Excesiva medicalización, ¿un riesgo también en homeopatía?

Un artículo de la revista SEMERGEN titulado “¿En qué momento perdimos la cabeza?” hace autocrítica en el sentido de la excesiva medicalización de los problemas de la vida (acudir al médico cuando no se requiere un tratamiento de tipo médico, sino otros tipos de apoyo) y la “farmacologización” (perdón por inventarme la palabra) de hallazgos analíticos o de síntomas, que no compensa tratar por el balance riesgo-beneficio que aportan.

Y mi pregunta es… No siendo adecuado “farmacologizar” las situaciones descritas en el artículo, ¿lo es “medicalizarlas” aunque sea a través de medicinas y no convencionales, aunque lleven aparejados menos efectos adversos? Porque quizás el primer “efecto adverso” viene del acto mismo de poner el tratamiento, y es el de confirmar esa sospecha que la persona tiene de que, de hecho, está enferma y necesita ayuda profesional.

Charlando (whatsappeando en realidad, definitivamente el diccionario se me queda corto) sobre el tema con mi amigo el Dr. Eizayaga, me recordaba que hay quien habla de estar “homeopatizado”: acuden al homeópata todos los meses, tanto si les hace falta como si no, como si ello pudiera de alguna manera garantizarles una salud perfecta y permanente.

Más que un riesgo… ¿una tentación?

Numerosas prescripciones, tanto de pruebas diagnósticas como de medicamentos y otros productos, tienen una finalidad de “complacencia”: no está claro que en la situación del paciente sean realmente necesarios, pero le aportan seguridad, una mayor percepción de estar siendo bien cuidado y por supuesto se produce el consabido “efecto placebo” que le ayuda a sentirse mejor. Un ejemplo es la prescripción de un escáner ante dolores de cabeza que no lo requerirían, o de antibióticos ante infecciones de origen viral.

A este respecto, es necesario diferenciar “un placebo” (producto inerte, sin efecto) del “efecto placebo” (el efecto de la atención médica recibida y de la creencia de que el producto recibido producirá algún beneficio) que se produce SIEMPRE que existe una relación médico-paciente, y por tanto todas las prescripciones llevan una cantidad de efecto placebo asociada. Una cuestión pendiente de resolver es el aspecto ético de este tipo de intervenciones, incluso si resultan beneficiosas para el paciente.

Por eso es frecuente, como demuestra un estudio realizado entre médicos de atención primaria en el Reino Unido (Placebo Use in the United Kingdom: Results from a National Survey of Primary Care Practitioners), que los médicos adoptemos este comportamiento (en este estudio, el 77% de los médicos lo hace casi todas las semanas) aunque esta afirmación es susceptible de ser matizada. Puedo imaginar que en medicina naturista y en homeopatía no seamos del todo ajenos a esta situación, consciente o inconscientemente.

Resumiendo, es probable que algunos pacientes estén siendo tratados (también con homeopatía) sin una auténtica necesidad de ello o pudiendo sustituir el tratamiento por otras recomendaciones (hábitos nutricionales, ejercicio, meditación, rutinas de sueño, etc.) quizás más adecuadas y que ayuden al paciente a sentir que no es un enfermo necesitado de tratamiento sino una persona que pone medios para conseguir un bienestar cada vez mayor.

Este post es más corto de lo habitual, porque me gustaría mucho que la entrada la construyéramos entre todos a través de vuestros comentarios, tanto los médicos con diversas especialidades (homeopatía incluida, por supuesto) como los pacientes que leemos el blog; porque a esa tentación estamos expuestos tanto unos como otros.

Hoy solicito vuestra ayuda:

¿Qué pensáis? ¿Habéis caído alguna vez en esta tentación? ¿Cómo conseguís evitarla?

Sobre el Autor

Dr. Gualberto Díaz
Dr. Gualberto Díaz

Médico y especialista en Medicina Familiar y Comunitaria, más tarde me titulé como Especialista Universitario en homeopatía clínica y tanto me atrajo su ejercicio (y sus resultados) que ahora soy profesor de homeopatía y formador-de-formadores en la academia internacional CEDH.

¿Qué me atrajo tanto? Descubrí que conociendo bien a los pacientes y sus problemas, y abriendo el abanico de posibilidades terapéuticas, podemos hacer más por cada uno de ellos. La homeopatía permite sacar el máximo partido a esta forma de trabajar, actualmente desde una unidad hospitalaria de oncología Integrativa en Madrid.

Mi experiencia en investigación se remonta a la Unidad de Investigación de Álava, y pasé a dedicarme a ella profesionalmente en la empresa de servicios médicos Softmed, en el Laboratorio Servier y luego en el Departamento Medico de Laboratorios BOIRON. Ahora impulso los esfuerzos de investigación y divulgación de varias sociedades científicas alrededor de la Homeopatía y la Medicina Integrativa. Desde mi experiencia clínica y de investigación, procuro difundir una visión científica e integradora de la Homeopatía, tanto de sus bases elementales como de su aplicación en la consulta.

En este blog, espero aportar las notas de actualidad sobre investigación de una forma accesible y, cuando pueda, divertida o sorprendente.

11 Comentarios

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  • Yo creo que simplemente uno mismo tiene que romper con las creencias de el medico me cura.Yo creo que me da las pautas para que yo haga el esfuerzo de curarme . Pero hay que cambiar tambien habitos,comida , calidad de vida …..muchas cosas e ir aprendiendo como funciona tu propio cuerpo y conocerlo .
    Yo lo que hago con mi medico y vosotros por ejemplo es aprender , el interes de uno mismo en aprender a curarse o llevar esas molestias bien sin esperar la sentencia de los medicos y quedarme ahi sin hacer nada mas es muy facil y comodo.
    Hay que ser mas curioso y pensar que si tu no cuidas de ti , nadie lo va a hacer .
    Creo que hay que cambiar la actitud y buscar medicos, como bien han dicho anteriormente, que trabajan desde el amor a su profesion .

    • Ojalá todo el mundo vaya madurando, y ojalá vaya cambiando nuestra cultura, para que seamos capaces de apropiarnos de nuestra salud como tú ya estás haciendo.
      El profesional sanitario debe ser cada vez más nuestro acompañante y nuestro copiloto, mejor que nuestro director.
      Al mismo tiempo, dado que no todo el mundo es capaz de incorporar estas actitudes, habrá que estar atento a qué necesita cada uno 😉

      Un abrazo, querida Misi mu

  • El otro día escuchando una conferencia de Joan Melé, al que os invito encarecidamente a que escuchéis en alguna de sus muchas charlas, ex-subdirector general de Triodos Bank en España, decía algo así como que el problema de este mundo es que falta gente buena y sobra gente inteligente. Mucha listeza y poca bondad. Y eso es algo que impregna todas las actividades del ser humano.
    Medicalizamos la vida porque no sabemos amarla. Y medicalizamos a los pacientes porque tampoco sabemos amarlos.

    No amamos a nuestros pacientes cuando no nos damos cuenta de que no somos los dueños de su salud.
    Y mucho menos de su vida.
    Cuando no compredemos nuestro lugar de consejeros, no de jueces, fiscales o padres de nuestros pacientes.
    Cuando en la relación médico-paciente nos otorgamos el poder a nosotros, a los médicos.
    Cuando la relación médico-paciente no dejamos que sea una relación persona-persona, hermano-hermano.
    Cuando decimos a nuestro paciente que no le vamos a seguir cuidando ni acompañando si no hace lo que nosotros le decimos que haga.
    Dejamos de amar a nuetros pacientes cuando no aceptamos con humildad lo poco que sabemos de la vida, la enfermedad y el sufrimiento y de las pocas herramientas que tenemos para acompañarnos en este camino.
    Y también cuando subimos a la ciencia al altar de los dioses. Ciencia en la que la verdad de hoy es la mentira de mañana.

    Es fácil desmedicalizar la vida, solo hay que hacer la medicina desde el Amor. Como lo hacen Gualberto y José Ignacio, grandes médicos. Y mejores amigos.

    • Jajaja pues gracias por el piropo y sobre todo por recordarnos que podemos ser más útiles a nuestros pacientes desde la comprensión, la atención, y construyendo relaciones un poco más simétricas.
      Porque en la relación médico-paciente es fácil olvidarnos de que el paciente nos otorga un poder que debe usarse con mucho, muchísimo cuidado, y sobre todo con mucho amor y respeto.

      Aunque no seas mi paciente, por ti también siento mucho cariño y respeto! 😉
      Gracias

  • Poco queda por añadir al comentario del Dr. Torres… Quizá la culpa sea de los medios de comunicación, que siempre resaltan las noticias dramáticas con un “no se lo detectaron a tiempo”… y claro, la gente quiere saber si síntomas banales pueden corresponder a enfermedades graves.

    Quizá la culpa sea de los pacientes, que rechazan el sufrimiento y quieren una pastilla para cualquier síntoma, incluso para los que no son patológicos.

    Quizá la culpa sea de las multinacionales farmacéuticas, que intentan que sean considerados como enfermedad los trastornos normales en la evolución psicológica del ser humano: las rabietas del niño de 2 años, la falta de atención del niño en las largas e inacabables clases, los despistes del anciano… De esta manera, el campo está abonado para la fabricación de medicamentos que se venderán en masa.

    Quizá la culpa sea de los médicos, que queremos dar más de lo que el paciente nos pide y que no informamos de la fisiología del organismo ni de sus respuestas ante la enfermedad. Yo me quedé asombrada cuando, un día, se me ocurrió decirle a un niño de 6 años: “Porque ahora tu cuerpo está luchando contra los virus que te producen la enfermedad” y me respondió “Pero si aún no he tomado ningún jarabe…”. Entonces me di cuenta de que, al recetar medicamentos (alopáticos, homeopáticos, fitoterápicos…) le habíamos hecho creer que sólo se curaría si tomaba algo. Desde entonces siempre empiezo a recomendar tratamientos con la frase: “Esta enfermedad la cura el propio organismo. Podemos ayudar a aliviar síntomas con…”. Intento incidir en la respuesta autocurativa del cuerpo.

    Gracias por el blog y un saludo.

    • ¡Que anécdota tan significativa! Incorporo tu propuesta sobre explicar también el papel del organismo cuando explicamos el de la medicación.

      Sí que vivimos en una cultura del miedo y del confort, y algunos sacan provecho. Pero empezamos a ver el comienzo de un cambio, ¿verdad? A veces es un cambio originado por el miedo a los fármacos convencionales y la decepción con una parte del sistema sanitario, esperemos que cada vez más lo sea por el deseo de autonomía y de crecer en bienestar
      😉

      Muchísimas gracias, Soledad.

  • Totalmente de acuerdo, pero lo que planteas es la Higiene Vital, y como médicos no estamos acostumbrados a tratar de aportar Salud. Deberíamos ser más higienistas en nuestra praxis, pero no nos forman en salud, solo en enfermedad. Ése es uno de los mayores problemas, pero creo que el materialismo y la falta de responsabilidad tanto médica como por parte del paciente en su propio proceso, nos hacen caer en ese círculo vicioso, en el que es más fácil tomar algo externo que realizar un cambio en los hábitos de vida. Cronificamos y hacemos dependientes a los pacientes.

    Sin embargo también hay otro problema más sutil: el miedo. Ni la falta de tiempo ni el exceso de trabajo son tan devastadores como el miedo a “conectar”. A conectar con el paciente, con su sufrimiento, con la responsabilidad que conlleva hacerse cargo de sus problemas, el miedo a implicarse demasiado, a tocarle, a darle demasiadas explicaciones, el miedo a nuestros límites, el miedo a darle libertad al paciente y hacerle autosuficiente…

    Abramos nuestros ojos, y demos las mejores herramientas a nuestros pacientes, hagamos una medicina de calidad, una medicina desde el amor. Solo así podremos no caer en la tentación de medicalizar o “farmacologizar”….

    • Muy de acuerdo!
      Desde luego el miedo es fuente de errores por ambas partes, médicos y pacientes. Seguramente la mejor “cura” para el miedo es desarrollar Confianza para evitar actitudes defensivas en el médico, que medicaliza “por si acaso” y para “que no se diga que no lo probé todo”, y de excesos en el paciente que desde la confianza se daría tiempo para desarrollar mejores hábitos y dejar que su organismo (cuerpo y mente) desarrolle su proceso de reparación o reajuste.

      ¿Y qué hace falta para desarrollar confianza? Relación. Contacto.

      Pero nuevamente aparece el miedo, esta vez a establecer esa relación más profunda que nos permitiría construir desde la confianza. Quizás hemos visto demasiadas películas sobre el sufrimiento del médico que “conecta”, con esas frases del tipo “no te encariñes demasiado”, y muchos se las han creído.
      Yo tuve suerte de conocer médicos de otro tipo: como mis padres, como mis compañeros de blog, como tú.
      Esforcémonos en difundir este otro mensaje, el de que Conectar y Comprometerse no es bueno sólo para el paciente, sino para el propio médico que de esta manera ve crecer su vocación y su corazón.

      Añado el enlace a una conferencia cuyo contenido tuiteé el mes pasado, muy relacionado con tus reflexiones:
      Explorar al paciente CON LAS MANOS es un ritual necesario que sella la relación médico-paciente: “The most important innovation in medicine is the power of the human hand—to touch, to comfort, to diagnose”.
      http://t.ted.com/Y1GgjkY

      Gracias por ser esa clase de médico y por compartirlo con nosotros.

  • Planteas un tema de gran interés y con varios aspectos cuyo debate nos llevaría páginas y páginas.

    1- La primera pregunta sería ¿ Qué espera el paciente de nosotros y qué necesita ?
    Y la respuesta no es única. A menudo espera que le escuchemos, le demos un consejo, le tranquilicemos. Y si disponemos de tiempo y espacio para ello, suele ser una consulta de alto rendimiento y muy satisfactoria para ambas partes.
    A veces, necesita que confirmemos técnicamente que no padece una enfermedad que le preocupa, por sus síntomas o antecedentes. Y solo es útil si somos capaces de detectarlo y poder confirmar con nuestra escucha y exploraciones que es así.
    Otras veces, necesita que sienta que estamos a su lado en una enfermedad grave o un problema de salud personal y familiar. Nuestra mano es el mejor fármaco.
    Menos veces de lo que pensamos, demanda una prueba diagnóstica o un tratamiento. Y es nuestra pericia comunicacional y clínica la que nos permitirá elegir el número adecuado de pruebas y fármacos.
    Pero en estas y otras muchas situaciones hay siempre tres grandes aliados del éxito que son el TIEMPO y la capacidad de ESCUCHA y deseo de AYUDAR. Cuando éstos faltan, el fracaso está garantizado. Desconfianza, incumplimiento de los tratamientos, polifarmacia, múltiples consultas…..

    2- La segunda ¿ Porqué los pacientes toman tantos fármacos y se realizan tantas pruebas ?
    En este caso, creo que hay varios factores sociales y médicos que lo explican.
    A. Los medios de comunicación se han metido en las casas como agentes de salud, y muchas veces la información genera confusión y miedo. Esto medicaliza la sociedad.
    B. Los centros sanitarios están masificados y los profesionales no tienen tiempo ( y a veces ganas) para informar y educar en salud. Esto medicaliza la sociedad.
    C. Los responsables sanitarios en ocasiones envían mensajes contradictorios o alarmistas. Muchas veces terminan con visite a su médico…. Esto medicaliza la sociedad.
    D. La sociedad actual está enferma de soledad. Esto medicaliza la sociedad.
    E. Muchos profesionales sanitarios se han convertido en técnicos y burócratas, lejos del ser humano. Esto medicaliza la sociedad.
    F. Es más fácil recetar pastillas o pedir radiografías que escuchar, explorar, informar y llegar a acuerdos con los pacientes. Esto medicaliza la sociedad.
    G. Las personas han delegado su salud en otros. Y rechazan lo que supone esfuerzo: no fumar, ejercicio físico, cambio de hábitos…. Esto medicaliza la sociedad.
    H. Hay intereses en crear enfermedades y tratamientos específicos. Eso medicaliza la sociedad-

    Quedan múltiples preguntas y flancos abiertos desde la investigación, la comunicación y la ética. Y todos somos responsables.
    Pero dejemos para otros completar las reflexiones.

    Abrazos

    • Qué buenas reflexiones, Jose Ignacio. De veras has completado el post a la perfección!

      Me quedo en particular con la idea de que si fuéramos hábiles (y dedicáramos tiempo) para averiguar qué es lo que el paciente espera y necesita, ya bastaría para evitar buena parte de la medicalización. Y la inversión de tiempo merece la pena, aunque solo sea porque dar medicación implica menos tiempo ahora, pero muchas más visitas después!

      Gracias, compañero

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