¿Es la homeopatía la poesía de la medicina?

“Where is the life we have lost living?
Where is the wisdom we have lost in knowledge?
Where is the knowledge we have lost in information?…”
(T.S. Eliot)

 

“¿Dónde está la vida que hemos perdido en vivir?/ ¿Dónde está la sabiduría que hemos perdido en conocimiento?/ ¿Dónde está el conocimiento que hemos perdido en información?…”

Con este preciosa cita empieza el Dr. S. Minué un extraordinario artículo que habla de medicina, clínica, palabras y sentimientos.

Nombra al Dr. Sackett, uno de los fundadores de la MBE (Medicina Basada en la Evidencia), y constata cómo uno de los pilares en los que se basaba originalmente este movimiento, como era el de los valores y preferencias del paciente, ha sido claramente relegado y parece que cuando hablamos de MBE sólo lo hacemos de ensayos aleatorizados y metanálisis…Y sabemos cuáles son los inconvenientes de este reduccionismo aparte de la cuestión de la financiación y malas prácticas en muchos de estos estudios.

Después cita también a la Dra. Iona Heath (autora, entre otros, del excelente “Ayudar a morir”) en una definición impactante de lo que sería el buen clínico: es alguien experto en los sentimientos asociados a las palabras que los pacientes expresan.

Quizá el Dr. Minué no conozca suficientemente la homeopatía más allá de los tres o cuatro maledicentes tópicos que la industria pseudoescéptica se encarga de extender con profusión en las redes. Y quizás no simpatiza mucho con ella. Eso no es importante en este momento. Simplemente lo menciono por la afirmación que ahora mismo haré y que quizá también pueda sorprenderle: la homeopatía no es más que eso que dice la Dra. Heath. O mejor dicho, es la mejor manera que conozco (seguramente habrá más) en que todo eso se ensambla en una metodología médica. O mejor dicho, la razón más profunda por la que yo practico homeopatía es precisamente esa. O (no sé si mejor dicho) ¿es la homeopatía la poesía de la medicina?

Estoy seguro que hay muchos médicos “convencionales” (para entendernos) que son más humanos, cálidos y simpáticos que muchos médicos homeópatas. Es fácil que el Dr. Minué sea uno de ellos. Lo que pasa es que cuando es así, lo es, desgraciadamente, por su talento y vocación personales. Quero decir que no es tanto por lo enseñanza de nuestras facultades, sino por ellos mismos (lo cual es más meritorio para ellos de una parte y, por la otra, nos muestra cómo está de verdad la enseñanza en nuestras facultades médicas).

¿Y cuál sería entonces, en este aspecto, la diferencia con los médicos que nos consideramos, además de “convencionales”, “homeópatas”? Bueno, en que, independientemente de cómo seas, el método homeopático te exige humanidad, calidez y empatía. ¿Por qué? Pues porque sin una verdadera comprensión del paciente (de sus sensaciones, sus sentimientos) no hay una buena homeopatía y se reducen mucho las posibilidades de prescribir el medicamento adecuado a esa persona y esa afección.

Por eso y no por otra cosa necesitamos estar tiempo con el paciente. Necesitamos conocerlo. Es igual que sean 15 minutos, que 30, que una hora o que dos… Se trata no sólo de entender los síntomas sino a la persona que hay detrás, o sea quién tiene qué.

Es fácil ver entonces que, como médicos, nos interesa cualquier prueba complementaria o adelanto tecnológico que nos dé más información sobre el paciente y su afección. Pero eso nunca va a sustituir lo fundamental en homeopatía que es la persona. Así es como yo entiendo la homeopatía. Así es como la entienden los médicos y veterinarios que conozco. Así es como la enseñamos.

Por eso los grandes médicos homeópatas siempre han recomendado todo tipo lecturas y experiencias que fomenten esta formación humanista. Homero, Cervantes, Shakespeare, Dostoyevsky, Brontë, Stevenson, Joyce, Chéjov, Kafka, Dickinson, Pessoa y todos los que uno quiera poner en esa lista interminable deberían ser de tan obligada lectura (aunque si es obligado ya tiene menos valor) como el Harrison o el Farreras.

A todo esto habría que sumar también cineastas y músicos y filósofos y pintores y todo aquello que se ha venido en considerar “arte”, aparte de todas las experiencias éticas y estéticas que uno va acumulando a lo largo de su vida. Porque nada de lo humano nos es (ni nos debería ser) ajeno. Y por eso afirmo también que la homeopatía pervivirá siempre que haya médicos que se interesen de manera especial por las personas y que lleguen un día a conocerla de verdad. Como se ve, todo lo contrario a considerar al ser humano “algo asimilable a cualquier actividad industrial” como mi colega también lamenta.

Porque la ciencia, y más la ciencia médica, no sólo debería basarse en lo supuestamente “objetivo”.Esa superstición, como decía Bateson en un afortunado hallazgo léxico, en la que el hombre es una máquina de alguna clase. Y eso es lo que ha hecho mucha de la ciencia occidental, como decía también Margulis, que ha tratado de quitarnos aquello que nos es más propio y definitorio como seres biológicos. Afortunadamente todo esto está cambiando en química, física, biología… Profundizaré más este crucial aspecto en un próximo post.

Porque puestas así las cosas, ¿dónde quedan, en una palabra, los sentimientos a los que se refiere la Dra. Heath? ¿Cómo se miden? ¿Cómo se pesan?

Hace un tiempo quise expresar todo esto en uno de mis posts más queridos ayudado de un conocido poema de Neruda.

Con él acabo. Y siguiendo de nuevo al Dr. Minué, también buen aficionado a la música, creo que si se acompaña de la versión de Paco Ibáñez puedo asegurar que los sentimientos, eso que asociado a las palabras de los pacientes es lo que puede hacer de uno un buen clínico, se intensifican en gran medida. Y tendremos entonces una experiencia, una pequeña experiencia más en nuestra educación sentimental.

La que verdaderamente necesitamos también los médicos, ¿no os parece?

Imagen diseñada por Jannoon028/Freepik

Sobre el Autor

Dr. Gonzalo Fernández-Quiroga
Dr. Gonzalo Fernández-Quiroga

Nací en un pequeño pueblo de montaña donde por la noche se contaban historias. Ahora ejerzo de médico (y docente) en Barcelona; actualmente soy director académico del Máster de Medicina Homeopática de la AMHB (Academia Médico Homeopática de Barcelona), pero sobre todo sigo escuchando historias. Historias extrañas, dramáticas, desesperanzadas, vitales. Intento curarlas o aliviarlas con mi arte y con mi ciencia. En la consulta con un paciente, y todos lo somos, busco comprender su historia verdadera. La historia verdadera de cada uno de nosotros.

Me apasiona la literatura, el cine y la comunicación. La belleza de todas las cosas. El humor. Todo es como debe ser jaja. La vida.

Como médico (y científico) aún creo en la antigua magia de las palabras. Ordet.

12 Comentarios

Comentar
  • Muchas gracias por tu post Gonzalo.
    Dice Benjamín Prado que todo lo que no es poesía, es cajero automático.
    Y creo, que por eso, los médicos intentamos en cada encuentro hacer un poema aunque posiblemente solo a veces lo conseguimos porque no es sencillo.
    Al menos, nosotros ponemos en ello el empeño.
    Entendemos, como nos enseña Iona Heath que las pruebas de la evidencia nos aportan parte del alfabeto, pero necesitamos mucho más que ello para entender el lenguaje.
    Necesitamos comprender el lenguaje.
    Tener la certeza de que cada encuentro es un encuentro biográfico y que las palabras marcan el desenlace.
    Las nuestras, y sobre todo las del protagonista de cada poema; el paciente.
    El conocimiento del método homeopático nos ayuda como otra herramienta añadida, pero nuestra actitud de compromiso con, por y para el paciente es la clave independientemente de nuestra formación y especialidad.
    Hagamos un poema de cada encuentro. Y no olvidemos, que en cualquier situación, por difícil y dolorosa debemos buscar la belleza. De nuestra mano tendida, la caricia, el abrazo, la escucha activa o el llanto compartido con el que sufre.
    Termino con mi escrito español vivo favorito, Antonio Muñoz Molina: Donde menos se espera salta la belleza. La belleza nos toca siempre con la sorpresa de lo excepcional y lo inesperado, pero en realidad es bastante común, tan solo con que miremos con un poco de atención.

    Un abrazo

    • Querido José Ignacio,
      “Las pruebas de la evidencia nos aportan parte del alfabeto, pero necesitamos mucho más que ello para entender el lenguaje”..
      Precisamente tu comentario está lleno de eso, de belleza… Creo que muy bien podría ser otro post… Cómo me gustaría que alguno de esos nuestros críticos lo leyera tranquilamente sin prejuicios…
      Pero si no, no importa, porque precisamente nosotros, como dices, y más allá incluso de la homeopatía, vamos a seguir buscando la belleza…
      La frase final de Muñoz Molina invito a los lectores del blog a leerla de nuevo…Para tener una nueva oportunidad de degustarla lentamente…
      un fuerte abrazo amigo y hasta dentro de poco

  • En mi opinión, no es la homeopatía la poesía de la medicina, no creo que los médicos homeopatas deban de creerse una especie superior de médicos, como pediatra y como estudiosa de la homeopatía y convencida de que funciona, me considero la misma persona, con la misma empatia y el mismo cariño hacia mis pacientes hoy en día, ya con varios años de estudio del tratamiento homeopatico, que cuando empecé siendo residente, soy la misma y estoy segura de que hay muchos médicos no homeopatas con mayor profesionalidad y cariño hacia sus pacientes que muchos médicos que se dedican a la homeopatía y eso es porque no es la homeopatía la poesía de la medicina, los pacientes son nuestra poesía, ellos son los que importan y creo firmemente que si no nos dejamos de tonterías pensando que somos mejores que nuestros compañeros simplemente por estudiar homeopatía, es que todavía no estamos preparados para sus críticas y controversias. El paciente es quien importa no nosotros, esta es mi modesta opinión.

    • Hola Elena,
      pues estoy totalmente de acuerdo contigo y supongo que no he sabido expresarme suficientemente bien. Si te fijas en el post digo que estoy convencido que hay muchos colegas “convencionales” (para entendernos) que son más cálidos, simpáticos y cariñosos que muchos “homeópatas”. En ningún escrito mío verás que sugiero algún tipo de superioridad por el hecho de practicar homeopatía. Al contrario, me rechina que haya alguien que lo diga o lo piense. Todos somos compañeros y lo hacemos lo mejor que podemos y sabemos dentro de nuestras limitaciones y afinidades.
      Lo de si la homeopatía es la poesía de la medicina es una licencia más o menos retórica que me he permitido pero en ningún caso eso implica nada.
      Y aún estoy más de acuerdo contigo en otra cosa: que, en todo caso, la verdadera poesía es la de los pacientes
      un saludo y gracias por seguirnos

    • Por eso es importante el debate, porque los pacientes importan. Es posible que tu seas la misma que cuando eras residente, pero la sanidad se ha convertido en gran medida en un monstruo informatizado, muy tecnológico y mucho menos humano que hace treinta años. Mi profesión es enfermera, ahora ya jubilada, VÍCTIMA de un equipo médico que no me diagnosticó un neurinoma en 15 años, hasta que un día acudí, como en otras 5 ocasiones cuando la sintomatología se agudizaba, y encontré a un médico en sustitución al cual no conocía, con pocos datos y con una, no excepcional, sino simplemente una buena atención, escucha y buen conocimiento de su especialidad, detectó que podía ser lo que fue un neurinoma acústico, pidiendo la única prueba diagnóstica que en 15 años no se les ocurrió pedir a ningún miembro de la unidad de otorrino.
      La homeopatía me ha ayudado tanto durante los muchos años que llevo acudiendo a un gran profesional, médico-homeópata, que no tengo palabras apropiadas para expresarlo.

        • Hola María Cruz,
          como decía ya sé que es una licencia que me he permitido pero a mi también me parece bonito pensar así… Y, en pura ciencia, algo hay de eso.
          un saludo

      • Hola María Cruz,
        me alegro que la homeopatía te haya servido de ayuda en tu proceso. Y de nuevo tu caso muestra cómo también la atención y la escucha son del todo imprescindibles
        Gracias por seguirnos
        un saludo

  • Querido Gonzalo, me quedo con todo tu post. Lo leo y lo dejo dentro, que cale, que empape.
    ¿Es la Homeopatía la poesía de la medicina? A mí me lo parece.

    • Hola Guillermo,
      esperando ya vernos pronto para intercambiar tantas cosas con las que nos vamos retroalimentando…
      Cuando leí este artículo del Dr. Minué o lo que dice la Dra. Heath pensé que qué mal que no hayamos sabido explicar que la homeopatía no es sino eso… Hay muchos colegas que les podría interesar esta visión independientemente de las otras controversias “homeopáticas”…
      Nunca pensé, en este campo estadístico en que se ha convertido la medicina, que una médico de prestigio expresase en una línea aquello que para muchos de nosotros siempre hemos pensado que debería ser el ejercicio integrador de la medicina: “experto en los sentimientos a que se asocian palabras”… no sé si la homeopatía pudiera ser de algún modo “poesía” pero esa definición sí lo es…
      un fuerte abrazo y hasta pronto

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