La gran mejoría que disfrutamos en mi padre gracias a la Homeopatía

Escribo estas líneas desde Polop (Alicante) donde nos hemos reunido la familia por primera vez sin la presencia de nuestro padre.

La última vez que él estuvo aquí fue en abril de 2015.

Mis hermanos Vicente y Susana no dudaron en facilitar el traslado y toda la organización.  Y padre disfrutó. Disfrutamos todos un montón.

¿Por qué? Porque cuando algo no te lo imaginas, no lo das por factible, pero sucede, la alegría es mucho mayor.

Y sucedió gracias a la visita del Dr. Torres, que vino a ver las heridas de papá y todo su estado general (como hacen los homeópatas) en febrero de 2015. En esas fechas era impensable que papá se moviera de su cama o de su sillón.

Papá en 2007 tuvo un sincope, y ahí empezó con un tratamiento para su corazón. Se sucedieron montones de pastillas y mantuvo una buena calidad de vida hasta enero de 2013 en que sus piernas tenían unos edemas inmensos y de color morado que daban miedo.

Aquí fue cuando añadieron Seguril a su tratamiento y entonces empezó la lucha de mi padre con las pastillas. Eso de tener que ir al cuarto de baño cada 2 por 3, no le hacía ninguna gracia.

Y otras razones tendría también que no voy a contar.

Las consecuencias de ello fueron unos enormes edemas, una circulación sanguínea en sus piernas nefasta y unas ulceras vasculares complicadas. En una consulta que hicimos a vascular le pronosticaron que habría que amputar un trozo de su pierna.

Todo esto le llevó a tener que ingresar. Tras un mes en el hospital, el médico apostaba poco por su mejoría. Padre no se “deshinchaba”, respiraba mal, se fatigaba al hablar, no comía casi nada y había que ayudarle entre 2 personas para levantarle al sillón. Era como un globo, pero relleno de líquido.

Padre, a pesar de sus escasas fuerzas, nos expresaba sus deseos de volver a su hogar. Entonces nos decidimos a montar en su casa un mini hospital: cama articulada, oxígeno, material para su higiene (menos mal que ya se había hecho algo de obra en el cuarto de baño), material para la cura de heridas…

En uno de esos días, el médico homeópata que no tiraba la toalla propuso que le pusiéramos a dar unos pasitos. Recuerdo como él y yo le levantamos a pesar del oxígeno, de su gran peso por la anasarca, de su cansancio y debilidad. Y dimos unos pasos que fueron decisivos.

Al día siguiente un poco más y así conseguimos llegar hasta el cuarto de baño, donde la diuresis de padre y también su deposición fueron más efectivas, cómodas y saludables.

No olvidaré la frase de José Ignacio: “quien mueve el cuerpo mueve el corazón”.

Yo creo que papá al ver ese pequeño progreso y los ánimos de su médico decidió él mismo colaborar y sin rechistar empezar a tomar las fórmulas para abrir el apetito y los gránulos de homeopatía disueltos en 2 botellas de agua.

El pronóstico que le dieron en el hospital y la médica de cabecera era muy malo. Todos decían que se moriría con las heridas sin curar y sin haberse podido levantar de su cama.

Su tratamiento al salir de su ingreso era Aldactone 100 cada 24 horas y Seguril 1 como cada 8 horas, entre otras cosas.

A los 4 meses de iniciar la homeopatía, padre se había deshinchado totalmente. Sus heridas mejoraron muchísimo. El color y el aspecto de sus piernas era estupendo. Se le retiró totalmente el oxígeno. Recuperó el apetito. Empezó a comer él solito y a realizar ejercicios con la ayuda y constancia de mi madre. Empezamos a salir a la calle. Él iba un poco en la silla de ruedas otro poco caminando. Nos sentamos en algunas terracitas a tomar el aperitivo. Y las úlceras curaron completamente después de tantos meses.

También su cabeza, su capacidad de dialogar, contar cosas e incluso decir sus ocurrencias con ese ingenio que siempre tuvo, mejoraron muchísimo. Compartía en las visitas de José Ignacio sus gustos de zarzuela o pintura. Nos expresó su deseo de ir al teatro, de ir a Asturias, su tierra, y de ver a sus amigos. Así que hicimos varios de esos planes en los que era una gozada ver disfrutar a padre y a madre.

Ciertamente no puedo ni debo minimizar que todos los cuidados y la atención a papá eran un esfuerzo grande y fue necesario contratar personal. Hemos tenido un gran equipo de cuidadores.  Además, contábamos con el apoyo de Atención Primaria y sus visitas. Pero lo que más fuerza y confianza nos dio fueron las visitas semanales de José Ignacio, y el poder llamarle ante la más mínima duda o incidente. El poder compartir con él todo y saber cómo papá agradecía sus visitas, agradecía el sentirse cuidado y tratado.

Papá quería vivir, su repuesta frecuente a “¿Cómo estás?” era “cansado, pero mejor.” Incluso durante esta última bronquitis nos expresó su optimismo.

Pero la mañana del 12 de enero mi madre y la cuidadora le vieron mal. Otra vez más tengo que mencionar y agradecer la presencia de José Ignacio que nos ayudó a que esas últimas horas fueran un trance menos doloroso para todos.

Padre se fue. Pero se fue rodeado de su familia. Se fue después de haber disfrutado planes que parecían impensables. Después de haber compartido con nosotros su memorietas, una parte de su vida escrita por él mismo que guardaba celosamente. Se fue sin la más mínima herida en su cuerpo, con sus “patitas de alambre” que dice mi madre por el tipazo que siempre tuvo.

Pero lo mejor es que padre se fue habiendo conseguido realizar gran parte de sus deseos, habiendo cumplido todo lo expresado en sus Instrucciones Previas y rodeado de las personas. Muy en especial tengo que nombrar a mi madre, con quien luchamos para que la vida de mi padre tuviera la mejor calidad posible.

Gracias José Ignacio, sin ti no habría podido ser así.

Imagen diseñada por Freepik

Sobre el Autor

Miriam Villamandos
Miriam Villamandos

Miriam Villamandos Nicás, de 54 años enfermera especialista en Salud Mental. Conocí al Dr. Torres gracias a su disposición en ver unas heridas de mi padre que no se curaban. Desde el primer momento me convenció su manera de enfocar la situación y ello hizo que cada día me haya parecido más interesante la homeopatía y los campos en los que puede ayudar a muchos pacientes.

19 Comentarios

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  • Miriam,
    ¡Vaya momentos has vivido! Sin duda, el vivir de primera mano tal cambio en una persona es impresionante. Está claro que hay que darle una oportunidad a la homeopatía, y que ésta junto con un buen diagnóstico y un poco de cariño hacia el paciente, pueden hacer milagros.
    Gracias José Ignacio por habernos ayudado a disfrutar de Ángel mucho más de lo esperado.
    Un abrazo

  • Mirian, me ha parecido interesantísimo el articulo que has publicado. Como enfermera que soy del Hospital Universitario La Paz, y con una larga experiencia en la Unidad de Quemados, me gustaría saber como aparecieron las lesiones en tu padre. Gracias

    • Hola Ana Rosa. Gracias por tu interés.
      Las heridas se formaron cuando padre nos dejó ver sus piernas y vimos los edemas en MMII que habían causado unas flictenas desde el tamaño de un huevo, hasta el de un garbanzo (la de la rodilla, que fué la última en curar). A las pocas semanas de aquello padre tuvo que ingresar unos 8 días por una linfangitis en el servicio de vascular. Con ello, especialmente la herida más grande se complicó, se infectó.
      Fue después cuando iniciamos la homeopatía y mejoraron todas las cuestiones generales de mi padre a nivel circulatorio, de oxigenación. de nutrición…
      Además las curas las dejamos en manos de una enfermera (Izascun, web: ulcerasmadrid.es) a quien debo unir al gran equipo liderado por José Ignacio. Ella confirmó el diagnóstico de ulcera venosa con componente isquémico.
      Espero haber respondido a tu pregunta.

  • Hola:
    Me ha gustado mucho el artículo y es una suerte poder cuidar así a una persona. Lo ideal sería que los médicos nos hablaran de todas las opciones de tratamientos con sus ventajas y desventajas. Y así poder elegir y comprometernos con la opción que hayamos elegido siempre con supervisión médica.

  • Enhorabuena Miriam. Vuestro homeópata, la unión de toda la familia, vuestra entrega y vuestro deseo de complacer siempre a vuestros padres, han sido determinantes en la despedida de vuestro padre. Somos muchos los que tomamos nota de ello y nos alegramos de haber conocido vuestro testimonio. La mejor de las medicinas, el amor, rodeó en todo momento a tu padre en dosis terapéuticas. Todos habremos de irnos, pero hay formas y formas de irse. La de tu padre, ha sido una ida por todo lo alto, de calidad y envidiable. ilm

    • Hola Ro,
      me han gustado mucho tus palabras… sobre todo por tu sinceridad. Que seas recelosa pero a la vez abierta para considerar cosas que en principio no parecieran encajar con tu manera de pensar por diferentes motivos.
      Esa es la mentalidad verdaderamente científica a la que muchas veces nos referimos. Tolerancia, respeto e investigación. Particularmente cuando vienen de testimonios tan emotivos como este.
      Y de José Ignacio, amigo, qué añadir. Que un poquito de médico, un poquito de homeopatía y un poquito de medicina de la Afectividad, que él bien sabe lo que es, puede hacer un cóctel maravilloso para el médico, el paciente y la familia.
      Gracias Ro, esperamos seguir suscitando tu interés.
      Y enhorabuena una vez más José Ignacio!
      y un fuerte abrazo Miriam por tu valentía y la emoción con que nos has transmitido tu experiencia!

    • Gracias Ro por leerlo y por abrirte a la esperanza de tratamientos con homeopatía que se complementan siempre que es necesario con la medicina convencional.

  • Gracias Miriam, me ha emocionado leerte.
    Y que decir de José Ignacio que no hayas dicho ya. Eres inmenso querido amigo.
    Y de la Homeopatía…¡¡¡ A qué estamos esperando para que todas las personas puedan beneficiarse de esta terapéutica maravillosa !!!
    Tu post; la evidencia de los hechos.

    Gracias de nuevo.

    • Gracias a ti Guillermo.
      Sabes que el que más ha aprendido de esta experiencia humana he sido yo.
      Necesitamos estar siempre con el paciente.
      Y necesitamos personas como Miriam con corazón y mente abierta.

      Abrazos

  • Gracias Míriam por un testimonio escrito desde el corazon.
    Gracias por animar a otros pacientes, familiares, cuidadores y médicos a no tirar la toalla. Sobre todo nosotros los medicos, porque es entendible que un paciente o familiar, agotado, tenga esa tentación. Pero no su medico: su medico tiene un ratito cada semana, o cada mes, para darlo todo (conocimientos y ánimos) en beneficio del paciente.

    Gracias José Ignacio por ser un ejemplo para nosotros.

    Abrazos
    Gualberto

    • Experiencia compartida por todos, amigo.
      Historia llena de vida y humanidad.
      La fortuna del médico que puede aprender cada día de las personas, de los pacientes y de la familia.
      Y de los médicos, de vosotros cada día también.
      Miriam una cuidadora que nos recuerda la importancia de este papel: entrega, reflexión y amor.
      Abrazos

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