Hipócrates, el padre de la medicina.

Última modificación: 14-07-2022 17:30:58

Mi vida profesional como médico está marcada, sin duda, por la herencia de dos de los más grandes médicos que ha dado la historia; el Dr. Hahnemann, padre de la Homeopatía, e Hipócrates, conocido y reconocido como el padre de la medicina occidental.

Sobre la figura y la vida del Dr. Hahnemann os quiero remitir a un post titulado ¿Quién fue el Dr. Samuel Hahnemann, fundador de la homeopatía?, escrito por nuestro compañero el Dr. Gonzalo Fernández Quiroga. Creo que es un texto insuperable que da la justa dimensión de la persona y de la labor que el Dr. Hahnemann desarrolló a lo largo de su vida.

Es justo reconocer y agradecer la genialidad y la generosidad de todas esas personas, como el Dr. Hahnemann, que con su vida y su obra dejaron un legado para el beneficio de toda la humanidad. Gracias Maestro en nombre de todas las personas que hemos hallado alivio en la homeopatía y en el nombre, también, de las que lo hallarán en un futuro.

Esa misma gratitud y admiración se la profeso a Hipócrates y, a lo largo de este post, voy a intentar compartir con vosotros mis motivos. Vamos allá.

¿Quién fue Hipócrates?

Hipócrates nació en la isla de Cos, en la Antigua Grecia, y vivió entre los años 460 y 370 a. C. y, literalmente, revolucionó la concepción y la práctica que de la medicina se tenía hasta ese momento. Tanto fue así que, como ya comentaba, actualmente es reconocido como el padre de la medicina en occidente.

Fue contemporáneo de Sócrates y Platón, siendo citado por este último en alguno de sus escritos.

Hipócrates logró pasar, creando escuela, de una medicina basada en la magia y en el puro empirismo a una medicina en la que se consideraba al ser humano como una globalidad y a la Naturaleza como la depositaria del poder de curación. Era la propia capacidad de reequilibrio y curación de cada ser vivo la responsable de la restitución de la salud y eran, fundamentalmente, nuestros hábitos de vida los responsables de nuestro estado de salud. La labor del médico era ayudar y nunca entorpecer esa fuerza natural que todo ser vivo posee.

Esta medicina hipocrática comienza a entender que al cuerpo humano hay que considerarlo como un todo y comienza también a dar una extraordinaria importancia a la observación minuciosa de todos los signos y los síntomas que los pacientes presentaban, así como a todo su historial médico.

Esto nos hace entender la relación del Dr. Hahnemann con el espíritu hipocrático, como muy bien explica en su post el Dr. Fernández Quiroga cuando dice: “Y bien digo, fundador. Ni “inventor”, ni “descubridor”. Porque la homeopatía no la inventó nadie, ni la descubrió nadie. Sus bases están ya descritas desde el nacimiento mismo de la medicina hipocrática. Solo fueron sistematizadas y experimentadas, lo cual no es poco, por Samuel Hahnemann, médico doctorado, por cierto, con los requisitos de cualquier otro doctor en medicina de su época”.

Para ayudar a superar la enfermedad, Hipócrates propone el uso de plantas medicinales, ejercicio y descanso adecuados y unos hábitos de alimentación correctos, además del uso del agua, el sol y la tierra también como elementos terapéuticos.

Al igual que la homeopatía, la moderna medicina naturista también se inspira y recoge toda la tradición hipocrática y toda su concepción de la salud y de la enfermedad. Así, la Asociación Española de Médicos Naturistas (AEMN), a la que tengo el privilegio de pertenecer, define de esta manera la medicina naturista en su web:

“La medicina naturista es la parte de la medicina, de tradición hipocrática, que utiliza los elementos de la naturaleza como el aire, agua, sol, tierra, plantas (fitoterapia), así como una nutrición natural de base vegetariana para prevenir, promocionar y reparar la salud, aprovechando la “Vis Medicatrix Naturae” o fuerza de la naturaleza humana para su autocuración”.

Preciosa definición que incluye los conceptos de prevenir y promocionar la salud, porque para Hipócrates, como ya veremos más adelante, uno de los deberes más importantes del médico era, precisamente, el de educar a sus pacientes en hábitos de vida saludables que potenciaran su salud.

Aforismos.

Un aforismo puede definirse como una frase o sentencia breve y doctrinal que se propone como regla en alguna ciencia o arte.

He pensado que sería bonito penetrar en el pensamiento del gran Hipócrates a través de una pequeña selección de algunos de sus aforismos que, a mi juicio, mejor definen su concepción de la medicina y del acto médico.

Sobre el poder curativo de la Naturaleza.

La fuerza natural dentro de cada uno de nosotros es el mayor sanador de todos.

El médico trata, pero la naturaleza sana.

Hipócrates ya entendió hace más de 2000 años que el principal factor implicado en la sanación de cualquier paciente era su capacidad de responder de una forma adecuada a los estímulos que los médicos pudiéramos aplicar en su organismos, en forma de cualquier tipo de terapéutica.

Yo suelo explicar que cuando das un masaje o inyectas un relajante musculara a un cadáver, perdonadme por la imagen, sus músculos no van a relajarse pues ya han perdido la capacidad de responder adecuadamente al estímulo. Ni el masaje ni el fármaco relajan, es la respuesta que produce el organismo ante estos estímulos lo que produce la relajación del tejido.

Por eso no todas las personas que tienen una misma enfermedad reaccionan igual ante un medicamento. Eso se ve muy claramente en los distintos efectos secundarios que un mismo fármaco puede producir en distintas personas; desde los pacientes que no sienten ningún efecto adverso hasta los  que no lo toleran por el acúmulo de ellos tras tomarlo.

Descansa tan pronto como haya dolor.

Y para que el cuerpo, su fuerza sanadora, pudiera actuar de la forma más adecuada siempre consideró que era imprescindible no dispersar las energías ni los recursos del organismo para que pudieran orientarse en el sentido del reequilibrio y la sanación.

Que la comida sea tu alimento y el alimento tu medicina.

Si queremos que el cuerpo sane es fundamental que tenga los recursos, los sustratos adecuados para desarrollar todo su potencial de autocuración. Para Hipócrates la alimentación era tan fundamental  que la consideraba el medicamento más importante que un médico podía prescribir a su paciente.

Fijaos que dice “que la comida sea tu alimento” porque él sabía que comer y alimentarse no es lo mismo. Uno puede comer mucho y estar muy mal alimentado. La nutrición es una cuestión de calidad, no de cantidad. Posiblemente aquí, como en otras tantas cuestiones de la vida, menos sea más.

Sobre la naturaleza de la enfermedad.

Las enfermedades no nos llegan de la nada. Se desarrollan a partir de pequeños pecados diarios contra la Naturaleza. Cuando se hayan acumulado suficientes pecados, las enfermedades aparecerán de repente.

Hipócrates entiende que el origen de la enfermedad está, fundamentalmente, en nuestra forma de vivir. El organismo humano tiene una gran capacidad de adaptación a los excesos y a las agresiones de todo tipo, físicas y emocionales, pero llega un momento en el que esa capacidad se ve superada y, entonces, aparece la enfermedad, que no es sino un intento desesperado por recuperar el equilibrio perdido.

Todo en exceso se opone a la naturaleza.

Últimamente pienso mucho que en estos tiempos que vivimos hay una palabra clave: SIMPLIFICAR.

Es muy difícil encontrar el equilibrio, la paz y la salud en una sociedad y en una vida “tan excesiva” como la que llevamos.

Los hombres piensan que la epilepsia es divina, simplemente porque no la entienden. Algún día comprenderemos qué la causa y luego dejaremos de llamarla divina.

Aquí Hipócrates nos enseña que cuando algo no se entiende no es necesario darle una explicación divina.

Una variación de esa actitud divinizadora de todo lo que, simplemente, aún no se entiende es la de rechazarlo o negarlo. Es lo que parece que se estila en el actual cientifismo imperante; “Si yo no lo entiendo (o no quiero entenderlo), no existe”.

Este cientifismo quiere trasladar a la sociedad  la idea de que la ciencia navega en un mar de certezas cuando la realidad es todo lo contrario. La incertidumbre domina la ciencia y la medicina y los médicos debemos navegar en este mar de dudas con toda nuestra profesionalidad y, sobre todo, humildad.

Si alguien desea una buena salud, primero debe preguntarse si está listo para eliminar las razones de su enfermedad. Solo entonces es posible ayudarlo.

Hipócrates aquí insiste en la responsabilidad personal que todos tenemos sobre nuestra salud, en este caso haciendo referencia al compromiso que cada paciente debe asumir en su proceso de curación.

Es una labor fundamental del médico, y así lo reconoce Hipócrates en otros aforismos que también mencionaremos, ayudar a cada paciente a impulsar esos cambios en su ida que puedan contribuir a mejorar y mantener su salud.

Es mucho más importante saber qué persona tiene la enfermedad que qué enfermedad tiene la persona.

En mi opinión, este es uno de sus pensamientos más importantes pues conecta con el concepto actual de la medicina biopsicosocial, que la homeopatía siempre ha sostenido en su práctica clínica desde su comienzo.

La “medicina moderna” había caído en el error de creer que el final del camino a la hora de comprender la dolencia de una persona era llegar al diagnóstico nosológico, esto es, a ponerle un nombre a la enfermedad que se le atribuía.

Pero la “buena medicina” tiene que ir más allá del diagnóstico genérico para comprender quién es la persona enferma y cómo se está expresando la enfermedad en ella. Solo así podremos individualizar cada tratamiento para, de verdad, tratar enfermos y no solo enfermedades.

Una vez, hace ya bastantes años, habíamos terminado la consulta y estábamos ya despidiéndonos y antes de levantarse para salir una mujer me dijo: “Me han mirado la cabeza, el estómago, la circulación, pero nunca nadie me había mirado a mí”. Esto ya lo comprendía Hipócrates y el Dr. Hahnemann tampoco lo olvidó.

Cuando estés enfermo, mira primero tu columna vertebral.

Cualquiera que desee estudiar medicina debe dominar el arte del masaje.

Un gran médico y maestro me dijo hace mucho tiempo, cuando yo estaba comenzando mis estudios de medicina, que una de las cosas más bonitas para un médico era poder hacer medicina con sus propias manos. Y así, ya en segundo de carrera, empecé a formarme en osteopatía y masaje.

Durante la década de 1870 el Dr.  Andrew Taylor Still comienza a desarrollar lo que él mismo denominó como osteopatía. Como ya explicaba en este post, esta terapéutica busca recuperar el equilibrio mecánico de nuestro aparato locomotor y de todo nuestro entramado conectivo pues entiende que las funciones fisiológicas de nuestro organismo están directamente relacionadas con la salud de nuestra estructura.

El Dr. Still resumió en tres pilares básicos los fundamentos de esta terapéutica:

  • El ser humano es una unidad indivisible de cuerpo, mente y espíritu.
  • El cuerpo tiene mecanismos de autorregulación que le permiten defenderse, repararse y remodelarse.
  • La estructura y la función están conectadas, influyendo siempre la una en la otra.

Y así, tanto el Dr. Still como el Dr. Hahnemann no hacen más (ni menos) que recoger, sistematizar y desarrollar en forma de terapéuticas los postulados que Hipócrates ya trasladaba a sus propios alumnos hace 2500 años.

Sobre la relación entre el médico y su paciente.

Algunos pacientes, aunque conscientes de que su condición es peligrosa, recuperan su salud simplemente por su satisfacción con la bondad del médico.

Hipócrates ya era plenamente consciente de que la naturaleza de la relación entre el médico y sus pacientes era fundamental en el devenir de la enfermedad.

El acto médico es un acto de amor mucho más allá de toda la ciencia con la que, además, queramos investirlo. Lo digo de otra manera; toda la ciencia del mundo no construirá la mejor medicina si le falta amor.

Porque ya decía también Hipócrates sobre los deberes del médico:

Cura a veces, trata con frecuencia, consuela siempre.

No siempre podemos ofrecer tratamientos eficaces, no siempre podemos curar a nuestros pacientes e, incluso en demasiadas ocasiones, no podemos casi ni aliviar sus dolores, pero acompañarles y consolarles, eso siempre podemos. Ese es el amor que siempre irá más allá de la ciencia.

La principal virtud que puede tener el lenguaje es la claridad, y nada le resta tanto como el uso de palabras desconocidas.

Si la comunicación no funciona, nada funciona. Y toda esa jerga que los médicos solemos usar, demasiado a menudo, hace muy difícil que nuestros pacientes nos comprendan y se sientan comprendidos.

A los médicos nos cuesta bajarnos de ese pedestal al que nos ha subido la medicina moderna, la medicina de la ultratecnología que todo lo puede. O eso es lo que nos quiere hacer creer: que si no lo puede hoy, lo podrá mañana. Pues una buena manera de empezar sería simplificar nuestro lenguaje cuando hablemos con nuestros pacientes. Ellos nos entenderán mucho mejor y se sentirán mucho más tenidos en cuenta.

El paciente debe combatir la enfermedad junto con el médico.

El paciente junto con el médico, ni tan siquiera el médico junto con el paciente. Para Hipócrates el protagonista en el acto médico no es el galeno sino el paciente. Él es el dueño de su vida y de su salud y nosotros, los médicos, estamos ahí para acompañarle y guiarle, pero siempre respetando la absoluta soberanía que el paciente tiene sobre su vida y su cuerpo.

Al igual que el concepto de la medicina biopsicosocial, el de la toma de decisiones compartidas también es algo que poco a poco quiere ir imponiéndose en el día a día de la práctica médica.

Como muy bien explica el Dr. Torres en su post La Homeopatía en la toma de decisiones compartidas, “la toma de decisiones compartidas (TDC)2,3,4, es un proceso colaborativo que lleva a pacientes y profesionales de la salud a la toma de decisiones de forma conjunta considerando la mejor evidencia científica disponible y los valores y preferencias del paciente”.

Sin olvidar que la última palabra la tendrá siempre el paciente a la hora de aceptar o no cualquier tratamiento que los profesionales de la salud pudiéramos ofrecerle. Cada persona manda en su cuerpo, ¡faltaría más!

Si no eres tu propio médico, eres un tonto.

Por si quedaba alguna duda del protagonismo que otorga Hipócrates a la persona en el cuidado de su salud.

Sobre los deberes del médico.

La mejor medicina de todas es enseñarle a la gente cómo no necesitarla.

La función de proteger y desarrollar la salud debe ser incluso superior a la de restaurarla cuando está deteriorada.

¿Cuánto nos hablan a los médicos en la facultad de alimentación saludable?

¿Y de actividad física y ejercicio?

¿Y de equilibrio emocional y de habilidades de relación y de comunicación?

¿Cómo se puede educar y asesorar en hábitos de vida en 5 minutos de consulta a pacientes que, muchas veces, ni conoces?

Muy difícil nos lo pone la actual dinámica de la medicina para que los médicos podamos cumplir con este precepto hipocrático.

Tonto el médico que desprecia el conocimiento adquirido por los antiguos.

Si un grave problema tiene la medicina y la ciencia moderna es el orgullo, la prepotencia. Este cientifismo que se ha adueñado de la verdad y que se ha erigido como juez y parte de lo que las personas debemos creer y pensar, no creo que fuera muy del gusto del que ellos mismos llaman el padre de la medicina.

Despreciar el saber y la experiencia de terapéuticas como la homeopatía, la acupuntura, la osteopatía o el naturismo me parece de una gran pobreza mental a esta altura de la historia de la humanidad.

Haz un hábito de dos cosas: ayudar o, al menos, no hacer daño.

Primun non nocere; lo primero, no dañar.

Esa es la Ley de Oro de todo médico y lo que vemos es que la tercera causa de muerte en nuestro mundo occidental está relacionada con los actos médicos y con los efectos adversos de los medicamentos que usamos.

La iatrogenia, el daño involuntario ocasionado por el profesional de la salud a sus pacientes, se ha convertido en uno de los mayores problemas de la medicina actual. Incorporar en la práctica habitual de la medicina terapéuticas como la homeopatía, la osteopatía, las plantas medicinales y todas las estrategias de la medicina naturista, harían de nuestra medicina una medicina más eficaz y segura.

Divina es la tarea de aliviar el dolor.

El dolor es el principal síntoma asociado a la enfermedad. Es una alarma que el cuerpo dispara para que sepamos que algo no está yendo bien.

En este sentido, la medicina actual ha desarrollado técnicas y medicamentos muy potentes a la hora de controlar el dolor, pero a la vez, ha olvidado otras opciones y terapéuticas de inestimable valor, como la homeopatía o la acupuntura entre otras, que podrían ayudar en este mismo propósito y enriquecer las opciones de tratamiento para nuestros pacientes.

Es muy interesante la visión integrativa del manejo del dolor extremo y crónico que la Dra. Itziar Lezamiz, paliativista experta en homeopatía, nos presenta en este post que publicamos en octubre en conmemoración del Día Mundial de los Cuidados Paliativos.

Según sus propias palabras, “dentro de los tratamientos integrativos que ayudan a los pacientes en situación de cuidados paliativos, la terapéutica homeopática se ha demostrado, en múltiples trabajos, una de las más eficaces para aliviar el sufrimiento físico, emocional, psicológico y espiritual de estos enfermos, permitiendo reducir la carga necesaria de medicación química convencional, minimizando así sus efectos secundarios y mejorando su tolerancia”.

Algunas reflexiones.

Creo que Hipócrates, el padre de “nuestra” medicina, no estaría muy contento de hacia dónde están yendo sus hijos, si bien es cierto que conceptos como los ya mencionados de la medicina biopsicosocial, la toma de decisiones compartidas o el de la escucha activa en la relación entre el médico y sus pacientes, nos hace pensar que algo está cambiando en este devenir de la medicina moderna. Y más nos vale porque si no el futuro de la atención médica pinta muy feo. Pero bueno, como decía mi abuela: “A la fuerza ahorcan”.

El desarrollo médico-tecnológico, farmacológico y todos los avances de la ciencia carecen de sentido si no se acompañan, en igual medida, de un desarrollo de los valores y de la sensibilidad humana. En este mundo no faltan recursos para que todos vivamos en paz y abundancia, lo que falta es amor y el sentimiento fraterno de que todos somos una gran familia. Y en la medicina pasa lo mismo.

Como ya afirmaba nuestro compañero el Dr. José Ignacio Torres, la medicina está enferma: “La medicina, se ha convertido en una cultura industrializada del exceso y, paradójicamente, en una amenaza para la salud, al haber llegado a la ley de los rendimientos decrecientes; cada vez gastamos más recursos para obtener menores progresos en términos de salud a la vez que generamos más discapacidad y dependencia”. Os animo a leer este post titulado: Siete propuestas para curar la medicina. No tiene desperdicio y por cierto lo escribió tras participar en el evento Conversaciones con Hipócrates, los Primeros Encuentros on line de Médicos Humanistas.

La homeopatía es una terapéutica muy humilde, no aspira a curarlo todo ni a sustituir al resto de las terapéuticas médicas. Solo quiere ser parte de la medicina sabiendo, eso sí, lo que puede aportar de valioso al arte médico:

  • Una visión global, biopsicosocial, del ser humano y de su sufrimiento.
  • Una terapéutica que funciona estimulando los propios recursos de sanación del cuerpo.
  • Y los medicamentos homeopáticos, los más seguros de entre todos los medicamentos que podemos encontrar en nuestras oficinas de farmacia.

Esto de ser médico parece que no es tarea fácil, hace falta mucho conocimiento y mucho amor e Hipócrates ya lo sabía. Dedico este último aforismo a todos mis compañeros sanitarios para que reflexionemos sobre el compromiso que asumimos a la hora de cuidar de nuestros semejantes.

Los médicos son muchos en el título, pero muy pocos en la realidad.

#HomeopatíaSuma

Sobre el Autor

Dr. Guillermo Basauri
Dr. Guillermo Basauri

Soy Guillermo Basauri, médico formado en Homeopatía y Osteopatía. Ejerzo la medicina desde el año 92, actualmente en Getxo (Bizkaia), y siempre me han interesado las terapéuticas que estimularan los propios recursos del organismo, que son extraordinarios, para llevarlo de nuevo a la salud.

Además, dirijo un espacio sobre salud y Homeopatía todos los domingos por la mañana en Radio Popular de Bilbao-Herri Irratia y soy profesor del CEDH. Y ambas cosas me apasionan.

Y, eso sí, en mi tiempo libre lo que más me gusta es ir con mi mujer a la montaña. Me ayuda a no olvidar que vivimos en un planeta de una belleza que emociona.

11 Comentarios

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  • Excelente reflexión acerca de la Homeopatía, sus funciones, su finalidad y sus raíces. Como médicos deberíamos ser más humanistas y ser más empáticos con nuestros pacientes, muchos de ellos, solo buscan a alguien que les escuche sobre sus padecimientos emocionales más que de sus verdaderas enfermedades físicas.

    • Muchas gracias copañero por tu amable comentario y decirte que no podría estar más de acuerdo contigo en tus reflexiones sobre el arte de la medicina.

      Un saludo muy afectuoso. Feliz día.

    • Muchas gracias compañero por tu amable comentario, con el que no podría estar más de acuerdo.

      Un saludo muy cordial y muchas gracias de nuevo.

  • Qué interesante y qué sabio, querido Guillermo, es el contenido de este post, y qué bien nos viene recordar a Hipócrates en estos tiempos de confusión y pérdida de referentes verdaderamente humanos y verdaderamente terapéuticos. Homeopáticos.
    Muchas gracias y un gran abrazo

    • Sí Sol, a veces parece que hemos perdido el Norte y volver a los Maestros es una buena manera, en mi humilde entender, de reorientarnos de nuevo.

      Otro abrazo para ti.

  • ¡Estupendo post Guillermo!, muy buenos los aforismos y genial ese acercamiento Hipócrates -Hahnemann.
    Un fuerte abrazo!

  • Un artículo detallado y muy interesante.soy usuaria de la homeopatía y me parece que la divulgación de esta medicina puede hacer mucho bien y acercar posturas.
    Muchas gracias

    • Muchas gracias Arantza por tu amable comentario que tanto nos anima en nuestro empeño de seguir divulgando esta maravillosa terapéutica y acercando a las personas.

      Un saludo y muchas gracias de nuevo. Feliz día.

    • Hola Noemi, encantado de saludarte.

      Muchas gracias por compartir tu larga experiencia.

      Te mando un saludo muy afectuoso y te deseo un feliz día.

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