La Homeopatía en un lugar llamado Planilandia

Una metáfora que explica la situación actual de la Homeopatía

¿Cómo sería la existencia en un mundo de dos dimensiones? ¿y de una sola? ¿y de ninguna dimensión? Y, por encima de las tres dimensiones ¿existen espacios de 4, 5, 10, o más dimensiones? Y, si existen, ¿se puede conectar con ellos?

Planilandia (Flatland), “una novela de muchas dimensiones”, es una extraordinaria novela corta publicada en 1884 por Edwin A. Abbot pocos años después de “Alicia en el País de las maravillas” (1865) libro con el que comparte algunas similitudes en lo que se ha venido en llamar “ficción matemática”.

Abbot, como Carroll, era también matemático y en este libro, que es muchas cosas (como indica el subtítulo), lo demuestra con creces respondiendo de forma harto ingeniosa a todas esas preguntas que se plantean en el prólogo.

Planilandia es un mundo de dos dimensiones en el que vive el Sr. Cuadrado que es el narrador de la historia.

En la primera parte (“este mundo”) se nos describe la sociedad Planilandesa. El estado más bajo lo ocupan las mujeres (líneas) por su naturaleza emotiva y muy poco racional. Después los triángulos isósceles (soldados u obreros), y después los equiláteros, cuadrados y pentágonos. A partir de ahí, y a medida que aumentan los lados, se va subiendo en la clase noble hasta llegar alos Círculos que son los verdaderos amos de ese mundo (sacerdotes) ya que tienen tantos lados que, al final, no pueden distinguirse y semejan eso, círculos perfectos.

Se trata de una sociedad en que la configuración geométrica configura el carácter. Por ello, cuantos más lados tengas y más iguales, mayores virtudes y méritos. Las figuras irregulares son objeto de burla ya desde pequeños (empezando por sus propios padres) y son individuos marginados, desviados o criminales que deben hacer terapia para poder integrarse en la sociedad (aumentando sus lados e igualándolos) o son directamente eliminados.

Esta parte es aprovechada por el autor para hacer una corrosiva sátira social. Abbot, adelantado a su tiempo, era favorable a la completa emancipación de la mujer, a una igualdad de derechos cívicos, al sufragio universal y a la democracia popular, posiciones de lo más avanzado aún en nuestra época.

Pero es la segunda parte (“otros mundos”) donde brilla aún más la novela y el genio del autor.

El último día del año 1999 el Cuadrado entra en sueños en un mundo en el que sólo existen líneas y le intenta explicar a una de ellas que resulta ser el rey de Linealandia, que cómo a pesar de que su mundo es real, no es todo el mundo. Que no sólo existe el norte y sur sino la derecha y la izquierda, algo que es imposible de concebir para el rey de las líneas.

Vuelto a su mundo de dos dimensiones y perturbado por su sueño, es su nieto pequeño el que un día le pregunta que ya que se puede calcular la superficie de las personas (lado al cuadrado) ¿qué significaría la operación de lado elevado al cubo? (en realidad el volumen). El Cuadrado se lo saca de encima diciéndole que eso es una tontería pero no puede dejar de pensar en ello.

Y otra noche nota una extraña presencia en su habitación, es como una especie de círculo (en realidad una Esfera) con la que dialoga en varios capítulos y que le enseña lo que es Espaciolandia, el lugar de donde proviene.

El Cuadrado, llevado por la Esfera, queda totalmente impresionado al poder ver Planilandia desde arriba, ahora la puede ver en su interior como si él fuera una especie de dios, algo totalmente imposible en su mundo de dos dimensiones. Y ¡qué maravilla! por mucho que la Esfera le diga que esa visión es la normal en todos los habitantes de Espaciolandia.

Es así entonces como el Cuadrado imagina que también debería existir una cuarta dimensión y se imagina como será ese mundo que denomina Pensamientolandia. Y también visita Puntolandia donde no parece existir ninguna… y especula con otros universos de muchas más dimensiones.

Todo muy adelantado y moderno para la época ¿verdad?

Pues el final ya es imaginable. Pensando que ha hecho uno de los grandes descubrimientos de la existencia intenta explicar todo esto al cónclave de Planilandia. Los sabios Círculos le escuchan pero, claro está, ¿qué es lo que sucede? Sí, habéis acertado, ¡lo encarcelan por desafiar los dogmas dePlanilandia!

Como en esta novela, el ser humano, las personas tenemos varias dimensiones. La física, la emocional y la espiritual o como quieran llamarla. Las tres, como mínimo, son reales o tienen o manifiestan sus efectos. Que un artefacto necesario como la ciencia sólo pueda medir una o una y media de ellas no nos debe hacer pensar que las otras no existen, aunque a los planilandeses les parezca que esa es la única.

Lo que hace la homeopatía es apuntar también a esas otras dimensiones de la persona, integrarlas y conectarlas. Esas otras realidades de las que todos tenemos experiencia en nosotros mismos sin necesidad de mayores estudios. Y además lo hace desde un sistema médico adaptándose con mejor o peor fortuna a los requisitos de ese constructo que hemos llamado ciencia y que es tan real (o irreal) como cualquier otro. Los requisitos, por cierto, de la ciencia actual y predominante porque, como buen constructo que es, hecho por hombres, no es aséptica ni objetiva como algunos pretenden hacernos creer, sino que van cambiando con el tiempo. Y eso sin contar otros intereses de la industria que todos conocemos.

El Cónclave de Planilandia, donde hay una buena representación “sacerdotal” de todo tipo, y con honrosas excepciones, se empeña en tachar de “pseudociencia” todo aquello que no entiende o que no se ajusta a sus (cambiantes históricamente) dogmas. Muchos otros miran y callan porque les parece que no va con ellos. Pero ¡ay! recuerden lo de “primero vinieron a buscar a los comunistas pero yo no hablé porque no era comunista…”

Por eso en estos tiempos no se dirime sólo una cuestión “homeopática”. Es algo más amplio que atañe a una forma de entender la ciencia y la realidad.

Y por eso el Cuadrado también nos muestra, en su última y creo más bonita enseñanza, a no ser fanáticos de nada, a ser escépticos hasta de nuestro escepticismo, a dudar en suma. Porque la verdad verdadera seguramente está muy lejos de nuestro alcance.

Ese es, entre rejas, su lamento final cargado de inteligencia, de verdad y humanidad.

“…forma parte de mi Martirio, y lo soporto por la causa de la Verdad, el sufrir periodos de flaqueza mental en cuyo curso los Cubos y las esferas se desvanecen para mi en las profundidades de las existencias apenas posibles; entonces, la Tierra de las Tres Dimensiones, me parece casi tan visionaria como la Tierra del Uno o del Ninguno. Es más, entonces esta dura pared que me separa de la libertad, estas mismas tabletas en las que escribo, y todas las realidades sustanciales de la misma Planilandia, no me parecen nada mas que el fruto de una imaginación enferma, o la construcción ilusoria de un sueño”.

Sí, la duda, esa maldita duda que es propia de los verdaderos científicos. La que nos aleja del rebaño, de cualquier rebaño, y nos hace un poco más libres.

Sobre el Autor

Dr. Gonzalo Fernández-Quiroga
Dr. Gonzalo Fernández-Quiroga

Nací en un pequeño pueblo de montaña donde por la noche se contaban historias. Ahora ejerzo de médico (y docente) en Barcelona; actualmente soy director académico del Máster de Medicina Homeopática de la AMHB (Academia Médico Homeopática de Barcelona), pero sobre todo sigo escuchando historias. Historias extrañas, dramáticas, desesperanzadas, vitales. Intento curarlas o aliviarlas con mi arte y con mi ciencia. En la consulta con un paciente, y todos lo somos, busco comprender su historia verdadera. La historia verdadera de cada uno de nosotros.

Me apasiona la literatura, el cine y la comunicación. La belleza de todas las cosas. El humor. Todo es como debe ser jaja. La vida.

Como médico (y científico) aún creo en la antigua magia de las palabras. Ordet.

8 Comentarios

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  • Sobre la polémica creada por la creación del Observatorio contra las pseudociencias, de la OMC.
    Son tan diversos y de tal complejidad los temas que confluyen, se amalgaman y hasta confunden en este asunto, a veces interesadamente, que es empeño inútil pretender avanzar con enfoques simplificadores y reduccionistas. Conviene deslindarlos y abordar cada uno en forma sosegada, racional y, por supuesto, respetuosa. Esto, automáticamente, obliga a ciertas personas y grupos a adaptar su aportación al gran debate pendiente, a cambiar sus formas inciviles. O bien, de persistir en ellas, a autoexcluirse. Entretanto, el riesgo es que, ya sea por acción o por omisión, por la precipitación de unos o por la dejadez de otros, se cometan atropellos e injusticias en asunto tan delicado como la salud.
    El derecho a recibir asistencia sanitaria, así como las obligaciones de quién, qué, cómo, cuándo y dónde la ejerce, están regulados por nuestro ordenamiento jurídico. El deseo del ciudadano y de los profesionales honrados de que se persiga el fraude y el engaño, van de suyo. Los excesos de la medicalización de la salud, los intereses económicos en juego en su pura y dura explotación mercantilista, sus maniobras para la manipulación y perversión de la ciencia en beneficio propio, todos ellos, obvios. La escasa fundamentación real de una (teórica) medicina basada en la pomposa (y mal traducida y peor digerida por algunos) evidencia, evidente. El discutible empeño deontológico en asimilar la práctica médica ética con el solo patrón oro de esa precaria evidencia, apenas sostenible. Las dificultades de una sanidad pública para ofrecer la mejor asistencia a la población; la decisión de facultativos de ejercer su vocación según su conciencia, incluido el honesto ejercicio médico no convencional (EMNC); el papel de la Organización Médica Colegial (OMC) en la regulación de la profesión y sus responsabilidades ante la sociedad; el principio de autonomía del paciente… No saldremos airosos en los debates legal, profesional y social pendientes si lo mezclamos todo. Será, lo es, de hecho, un buen escaparate público para exhibir filias y fobias. Un buen recurso para medrar individuos e ideologías. Y poco más.
    Y este es el peligro.
    A tenor de sus actuaciones en el marco mundial, el auto-denominado movimiento escéptico (ME) pretende imponer en todo ámbito (ahora, el sanitario), bajo las pretendidas banderas de la racionalidad y la ciencia, la hegemonía de un tipo de pensamiento, de lenguaje y de acción considerados por muchos excluyente y totalitario. Desde hacía años, escépticos de nuestro entorno venían expresando su pretensión de extender su influencia también a las organizaciones sanitarias. La incorporación por parte de la OMC de dos de sus miembros en este Observatorio representa para el ME la anhelada colocación de una pica en Flandes en el mismo núcleo de la profesión médica.
    La lectura del Documento informe que presenta y pretende justificar el Observatorio transmite la impresión de que, bienintencionada, conveniente y hasta necesaria y loable como pueda ser esta acción de la OMC, todo se está haciendo al dictado del ME: la jerga escéptica que domina la redacción; lo que se ha de entender por pseudoterapias (literalmente, lo que los coautores “entienden”) y por respaldo de la evidencia disponible; la referencia a la evolución de un paciente fallecido con cáncer: lo que en otro sitio sería calificado de “caso anecdótico”, aquí con todo el peso de la prueba; la analogía del “bachiller en ciencia”; la insólita carga de una institución española contra un organismo estadounidense, el National Center for Complementary and Integrative Health, basándola en (¡atención!) “un foro de políticas en Science” y en un “estudio” con datos de 6-7 años antes, publicado en algún espacio escéptico: “evidencia” suficiente, al parecer… Todo ello en un documento y en una creación de nada menos que la OMC: ¿Observatorio contra (¿¡también!?) las “pseudociencias”?
    Respecto a sus co-participantes, la incorporación de un no facultativo en funciones de vigilante (también) de la praxis médica y gestor de listados punibles en un Observatorio de la OMC es de dudosa adecuación para algunos colegiados y una intolerable intromisión para otros. Con cuánto más motivo si el incorporado acumula antecedentes de declaraciones ofensivas contra colegiados.
    El otro participante en el documento no perteneciente a órganos de la OMC es otro destacado activista del ME, con una trayectoria similar de hostilidades y ofensas contra el EMNC. No solo contra técnicas no convencionales, sino expresamente contra los colegiados que las aplican. Si opinar es libre, saltarse un facultativo las recomendaciones del Código Deontológico (CD) respecto a dirimir las discrepancias dentro de los ámbitos profesional y colegial, es reprobable.
    Con esta precipitada actuación, la OMC está cometiendo un error táctico dentro de una estrategia correcta. La estrategia correcta es la defensa de la Ley, la promoción de la deontología médica y la protección sanitaria de la población. El error es la alianza excluyente (ningún representante de facultativos ni usuarios de la práctica no convencional) con los más excluyentes.
    La amenaza no solo es para al EMNC, sino, por extensión, para toda praxis médica, convencional o no, que no demuestre (¿a criterio escéptico?) “suficiente” evidencia científica, convirtiéndose ipso facto, en “pseudoterapia”. De imponerse tales modos y objetivos absolutistas, todo el colectivo profesional de la OMC podría sentir, antes o después, la vara de medir escéptica en sus propias espaldas.
    De momento, con su coalición con un movimiento hostil y ofensivo contra el EMNC, la OMC aprueba tácitamente sus actuaciones pasadas a este respecto. Y, en consecuencia, y salvo que rectifique, las promueve y tolera en el futuro.
    Soy médico colegiado y ejerzo mi profesión en exclusiva en el ámbito convencional y público. En mi opinión, buena parte del debate médico sobre este importante asunto, que la OMC ha lanzado a la arena pública, debe hacerse en los ámbitos profesional y colegial, como recomienda el CD. Así lo he expresado en carta abierta cuya lectura permítanme facilitar a las personas honestamente interesadas, mediante el enlace adjunto. Avancemos.
    Disculpen la extensión de esta entrada no exclusiva para este espacio. Gracias.
    http://www.medicinanaturista.org/images/revistas/mn11-1.pdf (Pág. 57)

    • Gracias Marino, muy interesante tu reflexión y tu enlace que algunos ya conocíamos. Y estoy muy de acuerdo en que el observatorio tal como está es un artefacto que puede volverse en contra de todos nosotros practiquemos el método que sea. Esto se sabe como empieza pero no cómo acaba.
      Por eso sigo diciendo que esta campaña no va solo contra la homeopatía. Es algo más importante. Es un intento de apropiación e imposición de la ciencia.
      Por eso escribí esa frase atribuida a Bertolt Brecht pero cuyo autor parece que fue Martin Niemöller de que “primero vinieron por los comunistas pero yo no dije nada porque no era comunista…”
      Algunos aún no se dan cuenta de que esto también va con ellos
      Un abrazo

  • Un artículo de infinidad de brillantes dimensiones. Supongo que el mundo donde don Ego somete a los pequeños “egitos” de la recua será (muy probablemente)¿de un cuarto de dimensión? Lo más aterrador de todo es que así son las dictaduras: ¿por qué iba a ser distinto con la ciencia?
    ¡Muchísimas gracias! Comparto en mi perfil de G+

    • Hola Mar,
      pues brillante también tu comparación. ¿Por qué iba a ser distinto en eso que llamamos ciencia? Luchas de poder, revistas “científicas” que los mismos editores confiesan (a posteriori, eso sí) sus aspectos fraudulentos, envidias malsanas, intereses económicos, egos, muchos egos y, lo peor de todo, que algunos quieren imponernos qué es ciencia y qué no o la confunden con el método científico de turno.
      Y en medio, también es justo decirlo, científicos honestos que hacen todo lo que pueden en condiciones sumamente adversas y tienen todo nuestra admiración y respeto.
      Y en cuanto al mundo de don ego yo creo que podría ser muy bien el de puntolandia, con puntos seguidos, puntos y aparte y puntos suspensivos…
      Muchas gracias por tu comentario
      un saludo

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