmente soy profesor del CEDH y he tenido la posibilidad de compartir experiencias y conocimientos con alumnos de pregrado (alumnos de medicina de la facultad de medicina de Zaragoza), médicos, veterinarios y farmacéuticos.

La homeopatía me ha dado la oportunidad de conocer a excelentes profesionales y personas, ayudar a muchos pacientes y proporcionarme las herramientas más poderosas para un médico: la humildad, el sentido común, la escucha activa y unos fármacos seguros y eficaces.

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Actualizado el 13-12-2018 13:13:51 - © 2014-2018 Hablando de Homeopatía

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