El COVID a través de las canciones de Elton John

Cualquier cosa de este doloroso 2020 nos lleva inexorablemente a la uniformidad y a la vuelta circular al punto de partida. Todo es cíclicamente uniforme en la calle y en trabajo, en los parques y los campos.

Convivimos con la uniformidad de una sociedad enferma, de una absoluta ausencia de gobernanza, de un mapa teñido de los colores del miedo y el odio.

Figura 1. Like a candle in the wind. Con el mapa de España en rojo, colapsados y enfermos de soledad e incomprensión los sanitarios con mascarilla seguimos agarrados al corazón para sobrevivir como una vela al viento. Fotografías y dibujos lo ilustran.

Nos igualan los problemas, las quejas, las noticias, las dificultades, las mascarillas, el general silencio cómplice, las actitudes apocadas e incluso la ausencia de pensamiento1.

Pareciera que todos fuéramos Winston Smith viviendo en 1984 y nos vigilaran a través de nuestros teléfonos móviles, actividades y movimientos 2,3. Están en todas partes con su terrorismo informativo4: en la televisión, la radio, la prensa, las redes sociales, la política, y lo que es más triste, en la ciencia y la medicina.

Like a candle in the wind

Vivimos como una vela en el viento.  Sin rumbo, sin dirección, sin conocimiento, sin reflexión y a menudo sin esperanza.

Cada día nos ponemos el uniforme. El traje del sí señor. La túnica de la obediencia debida. La capa del no pensarás5.

Hoy, cómo cada mañana me despojo de mis ropas que me identifican, para embutirme en un pijama blanco que me despersonaliza, no sin cierta desgana, porque desde la mala experiencia de la mili nunca me han sentado bien los uniformes.

Y con el pijama blanco y mi tarjeta de identificación tomo la nueva mascarilla en la mano y me embozo.

Siendo honestos, y científicos (la ciencia se hace preguntas, se cuestiona, traza hipótesis y las comprueba o rechaza, pero no dogmatiza) debemos reconocer la gran incertidumbre,6,7,8 sobre el valor real del uso de la mascarilla, lo que ha llevado a tomas de decisiones sanitarias y políticas muy dispares9.

Pudiera pensarse que no soy partidario de las normas de higiene y seguridad, y de la mascarilla en concreto. Y nada más lejos. He vivido la enfermedad en primera persona, y también en mis amigos y pacientes. Algunos siguen sintomáticos, otros han fallecido llenando las listas inexactas e incompletas10 del poco fiable (para los sanitarios) Ministerio de Sanidad. Conozco de primera mano los riesgos y consecuencias de la enfermedad. Respeto las normas y aconsejo a mis pacientes que las sigan en su beneficio, el de sus allegados y de la sociedad en general.

No puede ser de otro modo porque soy Médico de Familia. Y si hay algo que nos caracteriza a los Médicos de Familia personal y profesionalmente es nuestra propia individualidad al servicio de los demás.

Aunque trabajemos para una organización sanitaria, profesamos. Y eso nos inviste de unicidad, porque no es posible llevar a cabo nuestra tarea sin libertad de ejercicio, de prescripción, de análisis, de crítica y de pensamiento.

Sacrifice

Meses de sacrificio para las familias, los ciudadanos, las empresas, los sanitarios. Se solicita, se pide, se exigen sacrificios sin percibir nada a cambio. Mientras tanto, los ancianos mueren encerrados en las residencias11-13 sin posibilidad de despedirse de sus familias, los contagios se suceden, la economía se hunde, el paro crece y los centros sanitarios empiezan a sufrir un nuevo colapso.

El sentimiento de las personas con sentido común es que después de tanto sufrimiento los que tienen que tomar decisiones no han aprendido nada y siguen pidiendo sacrificios en aras de no sabemos que dioses.

“Entiendo lo que me basta, /y solamente no entiendo/cómo se sufre a sí mismo/un ignorante soberbio.”

Lope de Vega

Quizás, reflexionando con el Fénix de los ingenios podemos pensar que estamos rodeados de ignorancia soberbia o pudiera ser que nadie conozca de primera mano la existencia de los sesgos cognitivos pandémicos14. Porque si lo supieran y pensaran en el presente y futuro de esta sociedad no construirían hospitales de pandemias ni contratarían como expertos a especialistas que desprecian e insultan a los profesionales de la Atención Primaria. Tampoco invertirían dinerales en ventiladores sino que actuarían como estadistas de raza como Churchill cuando en el “instante más oscuro”15 salvó al Reino Unido y a Europa no con generales y portaaviones sino con embarcaciones civiles. Con el conocimiento técnico y científico actual expresado hasta la saciedad por las sociedades científicas y los profesionales imparciales hubieran invertido en rastreadores y en potenciar la Atención Primaria y la Salud Pública.16-22 que son en nuestro caso esas embarcaciones.

Figura 2. Sad songs. La muy triste canción de actualidad. El “virus” del odio (social, sanitario, periodístico e institucional) que nos rodea. Recopilación de dibujos de prensa y fotos de la calle.

Sad songs

Esta semana las canciones que han sonado a mi alrededor eran tristes y tenían ritmo de blues, porque estaban llenas de nostalgia y de tristeza ante la pérdida progresiva de libertad y la falta de respeto de los supuestos “expertos” políticos y sanitarios.

En los medios de comunicación ha saltado a la fama la nueva estrella mediática; el experto23, que ayuda a que los políticos firmen nuevas leyes, normas y prohibiciones. Hay que multar, sancionar, atacar al que es distinto8, al que no opina igual que la mayoría silenciosa alentada por mensajes uniformados.

Decía el sabio Niels Bohr que un experto es una persona que ha cometido todos los errores que se pueden cometer en un determinado campo y desde luego, que en estos meses no podemos estar más de acuerdo con él si nos referimos a la intervención de los británicos, estadounidenses o españoles por poner algunos ejemplos que asesoran a los que gestionan y toman decisiones.

O quizás debiéramos ser críticos como Nassim Nicholas Taleb24, con su proposición de que si desaparecieran los expertos, solo los echarían de menos sus madres.

Sorry seems to be the hardest word

Todos sabemos lo difícil que es decir lo siento, sin embargo, llevamos mucho tiempo esperando una disculpa. Un generalizado lo siento por parte de las autoridades. Un lo estamos intentando hacer lo mejor posible, pero no sabemos. Pero, cada día en las ruedas de prensa sacan pecho por lo genial de su gestión cuando hemos sido un desastre organizativo, cuando han enfermado y muerto profesionales sanitarios por falta de protección como en ningún otro lugar del mundo, cuando los ancianos han sido abandonados a su suerte, cuando el tejido productivo se hunde.

Para los profesionales de la salud lo mejor de nuestro trabajo es el altruismo, el deseo de ayuda, la disponibilidad para el que sufre. Es posiblemente difícil, y más en estos tiempos de crisis de valores ponerse cada día el auténtico traje de enfermero, de médica, de auxiliar de clínica, de técnica de radiodiagnóstico, y de tantos otros profesionales. Un equipo tejido con humildad, honestidad, humanidad y humor. Y con ese verdadero traje emocional pedir disculpas cada vez que es necesario. Disculpas por no poder atender a las personas como se merecen, por hacer cola en la calle para poder realizarse una PCR, por la falta de información compartida y por muchas otras cosas más.

Somos nosotros, sin ningún tipo de uniforme los que debemos recordarnos al comenzar cada jornada que nuestra labor precisa afecto, escucha, empatía, compasión y respeto.

Y el respeto, es una cualidad poco común ahora. Tenemos que recordar y recordarnos que a pesar de los escuchado y leído no somos jueces, héroes ni dioses, y coincidir con Bernard-Henri Levy25 en que no hay nada más peligroso que transformar a los médicos en dioses vivientes.

Desde los años 7026 los médicos sabemos de los riesgos de nuestra actuación, del peligro de medicalizar la sociedadespecialmente en estos momentos críticos y generar enfermedades físicas y mentales. Por eso, es imprescindible proteger a los pacientes y ciudadanos de nuestras acciones a través de la prevención cuaternaria27. Hace casi 100 años de la profecía28 de Jules Romains en la que el doctor Knock conseguía a través del marketing el triunfo de la medicina sobre la salud de los ciudadanos. Era 1923, y esta obra de teatro fue posteriormente novelada y llevada al cine en 1951 (Guy Lefranc) y 2017(Lorraine Lévy).

Acompañamos, aliviamos, y a veces curamos, pero no juzgamos. No puede haber prejuicio a la hora de atender a un paciente, por muy diferente que sea a nosotros en cualquier condición.

Hablo de respeto, porque en los últimos meses y sobre todo, en las últimas semanas periodistas, políticos, twitteros e incluso organizaciones sanitarias29,30, científicas y profesionales de la salud están enviando mensajes a la población cargadas de soberbia, de falsa seguridad en un momento de incertidumbre31, de rabia, de oído al diferente sin darse cuenta, de que es el cientifismo el que genera pseudociencia y negacionismo científico32. Parecen mensajes que recuerdan a tiempos lejanos en España y en aquella Europa que muy pocos de los ciudadanos actuales han vivido.

El abuso de autoridad de los médicos y especialmente de las autoridades sanitarias y las organizaciones médicas me produce como profesional con más de 30 años de experiencia una enorme tristeza y me lleva a cuestionarme en qué mundo de locos nos encontramos.

Mensajes como no prestar atención sanitaria a las personas que no lleven mascarilla, a los fumadores, a los que no piensan como tú, a los adolescentes, o a cualquier enemigo creado de manera ficticia en base a una norma o ley no escrita pero recientemente inventada son habituales en las redes sociales incluso por personas que se identifican como sanitarios.

Tengo que hablar de compasión en estos tiempos de confusión, de miedo, de odio, porque pensar en los demás no está de moda y sin la capacidad de ponerse en el lugar del otro es imposible trabajar como sanitario, es muy difícil ser ciudadano e imposible llamarse persona. Es oportuno leer a Howard Gardner33 y Joan Carles March34, porque nos recuerdan en sus textos que es muy difícil ser buen profesional sino se es buena persona.

Deberíamos hacer un llamamiento a todos aquellos que tienen capacidad de influencia en la sociedad y poder para tomar decisiones a ser buenas personas, aunque solo fuera porque sabemos por la investigación de neurocientíficos, etólogos y primatólogos que el altruismo35-37 es la base de la compasión, de las relaciones sociales y del progreso.

Dejemos de lado las diferencias y en vez de sembrar miedo y odio trabajemos por una causa común; mejorar la salud y el tejido productivo de nuestro país. Y si es necesario, reconozcamos nuestros errores y pidamos disculpas.

Funeral for a friend

El funeral no ha terminado. Nos encontramos aún en la vorágine de la pandemia en una situación, que como médico no puedo comprender. Sorprende que a pesar de las experiencias exitosas en otros países (Corea del Sur, Taiwan, Singapur, Alemania, Islandia, Finlandia, Nueva Zelanda), el conocimiento acumulado durante estos meses y sus importantes limitaciones38 nos veamos envueltos en un caos progresivo sin rastreadores y con una Atención Primaria al borde del colapso39 o más bien, ya colapsada.

Es preocupante que desde plataformas científicas internacionales se soliciten auditorías externas e independientes40-45 (ya que los datos siguen siendo incorrectos y oscuros y no coinciden con las fuentes oficiales ni se siguen los criterios de la OMS) a las que se hacen oídos sordos.

Preocupante que esa solicitud sea apoyada por profesionales de prestigio41-45 ante la absoluta falta de transparencia y rigor, con un baile macabro de cifras y muertos que no coinciden con la historia oficial.

Preocupante que cada voz discrepante sea tapada por muy autorizada que sea desde el punto de vista técnico y ético.

Preocupante que sigamos celebrando tristemente y durante los siguientes meses funerales por familiares y amigos, que podríamos haber evitado.

Don’t Shoot Me I’m Only the Piano Player

España es un país precioso y un lugar especial para vivir, pero ya no lo es tanto para muchas personas paradas, familias que han perdido sus empresas o que han visto morir a sus seres queridos. No parece ahora un lugar idílico salvo que seas futbolista o político, porque los ciudadanos sufren de miedo e incertidumbre.

Tampoco lo es para los profesionales de Atención Primaria que asistimos impotentes al naufragio46 de todas estas décadas dedicadas a mejorar la sanidad y la salud de nuestros conciudadanos. Dedicados a pesar de trabajos precarios, sueldos ridículos comparados con nuestros colegas europeos (que obligan a salir de España a muchos profesionales sanitarios47) y condiciones laborales a menudo penosas para conciliar la vida familiar.

Y ante la avalancha de quejas, ante el desborde y el caos en el que vivimos, en la frustración del grito de ayuda continuado al que hacen oídos sordos los que tendrían que tomar decisiones solo podemos decir ¡No me dispare, solo soy el pianista!45-51.

Llevamos meses explicando en diferentes foros incluidos los medios de comunicación, que era imprescindible tomar medidas urgentes en salud pública y atención primaria. La contratación de rastreadores48 (1 por cada 4.000 personas), el refuerzo real y efectivo de los recursos materiales y humanos en atención primaria (que sigue siendo un desierto de incomprensión) y la inversión en salud aquí y ahora, porque el futuro aparece sombrío con el incremento progresivo de casos y la falta de recursos.

Los médicos residentes llaman a la huelga49, los sanitarios que se han dejado la piel en el peor momento de la pandemia son despedidos50, las consultas están desbordadas51, algunos centros de Atención Primaria se ven abocados a cerrar porque sus profesionales están contagiados o enfermos52 y en los próximos días es posible que estos profesionales vayan a la huelga si la situación no cambia de modo radical53.

¿Dónde quedaron las medallas, los premios y los aplausos? ¿Para quién son en realidad?

¿Quién va a cuidar al que cuida cuando está al límite física y mentalmente y ya no puede más?54,55

¿Cómo pedir a los profesionales más esfuerzos a cambio de promesas vacías? cuando sentimos diariamente la impotencia por no poder atender a las personas (que es la razón de nuestro trabajo) y por convivir con un sistema pervertido por la burocracia, la medicalización de la sociedad y el consumismo tecnológico?56

¿Cómo seguir soportando el maltrato a los sanitarios y abandono institucional?56.

 Se habla mucho en los medios de comunicación del maltrato a las mujeres, a los niños, a los ancianos, pero hay un muro de ignorancia hacia los trabajadores y los sanitarios en continua situación de maltrato.

Ahora, que los centros de salud son como pateras llenas de gente intentando llegar a puerto y jugándose la vida56 seguimos en la brecha, a veces con el pesar de no haber podido hacer lo necesario por nuestros pacientes, tristes e indignados con los que tienen que tomar decisiones, esperando información y ayuda57 y con la sensación de que trabajamos y vivimos en un país indecente58,59. Un lugar en el que lo que realmente importa no es tenido en cuenta, en el que sigue primando a la hora de tomar decisiones importantes la chapuza60 y el egoísmo político. Un estado carente de ética y responsabilidad que contagia a sus ciudadanos y que solo se puede revertir desde el altruismo y la generosidad demostrada por tanta gente en estos últimos meses que transmiten un mensaje de esperanza. Una muestra de que es muy posible, que de nuevo los ciudadanos y los profesionales61 estén a la altura de las circunstancias a pesar de la falta de gobernanza en la que nos encontramos inmersos.

Figura 3. Don’t Shoot Me I’m Only the Piano Player. Ilustraciones de Mónica Lalanda relacionadas con la situación por la que estamos pasando sanitarios y pacientes. No nos disparen, por favor, solamente somos los pianistas.

Pinball Wizard

Quizás estamos rodeados de mudos, sordos y ciegos como Tommy porque durante los últimos cuatro meses la cantidad de análisis técnicos imparciales e independientes han sido ingentes pero sin respuesta.

Desde el muy interesante documento Apuntes para una desescalada de las medidas de confinamiento por Covid-19 en Atención Primaria62, firmado por el grupo de trabajo SIAPCOVID19 compuesto por profesionales de sobrado prestigio, las aportaciones publicadas en la revista AMF en las que Enrique Gavilán63 analiza las amenazas y oportunidades de la pandemia , Sergio Minué64 propone más Atención Primaria que nunca y María José Fernández65 busca el mejor modo de atender a los pacientes superada la fase aguda de COVID-19, sin olvidar la mirada siempre crítica pero excelentemente documentada de Juan Gérvas66 que propone tres medidas básicas: cerrar las residencias, potenciar la Atención Primaria y la Salud Pública y un nuevo contrato social, por poner algunos ejemplos.

Es posible, que haya sido un cúmulo de errores a la hora de manejar la muñeca delante de la máquina de gobernar, pero el caso es que no hemos visto realizadas ningunas de las sensatas propuestas y estamos en el torbellino de una amenaza permanente y creciente sin poder ver la salida a esta crisis sociosanitaria.

Your song

No soy de esos que se esconden y por ello considero necesario reflexionar sobre la situación que vivimos y la verdadera misión de los que deben tomar decisiones incluidos los profesionales sanitarios. Por ello, pediría:

  1. Emplear el sentido común y tomar decisiones sanitarias y políticas basadas en el conocimiento y consensuadas con aquellos trabajadores que se encuentran en los lugares donde es necesario actuar con seguridad, rapidez y efectividad.
  2. La generosidad de trabajar mirando al futuro siendo capaces de tomar decisiones que no influyan en los votos inmediatos ni salgan en los telediarios pero podamos celebrar dentro de diez años.
  3. La humildad de técnicos, gestores, políticos y profesionales de la salud para reconocer los errores67 y compartir las incertidumbres con los ciudadanos y los pacientes.
  4. El esfuerzo de escuchar a todos los agentes sociales, especialmente a los que se sienten desprotegidos y maltratados como los profesionales sanitarios68,69 y muy especialmente los de Atención Primaria, porque de sus condiciones de trabajo dependerá en gran medida el resultado de esta pandemia.
  5. La transparencia en la información, transmitiendo los datos sin sesgos ni limitaciones, tal y como recomienda la Organización Mundial de la Salud70 y vienen reclamando los profesionales independientes71-82, de modo que nos sintamos en manos de personas honestas y responsables.
  6. El análisis sosegado de la situación y de los datos, siendo capaces de pedir ayuda a aquellos que aporten conocimiento y experiencia71-82 y que sirvan exclusivamente a los intereses de todos sin limitaciones partidarias ni cortapisas económicas.
  7. El respeto a los ciudadanos, a su libertad para actuar y opinar, aunque sus opiniones no coincidan con la línea oficial, para hacer propuestas en el seno de una sociedad democrática abierta como conocimos en este país en la década de los 80 y 90, cuando la libertad de opinión, de expresión artística y de prensa no estaba limitada por intereses políticos.
  8. La protección de los agentes claves sociosanitarios que se encuentran actualmente en situación de vulnerabilidad 83,84 y que en pocos meses han pasado como si de una tira de cómic se tratara de héroes a villanos85.
  9. La serenidad necesaria para cambiar los mensajes de odio y miedo86,87,88por otros de confianza, responsabilidad compartida y trabajo por un bien común71-82.
  10. La cooperación con otros países, especialmente los de nuestro entorno para llegar a acuerdos económicos, sanitarios y logísticos que redunden en beneficio de todos. Aprender las lecciones de aquellos países que han gestionado mejor la pandemia89-96 en nuestro entorno89 y muy especialmente la exitosa eliminación de la transmisión del virus en Nueva Zelanda92,95 para aplicar las medidas adaptables a nuestro entorno social, económico y sanitario.
  11. La humanidad reflejada en un veraz y congruente lenguaje no verbal y en acciones coherentes con las palabras dirigidas a los ciudadanos olvidándose de tanto ego y ambición percibida en cada intervención parlamentaria y televisiva. Humanidad como capacidad real de compartir el dolor de los que están sufriendo las consecuencias de la pandemia97.

Figura 4. Los centros de salud están abiertos y los profesionales sanitarios pedimos unas condiciones para poder trabajar. Infografía de Fernando Fabiani.

Captain Fantastic And The Brown Dirt Cowboy

Me parece triste y muy peligroso transformar una sociedad democrática en un gran hermano instrumentado a través del miedo al otro, al contagio, a salir de casa, a los enemigos creados de modo artificial que está teniendo graves consecuencias de salud física y emocional entre tantas mascarillas y no menos mascarada95,98.

Desde la consulta de Atención Primaria el miedo se palpa, es motivo de consulta, de enfermedad y de cambios en los comportamientos sociales. Por mucho que trabajemos desde la escucha y la terapia resulta difícil contrarrestar las oleadas de información e infoxicación4,5 diarias de modo que los sanitarios nos sentimos como aquellos polacos a caballo luchando con lanzas contra los tanques alemanes.

No queremos ni podemos ser capitanes fantásticos como la película de Matt Ross o el álbum homónimo de Elton John, pero debemos ser los Pepito Grillo de la conciencia social reclamando cambios en nuestra organización porque nos encontramos realmente al borde del colapsosanitario39,99 y social100.

Quizás merezca la pena recordar el poema de Martin Niemöller, porque todos pensamos que las desgracias y los problemas les ocurren a los demás, a los más pobres, los menos inteligentes, los que viven en lugares donde hay guerras y terremotos. Sin embargo, vivimos en un mundo globalizado, en el que un virus que llegó de China está sembrando el pánico en todos los lugares del mundo y matando a personas de toda clase social.

“Cuando los nazis vinieron a buscar a los comunistas, guardé silencio,/porque yo no era comunista,/Cuando encarcelaron a los socialdemócratas,/guardé silencio,/porque yo no era socialdemócrata/Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas,/no protesté,/porque yo no era sindicalista,/Cuando vinieron a buscar a los judíos,/no pronuncié palabra,/porque yo no era judío,/Cuando finalmente vinieron a buscarme a mí,/no había nadie más que pudiera protestar.”

Durante siglos desde los griegos hasta nuestros días la curiosidad del hombre ha sido el motor del conocimiento y el progreso, del mismo modo que el fanatismo político, religioso o científico han ocasionado sufrimiento, dolor y retroceso.

La Grecia que todos llevamos dentro, la belleza helénica como modelo y meta101 es una indudable fuente de inspiración para buscar la virtud.

Aristóteles en su Ética a Nicómaco nos enseñó que la virtud está en el término medio. La virtud es un hábito selectivo, consistente en una posición intermedia para nosotros, determinada por la razón y tal como la determinaría el hombre prudente. Por lo cual, según su sustancia y la definición que expresa su esencia, la virtud es medio, pero desde el punto de vista de la perfección y del bien, es extremo.

Esperamos respuestas virtuosas por parte de nuestros gobernantes102-105 en aspectos como latransmisión de la enfermedad106,107, la interpretación de las pruebas diagnósticas108 y las vacunas109 que tantos quebraderos de cabeza están provocando en pacientes y sanitarios.

Nos preocupa la forma de crear expectativas no realistas por parte de los medios de comunicación y las autoridades sanitarias sobre la pronta disponibilidad de una vacuna contra el COVID-19. Una vacuna que, posiblemente con las prisas en su desarrollo pueda crear más daño que beneficio.109,110 y cuya implementación de manera inmediata por razones económicas111,112 (hay muchos intereses creados, como diría Benavente y mucho conflicto de interés111) y políticas, sin conocer su seguridad110, efectividad y justicia (el modo de gestionar su empleo a nivel mundial) constituye un riesgo potencial y un compromiso ético que no se pueden desdeñar ni en las medidas terapéuticas113,114 sobre todo las de reciente incorporación, y mucho menos en las preventivas115,116.

Porque, en contra de lo que personajes como Trump o sus homónimos brasileño, británico, ruso o español piensan, si hablamos de justicia y vacunas, los sanitarios debemos seguir el ejemplo de Pere Casaldàgila y en caso de duda ponernos del lado del pobre.

También nos preocupa esa histeria colectiva generada sobre todo en las personas ancianas, por la promesa del adelanto de la vacunación de la gripe para que los sanitarios no confundamos ambas enfermedades (¡caramba con la idea genial! porque serán difícilmente distinguibles) sin ningún soporte científico que avale dicha decisión117 y que a todas luces carece de sensatez, honestidad, transparencia y virtud.

O la psicosis de la PCRitis, que es otro asunto de singular importancia, dado que a pesar del prestigio que ha alcanzado en nuestra sociedad (es el tema de conversación de tertulias y reuniones familiares) sabemos que es una prueba diagnóstica con limitaciones39,108,118,119 y que está siendo origen de dos errores importantes con graves consecuencias sobre la salud y la economía: los falsos negativos (no identificamos a personas con la enfermedad) que crean una falsa sensación de seguridady los falsos infectivos(personas PCR positivos pero que no contagian) que provocan aislamientos y repeticiones de pruebas innecesarias y iatrogénicas.

“El médico que no entiende de almas no entenderá de cuerpos”

José Narosky.

Circle of life

Cómo médico, sanitario y científico solo puedo pensar que hemos evolucionado en el arte y la ciencia por la diversidad, el cambio, el riesgo, la necesidad de mejorar y el deseo virtuoso de ayudar.

Y en la razón virtuosa que da la serenidad del alma, a través de la ataraxia (estado de ánimo caracterizado por la tranquilidad y la total ausencia de deseos o temores) propia de los sabios cómo Séneca120 es preciso proclamar que:

  1. Prefiero molestar con la verdad que complacer con adulaciones.
  2. En la adversidad conviene muchas veces tomar un camino atrevido.
  3. La recompensa de una buena acción es haberla hecho.

En estos momentos difíciles debería sernos de gran ayuda el pensamiento de Schopenhauer cuando afirmaba que la más elevada de las leyes es el amor, y el amor es compasión.

En elarte de la medicina, la virtud es más necesaria que nunca para una práctica compasiva 35-37,121 capaz de combinar el conocimiento científico y técnico con la capacidad humana121-124 de ponerse en el lugar del otro con un verdadero deseo de servir de ayuda.

Es en la tragedia, sufrimiento y pandemia donde la capacidad empática de las buenas personas33,34 que trabajan en labores asistenciales y de cuidado les facilitan ser a su vez buenos profesionales121-124 capaces de aliviar, consolar y curar a través de sinceros abrazos reales o virtuales. Los abrazos y el contacto físico en general son de las necesidades humanas más importantes en nuestra interacción con los demás125 y llevamos meses faltos de ellos, sobre todo los ancianos y enfermos que estuvieron en sus casas aislados126.

Hoy, más que nunca, cuando todo hace pensar que no hemos aprendido la lección127 y nos encontramos en un estado permanente de servicios mínimos128 hay que reconocer129 y desvelar130 que mientras los profesionales de la salud de los hospitales y los centros de salud nos vemos obligados a jugar a la ruleta del infortunio131 necesitamoscada día,ciudadanos, pacientes y sanitariosdel afecto que en último término es lo que nos cura.

Necesitamos abrazos125 para abrir y cerrar el círculo de la vida.

Bibliografía aquí.

Sobre el Autor

Dr. Jose Ignacio Torres
Dr. Jose Ignacio Torres

Jose Ignacio. Médico de familia. Después de un año breve pero intenso de formacion en la Fundación Jiménez Díaz como médico residente de hematología, realicé mi residencia de medicina de familia en el Hospital Universitario Marques de Valdecilla (Santander). He trabajado en muchos aspectos relacionados con la medicina de familia: jefe de estudios, tutor de residentes, presidente de la comisión de calidad... Pero sobre todo en mi consulta en los centros de salud de las antenas (Santander), Barcelona en Móstoles (Madrid), San Agustín y Gamonal Antigua (Burgos) y actualmente en Montesa (Madrid). Siempre me han interesado la investigación, la docencia y la asistencia y por eso he tenido la suerte de poder formar muchos médicos residentes la mayoría de los cuales han compartido conmigo la ilusión y el cariño de tratar con personas, de cuidar personas. Me considero un terapeuta, alguien que intenta ayudar a mejorar la salud de los que acuden a su consulta. En los años 90 sentí la necesidad de aprender otras formar de terapia y tuve la gran fortuna de conocer la homeopatía. Soy especialista universitario en homeopatía por la universidad de Valladolid. Desde entonces, tanto en el centro de salud como durante algunos años en mi consulta privada he tenido la maravillosa experiencia de escuchar, comprender y tratar a muchos pacientes con medicamentos homeopáticos y me he sentido realmente útil.

Mis áreas de interés prioritario han sido las actividades preventivas, las enfermedades cardiovasculares crónicas, y las técnicas de comunicación. Pertenezco al grupo-programa comunicación y salud de SEMFYC y he sido varios años parte de un extraordinario grupo de profesionales y amigos en el grupo de comunicación y salud de Burgos.

Como docente actualmente soy profesor del CEDH y he tenido la posibilidad de compartir experiencias y conocimientos con alumnos de pregrado (alumnos de medicina de la facultad de medicina de Zaragoza), médicos, veterinarios y farmacéuticos.

La homeopatía me ha dado la oportunidad de conocer a excelentes profesionales y personas, ayudar a muchos pacientes y proporcionarme las herramientas más poderosas para un médico: la humildad, el sentido común, la escucha activa y unos fármacos seguros y eficaces.

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