¿Por qué la humanidad y la cercanía son tan importantes a la hora de ejercer la medicina?

Ya he reflejado esta convicción en algún tuit, sin embargo me gustaría insistir en ella a través de este post: si a los médicos nos falta humanidad, ¿qué nos queda? ¿hacia dónde vamos? Solo pensar en ello me entristece. Precisamente porque de muy pequeño, encontré mi vocación en la medicina, precisamente por considerar ésta una de las profesiones con más humanidad. O al menos, así lo creía en ese momento.

Buscando en la RAE, “humanidad” tiene varias acepciones “naturaleza humana”, “sensibilidad, compasión de las desgracias de otras personas” “fragilidad o flaqueza propia del ser humano” y he elegido estas acepciones partiendo de que es una palabra del género femenino y por ello es más compresible algunas de sus acepciones.

Ahora soy consciente de que cuando empecé a mamar de mis padres parte de la medicina, se trataba de sensibilidades.

La medicina se trataba de sensibilidad, de comprender la fragilidad del que tienes enfrente y no de radiografías, de análisis o de otras pruebas sofisticadas. Acompañaba a mi padre a ATS, a domicilios de pacientes, porque tenía que hacer curas o poner una inyección a una persona que estaba “encamada” que tenía dificultades para desplazarse o incluso que no podía moverse de la cama.

Ver como recibían a mi padre me hacía sentirme orgulloso y especial. Él siempre saludaba de una forma exquisita a quien le abría la puerta, y solicitaba ver al enfermo Yo mientras esperaba en la entrada, en el salón, mientras mi padre atendía al enfermo y hablaba con los familiares. También en la medicina he entendido que muchas veces se trata de esperar, de esperar a la persona, de esperar al paciente, de esperar a la naturaleza, a comprender deseos, sentimientos, sensibilidades, a comprender la naturaleza humana, su fisiología, su tendencia natural a la curación, de esperar. A veces sólo se trata de eso, de esperar, en una sala de espera, en un domicilio, tras una mesa en una consulta.

Mi madre, como matrona, acompañaba a mujeres embarazadas. Seguía su evolución el curso natural de la vida, y también sus miedos, sus dudas. Daba las clases de parto sin dolor y tuve la suerte de poder asistir a uno de sus últimos cursos. Pensé que realmente las clases se trataban, de cómo ser padres. No sólo se hablaba del parto, de lo que era, de posibilidades una vez llegado el momento, de qué había que tener en la bolsa que había que llevar al hospital. También hablaba de los baños del bebé, de la lactancia, de la figura del padre activo y preocupado por su mujer e hij@. Mi madre realmente hablaba de la vida, y se lo contaba a parejas de extraños que escuchaban ensimismados y con fe ciega, y lo explicaba de tal manera que no parecía matrona, parecía una madre que recientemente había pasado por ello y que bajo su experiencia quería transmitir lo mejor de la vida y lo vivido a esos extraños que miraba y les trataba cómo si hijos suyos fueran. Yo tuve el privilegio de asistir a sus clases por el nacimiento de mi hija mayor y fue maravilloso, escuchar a mi madre hablar con naturalidad de algo tan sencillo pero tan complejo como es la Vida.

En la carrera estudié medicina, aprendí bioquímica, fisiología, neumología, hematología, un sinfín de síndromes, de enfermedades, de parámetros analíticos. Después empecé la especialidad donde tenía que aplicar todo lo aprendido relacionando los parámetros, los síntomas, los signos,… ¿pero la medicina se trata de eso? Tenía que haber algo más. Y en un momento me encontré con la homeopatía y descubrí el complemento ideal de mi profesión, en la medicina que había estudiado. La homeopatía me ayudó a comprender muchas cosas, a entender al paciente, a escuchar sus sentimientos, sus sensaciones, sus palabras, sus silencios. La homeopatía me ayudó a comprender que lo que dice el paciente de su padecer, de su enfermedad, es lo que nos debe importar y no sólo eso, no sólo su padecer, también la forma de expresarlo, de sentirlo, la forma de mirar mientras lo expresa, a veces entre lágrimas, otras con sonrisas, con asombro de lo que le está sucediendo y casi siempre con sorpresa y desazón, por no entender lo que le está sucediendo. La homeopatía recoge en su conocimiento de la personas esas características que nos hace únicos en la vida, que nos hace sentir de una manera distinta a cada uno, recoge esas sensibilidades, esa naturaleza individual de cada persona.

Yo mamé la medicina desde pequeño en mi casa y sin que hubiera médicos. Aprendí desde pequeño aspectos básicos en medicina que mis profesores no me supieron transmitir. Comprendí que la medicina forma parte de la Vida, que se trata de “sensibilidades” que la medicina versa de pacientes, de personas y no enfermedades. Que la medicina son miedos que susurran, son esperanzas que llenan el corazón, el alma y que vemos en el rostro de nuestros pacientes, de las personas. La medicina se trata de tener “compasión” y esto, no es una asignatura de la carrera, nunca llegué a estudiarlo. La Medicina va más allá de la ciencia de lo meramente teórico, de los análisis, de las radiografías, de las resonancias, la Medicina va de Personas y por ellos es complejo, pero apasionante a la vez.

La medicina tiene una parte de conocimiento teórico que se aplica, pero tiene una parte de humanidad que es la forma de aplicarse y la homeopatía complementa el conocimiento de lo teórico y de la humanidad que algunos buscan con empeño, pero en lugares o conocimientos equivocados.

Sobre el Autor

Dr. Alberto Sacristán
Dr. Alberto Sacristán

Alberto Sacristán Rubio. Médico especialista en Medicina Familiar y Comunitaria, con máster en Nutrición y Experto Universitario en Actividad Física. Desde 2015, ocupo el cargo de Presidente de la Sociedad Española de Médicos Homeópatas (SEMH).

Desde que tenía más o menos 10 años, acudía al “ambulatorio” donde mi padre trabajaba de ATS y estaba con él durante las últimas horas de su guardia de los sábados y algún día entre semana. Él me enseñaba como entonces se hervían las jeringuillas de cristal y las agujas metálicas para desinfectarlas. Era todo un proceso artesanal. Incluso iba con él a hacer los domicilios, pero claro, yo me quedaba en el salón esperando. Aquí surgió la semilla de mi vocación y desde entonces este fue mi objetivo, ser médico y además médico de familia.

Un tiempo después estaba haciendo la especialidad y a punto de terminar descubrí la homeopatía como paciente. Acudí a un compañero por un esguince y mi sorpresa fue que no me prescribió un antiinflamatorio, me prescribió un medicamento homeopático y con unos resultados para mi, novedosos. Estudié homeopatía y a la vez ejercicio y nutrición para realizar una medicina más integral, y tratar a mis pacientes lo mejor posible.

Además de ser feliz con la familia que tengo y aprovechar con ellos el mayor tiempo posible, disfruto haciendo deporte como el triatlón o ciclismo.

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