¡Búscate un amante!

Creo que también fue un septiembre a la vuelta de vacaciones cuando mi amigo y colega de blog  Gualberto me mandó un enlace con un título más o menos similar al de este post.

Comencé a leerlo y resultó ser un artículo del conocido psiquiatra y escritor J. Bucay en el que abogaba precisamente por eso, porque nos buscáramos un  amante.

Y ahora soy yo el que lo recomienda muchas veces a los pacientes.

No es que pretenda promover la infidelidad o destruir matrimonios ni nada parecido y menos después del estropicio, este verano, de una conocida web de contactos que se dedicaba a tal asunto. ¡Qué infantiles somos con esto de las redes!… pero bueno, ese es otro tema…

Así que ¿qué significa entonces que hay que buscarse un amante? ¿para qué lo queremos?

Lo primero es que en esa situación el sentido del tiempo se afecta enormemente. Se dilata y contrae a una velocidad endiablada dependiendo de si estás o no con tu amante. Muy rápido si lo estás y desesperadamente lento cuando no es así. Aunque más tarde parece al revés, parece que cuando estuvisteis juntos fue como una isla de tiempo en la que pasaron tantas cosas, tan bonitas e imborrables. ¿O no fue así?. En fin, que es un lío esto del tiempo (con esto de los amantes todo parece un lío) y no sabes bien si fue rápido o lento pero sí que fue diferente, que sentiste la vida como nunca.

El caso es que esperas con excitación creciente el momento del encuentro. Fantaseas febrilmente con todo tipo de detalles. Que esto esté así, lo otro asá, que me vea tal que así, o no, mejor asá. Te vistes de manera apropiada, quizá te pones cremas, perfume, te acicales y cuidas para que tu apariencia sea la que realmente quieres transmitir. Es como si de pronto todo cobrase un nuevo sentido. Como si la vida se pusiese de tu lado. Las calles, los árboles, la ciudad entera parece diferente. Hasta la insulsa y malhumorada dependienta  parece sonreírte. Como decía Proust nada ha cambiado, sólo tu mirada pero por eso mismo todo ha cambiado. Y eso es lo que parece que pasa. Todo sigue igual pero ya nada es igual.

Por supuesto que no todo es tan edulcorado y rosa. Sabes de sobra que quizás muchas cosas no saldrán como te las imaginas, que habrá malentendidos, separaciones, frustración, pero eso ahora no importa, ahora solo está el presente, ese inmediato presente tan excitante. El aquí y ahora.

Ese aquí y ahora, esa atalaya desde la que ves a los pobres mortales (eso parecen ahora) volviendo a sus aburridos quehaceres. Ese aquí y ahora en que con tu vestido desplegado al viento eres la reina de la ciudad, el caballero de los cuentos. Las calles se abren para ti. Respiras. Y te sientes libre.

Ahora lo ves bien, ahora ves bien cómo funciona esa maquinaria triste y abotargada que como un engrudo áspero se nos pega a la piel casi sin darnos cuenta y ya no logramos quitarnos de encima. Quizá en vacaciones o en algún otro momento similar nos zafamos un poquito. Pero enseguida volvemos a caer en sus fauces. Sabemos que será así y hasta nos hacemos el firme propósito de resistirnos, pero la máquina está tan bien engrasada, nos llena su engrudo desde tantas partes diferentes que en poco tiempo la modorra nos invade y ya volvemos a ser aquellos zombis de siempre que casi sólo se mueven por inercia.

Pero tú ahora tienes amante y ese engrudo resbala por tu piel como el agua de lluvia sin apenas tocarte.

Sí, tienes algo, algo que muy bien podríamos llamar  pasión y la pasión lo cambia todo.

La pasión que te hace sobrevolar por encima de la mediocridad circundante, la monotonía, los días grises e insulsos, el mar de obligaciones sin sentido…

Sí, ¡búscate un amante!… Quizás encuentres todo eso en una persona, quizás hasta lo puedas conseguir con tu propia pareja… Pero quizás, y sobre todo (y este es el verdadero significado del cuento) lo puedas encontrar construyendo barquitos en miniatura, especificando las características de las hormigas rojas del kalahari, especulando sobre la teoría de los universos paralelos, dibujando cometas en el aire, tocando blues en cualquier esquina cochambrosa, practicando medicina, haciendo macramé, bailando zumba, sexando pollos, conduciendo tractores… en fin, cualquier actividad, por absurda que pueda parecer, que te haga vibrar como los electrones vibran alrededor del núcleo de los átomos, cualquier cosa que quizá no te reporte muchas ganancias u honores (o al menos no haces por eso), pero que cuando la descubres ya no puedes abandonar porque notas cómo se te pega y te eleva por encima de ti mismo porque en realidad forma parte de ti y ese es el encuentro más excitante de todos los encuentros entre amantes.

Entonces, después de tanto tiempo de ostracismo, la vida parece ponerse de tu lado y a pesar de toda esa mediocridad circundante, ese asco y desazón por tantas cosas, ahora ya no te vas a soltar, ahora ya nada va impedir que sigas sonriendo.

Sobre el Autor

Dr. Gonzalo Fernández-Quiroga
Dr. Gonzalo Fernández-Quiroga

Tal como decía Holden, “Si de verdad les interesa lo que voy a contarles, lo primero que querrán saber es dónde nací, cómo fue todo ese rollo de mi infancia…”

Bueno, pues nací en un pequeño pueblo de montaña donde por la noche se contaban historias. Las mujeres que venían a casa con sus candiles, se sentaban, hilaban y contaban. Todas aquellas largas noches nevadas de invierno escuchando historias. Historias de todo tipo, de miedo, de muerte, de espíritus, de risa, amor, de desamor. Historias.

Después estudié y me licencié en Medicina por  la Universidad de Barcelona (UB). Hice el postgrado en Homeopatía por la UB-Academia Médico Homeopática de Barcelona (AMHB). He sido Director del Máster de Medicina Homeopática de la UB (2011-2016) y de la propia AMHB. Me encanta la docencia y ahora sigo de profesor de homeopatía en la AMHB y el CEDH. También cursé el Máster en Terapia Breve Estratégica, en su primera promoción, con el equipo de G. Nardone en el Institut Gestalt de Barcelona (2000-2002) que ha influido mucho en mi formación.

He incorporado, pues, la Homeopatía y la Terapia Breve a mi consulta médica para así abordar las historias de los pacientes en todas sus dimensiones: física, emocional, comunicacional y también, de algún modo, espiritual.

Porque, más de allá de todo, sigo escuchando historias. Historias extrañas, dramáticas, desesperanzadas, vitales. Intento curarlas o aliviarlas con la ciencia y el arte médicos. Cambiar esas narrativas, esos patrones, físicos y emocionales, que nos aprisionan. Y para ello, primero, busco comprender la historia verdadera. La historia verdadera de cada uno de nosotros.

Me apasiona la literatura, la poesía, el cine, la comunicación... La naturaleza. La belleza de todas las cosas. El humor. La vida, en una palabra.

Como médico, y como científico, aún creo en la antigua magia que tienen las palabras.

Ordet.

2 Comentarios

Comentar
  • ¡¡¡ Que bonito y que cierto todo lo que dices !!! ¿Y si hiciéramos que la vida fuera nuestra amante?. La Vida, toda ella, porque sí.
    Una vez leí algo así como que la llave de la felicidad no estaba en hacer lo que amas sino en amar lo que haces. A lo mejor es ese el truco.
    Gracias por volver a inspirarnos.

    • … La vida, toda ella, nuestra amante… y si alguien se pregunta ¿por qué? Pues simplemente porque sí. Así mismo.
      Muy bueno Guillermo!, que se note que eres de Bilbao joer…Una respuesta muy zen… Las que me gustan…
      La otra frase yo la leí atribuida a Goethe pero vaya usted a saber que esto de las citas va como va… Yo leí algo así como «no tanto hacer lo que te gusta sino que te guste lo que haces»
      Por ahí debe ir el secreto… sí señor…
      (y con ser, o actuar como si fueras, de Bilbao, claro)
      un gran abrazo

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