Tratamiento de la depresión y la ansiedad con homeopatía

Uno de esos días frecuentes, en los que en el trabajo no da tiempo ni a mirarse a la cara, Susana mi residente de tercer año me espetó. “Te he citado a Jimena, esa paciente joven, trasplantada de riñón, que está usando psicofármacos, porque está muy mal, y le he propuesto que hable contigo por si puede beneficiarse de un tratamiento homeopático”.

Susana, era una extraordinaria residente, que había entendido a la perfección el espíritu del trabajo en medicina de familia. Nuestra relación personal, su entusiasmo y ganas de trabajar y Martín Winckler1 le habían ayudado a amar su trabajo. Había observado nuestros pequeños éxitos con el uso de los medicamentos homeopáticos en la consulta y estaba abierta a utilizar cualquier herramienta que pudiera sernos útil para ayudar a nuestros pacientes, incluso los más difíciles.

Jimena, era sin duda una de ellos. Esos pacientes, cuya presencia en el listado de consulta te produce un cosquilleo en el estómago y una sensación de desafío. Podíamos considerarla una paciente hiperfrecuentadora e insatisfecha, y por eso me desasosegaba.

En su caso, no era solamente su forma de ser o de comportarse en la consulta el motivo principal de dificultad, sino la sensación de inutilidad que producía en nosotros.

Acudió a la consulta, tranquila pero con un cierto aire de escepticismo, y charlamos durante largo rato de su problema, lo que facilitó que ambos nos sintiéramos más a gusto.

Siendo muy joven, le habían diagnosticado una insuficiencia renal crónica y tuvo que entrar en programa de diálisis. Hacía cuatro años, que le habían trasplantado con éxito un riñón, y cinco desde que manifestaba síntomas de depresión.

Se sentía fatal, y estaba harta de tomar tantos medicamentos. “Tomo once medicinas, el psiquiatra me da cada vez más, y yo me encuentro peor “.

De los once medicamentos que tomaba cinco eran psicofármacos. Según me relataba, y por las entrevistas anteriores era evidente que no le habían ayudado nada.

“Me siento triste, desganada, no duermo bien, estoy nerviosa, irritable, chillo a los niños a mi marido, a todos” me comentaba con expresión de tedio.

Tomo muchas medicinas, pero no me sirven de nada, tengo palpitaciones, dolor de cabeza, me duele los brazos, el cuello, los hombros y no consigo ir bien de vientre”.

Estaba trazando hipótesis en mi mente, de los síntomas que podrían ayudarme a buscar el medicamento correcto, cuando de pronto le pregunté, si había algún motivo aparte de su enfermedad, que explicara su estado.

Me contestó con visibles muestras de enfado. “Ha sido una injusticia”.

¿Qué fue injusto?” le inquirí yo, sorprendido y a la vez comprendiendo cada vez más a Jimena.

Estaba empatizando, la larga anamnésis homeopática estaba haciendo su efecto en ambos, ella se defendía menos y yo era capaz de comprenderla mejor y encontrar el tratamiento.

Todos han sido injustos, todos, mis jefes que no me han ayudado nada cuando estaba enferma, todo fueron trabas, y los médicos… los médicos que me denegaron sin razón una invalidez que por mi enfermedad me merecía “.

Se le notaba furiosa y afectada, e intenté consolarla. Le tendí un pañuelo y me correspondió con un gesto de agradecimiento. “Sabe”, me dijo secándose las lágrimas “cuando alguien intenta consolarme, me siento peor, me irrito más, y lo estropeo, prefiero estar sola”.

Una cosa que le preocupaba mucho era su forma de comer en los últimos meses. Picoteaba continuamente porque le quitaba la ansiedad, pero se sentía mal y estaba engordando. Me dijo “me gustaría tomar algo que me solucione este problema”.

Tras más de una hora de conversación, y una vez que tenía claro la posible utilidad del tratamiento que le iba a proponer, concretamos el uso de dos medicamentos homeopáticos y la suspensión de cuatro de los cinco psicofármacos, todos excepto uno de los antidepresivos.

Quince días después acudió a una nueva cita. Se le veía sonriente y satisfecha. Yo le pregunte por su evolución y ella me respondió “Estoy sinceramente sorprendida. Me siento mucho mejor desde los primeros días que empecé a usar las medicinas. Me siento más animada, no estoy tan irritable, y duermo mucho mejor. Pero sobre todo, ha desaparecido mi problema de picar casi por completo”.

Más sorprendido quizás yo que ella misma, quise saber la confianza con la que había utilizado el tratamiento, ya que la escucha podía ser un arma terapéutica y ni yo mismo descartaría un efecto totalmente placebo, y me confesó: “No pensaba que este tipo de medicinas pudiera tener ningún efecto. Sobre todo, después de todo lo que vengo tomando. Pero lo cierto es que estoy mucho mejor, y creo que debe ser por el tratamiento que me ha puesto”.

Hace muchos años desde que sucedió esta entrevista. Al cabo de un mes Jimena suspendió el único fármaco antidepresivo que usaba y a los siete meses suspendió el tratamiento homeopático.

Pudo encontrar un trabajo y volvió a tener una vida normal.

No volvió a presentar síntomas de depresión o ansiedad durante años, y se adaptó bien a su enfermedad. Acudía infrecuentemente a la consulta, y nuestra relación fue excelente. Excelente y empática para poder afrontar juntos los nuevos retos que vendrían después.

Sinceramente, Jimena me ha hecho pensar muchas veces, en el verdadero efecto de la homeopatía. Todo fue tan rápido, consistente con la prescripción elegida, progresiva y persistente que me cuesta creer en otra posibilidad.

Desde mi nuevo trabajo, pienso a menudo en Jimena y en muchos otros pacientes que me han enseñado tanto cada jornada de trabajo.

Y en la fortuna que tuve de encontrarme un día con la homeopatía. 

Bibliografía

1- Winckler M. La enfermedad de Sachs. Editorial Akal.1999. 

Sobre el Autor

Dr. Jose Ignacio Torres
Dr. Jose Ignacio Torres

Jose Ignacio. Médico de familia. Después de un año breve pero intenso de formacion en la Fundación Jiménez Díaz como médico residente de hematología, realicé mi residencia de medicina de familia en el Hospital Universitario Marques de Valdecilla (Santander). He trabajado en muchos aspectos relacionados con la medicina de familia: jefe de estudios, tutor de residentes, presidente de la comisión de calidad... Pero sobre todo en mi consulta en los centros de salud de las antenas (Santander), Barcelona en Móstoles (Madrid), San Agustín y Gamonal Antigua (Burgos) y actualmente en Montesa (Madrid). Siempre me han interesado la investigación, la docencia y la asistencia y por eso he tenido la suerte de poder formar muchos médicos residentes la mayoría de los cuales han compartido conmigo la ilusión y el cariño de tratar con personas, de cuidar personas. Me considero un terapeuta, alguien que intenta ayudar a mejorar la salud de los que acuden a su consulta. En los años 90 sentí la necesidad de aprender otras formar de terapia y tuve la gran fortuna de conocer la homeopatía. Soy especialista universitario en homeopatía por la universidad de Valladolid. Desde entonces, tanto en el centro de salud como durante algunos años en mi consulta privada he tenido la maravillosa experiencia de escuchar, comprender y tratar a muchos pacientes con medicamentos homeopáticos y me he sentido realmente útil.

Mis áreas de interés prioritario han sido las actividades preventivas, las enfermedades cardiovasculares crónicas, y las técnicas de comunicación. Pertenezco al grupo-programa comunicación y salud de SEMFYC y he sido varios años parte de un extraordinario grupo de profesionales y amigos en el grupo de comunicación y salud de Burgos.

Como docente actualmente soy profesor del CEDH y he tenido la posibilidad de compartir experiencias y conocimientos con alumnos de pregrado (alumnos de medicina de la facultad de medicina de Zaragoza), médicos, veterinarios y farmacéuticos.

La homeopatía me ha dado la oportunidad de conocer a excelentes profesionales y personas, ayudar a muchos pacientes y proporcionarme las herramientas más poderosas para un médico: la humildad, el sentido común, la escucha activa y unos fármacos seguros y eficaces.

4 Comentarios

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  • Si señor, la homeopatía una vez mas hace sus maravilloss efectos y lo dijo por experiencia con una persona muy cercana a mi. Después de haber tomado Wellbutrin y Lorazepam, a las dos semanas empiezan a cambiar, es cuando se les empieza a notar mas los efectos, al menos en este caso.

    Funciona de maravilla con los animales, ansiedades, estrés, viajes… en eso si que tengo mucha mas experiencia con los consejos de Andrés Bidarte Iturri, ahí si que he alucinado y bien. Viven con nosotros y padecen nuestras enfermedades .

    Poder devolver la salud a nuestra cabecita, que también se puede enfermar, sin efectos secundarios me parece la bomba.

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