¿Abrazar un árbol en un ensayo clínico?

Hace ahora más o menos un año leía en una noticia en los diarios sobre un curioso estudio. El investigador, el Dr. López-Pousa, coordinador del servicio de Neurología de los hospitales Josep Trueta de Girona y Santa Caterina de Salt, presentaba los resultados preliminares en colaboración con la Universitat de Girona.

Se trataba de comprobar el efecto del paseo en bosques maduros (aquellos que tienen más de cien años y no han sufrido modificaciones recientes por la acción humana) sobre los enfermos de fibromialgia.

La pauta era caminar cada día 1,2 km durante unos 15 minutos por el bosque.

Y, de hecho, se encontraron mejorías significativas en cuanto a la disminución del dolor, el insomnio y el bienestar de estos pacientes.

Los efectos se atribuían, según el autor del estudio, “a la inhalación de sustancias aromáticas que desprenden los hongos, aceites y resinas de los bosque. Estas sustancias son mediadores cerebrales, porque aumentan la serotonina y regulan la noradrenalina…” Y, continuaba, “pasear por el bosque disminuye la frecuencia cardiaca y la presión arterial. El sistema simpático del organismo reduce su actividad… Además, aumentan las sustancias de inhibición sobre las células cancerígenas y aumenta la respuesta inmune…”

Dados estos prometedores resultados la intención era extender este estudio piloto a personas con trastornos autistas y a niños con déficit de atención e hiperactividad.

Hasta aquí nada nuevo. Un estudio más del que desconozco su trascendencia en la literatura especializada pero que conviene tener en cuenta dado que, como se sabe, el tratamiento de esta enfermedad desde un punto de vista convencional es puramente sintomático (no así desde el punto de vista homeopático, por cierto).

Pero lo que llamó aún más mi atención venía después. La presidenta de la asociación de la fibromialgia y fatiga crónica de la comarca donde se efectuó el estudio, comentaba el entusiasmo de los participantes en el ensayo y su determinación a seguir paseando aunque fuese ya fuera del estudio. La pauta, como queda dicho, era pasear tranquilamente por el bosque esos 15 minutos, pero ellos añadieron, por propia iniciativa, otra condición más: la de abrazar los árboles.

Y lo explicaba así: “ha sido una iniciativa nuestra, porque dicen que, cuando te abrazas a un árbol y te concentras, sientes su energía. Además de que estás muy cerca de él para aspirar todos esos hongos y aceites que dice el doctor, es un momento en el que estás contigo mismo y conectas con la naturaleza…”

Y yo le digo ¡bendita iniciativa! señora. Pero sobre todo me pregunto, ¿quién me puede decir ahora cómo averiguar lo que puede haber influido en el estudio ese “abrazo” a los árboles? ¿mucho? ¿poco? ¿nada?… Y ¿cómo saberlo? ¿y cómo saber su influencia en cada uno de los participantes?

¿Queda invalidado el estudio por esa iniciativa tan “particular”? ¿Cómo saber si  los beneficios se deben al paseo, las sustancias aromáticas o… los abrazos? ¿o todo ello?

La medicina llamada de la evidencia (de “pruebas”, en mejor traducción) se ha ido incorporando al método científico en los últimos años. Es un paso adelante. Pero  hay más de una y de dos voces (y no de homeópatas precisamente) que se alzan contra esta especie de “dictadura” en la que parece haber embarcado a toda la investigación biomédica. Como si ahora sólo existiese ese mundo ideal de los ensayos que no es, en absoluto, el que el médico ve cada día en su consulta.

Y sobre todo cuando no dejan de salir, un día sí y otro también, estudios y reflexiones que nos alertan de ese mundo perfecto de las estadísticas y los ensayos (necesarios, no nos confundamos). Un artefacto, como diría Schopenhauer, que fue puesto en el mundo por un acto de atribución humana y después es como si la utilidad fuese descubierta en el exterior por el entendimiento, “que se admira de una maravilla que él mismo creó”.

En este reciente artículo que recomiendo  se vuelven a mencionar las ya clásicas conclusiones de otro del estudioso y reputado J. Ioannidis. Tan contundentes y explícitas como por ejemplo, y para no extenderme,  “la mayoría de los resultados de investigación, en la mayoría de los campos, son falsos independientemente de su metodología“.

Necesitamos ensayos clínicos, metaanálisis y todas las estadísticas que queráis. Necesitamos deslindar el grano de la paja. Pero el ser humano es un organismo complejo y si no tenemos en cuenta esa complejidad podemos caer en muchos errores de base. No lo podemos meter en un tubo de ensayo así sin más. Basta ya de nuevos “errores de Descartes” (Damasio1), de reduccionismos que consideran a los seres vivos como “relojes perfectos” en que cada pieza puede ser sustituida sin problema, de separar el cuerpo del “alma” (si se me permite la expresión).

Porque éstas son las premisas con las que se hacen la mayor parte de ensayos hoy día. Ensayos además, huelga decirlo, llenos de trampas, intereses y medias verdades cuando no falsedades evidentes denunciadas por los propios editores (¡oh ironía!) de las revistas científicas más prestigiosas 3, 4.

Así que deberíamos encontrar una metodología que con los criterios más exigentes evalúe también lo propio de los organismos vivos, no sólo la cantidad sino también la cualidad.

Mientras, las personas de carne y hueso, aquellas que sentimos dolor, insomnio o malestares que muchas veces no sabemos explicar bien, seguiremos participando en ensayos estadísticos “ideales”, pero también, y sobre todo, seguiremos abrazando árboles.

¿No os parece?

  1. El error de Descartes, A. Damasio, Destino, 2011
  2. http://www.globalresearch.ca/editor-in-chief-of-worlds-best-known-medical-journal-half-of-all-the-literature-is-false/5451305
  3. La verdad acerca de la industria farmacéutica. Cómo nos engaña y qué hacer al respecto, M. Angell, Norma, Bogotá, 2006

Sobre el Autor

Dr. Gonzalo Fernández-Quiroga
Dr. Gonzalo Fernández-Quiroga

Tal como decía Holden, “Si de verdad les interesa lo que voy a contarles, lo primero que querrán saber es dónde nací, cómo fue todo ese rollo de mi infancia…”

Bueno, pues nací en un pequeño pueblo de montaña donde por la noche se contaban historias. Las mujeres que venían a casa con sus candiles, se sentaban, hilaban y contaban. Todas aquellas largas noches nevadas de invierno escuchando historias. Historias de todo tipo, de miedo, de muerte, de espíritus, de risa, amor, de desamor. Historias.

Después estudié y me licencié en Medicina por  la Universidad de Barcelona (UB). Hice el postgrado en Homeopatía por la UB-Academia Médico Homeopática de Barcelona (AMHB). He sido Director del Máster de Medicina Homeopática de la UB (2011-2016) y de la propia AMHB. Me encanta la docencia y ahora sigo de profesor de homeopatía en la AMHB y el CEDH. También cursé el Máster en Terapia Breve Estratégica, en su primera promoción, con el equipo de G. Nardone en el Institut Gestalt de Barcelona (2000-2002) que ha influido mucho en mi formación.

He incorporado, pues, la Homeopatía y la Terapia Breve a mi consulta médica para así abordar las historias de los pacientes en todas sus dimensiones: física, emocional, comunicacional y también, de algún modo, espiritual.

Porque, más de allá de todo, sigo escuchando historias. Historias extrañas, dramáticas, desesperanzadas, vitales. Intento curarlas o aliviarlas con la ciencia y el arte médicos. Cambiar esas narrativas, esos patrones, físicos y emocionales, que nos aprisionan. Y para ello, primero, busco comprender la historia verdadera. La historia verdadera de cada uno de nosotros.

Me apasiona la literatura, la poesía, el cine, la comunicación... La naturaleza. La belleza de todas las cosas. El humor. La vida, en una palabra.

Como médico, y como científico, aún creo en la antigua magia que tienen las palabras.

Ordet.

4 Comentarios

Comentar
  • Hace mas de veinte años que abrazo arboles y desde luego lo recomiendo.
    Bien Gonzalo muy bien y muy interesante.
    Ya es el momento que la clase médica nos intente acercar a los beneficios de la Naturaleza.

    • Hola Miguel,
      son muchísimos en realidad los beneficios de la naturaleza como bien sabes… Nuestra experiencia subjetiva nos lo dice bien claro a todos y no hace falta ningún estudio para comprobarlo…
      Por lo que dices tú ya llevas muchos años comprobándolo/sintiéndolo en ti mismo. Y no hay nada como la experiencia de uno…
      Un fuerte abrazo…

  • Gonzalo, yo sí que seguiré abrazando árboles. De hecho, el último abrazo se lo ha llevado este mismo sábado una Haya magestuosa que habita en un bosque mágico bajo el monte Anboto. Y abrazaré, con mis brazos, con mi mente, con mi corazón, con mi alma, todo lo que se deje abrazar y busque en ese abrazo la conexión que a todo nos une.
    Precioso post y que sepas que te espera un abrazo en cuanto nos veamos. (jeje)

    • Pues además estamos en fechas de buenos deseos y de abrazos o sea que aprovechemos la excusa…
      otro fuerte abrazo para ti…
      y muy Buen Año para todos nuestros lectores!!

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