Antioxidantes y envejecimiento: cómo en homeopatía, “menos es más”

Una vez más, me encuentro con ese concepto clave de la homeopatía que es el de “menos es más”, y la paradoja de los diferentes efectos que la misma intervención puede tener sobre el organismo.

Lo proponía al hablaros del poder de lo sutil, lo vimos de forma más concreta con las quemaduras que se alivian con calor y con el ejercicio que beneficia en baja intensidad y puede perjudicar si es alta, y en esos artículo proponía varios ejemplos más. Con este artículo, el tema empieza a convertirse en serio porque quiero compartir con vosotros mi sorpresa al leer con más detenimiento sobre un fármaco que está muy de moda: la metformina.

Aunque es un principio activo indicado para tratar la diabetes, se ha extendido su efecto sobre el envejecimiento celular. ¿Cuántas veces hemos oído eso de que los antioxidantes ralentizan el envejecimiento? Pues un estudio reciente (2014) demuestra que la metformina lo consigue… ¡precisamente con el efecto opuesto!

Mientras que esas moléculas (ROS, especies reactivas de oxígeno) son dañinas porque pueden dañar las proteínas y el ADN e interrumpir el funcionamiento normal de las células, una dosis pequeña de hecho puede hacer bien a la célula, según los investigadores: “Mientras la cantidad de moléculas oxidativas dañinas liberadas a la célula sea pequeña, tendrá un efecto positivo en la célula a largo plazo. […] La Metformina provoca un ligero incremento en el número de estas moléculas de oxígeno. Hemos descubierto que esto hace a la célula más fuerte y aumenta su longevidad”.

Se trata de un estudio liderado por el investigador Wouter De Haes que pone en evidencia que la metformina, uno de los fármacos antidiabéticos más utilizado del mundo, retrasa el envejecimiento y aumenta la esperanza de vida. El estudio, publicado “Proceedings of the National Academy of Sciences”, revela el mecanismo de ralentización de la edad de la metformina: causa un aumento en el número de radicales libresen la célula y esto, sorprendentemente, aumenta la fortaleza celular y su longevidad.

Las especies reactivas de oxígeno (ROS), las cuales algunas son los famosos radicales libres, están ligadas a reacciones de reducción y oxidación (redox) que tienen una función de estabilidad molecular, pero mucho más: también son moléculas de comunicación, inducen una respuesta mitogénica, activan el sistema inmune y la expresión genética, modulan los factores de transcripción y la inflamación, regulan al alza las enzimas antioxidantes, son usadas contra agentes infecciosos, y tienen función antitumoral induciendo la apoptosis celular, entre otras cosas. Por lo tanto, estas especies reactivas de oxígeno tienen como parte de sus funciones proteger a las células contra el estrés oxidativo generado por ellas mismas y contra los ataques de otros patógenos. Este mecanismo adaptativo se conoce como hormesis.

De repente, nos damos cuenta de que algunas sustancias son oxidativas o antioxidantes según las condiciones del tejido en que se encuentran (su metabolismo, si está sano o enfermo, etc). También, de que cuando encontramos juntos los radicales libres y la enfermedad o el envejecimiento, a veces no son los radicales los que causan el daño, sino la respuesta de defensa a ese daño.

Llevamos mucho tiempo oyendo decir, sobre todo a la industria de la cosmética y la alimentación, lo malos que son los radicales libres (las moléculas reactivas de oxígeno)y cómo causan envejecimiento: podemos encontrar innumerables productos “antioxidantes”.

Aunque el estudio es preliminar y no se ha estudiado en personas ni en diferentes situaciones clínicas, la pregunta que ya asoma a nuestras mentes es… ¿Y ahora qué? Entonces, ¿me compro o no me compro esa crema con antioxidantes? ¿Compro esta margarina antioxidante o la otra que no lo es?

Hay que huir del blanco o negro. Usar antioxidantes para mantener bajo el nivel de estas moléculas dañinas, está bien. Usar antioxidantes de forma tan exagerada que no dejemos que el organismo aproveche la necesidad de adaptación que generan estas moléculas, no compensa. El cuerpo las necesita para un funcionamiento adecuado, en las dosis justas.

Del mismo modo que es bueno usar todo tipo de fármacos para tratar la enfermedad y mantener el bienestar, pero no medicalizar la vida de tal manera que nuestros organismos pierdan la capacidad de sobreponerse y superarse.

Por otra parte, la homeopatía funciona precisamente así: induce un pequeño “estrés” en el organismo que le induce a preparar respuestas de adaptación. Esas respuestas no sólo le ayudan a afrontar el estímulo del medicamento homeopático, sino su propia enfermedad. Es así porque ese medicamento se ha elegido estableciendo un paralelismo entre su acción tóxica y los síntomas de la enfermedad, en eso consiste el fenómeno de “similitud” en el que se basa la homeopatía.

Hay otras formas “naturales” de conseguir este estrés que produce una adaptación, de modo que esa adaptación no sólo corrige el problema sino que hace al organismo más fuerte. El más común, el deporte: ¿no se os ha ocurrido que los deportistas hacen su metabolismo más intenso, y por tanto generan más radicales libres? ¡y sin embargo disfrutan de mayor salud!

Algunos estudios están valorando cómo afectan otros factores como determinadas dietas,al metabolismo y a la formación y función de las moléculas oxidativas. Seguro que nos deparan sorpresas.

Hasta que sepamos más, mantengámonos por tanto pegados a esa recomendación que tantos filósofos nos han hecho a lo largo de la historia, empezando por Aristóteles (384 AC-322 AC):

“La virtud es una disposición voluntaria adquirida, que consiste en un término medio entre dos extremos malos, el uno por exceso y el otro por defecto”.

Y aprovechemos la circunstancia para entender, una vez más, que la naturaleza nos regala en lo sutil y en la paradoja muchos descubrimientos, entre ellos la homeopatía.

Sobre el Autor

Dr. Gualberto Díaz
Dr. Gualberto Díaz

Médico y especialista en Medicina Familiar y Comunitaria, más tarde me titulé como Especialista Universitario en homeopatía clínica y tanto me atrajo su ejercicio (y sus resultados) que ahora soy profesor de homeopatía y formador-de-formadores en la academia internacional CEDH.

¿Qué me atrajo tanto? Descubrí que conociendo bien a los pacientes y sus problemas, y abriendo el abanico de posibilidades terapéuticas, podemos hacer más por cada uno de ellos. La homeopatía permite sacar el máximo partido a esta forma de trabajar, actualmente desde una unidad hospitalaria de oncología Integrativa en Madrid.

Mi experiencia en investigación se remonta a la Unidad de Investigación de Álava, y pasé a dedicarme a ella profesionalmente en la empresa de servicios médicos Softmed, en el Laboratorio Servier y luego en el Departamento Medico de Laboratorios BOIRON. Ahora impulso los esfuerzos de investigación y divulgación de varias sociedades científicas alrededor de la Homeopatía y la Medicina Integrativa. Desde mi experiencia clínica y de investigación, procuro difundir una visión científica e integradora de la Homeopatía, tanto de sus bases elementales como de su aplicación en la consulta.

En este blog, espero aportar las notas de actualidad sobre investigación de una forma accesible y, cuando pueda, divertida o sorprendente.

5 Comentarios

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  • Hola, tengo un niño que a finales de mes cumple tres años. Lo trato con homeopatía, desde hace más de un años, porque recae con facilidad de refriados. En junio del año pasado le diagnosticaron una adenovirus, le hicieron unas placas de amígdalas y adenoideos, según los médicos tiene hipertrofia de amígdalas bastante notable. A pesar de que lo trato con homeopatía recayó. La noche son complicas cursa con estos síntomas: Se le hunde el pecho, hace un ruido con la respiración muy muy fuerte, también ronca, no se está quieto en la cama, llora porque le falta el aire… Cuando recae con resfriado y se le inflama las amígdalas lo tengo que sentar para dormir, porque no tiene mucho espacio para que le entre el aire.

    Mi pregunta es la siguiente si tratando al niño con la homeopatía, cuando recae con problemas respiratorios muy continuados en el tiempo, sería bueno operar??
    Tengo entendido que ya no se extirpan las amígdalas, sino se reduce, es eso cierto?

    Me gustaría que alguien, si ha pasado por la misma situación me contestara. Estoy un tanto indecisa, algunos médico me comenta que mejor que espere hasta los cuatro. Otros que lo mejor es operar ya, puesto que el niño recae continuamente de resfriado y le afecta siempre a las vías altas. Gracias por leer, esto. Si crees que puedes ayudarme en algo me gustaría contar con tu apoyo. Mil gracias.

    Saludos

    • Es muy difícil responder sin contar con todos los datos.
      En cuanto al tratamiento homeopático, si no se obtienen los resultados esperados es mejor intentar diferentes medicamentos, es normal no conseguir elegir el mejor medicamento a la primera, o que la evolución del niño requiera un cambio.

      En cuanto a la cirugía, hay que diferenciar las amígdalas y las adenoides, y los criterios están bastante bien definidos y tienden a ser restrictivos en el sentido de intervenir solo cuando la frecuencia de infecciones purulentas (no de catarros) lo requiere, o cuando hay una obstrucción notable y permanente de la vía aérea que puede producir alteraciones y complicaciones.
      En efecto se recomienda esperar al menos hasta los 4 años salvo que la situación sea “insalvable”.
      Elegir la extirpación total o parcial depende sobre todo del motivo de la extirpación (Si es por infecciones no serviría la parcial, por ejemplo).

      Por supuesto, hay que valorar cada caso individual. En cualquier caso, me remito a mi primera observación: dado que es mejor esperar a los 4 años antes de intervenir, prueba diferentes tratamientos homeopáticos (o de otro tipo) para intentar evitar, o al menos posponer, la intervención.

      Un saludo, espero haberte ayudado un poco.
      Gualberto

    • Como pediatra y según mi experiencia los medicamentos homeopáticos son extraordinariamente útiles para tratar los problemas ocasionados por el aumento de volumen de amígdalas y/o vegetaciones, o las infecciones de repetición de los mismos, si bien como comenta mi compañero Gualberto, hay limitaciones derivadas del excesivo tamaño de esas estructuras y en caso de tener que recurrir a la cirugía siempre por encima de los 4 años para evitar que vuelvan a aumentar de tamaño.
      Una de las ventajas de la terapéutica homeopática es que nos permite abordar el tratamiento de una patología desde distintos puntos de vista. En mi experiencia, aún obteniendo resultados parciales (siempre a mejor) por el volumen importante de amígdalas y vegetaciones, no deberían producirse esas recaídas infecciosas, al margen de que haya que recurrir en un futuro a la cirugía.
      Te aconsejaría recurrieras a un pediatra homeópata si es que su médico actual no lo es, ya que el criterio terapéutico de un especialista en niños puede diferir a veces del que plantee un médico de familia y obtengas así los resultados esperados.
      En nuestra página de inicio puedes encontrar un homeópata pediátrico cercano a donde vives.
      Un saludo y gracias por consultarnos.
      Jorge

  • Cuando leo cosas como esta sobre la que escribes, pienso: comprendemos poco y sabemos aún menos.
    Por eso es tan importante en medicina la experiencia, la evidencia de los hechos, porque a pesar de no entender muchas cosas, los hechos son irrefutables.

    Cuanto se aprende de esa mente abierta al Universo que tú tienes. ¡ Gracias Gualberto ! ¡ Gracias amigo !

    • Pues eso es ciencia: observar los hechos y encontrar los mejores modelos que nos permitan sacar conclusiones y hacer previsiones. Pero teniendo en mente que mandan los hechos, y que mañana puede haber una manera mejor de explicarlos.

      Nuestros hechos, tuyos y míos y de muchos compañeros, son los resultados positivos de integrar la homeopatía y cualquier otra posibilidad que aporte calidad de vida a nuestros pacientes con la debida formación.

      Un abrazo

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