Miedo y homeopatía

¿Quién no ha tenido miedo alguna vez? ¿Quién no ha estado o está “estresado”?

Psique, emociones, sistema endocrino y hormonas, sistema nervioso y sistema inmune, y seguramente cualquier otro “sistema” que se pueda imaginar, están estrecha e íntimamente relacionados. Esta es una premisa fundamental. Pensar de otra manera a estas alturas me parece no solo anticientífico sino insensato.

Ya hay muchos “estudios” y hasta un área reciente, la psiconeuroendocrinoinmunología, que va por ese camino. Pero, claro, la homeopatía, más antigua, siempre ha considerado de esta forma al ser humano, en su totalidad.

Podemos preguntarnos entonces ¿cómo es que hemos creado un sistema médico predominante en el que a efectos prácticos este sistema no funciona de esta manera? Sabemos mucho de pulmones o riñones o hígados, y eso está muy bien y es de agradecer, pero parece que llevado al día a día nos hemos olvidado de las personas que tienen esos órganos. Y las personas quieren que les traten como eso, como personas “enteras” y no como “partes”.

Todo ello confluye en el tema principal del post, el miedo, que es una de las emociones más intensas y frecuentes en los animales y en los seres humanos. Se trata de un gran ejemplo en el que para ser lo más eficaces posible debemos tomar a la persona en su totalidad.

Los principales síntomas del miedo suelen ser mareos debilidad, sudoración, parestesias, náuseas, palpitaciones, opresión en el pecho, ahogo, etc.

Cuando ese miedo, esa percepción, se convierte en limitante de las actividades cotidianas del sujeto es cuando debería ser tratado.

Ya en los años 40 del pasado siglo Seyle hablaba de cómo al percibir un peligro se desencadena una respuesta fisiológica lucha-huida que origina una serie de reacciones en cascada, tanto neuronales como hormonales, que prepara al individuo para enfrentarse a ese peligro. Así, se disminuye la actividad intestinal, disminuye la respuesta motora, aumenta la atención y la velocidad de reacción, aumentan las pulsaciones  y la oxigenación, etc. Y ahí surgió el concepto de estrés, que ha pasado al lenguaje cotidiano de forma masiva y popular y se ha convertido en una especie de cajón de sastre por su vaguedad.

Por tanto el estrés, el miedo en este caso, es una reacción normal y hasta un punto beneficiosa para los seres vivos en el momento que les alerta y les sirve para afrontar una situación percibida como arriesgada. El problema viene cuando ese estado se transforma en crónico sea por un peligro real, sea por una realidad “imaginada” y entonces sobrevienen una serie de problemas y afecciones, digestivas, sueño, temblores, depresión, dolores musculares, y un largo etcétera.

En cuanto a las estructuras cerebrales implicadas en el miedo, hay que decir que hay dos vías: una más primitiva e inconsciente (sistema límbico) y otra más reciente y consciente (córtex). Lo más interesante es que la primera es mucho más rápida que la segunda lo cual tiene una primera y determinante consecuencia: antes de que nos demos cuenta de que tenemos miedo ya lo hemos experimentado.

Esto, en mi opinión, es muy importante de cara sobre todo al tratamiento psicoterapéutico en cuanto este se focalice de forma predominante en la conducta y racionalidad o en la emoción.

Los principales miedos que se presentan en la consulta son a perder el control, a volar o a las alturas, a diferentes tipos de animales, a lugares en donde hay mucha gente (agorafobia) o a enfermedades (hipocondría).

En cuanto al tratamiento convencional habría que entender primero que el miedo es una percepción que desencadena reacción y ansiedad es un efecto psicofisiológico. Así que en una primera fase se suelen prescribir ansiolíticos para amortiguar esa ansiedad pero eso no afecta al miedo, a la percepción, que sigue existiendo. Es como si tuviésemos una camisa de fuerza en la que seguimos teniendo miedo pero además vemos que nuestro organismo no reacciona por lo efectos propios de la medicación con lo que en algunos casos aún nos exacerba la angustia. Y si a esto añadimos los antidepresivos (a pesar de los estudios científicos que muestran sus limitados efectos terapéuticos) y todos sus posibles efectos secundarios, pues el cuadro se complica.

Con esto no quiero decir que estos medicamentos no sean adecuados. A muchas personas les van bien y les funciona y por tanto pueden ser de ayuda. Pero en mi opinión, y dependiendo como siempre de la persona, prefiero dejarlos como segunda opción. La primera es psicoterapia y homeopatía.

Tenemos medicamentos homeopáticos que van muy bien para muchos de estos miedos, Aconitum y el miedo a volar, Stramonium para esa pesadillas en el que el niño se levanta agitado sin conocer a nadie lleno de terror, Arsenicum y su agitación nerviosa nocturna y miedo a morir, etc.

Sin embargo, estas son recetas simplistas porque no debemos olvidar que el miedo también simplemente puede ser un síntoma de algo más complejo y profundo que, como no puede ser de otra manera, involucra a la persona en su totalidad. Por ello una historia clínica bien detallada y un tratamiento individualizado teniendo en cuenta los síntomas particulares del miedo o la fobia, pero sobre todo los síntomas globales de la persona, será lo más efectivo.

La psicoterapia también tiene un papel importante. A mi juicio puede emplearse como complemento o a veces como terapia única con lo que evitamos en lo posible esa enfermedad a la que asistimos hoy día, la hipermedicalización social o medicalizar aspectos propios e intrínsecos de la vida. No debemos olvidar que las supuestas enfermedades psicológica o psiquiátricas son campo abonado para eso que se ha venido en llamar “enfermedades inventadas”, esas que la industria primero bombardea mediáticamente con su existencia y un nombre aparente cuando ya tienen en la otra mano el fármaco correspondiente a su curación. Primero tienen el fármaco y después “inventan” la enfermedad.

Así, hay supuestas enfermedades que no deberían ser tratadas porque simplemente forman parte de la vida y carácter de las personas tales como timidez, tristeza, duelo, etc.

Afrontemos pues el miedo, los miedos, que nos limitan y nos impiden crecer y confiemos para ello una vez más en el papel de los medicamentos homeopáticos. Y recordemos siempre que el miedo, esa emoción tan básica de lo seres humanos, es uno de los instrumentos con que los poderes de diferente tipo han utilizado históricamente para controlar a los individuos y las sociedades.

Sobre el Autor

Dr. Gonzalo Fernández-Quiroga
Dr. Gonzalo Fernández-Quiroga

Nací en un pequeño pueblo de montaña donde por la noche se contaban historias. Ahora ejerzo de médico (y docente) en Barcelona; actualmente soy director académico del Máster de Medicina Homeopática de la AMHB (Academia Médico Homeopática de Barcelona), pero sobre todo sigo escuchando historias. Historias extrañas, dramáticas, desesperanzadas, vitales. Intento curarlas o aliviarlas con mi arte y con mi ciencia. En la consulta con un paciente, y todos lo somos, busco comprender su historia verdadera. La historia verdadera de cada uno de nosotros.

Me apasiona la literatura, el cine y la comunicación. La belleza de todas las cosas. El humor. Todo es como debe ser jaja. La vida.

Como médico (y científico) aún creo en la antigua magia de las palabras. Ordet.

6 Comentarios

Comentar
  • El miedo que nos domina, el miedo que nos atenaza, el miedo que nos aleja de la libertad. Yo también pienso, como tú Gonzalo, que ese miedo hay que sacarlo de nuestro corazón y estoy profundamente convencido de que su verdadero tratamiento está en el amor; cuanto más amas menos temes.
    Y mientras el amor nos cura yo también confío en la Homeopatía para acompañarnos en este camino de sanación, como comentaba en ese post que escribí hace no mucho también sobre el miedo (El miedo que nos enferma y la Homeopatía que nos cura).

    Un abrazo enorme.

    • Efectivamente Guillermo, amigo. El miedo es un elemento muy básico y potente que todos padecemos. Y además de ser un problema de salud individual siempre ha sido una manera de control social por parte de las diversas formas de poder existentes. Por ello debemos intentar sacarlo de nuestros corazones como bien dices.
      Y está claro que a nivel individual la homeopatía y la psicoterapia son muy útiles. Y además con ello ayudamos también a “desprescribir” tanta carga medicamentosa generadora de tantos efectos secundarios. Y no “patologizar” también tantos procesos cotidianos de la vida diaria que no precisan de medicamentos.
      Añado el enlace de tu post
      un fuerte abrazo
      http://www.hablandodehomeopatia.com/el-miedo-que-nos-enferma-y-la-homeopatia-que-nos-cura/

    • Estoy seguro de ello… No sé si el único pero sí uno efectivo y que presenta indudables ventajas que hemos ido exponiendo
      gracias por seguirnos
      Un saludo

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