El opio en homeopatía: OPIUM, el dolor que no cesa

No derramar lágrimas por las mejillas durante un día ni, aunque hubiera muerto tu padre y tu madre, o maten ante tus ojos a tu hermano o hijo, dice Homero sobre los efectos del opio. 

Después de mi post sobre la epidemia de adicción a opiáceos que se extiende por el mundo, no podía dejar de mencionar al opio como medicamento homeopático, Opium.

Vamos a ver, pues, qué es el opio homeopático, de dónde se extrae, cómo se ha utilizado a lo largo de la historia y para qué se prescribe en homeopatía.

Y recuerdo, antes de nada, que para los diferentes dolores de las distintas enfermedades en homeopatía disponemos de muchos otros medicamentos y no necesariamente Opium, que tiene indicaciones muy concretas.

¿De dónde se extrae el opio?

El opio se extrae de la adormidera, (Papaver somniferum), familia Papaveraceae. Es una planta anual, similar a la amapola común, que nace en otoño y vive hasta el verano siguiente, con tallos de 0.5 a 1.5 m. de altura, con hojas grandes, lobuladas, verdes, abrazando al tallo por su base. Todas las partes de la planta contienen un látex blando.

Para obtener el opio en bruto se efectúan unos cortes a lo largo de la circunferencia de la cápsula que permite que el látex lechoso fluya y se endurezca.

Origen de la planta del opio

La planta parece ser originaria del Mediterráneo o el Asia Menor y hay pruebas de su cultivo desde hace más de 4000 años.

En la actualidad, se intenta erradicar su cultivo ilegal mediante acuerdos internacionales, para evitar la producción de heroína. El 90% de la producción se encuentra en Afganistán y Myanmar.

¿Qué es el opio?

El látex extraído de la adormidera contiene unas dos docenas de alcaloides. El más importante de ellos es la morfina que se halla en dicho jugo.

Otros alcaloides son la codeína, la papaverina y la narcotina.

Opiáceos

Las moléculas de opiáceos tienen propiedades analgésicas similares a los compuestos llamados endorfinas o encefalinas producidos en el organismo. Con una estructura similar, las moléculas de opiáceos ocupan muchos de los receptores nerviosos de éstas y proporcionan el mismo efecto analgésico que el producido de forma natural.

Intoxicaciones por opio

En pequeñas dosis los opiáceos producen primero excitación psíquica, con sensación de placer y euforia, pero cuanto mayor es su empleo mayores son las cantidades que demanda el organismo para alcanzar el mismo estado de bienestar.

También disminuyen la sensibilidad y la motricidad de la musculatura lisa intestinal (estreñimiento), del útero y los bronquios.

En dosis altas, produce depresión de la actividad respiratoria, vómitos, miosis, disminución de la capacidad intelectual, estreñimiento, retención de orina, bradicardia, hipotensión

Su retirada origina muchas alteraciones por lo que los adictos mantienen su consumo con el fin de evitar los efectos adversos, más que alcanzar el estado inicial de euforia. La malnutrición, las complicaciones respiratorias y el descenso de la TA, son algunos de los trastornos asociados a la adicción.

Mitología relacionada con Opium

Estudiar el origen de una sustancia, su simbolismo, su mitología, si la tiene, su uso tradicional o del folklore, y todo aquello que nos acerque a la sustancia siempre me ha parecido una excelente aproximación a lo que después será el medicamento en sí. Es algo que siempre he recomendado encarecidamente en mis clases a todos los alumnos sanitarios que estudian homeopatía. No solo hay que memorizar con la cabeza sino con el corazón, en lo más parecido que hay a una experimentación homeopática.

En nuestro caso, Opium viene a significar “zumo”. Morfina viene de Morfeo dios de los sueños, entendidos estos como formas del sueño, “apariencia de engaño”. Morfeo es hijo de Hipno, el Sueño y de Nicte la Noche, pero no la que representa las Tinieblas subterráneas, en particular las de los Infiernos, sino las Tinieblas celestes. Está provisto de alas y tiene como tributo una flor de adormidera.

Quizá sea interesante añadir que Hipno es hermano gemelo de Tánato, la Muerte y que en el país de Hipno mana el Leteo, la fuente o el río donde beben las almas para olvidarse de su vida terrestre y purificarse antes de entrar en un nuevo cuerpo.

¡Qué belleza tienen los mitos y lo símbolos! Y qué gran influencia tienen aún en nuestras palabras y nuestros conceptos.

Historia antigua del opio

Opio quizá fuese la droga que, en “La Odisea” de Homero, como decía al principio, Polidamna da a Helena y que esta vierte en la copa de Menelao y Telémaco. 

“…entonces Helena, hija de Zeus, pensó otra cosa y al punto echó en el vino del que bebían una droga para disipar el dolor y aplacadora de la cólera que hacía echar a olvido todos los males. Quienes la bebían después de mezclada en la crátera, no derramarían lágrimas por las mejillas durante un día ni, aunque hubiera muerto su padre y su madre, o mataran ante sus ojos con el bronce a su hermano o su hijo …”

He extraído algunos otros datos de la muy recomendable “Historia de las drogas”, de A. Escohotado, donde se resaltan la antigüedad e importancia cultural del opio:

  • En algunas tablillas de Mesopotamia se representa la adormidera con dos signos, de los cuales el segundo significa también “gozar” o “júbilo”
  • En Egipto se habla de la adormidera como la “planta spen” y se utiliza como analgésico y tranquilizante. En el papiro de Ebers se habla de la curación de una jaqueca del dios Ra con un té hecho con cabezas de adormidera.
  • En asentamientos celtas se han encontrado semillas de distintas variedades de adormidera.
  • En Grecia, aparte de lo ya dicho, la adormidera (además de las gavillas) eran el símbolo que acompañaba a Deméter en muchas representaciones (en otras sería más como recuerdo de lo que alivió su dolor por la pérdida de su hija Perséfone). De Deméter y Perséfone (un mito de gran belleza) vienen los misterios eleusinos, una serie de ritos y ceremonias que duraron hasta el siglo IV d. C. y a los que se sometieron nombres señeros tales como Platón, Aristóteles, Plutarco o Cicerón
  • El único ingrediente común de las triacas en la medicina griega y helenística era el opio y ya se habla de él tratado hipocrático “Sobre la enfermedad de las mujeres” (histeria) en que se recomienda su uso para toda clase de “sofocaciones uterinas”.
  • Prácticamente todos los emperadores romanos tomaban a diario triacas (con opio), y este era consumido por la población como una costumbre más y sin mayores problemas con adicciones, marginación social o enfermedades.
  • Para Paracelso era el remedio más prodigioso de todos, “piedra de la inmortalidad” que llevaba siempre, según se dice, en el pomo de las sillas de montar.

En resumen podemos decir pues que el consumo de opio ha sido históricamente generalizado y loado en la mayor parte de culturas, sin apenas problemas hasta la historia más reciente. Se ha empleado como anestésico, analgésico, euforizante, y para sobrellevar el dolor físico y mental de distintas situaciones, incluso las de la vida normal.

Historia moderna del opio

En realidad, fue hacia la mitad del S. XVII, cuando el opio empezó a fumarse en China, apareciendo algunos problemas serios de adicción. En el S. XVIII la adicción era tan grave que los chinos intentaron prohibir su cultivo y su comercio con los países occidentales. Al mismo tiempo el opio se introdujo en Europa y América donde la adicción superó su uso analgésico.

Con la introducción de la jeringa hipodérmica durante la Guerra Civil Americana, se hizo indispensable para el tratamiento de pacientes que requerían cirugía, porque se pensaba que de por esa vía no era adictivo, pero se demostró que producía una adicción aun mayor. Se abrigó la misma esperanza con la heroína, descubierta en 1898, pero esta droga es aun más potente en la producción de dependencia.

Se denominan Guerras del Opio (1839-1843, 1856-1860) a dos conflictos bélicos librados entre Gran Bretaña y China por los cuales las potencias occidentales consiguieron importantes privilegios comerciales y territorios. Se iniciaron cuando el gobierno chino intentó poner fin al contrabando de opio realizado por los comerciantes británicos procedentes de sus posesiones en India y Sureste asiático. Al final, la importación de opio fue legalizada en negociaciones posteriores.

Tb hay que comentar que otras muchas preparaciones farmacéuticas incorporaban opio. Una de las más conocidas es el láudano.

El mismo Dr. Samuel Hahnemann ya comenta que no hay ninguna otra medicina que suprima las quejas de los pacientes más rápidamente que el opio y que, confundidos por ello, los médicos han hecho un inmenso uso (abuso, especifica) y ello supone un enorme y extendido daño.

Y esto lo escribe en ¡1830! adelantándose así a la epidemia de fármacos opioides que sufrimos en la actualidad y que va en aumento y de la que di cuenta en el anterior post.

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Vincent Van Gogh, «el dolor (sorrow)”
The New Art Gallery Walsall, Birmingham

Opio medicamento homeopático- Signos característicos

¿Cuáles son los síntomas característicos por los que vamos a prescribir, ahora sí, Opium (que es como se denomina en homeopatía)?

  • Ausencia de dolor, insensible a las impresiones externas
  • Trastornos por susto (muy importante, aunque no es el único medicamento), a la vista de un accidente, shock mental, que le lleva a retirarse en un mundo interior (p. ej. ahoga sus problemas en bebida, trastornos por dipsomanía).
  • El miedo del susto permanece (no puede desprenderse de ello).
  • Absorto en un mundo interior, estado estuporoso.
  • Disminución de la capacidad de juicio.
  • Temerario, valentía, sin miedo.
  • En Embarazo:
    • Miedo y susto (embarazos no deseados, aborto, pensamientos o intentos de aborto, guerras, accidentes)
    • Complicaciones en el parto: vuelta de cordón, placenta previa, cesáreas, fórceps,
    • Muerte de familiares,
    • Tratamientos con analgésicos, opiáceos,  
  • Todas las secreciones (heces, orina, reglas) disminuyen, excepto las de la piel.
  • Cara rojo-oscura, hinchada, caliente, sudorosa, con miosis (pupilas contraídas).
  • Parálisis de intestinos y vejiga; ejemplo, después de laparotomía.
  • Trastornos con somnolencia. Gran somnolencia tras traumatismo cefálico; después de cirugía (permanece estupefacto).
  • Heces duras y negras.
  • Respiración estertorosa, ronca.
  • Tos seca y dolorosa precedida y seguida por bostezo.
  • Peristaltismo invertido.
  • Insomnio con hipersensibilidad auditiva

¿Para qué se usa Opio en homeopatía?

Con esta sintomatología (muy resumida) las indicaciones clínicas en las que Opium podría ser útil son:

  • Obnubilación prolongada, estupor, tras anestesia general. A propósito de ello, hay casos bien descritos en la literatura homeopática de recuperaciones de coma tras traumatismos craneoencefálicos severos, accidentes cerebrovasculares, etc.
  • Parálisis intestinal con estreñimiento, después de cirugía, por ejemplo
  • Trastornos del sueño, sobre todo apneas
  • Insomnios por susto, miedos
  • Conductas adictivas, alcoholismo crónico, abstinencia alcohol y opiáceos

Literatura y opio

Como todo lo que hoy día consideramos “drogas”, el opio tiene una amplia representación en el mundo del arte.

En la literatura, en concreto, consumidores de opio fueron Byron, Shelley, Dickens, Dumas, Poe, Novalis, Keats, Wilkie Collins, Gautier, Cocteau, Burroughs y un larguísimo etcétera.

  • Ch. Baudelaire incorpora sus experiencias en “Las flores del mal” y sobre todo en “Los paraísos artificiales”
  • J. Cocteau en “Opium”, donde narra su adicción al opio
  • W. Burroughs, legendaria figura de la generación beat norteamericana del pasado siglo, novela en “Yonqui” el tema de las drogas, sobre todo la heroína.

Pero quizás es Thomas de Quincey (1785-1859), en sus “Confesiones de un inglés comedor de opio” quien con más amplitud describe los efectos del opio después de más de cincuenta años de experiencia como consumidor de la sustancia

Durante los primeros 8 o 10 años habla de “los placeres del opio”, a pesar de tomar cantidades muy altas, equivalentes a unos 2 gramos de morfina diarios, capaces de matar a varias personas no familiarizadas con el fármaco. En ese tiempo lo tomaba habitualmente los fines de semana. En esos años niega que a la exaltación que produce siga necesariamente su correspondiente depresión y que la somnolencia o embotamiento físico o mental de existir, es mínimo. Es más, dice que sus efectos primordiales son siempre de excitar y estimular el sistema en el más alto grado.

Sin embargo, por un suceso doloroso que no especifica comienza a tomar opio de forma desmesurada y más frecuente. Ahí es entonces cuando empieza lo que él denomina “los tormentos del opio”, “terrores que guarda el opio para vengarse de quienes abusan de su condescendencia”. Aquí es donde intenta dejarlo y tiene terribles síntomas de abstinencia con trastornos generales, gástricos, ensoñaciones terribles, insomnio, etc.

Veamos algunos pasajes, muy gráficos, para los que estéis interesados

· Parálisis intelectual, embotamiento y merma de facultades. Incapacidad para cualquier tarea intelectual, por nimia que fuera, y tendencia a posponerlo todo….

“…el comedor de opio no pierde ninguno de sus escrúpulos morales, ninguna de sus aspiraciones: anhela y desea, con el mismo fervor de siempre, llevar a la práctica, lo cree posible y siente que el deber lo conmina; per su aprehensión intelectual de lo que es posible sobrepasa infinitamente su capacidad no solo para hacerlo, sino también para intentarlo…”.

“…sensación de profunda repugnancia por todo asunto en el que hubiera ocupado sus pensamientos o sobre el que hubiera ejercido sus poderes de composición sobre cualquier periodo de tiempo, y una similar repugnancia por el resultado de sus esfuerzos… odio absoluto por todo lo que había conseguido producir…”

· Disminución del juicio:

“…la capacidad de juicio alguna vez se resentía penosamente y en ocasiones quedaba por completo abolida para con todo aquello que había escruto recientemente…” “…es como la simple impotencia infantil, o parálisis senil, de la capacidad de juicio, que llena de angustia a quien la sufre en el intento de comprender la consecuencia y el efecto total de lo que él mismo acaba de componer…se observa la misma imbecilidad en ese intento de mantener unidas las cosas, de comprenderlas y unificarlas en un acto de la facultad del juicio…”

· Percepciones distorsionadas sobre el tiempo y el espacio: sueños laberínticos, abismos, pesadillas góticas de espacios, galerías, etc. en calles de Londres, en junglas exóticas:

“…me parecía cada noche descender, no en el sentido metafórico, sino literalmente descender, por simas, abismos desolados, hasta el fondo de los fondos, del que ya no esperaba volver a salir…”

“…tanto el sentido del espacio, como al cabo, el sentido del tiempo, se vieron poderosamente afectados. Los edificios los paisajes, etc. se mostraban en proporciones tan vastas que el ojo corporal no estaba en condiciones de recibir. El espacio se henchía y se expandía hasta un grado de indefinible infinitud. Esto, sin embargo, no me causaba tanta molestia como la vasta expansión del tiempo. A veces me parecía haber vivido 70 o 100 años en una noche; qué digo, en ocasiones sentía como si en ese momento hubiera transcurrido un milenio, o en todo caso, un tiempo de duración muy superior a los límites de cualquier experiencia humana…”

· La comparación con el alcohol es odiosa:

 “…se me hace difícil creer que nadie que haya gustado de los divinos placeres del opio pueda descender luego a los goces groseros y mortales del alcohol…”

· Y, finalmente,

“…es notable que durante todos los años que tomé opio no atrapé un solo resfriado, una sola tos…”

 “…el opio ordena las facultades mentales, y da la armonía más exquisita…” “…la expansión de los sentimientos benévolos característicos del opio no es un acceso febril, sino una saludable restauración al estado de la que la mente recobra de modo natural el suspenderse cualquier honda irritación de dolor que altere y contrarreste los impulsos de un corazón de por sí justo y bueno…” “…en suma el comedor de opio siente que n él predomina la parte más divina de su naturaleza, lo afectos morales se encuentran en un estado de límpida serenidad y sobre todas las cosas se dilata la gran luz del entendimiento majestuoso…”.

Y para acabar con esta apasionante sustancia os dejo otra frase de otro escritor, A. Malraux:

“El opio enseña una sola cosa, que es que, aparte de sufrimiento físico, no hay nada real”.

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Bibliografía

  • Escohotado A., Historia de las drogas, Alianza Editorial, Madrid,1989
  • Hahnemann S., Materia Medica Pura vol II,  Jain Publishers, New Delhi, 1995
  • Frans Vermeulen, Prisma, Similars and parallels between substance and remedy, Emryss Publishers,  Haarlem, 1992
  • Margaret L. Tyler, Homeopathic Drug Pictures, Jain Publishers, New Delhi
  • E. B. Nash, Fundamentos de terapéutica homeopática, El Ateneo, Buenos Aires, 1979
  • Rajan Sankaran, An insight into plants vol II, Homeopathic Medical Publishers, Mumbai, 2002
  • Jan Scholten, Wonderful plants, Stitching Alonnisssos, Utrecht, 2013
  • Tomas de Quincey, Confesiones de un inglés comedor de opio, Ediciones Cátedra, Madrid, 1997

Sobre el Autor

Dr. Gonzalo Fernández-Quiroga
Dr. Gonzalo Fernández-Quiroga

Tal como decía Holden, “Si de verdad les interesa lo que voy a contarles, lo primero que querrán saber es dónde nací, cómo fue todo ese rollo de mi infancia…”

Bueno, pues nací en un pequeño pueblo de montaña donde por la noche se contaban historias. Las mujeres que venían a casa con sus candiles, se sentaban, hilaban y contaban. Todas aquellas largas noches nevadas de invierno escuchando historias. Historias de todo tipo, de miedo, de muerte, de espíritus, de risa, amor, de desamor. Historias.

Después estudié y me licencié en Medicina por  la Universidad de Barcelona (UB). Hice el postgrado en Homeopatía por la UB-Academia Médico Homeopática de Barcelona (AMHB). He sido Director del Máster de Medicina Homeopática de la UB (2011-2016) y de la propia AMHB. Me encanta la docencia y ahora sigo de profesor de homeopatía en la AMHB y el CEDH. También cursé el Máster en Terapia Breve Estratégica, en su primera promoción, con el equipo de G. Nardone en el Institut Gestalt de Barcelona (2000-2002) que ha influido mucho en mi formación.

He incorporado, pues, la Homeopatía y la Terapia Breve a mi consulta médica para así abordar las historias de los pacientes en todas sus dimensiones: física, emocional, comunicacional y también, de algún modo, espiritual.

Porque, más de allá de todo, sigo escuchando historias. Historias extrañas, dramáticas, desesperanzadas, vitales. Intento curarlas o aliviarlas con la ciencia y el arte médicos. Cambiar esas narrativas, esos patrones, físicos y emocionales, que nos aprisionan. Y para ello, primero, busco comprender la historia verdadera. La historia verdadera de cada uno de nosotros.

Me apasiona la literatura, la poesía, el cine, la comunicación... La naturaleza. La belleza de todas las cosas. El humor. La vida, en una palabra.

Como médico, y como científico, aún creo en la antigua magia que tienen las palabras.

Ordet.

6 Comentarios

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  • Genial, Gonzalo! este estudio profundo y sencillo de algo tan importante como la función analgésica de los remedios farmacológicos, que alivian y al mismo tiempo y ,tantas veces, demasiadas, pueden provocar adicciones y daños peores que los males que alivian momentáneamente.
    Una de las propiedades más valiosas de la Homeopatía es su capacidad para educar en la misma escuela el cuerpo, las mociones y el pensamiento de la humanidad. En esa ciencia integradora nada está suelto y todo contribuye al gran objetivo: el desarrollo holístico del ser humano en su habitat planetario, digamos que el más completo equilibrio que hasta ahora hemos ido descubriendo y desarrollando paso a paso.

    Hay en el uso de los opiáceos ciertas coincidencias con ‘el efecto’ bioquímico de las experiencias espirituales, las de nuestros registros y planos más sutiles, y eso con demasiada frecuencia lleva a la adicción a quienes usan habitualmente esas sustancias como remedios clínicos de dolores y molestias físicas y anímicas, pero sin que el proceso forme parte de un camino consciente asumido y un trabajo de búsqueda, como diría el homeópata del alma Juan de Yepes,: «de la noche oscura al cántico espiritual». Lo que para quienes trabajan espiritualmente no supone riesgos para la salud porque el proceso es consciente y va unido en todos los aspectos. No hay efecto droga ni enganche, sino un crecimiento personal liberador de ataduras que solo puede lograrse sanamente, que genera una salud fluida sin dependencias, natural, fresca y diría que feliz -no necesariamente eufórica- , en medio de cualquier circunstancia. Es vivir en un ‘satori’ zen con normalidad total, sin tenerse que ‘colocar’ con nada ni creerse por encima ni por debajo de nadie, porque en realidad ese camino está al alcance de todos y además ¡es gratis!. El mejor ‘sueldo’ con que la vida puede pagarnos el curro.
    Nuestro reto como especie es iniciar e ir recorriendo ese camino, siempre desde lo más sencillo y práctico, desde la manifestación más elemental y sana de la conciencia, inseparable del amor fraterno, de la empatía a la simpatía, como vosotros, queridos médicos de familia y homeópatas.

    Muchas gracias por todo y felicidades, querido Gonzalo, por caminar sin retroceder ni un palmo
    Un fuerte abrazo!

    • Hola Sol,
      sí, exactamente eso. Siempre me ha interesado el estudio de lo que conocemos como «drogas» que no son más que sustancias que correctamente utilizadas pueden ser de ayuda en algunos de los caminos espirituales y que, por ello, existen, desde que el hombre es hombre.
      La cuestión es cuando se dexcontextualizan, cuando se simplifican para tomar algún tipo de «atajo» que suele ser grosero y no acabar bien. Lo que ha ido pasando, y pasa, en nuestros tiempos, mayormente, ávidos de «experiencias».
      En los otros usos, para mitigar el dolor, es fácil también caer en adicciones, como también estamos viendo, dado que toca esa emoción tan profunda y misteriosa en tantos aspectos como es el dolor.
      Pero, como dices, seguramente para los caminos espirituales no hay atajos y hay que confiar más en el esfuerzo (consciente e inconsciente) y la práctica.
      Gracias por el comentario
      Un abrazo!

  • Interesantes apuntes de un fármaco tan utilizado en la UVI en su forma sintética.
    No conocía este dibujo de Van Gogh que expresa entre otras cosas el dolor.

    Gracias por el artículo.

    • Gracias a ti MIriam,
      Como digo en el post en nuestra medicina convencional utilizamos (demasiado en mi opinión) los opiáceos sobre todo en atención primaria. En homeopatía, sin embargo, tenemos muchos otros medicamentos para tratar el dolor.
      Lo del dibujo de van Gogh tiene historia. Representa a una mujer embarazada Sien Hoornik, indigente, prostituta y con problemas de alcoholismo. Van Gogh se la llevó consigo a su casa y convivió con ella más de un año. Incluso pensó casarse con ella. Parece ser que ese fue un buen tiempo de felicidad para ambos. Al final, ella recayó en al alcohol y la prostitución y la convivencia se deterioró. Van Gogh se fue. Hoornik acabó suicidándose 10 años más tarde.
      Van Gogh tenía en muy alta estima ese dibujo.Y, según dice, quería hacer algo conmovedor, que salía directamente de su corazón…
      Un afectuoso saludo

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