Cantata y fuga

Homeopatía y voz

Decía Wolfsohn: “Cantar es un acto vital, pero para muchos de nosotros, el proceso de convertirnos en adultos es un proceso de silenciamiento progresivo. La expresión vocal, el canto, destapa ese mundo y nos devuelve el impulso y el instinto perdido”

“El ser humano ha rehusado durante siglos a apreciar su propia voz. La ha infravalorado y ha permitido que se desaproveche. La ha estrangulado virtualmente, la ha encadenado y encorsetado. Lo cierto es que nuestra voz, liberada de cualquier restricción artificial, es capaz de mucho más de lo que podamos imaginar “

Wolfsohn  -1955-

Wolfsohn era un judío alemán, profesor de canto, que sufría alucinaciones auditivas.  Sirvió de camillero en las trincheras de la primera Guerra Mundial WW1.  Testigo de la muerte agónica de los soldados y el sonido de esa agonía hasta llegar a la muerte…

¿Se han preguntado alguna vez como suena el dolor, el terror, la angustia…? ¿Y lo contrario? ¿A qué suena el silencio de lo NO expresado? ¿El dolor, la angustia no expresada?

Se produce un nuevo bombardeo y Wolfsohn es alcanzado por una granada. Durante la larga agonía, hasta que es rescatado, escucha la voz de otro soldado suplicando ayuda. No lo socorre. Regresa a la vida civil padeciendo neurosis de guerra, en su cabeza se repiten una y otra vez los sonidos de las voces desgarradas que oyó constantemente. Comienza un largo camino de sanación que encuentra la catarsis con las clases de canto.

¿Cómo trasladamos esto a nuestra experiencia hoy en día?

No soy médica ni científica. Así que no va a ser este un artículo sesudo con referencias a publicaciones médicas o teorías científicas. Soy actriz y profesora de Voz. Y lo que a continuación sigue, no es más que el relato de mi experiencia personal. Fin.

Recuerdo que las primeras veces que fui al teatro, siendo todavía muy pequeña y sin saber  que, más tarde, me dedicaría a esta profesión, de entre todas las cosas que me llevaba conmigo, la emoción de ver a los artistas en el escenario, las maravillosas historias que se cuentan, la sensación de que cada vez que pisas un teatro se abre una ventana en tu cabeza… había algo que también, algunas veces, ocurría: la pregunta ¿qué ha dicho? y la sensación de esfuerzo al tener que afinar el oído porque no escucho o no entiendo lo que están diciendo. Esto se repite muuuuuuuuchas veces. Muchísimas.

No tengo problemas auditivos, así que… algo pasa al otro lado. Y así, años más tarde, me intereso en el universo vocal en un contexto artístico.

El primer approach es meramente técnico, es decir, aprendo desde el punto de vista puramente fisiológico eso que hay que hacer para que nadie en el público se pregunte: ¿qué ha dicho?

Respirar con el diafragma, ese músculo con forma de paraguas abierto o de bol invertido… aparatos   en mi cabeza, y en mis tripaso de bol invertido…fonador y resonador, descubrir que las cuerdas vocales no son cuerdas, sino membranas, y que son dos y no seis o siete cuerdas de guitarra alojadas en algún lugar de nuestra laringe.

Vocalizar, articular, respirar, escuchar, brincar, resonar, aterrizar, “aquí y ahora” … Técnica Vocal.

No tardé mucho en darme cuenta, sobre todo trabajando con alumnos, de que todo eso, siendo imprescindible, es limitado. Y comienzo a abordar el trabajo desde un punto de vista más holístico.  

Tengo una voz. Siento que tiene mucho más potencial del que creo que soy capaz de expresar, pero no soy capaz de hacerlo. ¿Por qué? ¿Qué impide a mi voz tal y como es convertirse en lo que me gustaría que fuera? ¿Falta técnica? Si, sin duda. Pero no solo. Lo que impide, sobre todas las cosas, está en mi cabeza, y en mis tripas.

Así, vuelvo a las palabras de Wolfsohn del principio: “El proceso de convertirnos en adultos es un proceso de silenciamiento progresivo”. Y así comienza el proceso, tan interesante como el de aprender, de DES-aprender. Deshacer patrones, comportamientos, creencias, certezas, que lo único que hacen es entorpecer, limitar y estorbar a nuestro vehículo expresivo. ¡Qué importante en la vida deshacerse   de los estorbos!

Con mis alumnos, utilizamos el canto muy a menudo, como vehículo de expresión. Cuando les digo que piensen en una canción para compartir con el resto, invariablemente, veo en sus caras una expresión cercana al horror, y por lo bajini los típicos “canto fatal”  «yo no sé cantar”… Me cuesta un rato trasladar que estamos en clase de Voz, y no de canto, y que no hay una forma bonita o fea de cantar, que no hace falta que sepan entonar ( es más, los alumnos a los que es más difícil “mover” es a esos que tienen formación en canto, atienden un coro… porque están metidos en un corsé de  FORMA, de belleza, de cómo tiene que sonar, que es justo lo que no nos interesa en el contexto del que estamos hablando, y es que el cuerpo exprese, libremente a través de la voz, y poder así expresar todo el potencial vocal, demasiadas veces reprimido.

Cuando pregunto si les gusta cantar, la respuesta es siempre, ¡¡sí!! En la ducha o en el coche, con la música a tope y las ventanillas cerradas. También tenemos la modalidad karaoke a ciertas horas de la madrugada con la defensa ya baja. En público nooooooo, porque siempre hay un alma caritativa que te dice lo mal que cantas. O quizás una madre o un padre que te mandan o mandaron callar, creándote la sensación de que lo que dices no es importante.

Aclaro que nuestro contexto de trabajo es siempre artístico. Como he dicho soy actriz y no psicoterapeuta, pero a menudo se dan situaciones emocionalmente muy potentes, que hay que contener, porque al liberar la voz se desencadena una cascada de emociones, que suele sorprender al alumno y que siempre, siempre, desde mi experiencia, resulta liberador. Y fascinante.

Siempre se repite un patrón: ese primer día de “madre mía, a cantar” a los finales de proceso, donde todo el mundo quiere repetir, una y otra vez, tomar casi por asalto ese espacio en la clase, que es un espacio contenido, para seguir cantando. Que no es otra cosa que: seguir expresando con libertad eso que somos. He aprendido y aprendo muchísimo en clase. Con cada grupo el viaje resulta apasionante y estoy muy agradecida a los alumnos y alumnas por su entrega, siempre.

Volvamos al escenario.

El trabajo de actor/actriz tiene muchas aristas; la vocal es una de ellas. En el teatro, por lo general, los actores no solemos ir microfonados. En musicales, sí. En Ópera, no.  Si el escenario es muy grande, puede haber micros de ambiente, pero normalmente tienes que apoyarte en tus propios recursos vocales. Necesitas técnica para hacer llegar el texto hasta el último espectador y no hacerte daño.

Si tienes varias funciones seguidas, te vas a resentir. La voz se cansa, se irrita (teatros con acústicas horribles), duele…

¿Qué hacemos? Recurro a la homeopatía, naturalmente.

 La Homeopatía me ha salvado en muchísimas ocasiones que he sufrido afecciones de garganta leves y menos leves. De entre las pesadillas recurrentes de este oficio, está la de olvidarte del texto, es decir quedarte el blanco, y quedarte sin voz.

Levantarte por la mañana afónica perdida porque la función de ayer fue en un sitio frio y lleno de polvo. ¡Horror! Bueno, calma, hay recursos: entre mi arsenal de camerino (y de muchos otros) no falta una cajita de Homeovox para ronquera, cansancio de cuerdas o afonía leve, Jengibre y própolis en diferentes formatos, Arnica y Argentum.

Nunca he tenido que chutarme un jeringazo de nada, cosa que suele ocurrir, para recuperar mi voz, ni en las ocasiones en las que, teniendo función en unas horas, no eres capaz de articular una vocal.

Y poco más que añadir. Siempre digo y repito, que la homeopatía para mi es un salvavidas sensible, respetuoso y consciente que me ayuda a sanarme de acuerdo con mi filosofía y forma de vivir.

Hasta aquí. ¡Gracias siempre y encontrémonos en los teatros!

Idoia Merodio

Actriz y más cosas.

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