Homeopatía: el sentido de la enfermedad y la enfermedad del sentido

Última modificación: 04-02-2016 17:47:04
“… su cuerpo dejará, no su cuidado;
serán ceniza, más tendrá sentido;
polvo serán, mas polvo enamorado”.
(Quevedo, Amor constante más allá de la muerte
 

¿Tiene sentido la enfermedad? Para la mayor parte de homeópatas (y muchos terapeutas) la respuesta es claramente afirmativa.

Y no sólo un sentido sino que además, y en consecuencia, la enfermedad nos transmitiría una enseñanza, una lección a aprender en nuestra vida.

Los síntomas no serían sino un código que mediante su corporización simbólica podrían facilitarnos ese aprendizaje. En términos junguianos se resumiría en que todo aquello que no podemos vivir y apartamos de la conciencia por insoportable por distintos motivos (lo que él denominó “sombra”) lo podríamos vivir gracias a la cristalización simbólica de esos síntomas y de esa manera lo iríamos integrando en nosotros para hacernos así cada vez más completos.

Esta aproximación a la enfermedad parece útil. En efecto, el preguntarnos “¿cómo le afecta esta enfermedad a este paciente?” y “¿a qué le obliga?” junto con las analogías del lenguaje verbal y no verbal pueden darnos un poco más de luz, a mi entender, acerca del proceso por el que la persona está pasando.

Sin embargo, si analizamos más de cerca este abordaje, veremos que no está exento de riesgos y errores, sobre todo si se usa de forma indiscriminada y simplista.

El mayor, a mi juicio, es culpabilizar de alguna manera al paciente. No son pocos los pacientes que he visto, para mi sorpresa, a los que algún médico o terapeuta ha hecho responsables de su enfermedad. Así, sin ningún matiz. O dos o tres simplezas a modo de recomendaciones. Un sufrimiento añadido al que ya les inflige la enfermedad. Porque desde este punto de vista, claro que podemos ser “responsables” de nuestras enfermedades pero nunca hay culpa (entendida ésta en su sentido moral). Lo “bueno” y lo “malo” aquí no tiene cabida. Pensar algo diferente es no haber entendido gran cosa. Y, en todo caso, parece que se nos olvida que nuestra misión es aliviar el dolor y no aumentarlo.

Pero ¿y si también considerásemos la otra posibilidad, esto es, la de que la enfermedad no tuviese ningún sentido especial?. Porque da la sensación de que los hombres estamos plenamente involucrados en encontrar un sentido a las cosas, a la vida, a la enfermedad… Que todo esto no lo tuviese es algo que nos parece absurdo…¡Qué sinsentido sería que nada tuviese sentido!. Y así, sin apenas darnos cuenta, pasamos de la ingenuidad de pensar que las cosas suceden por azar, a (¿la enfermedad?) de buscarle sentido a todo. La historia del hombre podría hacerse, en realidad, contemplando la búsqueda de ese sentido y las distintas y amplias respuestas que ha ido dando desde la antigüedad.

Es entonces cuando hacemos que todo encaje, hasta los sucesos más insignificantes, (¿insignificantes he dicho?) y entonces, y sólo entonces, nos sentimos plenamente satisfechos. Nuestro mundo sigue en orden cuando creemos entender que tal cosa viene por tal otra y tal otra por aquella otra y así tiene significado la de más allá.

Es como si eso nos tranquilizara. Pero reflexionemos también acerca de si es inevitable ese sentimiento dramático y de vacío al considerar la posibilidad de que las cosas no tuviesen ningún sentido especial. Una vez más todo eso podría ser una premisa de nuestra mente.

Y para mostrarlo propongo estos ejemplos (alguno tomado de Watzlawick1) muy ilustrativos por sí mismos:

– Cuando el Conejo Blanco (L. Carroll, Alicia en el País de las Maravillas) lee un poema que, aparentemente, no tiene ningún sentido, el Rey, lejos de atribularse, dice encogiéndose de hombros: “Bueno, si el poema no tiene ningún sentido eso nos evitará muchas preocupaciones pues, como es lógico, nos ahorra todo el trabajo de averiguarlo”.

– Le preguntaron al maestro zen Tchao Tchú que “cuál era el sentido de la última y única verdad”. En vez de responder el maestro tosió. El que preguntaba dijo entonces con solemnidad: “¿Es eso acaso, maestro?”. “¡Qué pasa! – exclamó Tchao Tchú- ¿es que un viejo ni siquiera tiene derecho a toser cuando tiene ganas?”.

– “La solución del problema de la vida está en la disolución de este problema. (¿No es ésta la razón de que los hombres que han llegado a ver claro el sentido de la vida, después de mucho dudar, no sepan decir en qué consiste este sentido?)” (L. Wittgenstein, Tractatus logico-philosophicus).

– “Siempre que miro las cosas y pienso en qué piensan los hombres de las cosas/ me río cual regato en su fresco sonar contra una piedra./ Porque el único sentido oculto de las cosas/ es el de no tener ningún sentido oculto”. (F. Pessoa, El guardador de rebaños)

– El conde Dürckheim le preguntó a D.T.Suzuki (maestro y divulgador del zen en occidente) si en lo de la búsqueda del sentido de las cosas que hace el hombre no sucedería algo así como con el pez, que está en el agua y busca el agua. “Es más que eso -dijo Suzuki con una leve sonrisa- es como cuando el agua busca el agua”.

Así que con esto no sé si he respondido a la pregunta del principio sobre si las cosas, y la enfermedad en particular, tienen o no sentido. En mi práctica hago como si lo tuvieran y una homeopatía y una terapéutica medianamente profundas te hace reconocer también esa vía.

Pero no deja de haber momentos en que siento lo segundo. Y lo mejor es que algunas otras, pocas veces, pero muy vívidas, es como si algo se parase, una hoja, una luz, un segundo…y si me preguntasen entonces sólo atinaría a decir que lo único que hay en realidad es una gran sonrisa, grande y contagiosa, difuminada en el silencio.

[¿Y vosotros qué pensáis? ¿Cuál es vuestra experiencia?]

1- Paul Watzlawick, La coleta del Barón de Münchhausen, Barcelona, Herder 1992

Sobre el Autor

Dr. Gonzalo Fernández-Quiroga
Dr. Gonzalo Fernández-Quiroga

Tal como decía Holden, “Si de verdad les interesa lo que voy a contarles, lo primero que querrán saber es dónde nací, cómo fue todo ese rollo de mi infancia…”

Bueno, pues nací en un pequeño pueblo de montaña donde por la noche se contaban historias. Las mujeres que venían a casa con sus candiles, se sentaban, hilaban y contaban. Todas aquellas largas noches nevadas de invierno escuchando historias. Historias de todo tipo, de miedo, de muerte, de espíritus, de risa, amor, de desamor. Historias.

Después estudié y me licencié en Medicina por  la Universidad de Barcelona (UB). Hice el postgrado en Homeopatía por la UB-Academia Médico Homeopática de Barcelona (AMHB). He sido Director del Máster de Medicina Homeopática de la UB (2011-2016) y de la propia AMHB. Me encanta la docencia y ahora sigo de profesor de homeopatía en la AMHB y el CEDH. También cursé el Máster en Terapia Breve Estratégica, en su primera promoción, con el equipo de G. Nardone en el Institut Gestalt de Barcelona (2000-2002) que ha influido mucho en mi formación.

He incorporado, pues, la Homeopatía y la Terapia Breve a mi consulta médica para así abordar las historias de los pacientes en todas sus dimensiones: física, emocional, comunicacional y también, de algún modo, espiritual.

Porque, más de allá de todo, sigo escuchando historias. Historias extrañas, dramáticas, desesperanzadas, vitales. Intento curarlas o aliviarlas con la ciencia y el arte médicos. Cambiar esas narrativas, esos patrones, físicos y emocionales, que nos aprisionan. Y para ello, primero, busco comprender la historia verdadera. La historia verdadera de cada uno de nosotros.

Me apasiona la literatura, la poesía, el cine, la comunicación... La naturaleza. La belleza de todas las cosas. El humor. La vida, en una palabra.

Como médico, y como científico, aún creo en la antigua magia que tienen las palabras.

Ordet.

10 Comentarios

Comentar
  • ¿El sentido de la vida? VIVIR. ¿El sentido de la enfermedad? VIVIR.
    En la vida pasan muchas cosas buenas y muchas cosas malas. Todo eso es LA VIDA. A veces más fácil y gratificante, a veces más difícil y desesperante. Pero siempre es VIDA. Sentimiento. Pretendemos vivir sin sentir, y eso no es vida. Y no se puede pretender sentir siempre cosas buenas: sin «lo malo» no existe «lo bueno». Aunque «lo bueno» pase más desapercibido que «lo malo».
    Recomiendo vivamente la lectura de «La vieja sirena» o «La sonrisa etrusca» de Sampedro. Siempre que he tenido un periodo malo me han ayudado a valorar «lo bueno» y también «lo malo».
    Muchas gracias por vuestro blog y un saludo.

    • Hola Soledad,
      creo que expresado de una manera o de otra (haikus, borges, cascadas, etc) vamos coincidiendo todos… Se trata de vivir, en todas sus letras, en todo su dolor y su maravilla…
      Simplemente quería reflexionar sobre ello porque es algo que en un momento u otro como médicos, o como pacientes, nos encontramos…»¿qué sentido tiene esto?» «¿qué sentido tienen estos síntomas, esta enfermedad, este sufrimiento (si lo tiene)?». La homeopatía y otros abordajes tienen sus derivadas en este terreno, tan interesantes, que ahora obvio profundizar.
      Al final te das cuenta que es la misma pregunta que como médicos, pacientes, pero sobre todo como personas, en algún momento u otro también nos hacemos «¿qué sentido tiene la vida? (si lo tiene)?»
      Y «hasta aquí puedo leer…» jaja… el resto es el post…
      Gracias por seguirnos y si eres la Soledad que ha dado ese magnífico título al post actual mi compañero Guillermo..¡¡ felicidades!! (y si no tb por tu reflexión sobre el vivir)
      un abrazo

    • Hola de nuevo Luis,
      muy apropiado lo de Borges! es lo mismo que el haiku del estanque y la rana pero en occidental jaja
      un saludo

  • Nos preguntamos por el sentido de la vida, la enfermedad y de los sinsentidos de todos los días.
    Escuchamos a diario en la consulta a pacientes que nos dicen que nada tiene sentido.
    Tus reflexiones son sabias y hermosas y quizás todo se resuma ante la vida y en la consulta a que el sentido está encerrado en una sola palabra: tú.
    Los japoneses han inventado como decir la verdad en pocas palabras cargadas de contenido y lo han llamado Haiku.
    Y Benedetti, uno de mis favoritos decía en su Rincón de Haikus:

    La poesía
    dice honduras que a veces
    la prosa calla

    Sigamos el camino…….

    • Querido amigo José Ignacio,
      ya sabes que coincidimos en muchas cosas… Pues vamos a hacerlo en una más: los haikus…
      Así que con la excusa de responderte (y que no es una respuesta porque no hay mucho más que decir acerca de eso después de vuestros magníficos comentarios) te mando otro de Basho…
      (y creo que en él está todo…) un abrazo

      un viejo estanque
      salta una rana
      ¡plof!

  • El sentido… seguramente está más cerca de vivir, que de pensar en cómo vivir o hablar de lo que se ha vivido.
    Conocer el sentido de la vida sería como conocer una cascada, la entiendes cuando te pones bajo ella y la percibes con toda tu atención y todos tus sentidos. En cambio, mirar las fotos o escuchar hablar sobre cómo cae el agua y por qué, es un ejercicio interesante pero no debe confundirse con la experiencia real.

    El sentido de la enfermedad? Pues vivirla con atención, poner tus sentidos en el proceso, experimentar lo que ocurre en tus sensaciones, emociones y pensamientos cuando estás enfermo (y esto está muy cerca de la conexión que a veces ocurre en consulta homeopatica). Estar atentos al cambio (hacia la enfermedad) y conocerlo para poder permitir que el cambio prosiga (hacia la salud) y nuevamente darnos cuenta.
    Ponerle palabras a esta experiencia? Vale, sin confundir las palabras con la experiencia.

    • Querido Gualberto, gracias porque precisamente te acercas con palabras a la experiencia que intento expresar en el post y con la respuesta a Guillermo.

      Eso es, la vida sólo tiene sentido (si lo tiene) al vivirla y la enfermedad igual. Pero como médicos, homeópatas o terapeutas muchas veces no podemos sino buscarlo con palabras, teorías más o menos acertadas, etc. que a veces llegan a ser abrumadoras (y hasta enfermizas si no andamos con cuidado).

      Y cuando la realidad, o eso que llamamos así, es la enfermedad y la muerte ahí delante y tú dando vueltas alrededor de la cascada. Sólo entonces puedes salir con un salto, fuera de toda lógica, como el del Baron de Münchhausen escapando de la ciénaga agarrado a su propia coleta.

      Y entonces con suerte que te toque un poco de agua de la cascada…

      un fuerte abrazo

  • Querido amigo y compañero, tú post me ha encantado. Y tengo la profunda convicción de que somos el agua buscando al agua y que cuando la encontremos (nos encontremos) conectaremos con el Sentido de la Vida, como decían los Monty Phyton.
    Y como también dice otro buen amigo; no hay prisa, total somos eternos.

    Abrazos y feliz día.

    • Querido Guillermo, yo también creo que el fondo ya somos agua… pero nos falta el despertar que dicen los budistas ¿no? Y mientras eso pasa (si pasa jaja) me gusta que menciones el humor y los Monty Phyton porque a veces, si no, entre tanta desgracia alrededor o contigo mismo, sin humor es muy difícil de sobrellevar…

      Sólo esos momentos, pocos, en que no piensas si la vida, la enfermedad, tiene o no sentido sino que sientes algo más abarcador parecido, en mi caso, a la sonrisa que menciono.

      Creo que ahora un chiste de bilbao de esos que tú sabes quedaría muy zen aquí.
      un fuerte abrazo

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