El deterioro de la salud mental en los tiempos del COVID. La verdadera pandemia.

En este vídeo-post tan solo quiero plantear algunas preguntas y reflexiones sobre el impacto emocional que está teniendo toda la era COVID, permitidme que la llame así porque esto ya lleva dos años afectando a la salud emocional de todos nosotros.

A principios del 2021 escribía en este mismo blog un post sobre el síndrome de la cabaña, el miedo que muchas personas han desarrollado a salir de casa tras sufrir todas las medidas de aislamiento y confinamiento desplegadas durante el comienzo de la era COVID. Quiero transcribir parte de ese mismo post para volver a contextualizar la realidad emocional que dejaron las medidas implementadas frente al virus.

“Un estudio desarrollado por la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED), titulado «Impacto psicológico de la pandemia de COVID-19: Efectos negativos y positivos en población española asociados al periodo de confinamiento nacional», pone de manifiesto algunos datos dignos de mencionar:

  • Al comienzo de la pandemia y de sus medidas se dio un claro aumento de los cuadros de ansiedad, manifestándose en forma de alteraciones del sueño y sentimientos intensos de miedo a enfermar, preocupación por el futuro y pérdida de esperanza e ilusión. Esto se dio tanto en hombres como en mujeres, aunque de una forma significativamente más intensa entre estas últimas.
  • Según avanzaba el proceso comenzaron a repuntar las conductas compulsivas relacionadas con el miedo al contagio y el mantenimiento de la higiene, así como otras actitudes también compulsivas que tenían que ver con el autotestado permanente del estado de salud.
  • Mientras los confinamientos se alargaban en el tiempo, a lo que se añadía la incertidumbre sobre su duración, comenzaron a aparecer los problemas de convivencia y los conflictos familiares y de pareja como elementos desestabilizadores del equilibrio emocional. En realidad, causa y consecuencia a la vez.
  • Una situación de gran impacto emocional fue la forma tan inhumana en la que tantos pacientes llegaron a morir, sin la compañía de sus seres queridos. Esto, sin duda, tuvo que ser horrible para los fallecidos, pero no lo fue menos para sus familiares que los veían irse de esa manera, sin posibilidad de acompañarlos ni de despedirse. La imposibilidad de hacer un duelo natural lastró aún más el maltrecho ánimo de muchos ciudadanos.
  • Todo este cúmulo de vivencias acabó por disparar el número de cuadros depresivos y fóbicos, siendo también significativamente más importantes entre las mujeres.

Otra de las conclusiones que recoge este informe tiene que ver con el papel de los medios de comunicación en todo este panorama. Lo que la UNED constató es que la ansiedad era proporcional a la exposición que las personas tenían a los medios de comunicación. Cuanto más contacto tenían las personas con la televisión, radio y prensa, más se alteraban emocionalmente. Y creo que esto a día de hoy, lejos de cambiar, es cada vez más evidente.

Miedo, confusión y división.

Una sociedad cada vez más asustada, dividida y confundida. Eso es lo que yo percibo y ni las autoridades médico-sanitarias, ni nuestros políticos y gestores, ni los medios de comunicación están queriendo o sabiendo mejorar esta situación. Más bien, todo lo contrario.

Si verdaderamente esta pandemia que llevamos sufriendo desde hace ya dos años se merece medidas tan aplastantes, asfixiantes y destructivas de todo el entramado económico, social, humano y emocional de la humanidad, es que realmente a mí se me antoja que debiéramos estar frente a una infección de unas dimensiones apocalípticas, un virus exterminador.

Si así fuera, yo me pregunto sinceramente: ¿Cómo, a estas alturas, no se ha visto diezmada la población de todos esos países en donde sus habitantes viven hacinados, sin vacunas y sin higiene ni cuidados médicos básicos? 

El uso del lenguaje.

El “efecto devastador” de la COVID-19 en la salud mental.

Este es el titular de una publicación digital de la Organización de la Naciones Unidas, Noticias ONU, en el que se habla de un estudio titulado “Fortaleciendo las respuestas de salud mental a la COVID-19 en las Américas: un análisis de la política sanitaria y recomendaciones”, publicado en The Lancet Regional Health-Américas.

En este artículo se dice:

“El mensaje es claro: hemos estado operando en modo de crisis desde el inicio de la pandemia», afirmó el doctor Anselm Hennis, Director de Enfermedades No Transmisibles y Salud Mental de la OPS. «Además de manejar el miedo a enfermar y el trauma de perder a los seres queridos a causa del nuevo coronavirus, la gente de las Américas ha sufrido desempleo, pobreza e inseguridad alimentaria, y el impacto adverso en la salud mental ha sido generalizado», destacó.

En el documento se analizan además las consecuencias para la salud mental de las personas que padecieron el coronavirus. «Los datos existentes sugieren que a un tercio de las personas que sufrieron COVID-19 se les ha diagnosticado un trastorno neurológico o mental», dijo la autora principal del documento de la OPS, Amy Tausch. «Esperamos que el aumento de la carga de la salud mental pueda ser uno de los efectos más importantes de la COVID-19 a largo plazo», vaticinó.

Depresión, una enfermedad grave exacerbada por la pandemia.

En este otro artículo de Euronews se afirma:

La pandemia es un factor de riesgo en sí para todos los problemas emocionales según el Dr. Lorenzo Armenteros, Médico de Familia miembro del Grupo de Trabajo de Salud Mental en la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG), que ha participado en el XIX Seminario sobre Covid19 y depresión “La Tormenta Perfecta”. “Todo esto que hemos normalizado tiene un impacto en la salud: las mascarillas, no abrazarse…”

La mitad de la población general tiene síntomas de estrés, ansiedad, depresión y trastornos del sueño. Una disrupción que es un factor de riesgo para la depresión y la ansiedad. “La pandemia ha contribuido a que las alteraciones del sueño se multipliquen” en España, el país del mundo donde los niños duermen menos.

También el confinamiento drástico ha tenido un impacto en la salud mental. “Cuanta mayor restricción y más duradera, más impacto en los síntomas depresivos y de ansiedad”, explica el Dr. Eduard Vieta, Director Científico del Centro de Investigación Biomédica en Red de Salud Mental (CIBERSAM). Para este Catedrático de Psiquiatría de la Universidad de Barcelona y Jefe de Servicio de Psiquiatría y Psicología del Hospital Clínic, el impacto emocional del estrés generado por la COVID ha sido enorme.

El lenguaje crea realidades y por eso es muy importante estar muy atentos a lo que decimos y, por supuesto, a lo que leemos y escuchamos.

Si uno lee ambos titulares (invito a que volváis a hacerlo) el mensaje es claro: La enfermedad del COVID-19 es la causante de graves problemas de salud mental en la población general. De lo que se deduce que la enfermedad ha tenido que atacar severamente a una mayoría de la población y que, además, ha dejado graves secuelas en la salud mental de, también, la mayoría de los afectados.

Pero cuando pasamos a leer los artículos nos damos cuenta, si leemos con espíritu abierto y analítico, que lo que está devastando la salud emocional de la población no es la enfermedad, que afecta de forma severa a un porcentaje muy pequeño de la población, sino las medidas tomadas para combatirla.

Y aquí las preguntas surgen de nuevo:

¿En algún momento nos hemos encontrado ante una situación sanitaria que mereciera tales medidas y tal sufrimiento social?

Después de dos años de medidas ¿Cómo podemos seguir igual o peor, incluso estando a punto de endurecerlas ante la enésima ola?

Cuando algo no funciona ¿No es lo más razonable hacer algo diferente?

Si esta era una situación nueva para todos, políticos, autoridades sanitarias y “expertos” ¿Por qué no se abrió desde el principio un debate científico, médico y social libre y transparente?

¿Por qué los medios de comunicación masiva siguen alimentando el miedo y el enfrentamiento entre las personas?

¿Por qué cuanto más ve la televisión la gente, más enferma ésta emocionalmente?

¿Por qué ha llegado un momento en el que las personas tienen miedo a hablar y a expresar su opinión?

La antigua y la nueva normalidad.

Desde prácticamente el comienzo de la declaración del estado de pandemia, concepto que la OMS tuvo que cambiar para adaptarlo a la situación, nos hablaron de la nueva normalidad que venía para imponerse y quedarse. Siempre y todo por nuestro bien.

Yo, he de decir, que estaría encantado de caminar hacia una nueva normalidad porque, la verdad, la que habíamos construido tampoco me parece nada del otro mundo. Cada vez viviendo más deprisa, más distantes, interactuando mucho, pero comunicándonos poco. Cada vez más preocupados de lo que tenemos y de lo que quisiéramos tener, pero menos de lo que somos y de lo que podríamos llegar a ser. Cada vez más solos, pero más hacinados. Cada vez con más acceso a la información y cada vez más ignorantes y desinformados.

Lo que me pasa es que la sensación que me da, y entiendo que no todo el mundo tenga porqué vivirlo así, es que la nueva normalidad de la que nos hablan es la antigua, pero con más miedo, dependencia, incertidumbre, pobreza, enfrentamiento, individualismo y distanciamiento social y emocional entre las personas. Todo ello aderezado con cada vez un poquito menos de libertad y autonomía vital. ¿Estamos ante una situación sanitaria que justifique esta deriva hacia una realidad tan destructiva de nuestra (ahora lo llamamos salud mental) felicidad?

Como prometí, aquí sigo dejando preguntas.

Creo en las crisis.

La palabra crisis tiene varias acepciones en el diccionario:

  • Cambio profundo y de consecuencias importantes en un proceso o una situación, o en la manera en que estos son apreciados.
  • Situación grave y decisiva que pone en peligro el desarrollo de un asunto o un proceso.
  • Situación difícil de una persona o una cosa.

Crisis viene del griego y significa “separación”, “distinción”, “elección”, “discernimiento”, “disputa”, “decisión”, “juicio”, “resolución”, “sentencia”. Y de la misma raíz griega provienen otros vocablos como crítica o criterio. Las crisis son siempre los momentos en los que hemos de separar el grano de la paja, en los que hemos de elegir, de discernir hacia dónde vamos. Las crisis nos enfrentan a nuestro discernimiento, a nuestro juicio y nos impulsan a decidir y a avanzar.

Estoy profundamente convencido de que la humanidad se encuentra en un periodo de crisis como nunca antes lo había estado. Hemos pasado grandes guerras, grandes revoluciones y grandes cambios a lo largo de la historia, eso no cabe duda. Pero siento que el cambio de conciencia, de paradigma vital, ante el que nos encontramos no tiene parangón. Creo que estamos viviendo un momento en el que vamos a decidir si caminamos hacia una humanidad más libre y fraterna o hacia una humanidad gobernada por el miedo y las restricciones de las libertades más básicas, esas que dan sentido a la vida.

Crisis: Cambio profundo y de consecuencias importantes, situación grave y decisiva, situación difícil.

Fijaos que conceptos tan potentes ligados al fenómeno de la crisis. Y por eso digo que yo creo en las crisis, porque siento que es la única manera en la que el ser humano es capaz de evolucionar, a través de las crisis.

¿Qué podemos hacer para salir de esta crisis mejores, más humanos, más felices?

Pues construir una nueva normalidad mejor que la anterior. No solo nueva, sino mejor.

Yo no aspiro a vivir en una sociedad sana, justa y armoniosa si yo mismo no soy capaz de ir construyendo dentro de mí esa misma realidad. Así que aquí os dejo lo que yo intento cada día para acercarme a esa realidad interior que me gustaría tanto ver fuera. Y no creáis nada de lo que os digo pero si algo os resuena, experimentadlo. Ya me contaréis.

  1. No ver la televisión ni los medios de masas.

Mucho antes de la era COVID ya dejé de ver los noticieros y similares. Y la confirmación del daño que los medios están haciendo en el corazón y en la mente de las personas no ha hecho más que reafirmarme en mi decisión. Las pantallas para ver cosas que me inspiren no que me apaguen y me oscurezcan.

  • Respetar la libertad y el libre albedrío de las personas, para mí, es sagrado. 

He de decir que para mí la libertad no es hacer lo que a uno le dé la gana. Para mí, la libertad es la capacidad de actuar desde el amor y la sabiduría. Siempre que actuamos desde otros lugares, como son la culpa o el miedo, no estamos haciéndolo en libertad. Es como si te obligaran a decidir algo con un cuchillo al cuello. Una persona asustada, sola y deprimida no puede ser libre. La Libertad no es posible en esa atmósfera emocional.

  • Mirar la vida a través de los ojos de la homeopatía.

Os he hablado muchas veces en este blog sobre cómo la homeopatía entiende la salud y la enfermedad y, sobre todo, cómo entiende la naturaleza del ser humano y su relación con el entorno. La homeopatía es una verdadera terapéutica biopsicosocial pues se acerca a los conflictos de cada persona teniendo en cuenta toda se realidad vital; su biología, su constitución, su mundo mental y emocional, su comportamiento y su entorno social, cultural, laboral y afectivo.

Cuando doy clases de homeopatía a mis compañeros en los cursos del CEDH o en cualquier otro ámbito docente, me gusta decirles que la homeopatía, sin duda, va a convertirles en mejores médicos de lo que eran y además, esto ya si deciden mirar la vida a través de sus ojos, en mejores personas.

La homeopatía no juzga a las personas. Las escucha y las observa hasta llegar a comprender por qué se comportan como lo hacen. Todos somos “seres humanos en prácticas”, aprendiendo a vivir y buscando la felicidad. Todos.

Cuando uno comprende y acepta que todos, en alguna medida, generamos sufrimiento a otras personas, porque aún estamos en un proceso de evolución y de crecimiento, la vida se vuelve un poco más ligera. El sufrimiento que las personas generamos en esta vida es directamente proporcional a nuestro estado de inconsciencia; cuanto menos comprendemos el sentido de esta vida más sufrimos y más hacemos sufrir a otros.

Y me diréis: ¿Pero, cuál es el sentido de la vida? Pues no lo sé, así como para sentenciar. Ya sabéis que estoy de prácticas. Lo que sí sé es que cuanto más amable me muestro con todo el mundo, cuanto más sonrío, cuanto menos juzgo, cuanto más escucho y hablo menos, cuanto más generoso soy, cuanto más compasivo y humilde me muestro o cuanto más tiempo paso en la naturaleza, más feliz y más capaz soy también, tengo la sensación, de hacer un poco más felices a los demás.

Cuando os hablaba de Lycopodium os contaba que, las personas sensibles a este medicamento homeopático podían mostrarse muy prepotentes y tiránicas solo para intentar compensar el profundo sentimiento de inferioridad e incapacidad con el que se ha construido su mundo interior, su concepto de sí mismos. En esta fase, su nivel de conciencia aún no está preparado para comprender que sometiendo a los más débiles no van a crear nada que valga la pena en su interior, que el camino para sentirse más fuertes no es empequeñecer y humillar a los que siente vulnerables. Buscan sobrevivir a su complejo, pero su ignorancia les hace elegir el camino del sufrimiento.

Cuando Lycopodium comprenda desde dónde y por qué se comporta de esa manera tan cruel con los demás podrá empezar a cambiar, a dejar de actuar su neurosis de defensa y a vivir desde la libertad. Porque, recordad, la libertad solo puede ejercerse desde el amor y la sabiduría. Lo demás, es neurosis en acción.

La homeopatía me ha enseñado a cuidar mejor de mis pacientes y sentir la vida de una manera más dulce, más ligera. Quizás me haya enseñado a ser un poco más feliz.

Sobre el Autor

Dr. Guillermo Basauri
Dr. Guillermo Basauri

Soy Guillermo Basauri, médico formado en Homeopatía y Osteopatía. Ejerzo la medicina desde el año 92, actualmente en Getxo (Bizkaia), y siempre me han interesado las terapéuticas que estimularan los propios recursos del organismo, que son extraordinarios, para llevarlo de nuevo a la salud.

Además, dirijo un espacio sobre salud y Homeopatía todos los domingos por la mañana en Radio Popular de Bilbao-Herri Irratia y soy profesor del CEDH. Y ambas cosas me apasionan.

Y, eso sí, en mi tiempo libre lo que más me gusta es ir con mi mujer a la montaña. Me ayuda a no olvidar que vivimos en un planeta de una belleza que emociona.

2 Comentarios

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  • Bueno, qué maravilla, querido Guillermo! Estoy tan feliz después de leerte, que no tengo palabras, solo abrazos. Mi coincidir contigo en todo lo que has escrito y en la luz de todo lo que haces y nos explicas, es total. Gracias infinitas porque a seres humanos así, como tú, como vosotros y vosotras querida familia homeopática, si no existiéseis habría que inventaros. Solo así se puede ser la luz y la sal de la tierra, repartida en todo y en tod@s, pura homeopatía cósmica, vacuna esencial a favor de todos y en contra de nadie, desde lo infinitamente mínimo hasta la inmensidad del amor que todo lo empapa, lo envuelve, lo comprende, lo restaura, lo ilumina sin más por el solo hecho de ser e integrar. De estar ahí conscientemente, para ser el Otro y la Otra en cada necesidad y en cada alegría. Un Nosotros sin fronteras de ningún tipo.
    Gracias por ser y estar. Por compartir.
    Un gran abrazo, querido Guillermo, hermano, maestro y amigo!

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