Depresión y Homeopatía. Una mirada diferente.

En este blog hemos hablado en diversas ocasiones sobre qué es la depresión, cuáles son sus síntomas y manifestaciones y qué puede aportar la Homeopatía en el tratamiento de esta dolencia. Si tenéis interés os remito precisamente a uno de esos artículos, el del Dr. Gonzalo Fernández Quiroga, en el que se hace una relación de todos ellos en sus primeros párrafos.

Pero hoy permitidme que os hable de la depresión, de la tristeza, de la oscuridad del alma, desde otro lugar; un lugar, digamos, más filosófico. Cualquier realidad puede observarse desde distintas perspectivas y todas pueden ser ciertas en su parcialidad. Hoy quiero acercaros a la forma más profunda en la que yo percibo la tristeza humana y, al mismo tiempo, a la manera también más profunda de aliviarla. Y quiero hablaros desde lo que a mí me resuena, desde el único lugar que me permite vivir en este mundo sin que la tristeza, ante todo el sufrimiento que nos rodea me empape hasta los huesos.

Y dejadme esta vez que vaya más allá de la depresión como diagnóstico clínico, porque hoy quiero compartir con vosotros desde el lado oscuro del corazón, desde simplemente ese lugar en el que la vida pierde su luz y su calor. Desde ese lugar en el que tantos nos hemos visto alguna vez, al menos en alguna medida. Yo, desde luego, lo he hecho.

¿Cuál es el origen de la depresión? ¿Por qué nos oscurecemos?

Me gusta relacionar la tristeza con la oscuridad y la alegría con la luz porque es lo que ocurre dentro de mí cuando vivo en una o en la otra emoción. La alegría lo ilumina todo, mientras que la tristeza cubre la vida de oscuridad.

En esta comparación se esconde para mí una lección trascendental para comprender los Misterios de la Vida. Y es entender que la oscuridad es tan solo la ausencia de luz, que no hay que ocuparse tanto de combatir la oscuridad como de buscar la luz. Si te encuentras en una habitación en la más absoluta oscuridad, basta con encender una cerilla para que la oscuridad comience a retirarse. Si quieres ver en la oscuridad no te planteas enfrentarte a la negrura, tan solo buscas alguna fuente de luz. Y ¿dónde se encuentra la fuente de todas las luces? En el Amor.

Una de las personas a las que sigo en Twitter es la Dra. Carmen Alegría @dra_calegria y en su perfil se presenta como: Médico de urgencias convencida de que no hay mejor medicina que el Amor. Y no puedo estar más de acuerdo. Pero yo no hablo (creo que ella tampoco) del amor que uno recibe o espera recibir, yo hablo del amor que damos. Ese es el Amor que nos sana.

Pero ¿Qué es el Amor?

La RAE (Real Academia Española) dice del amor que es un sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser.

El otro día escuchaba un vídeo titulado Las cinco patas del amor en el que se enumeraban, según el autor, las cinco condiciones fundamentales para que el amor de pareja funcionase. A saber:

  1. El confort o el entendimiento relacional. Lo bien que nos llevamos con nuestra pareja en la cotidianidad.
  2. Compartir valores y creencias.
  3. Entenderse sexualmente.
  4. El orgullo social. Sentirte orgulloso de tu pareja, no avergonzarte de ella.
  5. Tener un proyecto de vida compartido.

Seguido, en el mismo artículo que contenía este vídeo, se habla también sobre los 5 tipos de amor y cómo identificarlos: el amor dependiente, el protector, el idílico, el amor adicto y el fugaz.

Para mí el Amor no es un sentimiento ni un acuerdo. El Amor es un estado de consciencia en el que has entendido que todo y todos estamos conectados, que todo y todos somos seres en evolución y que lo que haces a los demás te lo haces a ti mismo. En ese momento, amar se convierte en la alegría de dar sin esperar recibir. En ese momento nos convertimos en los dueños de nuestro destino. Y en ese momento la Luz comienza a disolver las tinieblas dentro de nuestro corazón.

Yo creo que vivimos tan tristes y tan angustiados porque estamos demasiado preocupados en lo que esperamos de la vida y de los demás, en vez de centrar nuestra alegría en ocuparnos de lo que podemos hacer nosotros para iluminar la vida a nuestro alrededor. Al menos, es lo que a mí me pasa; cuanto más me centro en mí, más sufro.

Por supuesto, todo esto es algo que cada cual tiene que experimentar y entiendo que haya muchas personas a las que no les resuene en absoluto. Lo que a mí me pasa es que cuando vivo cerca de esa forma de entender el Amor, que tantos Sabios nos han trasmitido a través de la historia, es cuando siento que mi Luz brilla y la vida aparece ante mis ojos como una realidad prometedora.

En un post que escribimos no hace mucho el Dr. José Ignacio Torres y yo mismo, titulado Medicina sin medicamentos, ya hablábamos de cómo está constatado que dedicar tiempo a ayudar a los demás mejora la salud mental y física de las personas que lo hacen. Es lo que se ha venido a llamar la prescripción social que consiste en conectar a las personas, a través de las prescripciones de sus médicos, con su comunidad. Así, las personas que lo desean pueden integrarse y colaborar con organizaciones de ayuda social de todo tipo, de cuidado del medio ambiente, de promoción de la cultura y de infinidad de actividades que, en definitiva, tengan que ver con la promoción del bien común.

Cuando las personas vivimos compartiendo y colaborando, la alegría brota en nosotros de una manera mucho más natural y sencilla porque eso es lo que alimenta nuestro corazón y calma nuestra mente. Acaparar, luchar y competir es algo que también podemos hacer, por supuesto, pero vivir así nos aleja de todo lo que nuestro Ser anhela. Nos aleja de la felicidad.

¿Qué podemos hacer para ayudar a alguien triste y deprimido?

Habrá situaciones en las que el estado depresivo en el que ha caído una persona requiera de un abordaje profesional y, en esos casos, es primordial comenzar con ello lo antes posible. Dicho esto, el entorno afectivo de una persona deprimida puede convertirse en el mayor aliado en su recuperación, siempre que sepa posicionarse y acompañar a la persona deprimida de la manera más adecuada.

Estas son solo algunas claves:

  • Lo primero y más importante que necesita una persona deprimida es sentirse comprendida, sentir nuestra empatía. Nadie, nadie elige sufrir si puede sentirse bien. Es un grave error pensar que una persona está deprimida porque quiere estarlo.
  • Escuchar sin más, sin consejos ni sermones, puede ser una de las cosas que más puedan ayudarle. El hecho de escucharse a sí mismo, en voz alta, relatando su propio dolor puede llegar a ser profundamente terapéutico.

  • Animarle a llevar una vida saludable. Y esto se hace con el ejemplo y la compañía. El “tienes que…” suele sentirse más como un reproche que como una invitación. Así que, si queremos que esa persona haga algo de ejercicio o cuide su alimentación, pues invitémosla un día a casa a comer un buen plato de arroz integral con verduras después de haber dado juntos un precioso paseo por el monte. Y, además, cocinemos juntos.
  • Está bien que hablemos con él de cómo se siente y de sus problemas, pero no constantemente. Es muy importante que podamos servirle también para relativizar su dolor ayudándole a conectar con otras realidades. Podemos ayudarle a sentir que hay vida más allá de su depresión. Hablar sobre arte, cine, gastronomía, viajes, espiritualidad y cualquier tema que le toque profundo y le saque de su “mismidad”, puede ayudarle, poco a poco, a reconectar con la vida.
  • Nunca, nunca, nunca le digas cosas como “tienes que animarte”. Como bien dice Gonzalo en su post sobre la depresión del que os hablo al comienzo: Cuando animas a un depresivo (aún con las mejores intenciones), paradójicamente, este se sentirá más incomprendido y, por tanto, desanimado y desesperanzado.
  • A veces las personas deprimidas pueden expresar su dolor de una forma muy dura y hostil, fundamentalmente contra las personas más cercanas a ellas. Cuando esto ocurra, es importante no tomárselo como algo personal. Lo más probable es que nada de lo que diga tenga que ver con sus verdaderos sentimientos. Es solo el dolor que sale por su boca. Esa hostilidad que recibimos puede mover nuestra rabia o nuestra compasión; nosotros elegimos.

En síntesis, es importante que la persona deprimida nos sienta cerca, como alguien que le comprende y que está ahí con hechos y no con consejos ni sermones y, mucho menos, con reproches.

Tratamiento de la depresión. ¿Qué opciones tenemos?

Hoy en día la realidad del tratamiento convencional de los pacientes con depresión es muy triste y desoladora pues se centra en lo que, precisamente, está demostrado como menos eficaz; los psicofármacos.

Este abordaje se instaló como centro del tratamiento de estos pacientes apoyándose en la teoría del desequilibrio químico que defiende que la depresión se produce por una alteración química en el interior del cerebro. A pesar de que  hoy ya sabemos que esto no es así, o al menos eso es lo que indican la revisión de los principales estudios científicos, este sigue siendo el enfoque terapéutico principal en estos pacientes; los psicofármacos.

Solo por citar una fuente, en «The Serotonin Theory of Depression: A Systematic Umbrella Review of the Evidence», artículo publicado en la revista Molecular Psychiatry por la profesora de Psiquiatría del University College de Londres, Joanna Moncrieff, junto con un equipo de otros cinco investigadores europeos de primer nivel, explican cómo no existen fundamentos científicos que sostengan la hipótesis de que la depresión esté causada por una alteración en la actividad o en las concentraciones de estos neurotransmisores, en concreto de la serotonina y la dopamina.

En este sentido resulta muy interesante el libro de Robert Whitaker,  Anatomía de una epidemia: panaceas, psicofármacos y el impactante ascenso de la enfermedad mental en EE.UU, en el que tras analizar el tratamiento farmacológico de la depresión y de otras muchas enfermedades mentales llega a la conclusión de que la mayoría de los antidepresivos y otros medicamentos psicoactivos no solo son ineficaces sino que resultan ser perjudiciales, al causar daños cerebrales a largo plazo.

No puedo dejar de transcribir una reflexión a la que invita R. Whitaker a los lectores de su libro:

“Imagina un virus que aparece de repente en el mundo y que provoca que las personas duerman doce o catorce horas al día. Las personas infectadas se mueven con cierta lentitud y parecen desconectadas emocionalmente. Muchas de ellas ganan bastante peso. A menudo, sus niveles de azúcar en sangre se elevan, al igual que sus niveles de colesterol. Un número de afectados por la enfermedad, entre los que se incluyen, inexplicablemente, niños y adolescentes, se convierten en diabéticos en un breve plazo de tiempo… El gobierno ofrece cientos de millones de dólares a los científicos de las mejores universidades para que descifren el funcionamiento interno de este virus, quienes afirman que la razón por la que causa estas disfunciones globales radica en que bloquea gran cantidad de neurotransmisores cerebrales (dopaminérgico, serotoninérgico, muscarínico, adrenérgicos e histaminérgicos). Todas esas vías neuronales se ven comprometidas. Mientras tanto, los estudios de resonancia magnética que encontramos en un período de varios años demuestran que el virus contrae la corteza cerebral y que esta contracción provoca deterioro cognitivo. Un atemorizado público clama por una cura.

Ahora, dicha enfermedad, de hecho, ha afectado a millones de niños y adultos norteamericanos. Se acaban de describir los efectos del antipsicótico más vendido, Zyprexa, de los laboratorios Eli Lilly”

Sabemos que la psicoterapia, el ejercicio y estrategias como la prescripción social son tanto o más eficaces que los psicofármacos y no solo no tienen ninguno de los riesgos ni de los daños de estos fármacos, sino que están llenos de ventajas colaterales, pero aun así la medicina convencional sigue apoyando, casi de manera exclusiva, el tratamiento de estos pacientes con psicofármacos. Creo que es ya hora de dar un giro radical a esta estrategia de tratamiento.

Cómo puede ayudarnos la Homeopatía en la depresión.

A la hora de incluir una opción farmacológica en nuestra estrategia de ayuda a estas personas, resulta mucho más lógico y adecuado comenzar con medicamentos seguros como pueden ser los medicamentos homeopáticos. En mi experiencia, la fitoterapia (las plantas medicinales) y el uso de algunos suplementos nutricionales pueden resultar también de gran ayuda, manteniendo a la vez altos niveles de seguridad en su uso.

En este blog siempre os hablamos de las ventajas y de las particularidades que tienen los medicamentos homeopáticos:

  • Su seguridad. Los podemos utilizar con cualquier persona; sea un niño, un adolescente, una mujer embarazando o que esté amamantando a su bebé, una persona muy anciana o personas que están tomando otros tratamientos farmacológicos. Sabemos que son medicamentos que no dañarán ningún órgano de nuestro cuerpo, aunque necesitemos tomarlos a largo plazo, incluso durante toda la vida.
  • Su capacidad de estimular los propios mecanismos de adaptación y de curación del propio organismo.
  • Su capacidad de combinarse con otros medicamentos y tratamientos de todo tipo aumentando las posibilidades de curación de la persona.

Pero por encima de todo ello, que es mucho decir, para mí lo verdaderamente valioso de la Homeopatía es la manera que tiene de acercarnos a la enfermedad y al sufrimiento de las personas, teniendo en cuenta la forma particular en la que se manifiesta y teniendo en cuenta, a la vez, quién y cómo es la persona que está sufriendo. Y esto lo hacemos siempre, sea cual sea el problema de salud que nos consulten nuestros pacientes.

En el caso de la depresión es evidente que no todas las personas la viven de la misma manera y según cómo sea la forma particular de sentirse y de manifestar su tristeza usaremos unos u otros medicamentos homeopáticos, siempre tratando de individualizar al máximo cada tratamiento.

Así, hay personas que mostrarán su tristeza de forma abierta buscando el consuelo que les alivie su dolor. Suelen ser personas muy sensibles y que les gusta dar, pero, sobre todo, recibir amor y ternura, hasta el punto de tender a generar relaciones de dependencia. Lloran con facilidad, pero se calman de la misma manera, con una gran variabilidad de sus estados emocionales. Estas personas se beneficiarán de un medicamento homeopático como es PULSATILLA.

NATRUM MURIATICUM ayudará más a las personas que ante su tristeza tiendan a aislarse y a buscar la soledad. El consuelo solo consigue irritarles y agravarles más en su estado, salvo que venga de personas muy cercanas y queridas, y la persona lo sienta como sincero y profundo. Suelen ser personas calladas, melancólicas, muy sensibles emocionalmente, pero con serias dificultades para expresar sus sentimientos. Es frecuente que el origen de su depresión pueda ser un duelo, una pérdida, que no puede acabar de superar.

Cuando la depresión se manifiesta de una manera hostil, agresiva, uno de los medicamentos que con mayor frecuencia solemos usar es AURUM METALLICUM. La persona se muestra muy irritable, colérica ante la menor contrariedad o siempre que se le contradiga. Son personas con un alto sentido de la dignidad humana, muy rectas y trabajadoras, que en un momento de su vida pueden llegar a sentir que no están a la altura de sus propias expectativas. Desde sentimiento de indignidad pueden llegar a suicidarse.

Hay personas que viven para echarse el mundo a sus espaldas hasta que ya no pueden más y entran en agotamiento vital y en depresión. Suelen ser personas que tienden a mostrar su amor a través del servicio; les es más fácil expresar su amor a través del deber que de la ternura. Mientras tienen energía son activas, abnegadas, cuidadoras, les gusta el deporte de intensidad y siempre se puede contar con ellas. Hasta que se vacían y sienten que se hunden en la más absoluta oscuridad, como el calamar que se oculta en la negrura de su tinta. Por supuesto, su medicamento será SEPIA.

Algunas personas te cuentan que todo su dolor tiene que ver con una situación de abuso, humillación o frustración que vivieron de una manera muy intensa, brutal, o bien que se mantuvo a lo largo de mucho tiempo. En estas situaciones solemos pensar en STAPHYSAGRIA y valorar el resto de los aspectos de esa persona para ver si el medicamento será el adecuado.

Cuando la depresión se manifiesta con un desánimo absoluto, con una falta total de voluntad, con una especie de “anestesia emocional”, podemos pensar en PHOSPHORICUM ACIDUM. La persona se muestra apática, sin ganas de nada. Al despertar por la mañana lo único que quiere es seguir en la cama por todo el día. La persona a perdido la chispa que le conectaba con la vida.

Otro medicamento, también un ácido, que solemos usar en las depresiones adinámicas es PICRICUM ACIDUM. La persona siente una gran lasitud física y mental, con sensación de abatimiento y postración que le obliga a acostarse siempre que tiene ocasión. Como en Phosphoricum acidum, se siente incapaz de cualquier actividad o trabajo; el más mínimo esfuerzo mental puede provocarle cefaleas.

No pretendo hacer una lista de los medicamentos que usamos para la depresión en Homeopatía, pues hay tantos como formas tenemos las personas de expresar nuestra tristeza. Solo son ejemplos para intentar explicar el sentido real de la individualización de los tratamientos homeopáticos.

Solo una reflexión.

Seguro que todos hemos pasado por periodos de tristeza y desánimo más o menos profundos, aunque no hayan llegado a ser verdaderas depresiones clínicas. Yo, desde luego, sí lo he hecho. Y lo que he aprendido es que, como ya compartía, cuanto más salgo de mí y me abro a los demás más conecto con mi Luz y mi alegría.

Compartir y colaborar nos conecta con nuestra verdadera Naturaleza, con esa forma de vivir que nos acerca a la felicidad. Competir y luchar nos avoca al sufrimiento y a la soledad. Todos podemos elegir.

Y, hablando de compartir, ya sabes que todos los comentarios que quieras compartir serán recibidos con toda la ilusión y el cariño. Además, puedes suscribirte a nuestro blog para recibir todos nuestros contenidos puntualmente.

Sobre el Autor

Dr. Guillermo Basauri
Dr. Guillermo Basauri

Soy Guillermo Basauri, médico con Nº Colegiado 484807863 y con ejercicio profesional en Getxo-Bizkaia. Es una preciosa población del País Vasco, en el norte de España.

Soy experto universitario en Homeopatía y profesor de esta disciplina médica en el CEDH.

Desde el comienzo de mi carrera como médico practico la Osteopatía y la Medicina Naturista y tengo el honor de pertenecer, desde entonces, a la Asociación Española de Médicos Naturistas (AEMN).

También formo parte de la Sociedad Española de Medicina Homeopática (SEMH) y de la Sociedad Española de Puericultura (SEP).

Hipócrates ya decía hace más de 2000 años que “La fuerza natural dentro de cada uno de nosotros es el mayor sanador de todos. El médico trata, pero la naturaleza sana”.

Y eso es lo que he pretendido hacer desde que soy médico; ayudar a mis pacientes a estimular, en la medida de todas sus posibilidades, sus mecanismos de reequilibrio y curación.

Amo la música y el chocolate, viajar y conocer lugares, hablar con las personas y, sobre todo, escuchar. Amo la Naturaleza y me pasaría la vida subiendo y bajando montañas.

Creo que, como siempre me dice mi mujer, el ser humano es extraordinario y que esta Humanidad está destinada a superar esta etapa de materialismo egocéntrico para entrar en una era de Luz y fraternidad.

Y también pienso que, como decía Hipócrates, “la mejor medicina de todas es enseñarle a la gente cómo no necesitarla”.

Consulta
C/ Paulino Mendibil 8, Primera Planta
48930 Las Arenas (Getxo)
TEL. 94 431 66 28

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